El viernes me levanté muy dispuesta, tenía cuatro gestiones que hacer y afortunadamente, todas eran cerca de casa.
La primera fue ir a una farmacia especializada, donde único podía comprar el medicamento recetado. Al llegar allí, sobre las 10.30 de la mañana, cual no sería mi sorpresa al ver a todo el personal de bata blanca sentado en el bordillo de las aceras, conversando distendidamente, mas algunas otras personas que parecían estar esperando Al ver las puertas del establecimiento en cuestión cerradas pregunté, dirigiéndome a uno de los vestidos de blanco: ¿qué está pasando? Muy displicente, apenas sin mirarme, me contestó: La farmacia va a estar cerrada al menos una hora, pues acaban de fumigar. Protestando en voz baja, pues sabía lo inútil de ello, seguí mi camino hasta el Banco de Crédito próximo al lugar. Al llegar y observar que no había cola (fila), extrañada, pregunté al portero. Es que no hay electricidad en toda esta zona -me respondió amablemente.
Decidida a resolver alguna de las gestiones planteadas, encaminé mis pasos hacia las oficinas de mensajería Aerovaradero, próximas a la zona, para investigar por un paquete enviado desde Miami, que lleva dos meses extraviado. Después de hacer fila durante casi una hora, solo para solicitar información, me mandaron a pasar y allá dentro, me hicieron esperar otros veinte minutos más, mientras yo observaba a las empleadas en su ir y venir, jaraneando y haciendo chistes entre sí y tratando asuntos personales. Salí disgustada, pues tampoco me pudieron dar una información al respecto. Entonces decidí pasar por el kiosco de la agricultura, que está frente al Policlínico, para comprar un producto que me hacía falta. Allí esperé más de treinta minutos la llegada de la empleada, que según me informaron hacía un par de horas había ido a almorzar. El letrero colocado al frente del kiosco dice: Atención al publico de 9 am. a 5 pm. Por ningún lugar decía nada de horario de almuerzo. Salí de allí, imaginarán cómo. Además, en mi camino de regreso a casa pude observar el motivo de la falta de fluido eléctrico: los asesinos de árboles, perdón, el personal que los desmocha, estaba sierra en mano, destrozando toda la arboleda de la calle Tulipán.
En ese momento vinieron a mi mente aquellas estrofas de los versos luctuosos del 27 de noviembre, y parafraseándolas las recité para mis adentros: Cadáveres de árboles los que un día, ornato fuisteis de la patria mía
Regresé a casa lo más rauda que pude. Les juro, nunca antes sentí tanta felicidad al entrar en ella. Se había ratificado una vez más, aquella popular máxima de salir con el pie izquierdo




Recuerdan la cancion de Juan Luis Guerra “A nadie le importa”…cuando los duenos son entidades privadas y los empleados son compensados justamente, otro gallo canta.
http://www.aeinstein.org/organizations/org/DelaDict.pdf
Coñó, esté escrito me revolvió el estómago y me hace hervir la sangre de rabia.
Me recuerda cuando vivia en Cuba hace más de 15 años y me acordé de todos los
problemas que había diariamente. Veo que el cuartico está igualito y que no ha
cambiado nada de nada. Muy triste