¿Hasta cuando?

Un amigo, que vive fuera de mi planeta, me llamó para hacerme la pregunta que nos planteamos todos casi a diario: ¿Hasta cuando tú crees que dure esto? Le respondí: Lamentablemente, esto es como los matrimonios por la iglesia: Hasta que la muerte nos separe.

Que más quisiera yo que el final llegara ahora mismo. Ya no me queda tanto tiempo y he perdido mucho, quizá el más importante de la vida de cualquier ser humano. Pero no me hago ilusiones. Como pueblo nos hemos dejado robar muchas cosas, entre ellas, las más importantes: la dignidad y el civismo. Existe el miedo inducido que ha llevado a la mayoría a aceptar sin protestar públicamente todas las medidas injustas y extremas que se nos han impuesto. Eso, unido al duro quehacer diario a que nos vemos sometidos con el tema del dinero, la carencia de alimentos, etcétera, casi nadie se ha detenido a pensar que con el simple hecho de no hacer nada en contra, pero nada a favor, ya se haría bastante.

No es suficiente con la censura impuesta a la que todos estamos sometidos, la mayoría de las personas se autocensuran y eso crea una especie de parálisis cívica, que nos corroe interiormente. Nos dejamos absorber por las dificultades diarias a las estamos sometidos. Si a esto agregamos la falta de comunicación con el exterior, la carencia de radios de onda corta, lo extremadamente caro del servicio telefónico internacional, el casi imposible acceso a Internet, estamos prácticamente aislados. Por otra parte, la información que nos llega sobre el terremoto de Japón y sus secuelas, la brutal represión del dictador libio ante las protestas de su pueblo, etcétera, etcétera, nos hace sentir que somos egoístas al pensar en la cotidianeidad nuestra. Aún así nos seguimos haciendo la misma pregunta: ¿Hasta cuando?