Palos de ciego

Venta a puerta de calle

Ha comenzado el año, y pululan por doquier los timbiriches, vendiendo casi todos los mismos productos, que se repiten barrio por barrio. La necesidad ha hecho sacar las mesitas a los portales y colocar en ellas, con la esperanza de obtener algún beneficio, cualquier cantidad de productos. Lo que más ha proliferado son las ventas de comestibles. Lógico, cuando falta el dinero, lo único que se vende siempre es comida: Pan con lechón, pan con jamón, pan con tortilla, pizza de queso, etcétera. El ingrediente omnipresente es el pan.

Muchas personas ya especulan sobre la falta de pan y de harina en los establecimientos. Las colas vuelven a estar presentes todo el tiempo delante de los lugares de venta de ambos artículos. Si logras adquirir pan, éste a pesar de ser caro (diez pesos la libra), no es de la mejor calidad. Casi siempre le falta la grasa o está mal horneado.

El otro día, cuando mi amigo Armando regresaba de la panadería con libra y media de pan, un señor muy limpio, aunque sencillamente vestido, se le acercó con mucha educación y dirigiéndose a él le explicó, muy apenado, que no había comido en todo el día y que no disponía de diez pesos para comprar pan liberado, que si era tan amable de brindarle un pedazo del que llevaba. Mi amigo, conmovido por tan extraña petición, de inmediato le regaló el pedazo de media libra que acababa de comprar. Muy sorprendido todavía por semejante experiencia, me comentaba lo que le acababa de acontecer. -Lo peor de todo esto, me decía, es que llevamos cincuenta años dando palos de ciego y aún insistimos en implantar modelos ya experimentados que a la larga no dieron resultado, por no preparar primero la infraestructura adecuada-.