La marginalización de los barrios

Foto Peter Deel

Mucho se ha escrito sobre el deterioro de la ciudad de La Habana y otras, a todo lo largo y ancho del país, y les puedo asegurar que en nada se ha exagerado. Solo hay que hacer un pequeño recorrido por cualquier barrio habanero, antes ocupados en su mayoría por familias de obreros, clase media, clase media alta, profesionales y figuras de la radio y la televisión como la Víbora, Santo Suárez, Casino Deportivo, Fontanar, Altahabana, Nuevo Vedado, por solo mencionar algunos, para percatarse de su galopante deterioro.

En los portales de todas las viviendas se podían observar, bien temprano en la mañana, los litros de leche, el pan enganchado en la reja o colocado en el alfeizar de una ventana, al igual que el periódico. Esto formaba parte de las imágenes matutinas. A nadie le pasaba por la mente violar la privacidad de estos hogares, para apoderarse de alguno de estos artículos, tan a la mano.

Aquellos propietarios, presionados por los empujes y azotes de los drásticos cambios acontecidos en el año cincuenta y nueve, decidieron marcharse del país, teniendo que abandonar sus casas. Estas fueron “entregadas”, a veces completamente amuebladas, a los “nuevos ocupantes”, que nada tenían que ver con la historia de las mismas, ni con los sacrificios familiares con que fueron construidas.

Así, paulatinamente, fue cambiando el componente social de los barrios y, junto a este, la fisonomía de los mismos. Por eso, no es de extrañar, como sucede ahora en cualquiera de estos, tener que soportar el alto volumen de los equipos de música, las griterías y frases groseras dichas “a todo pulmón”, la invasión a tus jardines, la impunidad con que en plena calle hombres y niños se recuestan a un muro, o entran en el pasillo de cualquier edificio a orinar, incluso a plena luz del día. Los papeles y bolsas de golosinas vacías, latas de refrescos y otros desechos que, al no haber suficientes papeleras situadas en las aceras, son lanzadas sin ningún recato a plena vía pública.

Esto no es lo peor, hay cosas más terribles aún que hieren la sensibilidad de las personas y ofrecen un espectáculo altamente desagradable, para ser observado y escuchado por cualquiera, sobre todo por los niños: el sacrificio de animales en plena vía pública o al alcance de la vista u oídos de cualquier vecino, para “ofrendarle a las deidades”, a fin de que éstas les “ayuden a salir de un problema”, como el recientemente efectuado en el patio de su casa, aquí en pleno Nuevo Vedado, por una vecina que está bajo investigación, acusada por un delito de desvío de recursos. O los tediosos “toques de tambor”, que a veces se extienden hasta la madrugada.

Estoy totalmente de acuerdo, porque es un derecho humano, que cada quien profese la religión o culto que le parezca mejor, pero estoy en desacuerdo, conque la práctica de estos rituales o ceremonias transgreda la tranquilidad y el orden del barrio. Tampoco estoy de acuerdo en absoluto, con la matanza indiscriminada y tortura de animales para estos u otros fines. Hoy por hoy, en el mundo civilizado, en el sacrificio de los mismos para el consumo humano, se buscan y perfeccionan técnicas que reduzcan al mínimo su sufrimiento.

Observo con tristeza cada día, como esta hermosa ciudad va perdiendo todo el encanto que otrora la hiciera famosa, afeada por improvisaciones arquitectónicas descontroladas y prácticas sociales que nada tienen que ver con sus tradiciones, singular arquitectura y las buenas costumbres de antaño, que permitían una armoniosa convivencia.

El embargo o el cuento de la buena pipa.

Revolución esMucho hemos conversado y discutido en estos días entre amigos sobre el famoso embargo: unos a favor del levantamiento y otros del mantenimiento del mismo.

Lo que sí parecemos haber olvidado todos, o casi todos, en estas conversaciones, es el verdadero origen de éste. La mala memoria o sus muchas décadas de vigencia,  a veces nos hacen perder las perspectivas del porqué de su imposición, por parte del gobierno de EEUU.

Culpamos muy frecuentemente al embargo como el responsable de todos nuestros males. A mi modo de ver no es así. Los verdaderos causantes de nuestros problemas somos nosotros mismos. Siempre resulta más fácil culpar a otro u otros, amén de que hemos tenido cinco décadas para  crear mecanismos que contrarresten los efectos del mismo, y no lo hemos hecho.

Lo que la gran mayoría de las personas,  desconoce, porque jamás en los medios se menciona, es que la imposición de esta medida se debió en su momento, a una respuesta del gobierno norteamericano, ante la intervención y apropiación de sus negocios y propiedades en la isla por “el gobierno revolucionario”,  sin compensación económica de ningún tipo, como también lo hicieran con los  bienes de miles de cubanos.

