A la expectativa

Desde hace mucho tiempo, aquí en mi planeta, estamos a la expectativa de lo que pueda pasar. Nunca podemos planificar nada en nuestras vidas, pues no tenemos la certeza de poderlo lograr por más esfuerzos que hagamos.

Se acerca otro veinticuatro de diciembre y, aún los mercados permanecen desabastecidos. El largo peregrinaje diario en busca de alimentos nos agota. Hay que visitar al menos dos o tres agros para lograr conseguir hacer una ensalada. Ni que decir de los cárnicos (carne de cerdo fundamentalmente), cada día menos y de baja calidad.

Nosotros los planetarios, a pesar de todas las dificultades diarias, durante todo el año seguimos acariciando la idea de tener una Noche Buena decente Eso quiere decir tener al menos un pedazo de carne de cerdo para asar, unos frijoles negros, arroz blanco, algún postre y al menos una botella de vino, aunque sea casero. Me parece que no es tanto pedir. Sin embargo, eso no puede en modo alguno llegar a todos los hogares, pues esta sencilla cena costaría lo siguiente:

Unas cuatro libras de carne de cerdo, a treinta y cinco pesos la libra, serían unos ciento cuarenta pesos.

Dos libras de frijoles negros, a quince pesos la libra, harían un total de treinta pesos.

Dos libras de arroz blanco a tres cincuenta la libra, sumarían otros siete, el ají está a doce pesos la libra y la cebolla a diez. Un postre no bajaría de unos diez pesos: guayaba en barra y queso crema de soya, más la consabida botellita de vino cubano que costaría unos sesenta pesos, el gasto de combustible y etcétera sumarían más de doscientos sesenta y nueve pesos para una simple y raquítica cena.

Si el salario promedio es de unos trescientos pesos (no es así exactamente), ¿con cuanto debe contar un ciudadano de este planeta, para tener una precaria cena de Navidad? Además, qué dinero nos quedaría para terminar el mes.

Pero como este país parece ser milagroso, el ingenio popular se las arregla para conseguir el dinero, ya bien sea con la ayuda de los amigos, o de la familia en el exterior, o algún negocio de última hora. Solo estamos a la expectativa, Dios dirá la última palabra.