Mucho se habla últimamente del ahorro. Desde luego, ese verbo es para ser conjugado solamente por los súbditos de mi planeta, no para los nativos jerarcas.
Hace poco menos de año y medio, se terminó de construir una vivienda para dirigentes de Tecnoazúcar, aquí en el Nuevo Vedado, en 41 y Conill B. Como es lógico le hicieron un muro con una estrecha entradita (aquí las entradas son muy estrechas). Pues bien a dicho artefacto perimetral le pusieron tejitas coloniales (que nada tienen que ver con las líneas rectas del inmueble, pero están de moda).
Hoy temprano sentí fuertes golpes de mandarria. Miré hacia la dirección desde donde procedían, y me percaté que estaban derribando el muro de marras, pues al parecer, al que va a habitar la casa no le gustaba el anterior, y como seguramente a el no le cuesta, pues, qué más da.
Toda esta situación, que se repite constantemente a estos niveles, contrasta muy despiadadamente con la que confronta el ciudadano de a pie.
En la calle 2da. Entre Ayestarán y Ayuntamiento vive una mujer con su hijo, ambos con serios problemas de salud. Ellos tienen como hogar, un portalito de un antiguo comercio y un pequeño cuarto a modo de habitación. Con mucho sacrificio lograron comprar, como suele hacerse aquí, los materiales, y a duras penas construyeron en el techo del pequeño local otra habitación. A alguien un día le molestó y los denunciaron. Como es lógico no tenían papeles del cemento y demás áridos. Entonces decidieron demolérselo. Lo peor de todo, lo más doloroso es que parecía que había una fiesta del Comité, todas aquellas personas arremolinadas viendo lo que sucedía sin nadie hacer nada para impedirlo. Yo llego a casa de mi hermana, que vive cerca del lugar, en ese momento y me lo cuenta una amiga que quería salir corriendo a ver aquello.
Lo más triste de todo esto, es que en la misma cuadra, en la acera de enfrente, un dirigente al que le dieron una casa de alguien que se fue del país, estaba remodelándola, casi al mismo tiempo que esto sucedía, con el correspondiente uso y abuso de materiales de primera. Desde luego, a este señor nadie lo denunció.















