¿Amnesia o anestesia?

El miércoles, viendo en la televisión un popular programa donde encienden inciensos, velas y hacen muy buenas preguntas, uno de los invitados al ser interrogado sobre el bajo consumo de pescado en nuestro país siendo isleños, dijo con toda tranquilidad que el problema es que no había, porque al pueblo no le gustaba comerlo. Justamente cuando la geografía es la que más influye en los hábitos alimentarios de las personas.

Desde luego el interrogado (un músico relativamente joven), da la impresión que no tiene una muy buena información al respecto. Todo parece indicar que nadie le ha dicho que el vivir en una isla, rodeada de agua por todas partes, donde hay peces, unos chiquitos otros, medianos, otros más grandes, y algunos inmensos, hizo que tradicionalmente consumiéramos pescado, mucho y muy bueno. Hace casi medio siglo en cualquier esquina habanera y de cualquier otra provincia se vendían minutas de pescado frito, manjúas fritas, ostiones, frituras de bacalao e infinidad de otras variantes marinas. En muchas casas los viernes era costumbre comer pescado: rabirrubia, pargo, cherna, pez perro, etcétera. También en muchos hogares existían aquellos grandes pomos de boca ancha donde se guardaba escabeche. Cualquiera pescaba sentado en el muro del Malecón o salía en un bote a hacerlo. Nunca en mi adolescencia percibí que faltara el pescado en las mesas cubanas, pues además era muy barato, más que la carne de res, que en aquellos tiempos costaba treinta y cinco centavos de peso cubano, la libra de primera. Creo que antes de emitir un juicio, sobretodo en un medio como la televisión, que llega a tanto público, sería sano estar mejor informado. Desconozco si el entrevistado tiene un problema de amnesia o de anestesia.