El embargo, sin dudas, con el devenir de los años, se ha ido aflojando o “reblandeciendo”, como le quieran llamar. Desde hace ya algunos años, a raíz de un fuerte huracán que causó muchos destrozos en casi todas las provincias cubanas, Estados Unidos  levantó las restricciones en cuanto a la venta de medicinas y alimentos, con el fin de ayudar  a la población de la isla, pero es de todos sabido que esos alimentos, en su gran mayoría están a la venta en las tiendas en moneda dura (CUC). También sucede con las medicinas, que se pueden obtener solamente  en algunas farmacias, en esa misma moneda,  que no es la percibida en salarios y jubilaciones por la población cubana. Igualmente se restableció el intercambio cultural, posteriormente suspendido a raíz del fusilamiento sumario de tres adolescentes, que trataron de llevarse una lancha en la bahía de La Habana hace una década. Actualmente ese intercambio está vigente.

Durante todos estos años, el gobierno de la isla no ha dado señales que demuestren el sincero deseo del  levantamiento del embargo,  pues como todos sabemos de sobra, en ocasiones donde se ha atisbado la posible anulación del mismo, el gobierno cubano ha respondido con acciones extremas, como la del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate, dando a entender que el “bloqueo”, como se le conoce en las esferas oficialistas, no  es más que la hoja de parra con que cubre sus ineficientes políticas económicas.

Soy de la opinión que, para llegar a un acuerdo justo, ambas partes tienen que ir a la mesa de negociaciones con dos “maletines”: uno para dar y otro para recibir. Mientras no se haga así, este asunto seguirá interminablemente vigente como el viejo “cuento de la buena pipa”.

Altos índices estadísticos

Conversando con unas profesoras colombianas que estaban de turismo en “mi planeta”, éstas me manifestaban los magníficos índices estadísticos que poseíamos en educación y salud. Yo, por supuesto, les aclaré que esas cifras eran dadas por el gobierno, quien no confrontaba ninguna contrapartida dentro del país, lo que le permitía darlas como incuestionables.

Les expliqué, por experiencia propia cuando trabajaba en organismos centrales, cómo estas cifras se manipulaban y adecuaban en consecuencia al momento político y no a la realidad. Que a pesar de tener los datos verídicos emitidos por los distintos ministerios, éstos se ajustaban de acuerdo a las orientaciones emanadas “de arriba”, eufemismo con que se denomina al “alto mando” o sea al máximo líder.

En cuanto a la educación les informé sobre algunos eventos delictivos bastante comunes, perpetrados por alumnos y profesores de diferentes escuelas, tales como fraudes, extorciones, venta de exámenes y hasta posesión y distribución de droga, así como algún que otro hecho de sangre. Les expliqué que, como nada se divulga en los medios, ya que el único dueño de éstos es el Estado, pareciera como si nunca hubiesen ocurrido. Todo se maneja con mucho secretismo, sólo que a pesar de ello, llegan a la población por vía de los propios estudiantes, hijos de vecinos y amigos.

Asimismo pude ofrecerles algunas vivencias cercanas, de situaciones muy estresantes con respecto a los hospitales y policlínicos de salud, como aquella del envenenamiento, por un descuido de una empleada del hospital Fajardo hace unos años, que conllevó la muerte de siete pacientes. O la de nuestro vecino Carlos, que murió en el policlínico “19 de abril” en una camilla, mientras esperaba ser atendido por algún médico o personal de la salud, sólo por mencionar algunos ejemplos. También les expliqué sobre las largas “listas de espera” para ser intervenido quirúrgicamente, a menos que se dispusiera de un médico familiar o muy amigo, que se ocupara de “mover tus papeles”. Todo esto, sin contar con que la mayoría de los medicamentos recetados están en falta o se adquieren solamente en CUC en determinadas farmacias o en el mercado negro.

Lo triste de todas estas situaciones, que ocurren desde luego en algunos otros países y no sólo en el nuestro, es que aquí no existen seguros de vida que te amparen, no se indemniza a las víctimas de errores médicos, y lo peor de todo es que, al no reflejarlo la prensa ni los informes emitidos por el centro de salud, pareciera que nada de esto ocurre. Por tanto, los altos índices estadísticos nuestros en educación y salud son los mejores de la región.

Coca Cola aquí

Hace un par de años, paseando con una amiga en su auto, de pronto vi por la ventanilla, en medio de un basurero, algo rojo que llamó mi atención. ¡Para, para! -le dije. Ella, haciendo caso a mi “casi orden”, se arrimó a la acera y aparcó.

