Retorno al planeta

Una vez pasado el chequeo personal y el del equipaje, pude sentarme a descansar un poco mientras esperaba la hora de abordar el avión que, haciendo escala en Panamá, me conduciría finalmente de regreso a mi planeta.

Era primero de mayo y todas las tiendas, excepto las cafeterías, estaban cerradas. Me acerqué a la puerta de embarque, para evitar estar corriendo a última hora. Un señor chileno, sentado en uno de los asientos continuos al mío, al escuchar mi acento, cuando le pregunté la hora, de inmediato identificó mi procedencia. El también iba hacia el mismo destino. Enseguida llovieron las preguntas de siempre.

En otro de los asientos cercanos se encontraba otro señor que de inmediato, sin esperar ser invitado, tomó parte en la conversación. Resultó ser un funcionario de mi planeta que viajaba constantemente a Chile, para encargarse de los negocios de importación de jurel, según explicó en su breve introducción. El chileno, muy sorprendido ante semejante presentación, le cuestionó el por qué Cuba siendo una isla, tenía que importar pescado desde tan lejos.

El funcionario, muy ceremonioso, hizo una disertación sobre la transparencia de las aguas de nuestras playas, lo blanco de sus arenasetcétera, achacando estas virtudes justamente a la ausencia del plancton, y por ende la no presencia de peces en sus aguas. Yo que me mantenía discretamente callada, no pude más y aprovechando una breve pausa tomé la palabra y le dije, que de niña y de joven nunca había notado la falta de estos animalitos. Todo lo contrario, había una inmensa variedad para escoger y nunca hubo ausencia de los mismos, a pesar de ser entonces nuestras playas tan famosas por las mismas cualidades que el antes mencionó. Agregué además que yo tenía conocimiento de que se trataba simplemente de la desaparición de la otrora flota pesquera, con la que había acabado el abandono y la desidia, como sucedió con casi todo lo que poseía anteriormente mi amado planeta.