Honrar, honra

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Corría el mes de enero del año mil novecientos noventa y ocho. La ciudad se preparaba para un gran acontecimiento: la visita del Papa. En nuestra casa se hospedaba, en el cuartito de arriba, nuestro querido amigo, el Padre José Conrado. Fue en aquellos días inolvidables, que conocimos a Marquetti. El venía todas las mañanas a buscar a JC, para servirle de chofer. Pronto nos hicimos amigos, pues le pedíamos compartiera con nosotros el desayuno, lo cual con entusiasmo aceptó.

En esas charlas de sobremesa matinales, fue que nos enteramos de que Marquetti, como le llaman todos cariñosamente, estaba boteando, o sea, alquilaba su Lada para hacer viajes y con esto poder sustentar los gastos de gasolina y otros. Nunca olvidaré con el gusto que le untaba la mantequilla al pan, diciéndonos: -¡caballero, hacía tiempo que no me empataba con este manjar-!

Entre risas y bromas nos habló de cosas muy serias, como que el alquilaba su auto sin licencia, pero cuando algún policía lo paraba y le pedía sus papeles para multarlo, al ver su carné de identidad, le decía:- Perdona compadre, como rayos te voy a poner una multa, lo que quiero es que me des tu autógrafo-.

Mucho me emocioné ayer cuando una amiga me envió un escrito sacado de la prensa extranjera (aquí no se ha dicho nada), sobre el merecido homenaje que le rindieran en la ciudad de Miami, el 16 de este mes, donde cinco mil aficionados llenaron desde horas tempranas el stadium Rubén Darío, para presenciar un juego de softbol entre Industriales y Cuba.

Los parquímetros se agotaron, según dice el informe y hubo que suspender el juego cerca de 45 minutos para solucionar los problemas de estacionamiento. Como decimos en mi planeta, el gigante de ébano paró el tráfico en Miami.

Este es uno de los homenajes más emotivos que he recibido dijo el ex toletero de Industriales. Muchas fueron las figuras del baseball profesional, ex Industriales casi todos, que acudieron a saludarlo. Otros, imposibilitados de acudir, lo hicieron vía telefónica. Entre fotos y firmas de autógrafos concluyeron los festejos

Una vez más quedó demostrado, que no importa en que orilla te encuentres, entre cubanos no funcionan las barreras que nos tratan de imponer. Por encima de todo estará prevaleciendo ese sentimiento de cubanía que nos une, porque como bien dijo el Apóstol: Honrar, honra.