“Guaguariando”

En muchos países de América latina, se dice guagua a los niños pequeños. Pero tengo entendido que en Canarias, al igual que en nuestro planeta (seguro el término nos vino de allá) guagua es un ómnibus, con la característica que los de aquí siempre están repletos de gente.

Hoy Regina y yo temprano, nos metimos como pudimos en uno de esos famosos buses.

Mucho trabajo pasamos para abordarlo. Una vez dentro, apretados como sardinas en lata, el hombre que recoge la recaudación (sustituto de la alcancía) se apresuró a cobrarnos. Este personaje es una nueva modalidad introducida desde hace poco, a raíz de un artículo que salió en el periódico, donde decía que el sesenta por ciento del total de la recaudación se perdía. Se me ocurrió preguntarle por qué si ahora ellos estaban sustituyendo a las alcancías recaudadoras, no acababan de quitar estos tarecos que ocupaban tanto espacio y molestan a los pasajeros, que a duras penas tratamos de avanzar hacia el interior del bus. Desde luego no me dio ninguna explicación.

Nuevamente, dirigiéndome a el, comenté las pocas guaguas que circulaban, pues las paradas nuevamente estaban congestionadas. El me contestó que no había pocas guaguas, que lo que pasaba es que había mucha gente en la calle. Eso no es nada le respondí, en enero van a haber muchas más cuando dejen cesantes a un millón doscientas mil personas-. Un gracioso intervino y dijo que esas personas tendrían entonces que sacar un carné de ladrón por cuenta propia. Yo le respondí que ese carné ya los tenían los de las tiendas TRD (tiendas recaudadoras de divisas). El silencio fue sepulcral. Continuó el viaje con los consabidos empujones y apretujones. ¡Nada que subí al bus con unos jeans y una chaqueta y por poco me tengo que bajar vestida de hawaiana!