Presta me bajé del auto y fui hasta aquel lugar, en que los vecinos habían indebidamente acumulado en pleno parterre de la acera un montón de desechos. Vi destacarse de entre los escombros un antiguo letrero de metal, impreso al fuego de Coca Cola. Lo saqué del basurero y lo pusimos en el maletero del auto.

Cuando llegamos a casa, lo lavé y observé que en una esquina decía “Impreso en Canadá 1950”. Dicho anuncio se mostraba por ambas caras, lo que me imaginé había pertenecido a algún bodegón de los miles que había por toda la ciudad, que hacían esquina, para que fuera visto por las dos aceras. Ni corta ni perezosa, lo coloqué en mi terraza que da a la calle, en igual forma, para que fuera visto desde dentro y fuera. Así ha permanecido desde entonces.

Hace unos días, estando abierta la entrada al edificio, unos niños subieron y tocaron a mi puerta: “Señora, queremos comprar refresco. Usted tiene un letrero que dice Coca Cola aquí a 5 centavos”.

Miren, les dije, primero no vendo refrescos, pero además, si yo vendiera Coca Cola y a 5 centavos, ustedes lo que tendían que pedirme sería un certificado médico, porque de seguro estaría loca.

Los quince de Yurisdislaidis

Isabel, una joven y delgada morena, de unos treinta años de edad, después de su primer fracaso matrimonial, que no dejó “frutos”, conoce a un joven trabajador, del cual se enamora perdidamente. Ambos, en apenas un primer encuentro, deciden formar pareja. Producto de esta “fulminante unión” les nace una niña, a la cual ponen por nombre Yurisdislaidis, pues en ese momento estaban muy de moda los nombres combinados y con “Y”.

Como toda su vida Isabel había soñado con tener una niña, para “vestirla lindo” y darle mucho amor. Decidió firmemente, a partir de su alumbramiento, guardar en una tinaja de barro que había pertenecido a su abuela, parte del dinerito que ella ganaba como manicure a domicilio, dejándola bajo la férrea custodia de su madre, ya que no confiaba en los bancos. Todas las semanas Isabel engordaba la tinaja, depositando en la misma parte de sus ganancias.

Mientras, su abnegado marido, alquilaba “por la izquierda” el viejo Oldsmobile que había heredado de su padre, “jugándosela al pelao”, pues nunca pudo obtener una licencia. Este redoblaba sus esfuerzos en hacer más carreras que las que su mal alimentado cuerpo aguantaba, con la ilusión de llevar dinero extra a casa, para que su mujer no tuviera que desgastarse tanto y, mucho menos, “tocar sus ahorritos”.

De más está decir que estos sacrificios y otros muchos, que quizá no valga la pena mencionar ahora, incluyendo hasta la dejación del pan diario de ochenta gramos que correspondía a cada miembro del núcleo familiar por la libreta de abastecimientos, con tal de dáselos a la muchachita: uno para el desayuno, otro para la merienda de la escuela, relleno ó untado con cualquier cosa de la que se dispusiera en ese momento, y el otro para acompañar el café con leche de la noche antes de irse dormir. Así fue creciendo Yurisdislaidis y convirtiéndose en una agraciada señorita.

Faltaba aún casi un año para los quince, y ya la familia tenía atesorado todo un ajuar de ropas para la tan soñada celebración. Todavía debían resolver un par de zapatos apropiados para esa ocasión, el maquillista y el fotógrafo.

Fue entonces que Demesio, el padre de Yuris, como cariñosamente le llamaban a la niña, quizá porque hasta a ellos mismos les costaba llamarla por su nombre correctamente, redoblando sus esfuerzos en sus ratos libres, se ponía a “mecaniquear” el auto roto de cualquier vecino, oficio éste que había aprendido en el duro bregar, a través de sus muchos años de experiencia remendando el suyo propio, para hacerlo rodar por nuestras calles y avenidas habaneras llenas de baches. Todo esto conllevó a que su salud se fuera deteriorando, aparentando tener más edad de la real.

A Isabel aún se le humedecen los ojos cuando me relata el día inolvidable, en que su querido esposo llegó a la casa muy cansado, pero lleno de júbilo, “con una sonrisa de oreja a oreja”, con el rostro iluminado por la emoción, sosteniendo en sus brazos un paquete que depositó ante sus pies, cual ofrenda a una diosa: era un flamante par de zapatos blancos, de tacón alto, escotados, con una fina hebilla de brillanticos como único adorno. Un cliente habitual, al cual él contaba sus cuitas, se lo había obsequiado para su hija.Ahora solo faltaba buscar un fotógrafo moderno con buen gusto, ya que el maquillista lo tenía resuelto y gratis, con un encantador gay, hermano de una de sus clientas. ¡Todo “estaba cuadrado!”

