Tumba que llegó el animal

Este letrero llamó mucho mi atención, pues decoraba orgullosamente un Cadillac pisicorre de 1947, flamante, como si acabara de salir hoy de la agencia.

Son muchos los almendrones (autos de antes del 59) que resurgen hoy. Pujante imagen del trabajo por cuenta propia. Algunos tan vistosos y bien conservados como el de marras, otros menos acicalados pero igualmente conservados. Los hay que hasta han sido sacados del paro, a la carrera, pues su chapistería chapucera y apresurada y su pintura a mano lo denotan, pero igualmente recorren orgullosos las calles de mi planeta, brindando un servicio que ya se estaba necesitando con urgencia.

El trabajador por cuenta propia se siente feliz de poder ejercer finalmente, ese pedacito de independencia laboral, aunque para conseguirlo tenga que sacar muchas cuentas y sudar la gota gorda.

El transporte colectivo, cada vez más escaso e ineficiente, complica a grado extremo la vida laboral. Es casi imposible llegar a tiempo a ningún lugar. La mayoría de las veces, las personas, cansadas de esperar inútilmente un ómnibus y poder abordarlo, deciden caminar. Estos almendrones que con las recientes medidas económicas han proliferado, son hoy por hoy los que están resolviendo en gran medida este problema. Pero claro está, a un costo muy elevado. Hay profesionales que me han confesado que el salario completo se les va en transportarse por esta vía y que si comen y se visten es gracias a un familiar en el exterior que los mantienen, para que puedan conservar el trabajo y evitarse problemas mayores.