El Príncipe y el mendigo

Empieza el año y proliferan los nuevos negocios privados. Los recién estrenados cuentapropistas, con su denominación un tanto reivindicada, ya no son los mal llamados explotadores, merolicos, etcétera, términos estos con los que el régimen despectivamente, se refería a ellos. Ahora les necesitan, por tanto son trabajadores por cuenta propia.

En mi barriada existe desde los mismísimos comienzos del Nuevo Vedado, una peluquería otrora muy bonita y elegante, que después del año cincuenta y nueve, fue perdiendo brillo, hasta convertirse en un oscuro local, con cristalería y ventanales rotos, ausencia de luces y grandes problemas con el agua. Así poco a poco fue languideciendo hasta convertirse en la miseria que es hoy. También en sus orígenes, separada solamente por la escalera de entrada del inmueble donde se encuentra, existió una barbería. Después ese local se adjuntó a la peluquería. Con el tiempo ambos espacios se deterioraban galopantemente, sin que el dueño se preocupara.

Ahora, al iniciarse el año, la nueva peluquería (antigua barbería), con sus nuevos dueños, ha recobrado su encanto. Precios módicos y esmerada atención forman parte de su nueva imagen. Sin embargo, la otra, la de al lado, la estatal, sigue exhibiendo su deterioro y oscuridad. Como ambas están, una al lado de la otra, ya el ingenio popular ha empezado a referirse a las mismas, como El Príncipe y el Mendigo.