Foto de archivo
Eran tradición muy arraigada en nuestro país, las agrupaciones compuestas por tres miembros, llamadas Tríos o Tercetos, que proliferaron en las décadas de los cuarenta y los cincuenta.
El desarrollo del país, trajo consigo la creación y expansión de múltiples espacios recrativos: cabarets, restaurantes, aires libres, el cine y posteriormente la televisión. Un país de grandes músicos y diversas oportunidades para desarrollarse y expresarse. Esto hizo que cada vez más surgieran nuevas agrupaciones musicales, sobretodo las de este pequeño formato, que sirvieron para alegrar y hacer más acogedoras aún las largas noches cubanas. Así surgieron: El Trío Matamoros, Trío La Rosa, Trío Taicuba, Las Hermanas Lago, Los Cancilleres, Los Embajadores, Voces de América, Los Indómitos, por solo mencionar algunos de la interminable lista.
Posterior al año cincuenta y nueve, se fueron cerrando los espacios antes mencionados y, a mediados de los años sesenta sobrevino una especie de ley seca que los cerró definitivamente, hasta quedar solo la televisión como única opción para estos músicos. Así fueron poco a poco abandonando el país la mayoría y los que se quedaban se dedicaron para sobrevivir a disímiles oficios, perdiéndose a muchos y buenos exponentes de nuestra música popular.
No obstante, la picaresca criolla ha aportado una nueva acepción que no aparece en los diccionarios de la lengua española: un trío es una orquesta sinfónica cubana que sale de gira al exterior y regresa.
Sin embargo, subsiste en nuestro planeta otro pequeño formato: un dúo que, como única opción, hace más de cincuenta años, nos está haciendo bailar al mismo y cansado ritmo.







