Profecía.

A finales de los años ochenta, mi hijo Alfredo, que recién se iniciaba en la fotografía, se consiguió una cámara. Iba caminando por toda la ciudad, observando y apretando el obturador sin parar.

Esta es una de las tantas imágenes que tomó por aquel entonces, en la calle Reina y que a mi se me antoja profética.

Estas son las imágenes que yo he tomado recientemente, en la misma calle:

Todo parece indicar que, afinaron bien la puntería.