Finalmente llegó el ansiado acontecimiento. El CDR y todos los vecinos de la cuadra estaban alborotados, observando el ir y venir de personas extrañas, entrando y saliendo de casa de Isabel. Era todo un suceso. Desde horas tempranas, con el equipo de música al máximo de volumen, alternándose con los gritos de los allí presentes para hacerse escuchar, estaban los amigos que habían acudido para limpiar y su decorar la casa. Todavía ocupaba un lugar de honor en la sala el retrato, siempre con flores, de su antigua dueña, quien tuvo la previsión de testar a favor de Isabel su antigua empleada, para dejársela legalmente como agradecimiento por haberla acompañado y atendido, cuando su familia toda decidió irse del país y ella quedarse, porque quería morir en Cuba.

Ese día el primero en llegar fue Francisco, el maquillista, seguido de la señora a la que le alquilaron los distintos trajes para la escenografía y, cuando ya la quinceañera estaba lista, llegó el joven fotógrafo. Un flamante auto descapotable de los años cincuenta, perteneciente a uno de los amigos de su padre, la esperaba aparcado frente a la casa, para conducir a Yurisdislaidis a la Plaza de San Francisco, frente a la Lonja del Comercio, vestida con un llamativo traje al estilo de “las huérfanas de la Obrapía”, con sombrilla y todo a la usanza del Siglo XIX, para retratarse con las palomas y en los edificios patrimoniales recién restaurados. Detrás de Yuris, había todo un séquito, recorriendo las distintas locaciones escogidas por el artista del lente: el maquillista, la señora de los trajes, el fotógrafo con su trípode al hombro y la madre cargando jabas llenas de flores artificiales, zapatos prestados, alguna que otra peluca y adornos para el cabello de su querida hija.

Después, de regreso al hogar, se haría algunas fotos “más artísticas”: asomada tras la cortina de la bañadera, enseñando un muslo y una pierna al desnudo, simulando caer cabeza abajo, con las piernas bien colocaditas en alto, en la escalera de la casa, con sombrero y maleta como si se fuera de viaje y así sucesivamente, para completar un álbum, que después mostraría orgullosa a parientes, amigos y profesores de su escuela.

Según me pude enterar posteriormente por algunos vecinos, aquellos quince terminaron “por todo lo alto”. Corrieron abundantes la cerveza y el ron, acompañados de croquetas de pescado y bocaditos con pasta, ensalada fría de coditos y tartaletas de guayaba, como contribución de algunos amigos. Desde luego no faltó el gran cake rosado adornado con flores y con quince velitas de esas que se soplan y no apagan, que alguien que “había venido de fuera” recientemente les facilitó. El fiestón terminó entrada la madrugada, cuando ya no quedaba nada por beber o comer. Aún hoy en el barrio se habla de ello.

Hace sólo un par de años me volví a encontrar casualmente con Isabel, notándola muy envejecida y más delgada de lo que habitualmente era. Al preguntarle por Yuris, me dijo, haciendo un esfuerzo por sonreír, “ella está bien, pero quiso dejar los estudios, dice que por falta de motivación. A mí, ya me ves sigo en la luchita y engordando de nuevo la botija de barro… ¡porque ahora a mi hija se le ha metido en la cabeza que se tiene que hacer el santo!”

Cosas del socialismo.

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Esta mañana salí con mi amiga Magy a comprar unos plátanos y algo que nos sirviera para una buena ensalada. Visitamos el agro de la EJT (Ejército Juvenil del Trabajo), pero no encontramos nada que valiera la pena, a no ser  una conversación que escuchamos entre dos personas bastante mayores, conocidos de nuestro barrio.

 Uno le comentaba al otro, que aún lucía pantalones verde olivo y botas, a pesar de llevar varios años jubilado, lo caro y lo malo que estaba el líquido para fregar de producción nacional. El de las botas le respondió, engolando la voz, para que los allí presentes  pudiéramos  escuchar la conversación: “El producto  está bueno, lo acabo de comprar ahí y viene sellado y todo”.   El otro señor le respondió: ”Oye, no te ciegues, está líquido, viene adulterado de fábrica y en vez de tres pesos que era lo que costaba, cuando estaba espeso y bueno, ahora cuesta veinticinco, ¿no te das cuenta que nos están robado?”

