La piernita de puerco

Cristina estaba toda atareada preparando la piernita de puerco que había tenido que luchar, después de dispararse tremenda cola. Ella tenía el secreto de una receta familiar que guardaba celosamente.

La Nochebuena llegó y Cristina presentó el plato que tanto la enorgullecía, acompañado de los consabidos frijoles negros y arroz blanco. Todos quedaron encantados con el asado. -Por favor mi amiga, dime cual es el secreto. Además, ¿por qué le cortas el muñón a la patita?, ¿tiene eso algo que ver con la receta? -Mira, la receta no te la voy a dar, así que no me lo tomes a mal, pero lo del muñoncito, la verdad es que no se porqué se hace, mi mamá también lo hace y ella dice que así lo hacía mi abuela-. Mejor se lo preguntamos a ella.

Días después cuando fueron a casa de la abuela, salió en la conversación lo de la piernita y la famosa amputación.

La abuelita, muy anciana ya, pero con la memoria perfecta, ante la insólita pregunta, les respondió con una angelical sonrisa, y sentenció: ¡Mijita eso no tiene ningún misterio. Lo que pasa es que el horno de mi cocina era muy pequeño y tenía que hacerlo para que cupiera. Lo que no se es por qué tu mamá y tu lo siguen haciendo, teniendo hornos más grandes!