Indignados, indignación, indignante.

Indignados es el adjetivo con que se autodenominan los cientos y miles de manifestantes que en el Oriente Medio, Europa y ahora en Estados Unidos llenan las calles exigiendo cambios.

No era de extrañar que en sus inicios, los medios en mi planeta fueran tan cautelosos al noticiar dichas manifestaciones. Por supuesto que no les convenía, podía cundir el pánico.

Pero como moda o modo, finalmente se impuso su nomenclatura: indignados. No podíamos quedarnos atrás, pero ¡ojo!, mucho cuidado, no se les fuera a ir de las manos.

Hoy finalmente, en el noticiero, comenzaron a usar la nueva palabra de moda. Presentaron a un grupo de estudiantes, con cara y postura de aburrimiento, manifestando su indignación, ante el hecho de la retención de René, en Estados Unidos, para cumplir el resto de su condena (tres años de libertad supervisada). Insisten en llamarles héroes, eso pone en igual posición, a los tantos héroes de la patria, cuyas acciones y valía, les hicieron merecedores, en su momento, de este honor.

Además, llama extraordinariamente mi atención que estos mismos estudiantes, los que a diario tienen que enfrentarse a los problemas del transporte, que van colgados en las puertas abiertas de los ómnibus, corriendo riegos de accidentarse, que no disfrutan de una adecuada alimentación, que saben que a sus padres trabajadores, nos les alcanza el salario para cubrir sus necesidades más elementales, no hayan mostrado antes su indignación. Tampoco ante el hundimiento en la Bahía de La Habana del remolcardor 13 de marzo ó el fusilamiento sumarísimo de los tres adolescentes, que trataron de llevarse una de las lanchas que van a Regla, en la misma bahía, así como las golpizas y ultrajes a los opositores, por mencionar solo algunos de los execrables actos perpetrados por un régimen, que lleva más de cincuenta años ejerciendo el poder. Eso si es indignante.