Desde que regresé a mi planeta, después de una breve estancia en el mundo civilizado, siento que el entusiasmo que me caracteriza, ha mermado un tanto.
Llegué justamente a tiempo para ver cómo se exhibían una y otra vez en la televisión, las imágenes del desfile del primero de mayo. ¡Alucinante! Desfilaban esas mismas personas que, día a día te encuentras en la calle criticando, quejándose , y hasta agrediendo verbalmente, a quienes no tienen responsabilidad directa de la situación, acudir como ovejas al redil ( a la Plaza), desfilando y agitando banderitas de papel con la enseña nacional, para después tirarlas y pisotearlas sin ningún pudor.
Ayer tarde, me asomo a la terraza de mi apartamento para despedir a una amiga, y veo a mis vecinos como autómatas moviéndose, para acudir a una reunión de rendición de cuentas (¿no será de cuentos?). Esas mismas personas que de tu a tu se la pasan criticando, quejándose y deseando el fin del régimen.
¿No sería mejor y más sano, que se quitaran de una vez por todas las caretas y despojándose de los miedos, se decidieran a adoptar una postura más cívica?
No hacer nada en contra, pero no hacer nada a favor, sería un buen comienzo contra el cual no existe ley alguna que te pueda penar.
