En mi planeta, los que abandonan el suelo patrio, pasan a ser desconocidos aunque sean triunfadores.
Hace catorce años llegó a Chile Yoel Gutierrez . Atleta cubano de excelentes resultados en eventos nacionales e internacionales, aunque su participación en algunos de éstos se frustró por razones de índole política y no deportiva.
Pasaba el tiempo y Yoel se estaba acercando a la edad en que un atleta debe retirarse. Se le acababa el tiempo, viendo frustrarse sus sueños de campeón.
Nació en 1971, el menor de tres hermanos. Entonces ya no quedaba nada del bienestar del que había disfrutado su familia, cuando su padre, trompetista talentoso, integraba la banda de música del Ejército de la República. Dice Yoel que su progenitor, en 1959, al triunfar la revolución, le dijo a su esposa e hijos: Cuiden sus zapatos y sus ropas, que en veinte años más no va a quedar nada en este país. Asimismo les aconsejó que dejaran la isla. Ninguno de ellos lo hizo. Él mismo nunca se fue.
Alos seis años Yoel dejó el hogar de sus padres, reclutado por un entrenador que lo incluiría en un programa especial para atletas de alto rendimiento. Esta separación dice, lo marcó.
Para Seúl 1988, cuando estaba en la plenitud de su carrera, perdió la oportunidad de ganarse una medalla olímpica porque el gobierno de la isla decidió no enviar a la delegación deportiva, argumentando falta de garantías.
Después de muchas competencias en distintos países, decidió quedarse como ilegal en Chile, pasando muchas calamidades. Tuvo que dormir en diversos lugares donde le ofrecieron refugio. Realizó trabajos que nada tenían que ver con su formación deportiva,
Pero nunca se amilanó.
Descubrió un día a Tomás González y vislumbró en él a un futuro campeón que no estaba recibiendo el entrenamiento adecuado. Yoel se ofreció a entrenarlo, sin interesarle el salario a devengar. Pasó por muchas incomprensiones debido a su carácter y sus métodos, pero finalmente, su entrega dio frutos: Puso en lo más alto del podio a un atleta chileno. Nunca antes este país había tenido un campeón: dos medallas de oro y una copa del mundo, además de ser propuesto por el Presidente de este país, como abanderado para Londres 2012.
Todo esto, dice Tomás lo logró su entrenador cubano quien le enseñó que:
La medalla de bronce está bien. La plata se reconoce. El oro se prioriza. Si quedas cuarto, ¿a qué fuiste?
