
Mi abuelo de traje oscuro.
El abuelo José
Salió de su Gijón natal en una fecha indeterminada, pues el nunca gustó de precisar este detalle. En sus ojos se denotaba tristeza cuando lo mencionaba, porque después de tantos años, esa herida se obstinaba en no cerrar. Aún olía a brazos maternos cuando abordó la motonave que lo traería a América
Cuando pisó tierra cubana, apretó los ojos para que el intenso destello del sol no le cegara. Pronto una suave brisa marina le sembró una sonrisa en el rostro. Se emocionó, nos contaba, cuando vio las copas de los árboles, cuyas hojas parecían racimos de esmeraldas, inclinarse respetuosas ante el viento. Comenzó en ese instante a amar a esta otra madre que le daba la bienvenida. Se hizo hombre, siendo prácticamente un crío, llevándole mensajes al Titán, que según nos contaba estaba acuartelado en tierras vecinas, allá en su ahora querida tierra veguera.
Allí conoció a una joven moza de sonrisa cautivadora, hija de españoles que se empeñó en nacer cubana. Yo venia en la barriga de mi madre y ella en la del barco- nos decía siempre mi abuela.
Al abuelo José nunca le interesaron los papeles y mucho menos las formalidades. Por tanto, nunca se nacionalizó cubano, porque según el, llevaba a España en su mente y a Cuba en el corazón y para demostrarlo no hacía falta llenar formularios.
Precisamente, debido a ello es que yo, su nieta, estoy ahora en un atolladero, tratando de conseguir el dichoso papelito que demuestre su llegada a ésta, su segunda patria.
-Si mi abuelo se casó aquí en la capital, -mire el documento. Si inscribió el personalmente a mi madre cuando nació, -aquí está el certificado que lo acredita. Si además murió y fue sepultado en su querida Habana, -vea usted los papeles oficiales. ¿Cree usted, -le pregunté yo al funcionario que me atendió por la embajada española-, que mi abuelo en 1911 conoció a mi abuela y se caso con ella por Internet? ¿O quizá mi madre haya sido concebida por inseminación artificial en 1912? ¿Cómo es posible que necesiten un simple papel de entrada en Cuba, para demostrar su paso por estas tierras?
Los archivos nuestros están dañados: Después del cincuenta y nueve estuvieron muchos años en total estado de abandono, perdiéndose infinidad de documentos. Tampoco están digitalizados y esto dificulta enormemente la búsqueda de datos, amén de que a ninguna de las personas que trabajan en estos lugares, les interesa en lo más mínimo esforzarse, buscando en libros tan viejos y en tan mal estado de conservación.
Mi abuelo fue un librepensador, un bohemio, un trabajador por cuenta propia (free lance) y sobretodo, un español que, a pesar de amar a Cuba, de hacerse hombre en esta tierra, de crear una familia y morir aquí, jamás se preocupó por dejar papeles. Eso si, dejó una linda familia, grandes recuerdos y anécdotas y fue el pintor-rotulista por excelencia de la Habana Vieja. A veces cuando desando esas calles me parece verlo con su modesto vestir y los pinceles, queriéndose salir de los bolsillos, para recorrer junto con el las barberías, bares y bodegones donde era tan conocido.
Decía mi abuela que cuando Caruso estuvo en La Habana, mi abuelo no se perdió ni una sola función. También me contaba que lo vio salir muy elegante a la primera presentación del gran cantante. Iba de dril cien con sombrero de pajilla. Y cuando regresó tenía todo el traje embarrado de pintura. Mi abuela lo inquirió, y el le contestó: Que quieres María, cuando pasaba por el café La Marina, el dueño salió a mi encuentro, para que le pintara el rótulo del restaurante que inauguraría al día siguiente, y por más que le expliqué que iba para el teatro, me dijo que primero estaban los amigos, que fuera a la segunda función y así lo hice. Le dejé un letrero resplandeciente. Pero José ¿y fuiste así todo manchado al teatro? María, al teatro voy yo a ver, no a que me vean
Así era mi abuelo José.

Con mi mamá.
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