“Bueno, dijo el de  las botas, es verdad pero están robando para dártelo a ti” El otro señor ya sin poderse aguantar ante tamaña estupidez le dijo:” Mira compadre, yo no quiero que nadie robe para mi, mucho menos el Estado, porque eso  que dicen que  a cambio te dan gratis la medicina y la educación, es más que una justificación, un cuento chino que ya nadie se lo cree”.

En eso viene mi amiga y me tira del brazo diciéndome, “deja eso, que tengo algo más interesante que mostrarte”. Me lleva a rastras hacia una carretilla particular, donde había unos aguacates muy lindos y unos tremendos racimos de plátanos. Cuando estábamos comprando, vimos venir hacia nosotros a una anciana que traía en una bolsa de nylon transparente, un par de zapatillas rosadas, al parecer  muy buenas, quien tímidamente se nos acercó, ofreciéndonoslo a solo cinco CUC. En eso el muchacho que nos estaba despachando las viandas, soltó la mercancía y dirigiéndose a nosotras  nos dijo:” yo las vi primero y además es el  número de mi novia, así que lo siento hermanas pero las zapatillas son mías”. 

Salimos de allí riéndonos  “a mandíbula batiente”, después que tuvimos que esperar que el vendedor comprara las zapatillas y le diera el dinero a la pobre señora que también quería comprar viandas, para que nos despachara la mercancía. ¡Cosas del socialismo!, le dije a mi amiga.

La convivencia es un arte

Desde el año 1971 me mudé para el Nuevo Vedado, producto de una oportuna permuta. Mi nuevo apartamento está en el último piso, de lo que fue un moderno inmueble de tres plantas terminado de construir en el año 1958, por una familia para vivirlo. Son solamente tres espaciosos apartamentos: uno en cada piso.

Sus dueños originales, ante los bruscos cambios ocurridos en el país y las inequívocas señales para algunos, de “lo que venía”, decidieron en fecha tan temprana como 1960, dejarlo todo e irse a vivir a Estados Unidos. El inmueble al estar “abandonado” fue sellado, quedando por su ubicación en lo que se dio a llamar “zona congelada”, como otras tantas de la ciudad. Estos apartamentos fueron entregados a personas que, por una u otra razón estaban vinculadas al régimen.

En el primer piso vino a vivir un sastre y su esposa, que cosían para “las altas esferas del gobierno”. En el segundo piso un historiador del Comité Central del Partido y su familia y en el tercer piso (donde vivo actualmente) dos miembros del Ministerio del Interior y sus dos malcriados hijos, gracias a los cuales se produjo la permuta que, por “carambola”, me benefició. Yo entregué a cambio una linda casita con patio y jardín, precisamente lo que ellos estaban buscando para soltar a sus hijos. Ocupándose el matrimonio de todo el papeleo, para que esta se realizara a la mayor brevedad posible.

Con el devenir del tiempo, los ocupantes posteriores al 59 fueron falleciendo, quedando su descendencia en posesión de los mismos. En general son personas jóvenes, un tanto despreocupadas a las que al parecer, no interesa mucho la apariencia y limpieza del edificio, solamente la de puertas adentro. A causa de esto, hemos tenido que lidiar con muchos inconvenientes para mantener el arreglo del jardín y pasillos, así como la limpieza de las escaleras.

Nuestro vecino del primer piso, desde hace más de un año rompió, debido a un salidero en su apartamento, la pared que da justo de frente cuando se entra al inmueble, dejando durante muchas semanas, un gran hueco sin repellar. Mi esposo, después de hablar en varias ocasiones con él sobre este asunto, y viendo que no acababa de arreglarlo, decidió taparlo preparando un cartón con un bastidor para sostenerlo, donde a toda prisa y con los restos de pintura que encontró en el garaje, simuló una pintura abstracta, de un tamaño suficiente para tapar el antiestético hueco. Esto evitaría dar una mala impresión al entrar al edificio.

Pues bien, hoy un señor que pasaba en su auto, en el momento en que Fernando salía, vio a través de la puerta entreabierta parte del cuadro. Aparcando en la acera y dirigiéndose a él identificándose como comprador de pinturas y libros antiguos le dijo: “Estoy interesado en comprar esa pintura “irregular”, antigua, de los años cincuenta, que adorna la entrada”. Fernando aguantando la risa le respondió. “Efectivamente la pintura es irregular, pero no antigua y mucho menos de los años 50. La acabo de hacer yo para tapar un desperfecto en la pared”. El señor de marras se fue un poco avergonzado y mi esposo subió “muerto de risa” a contarme lo sucedido.

19 de mayo

Hoy se cumplen 118 años de la caída en combate, del más grande y atemporal de todos los cubanos: José Martí, “el Apóstol de la Independencia”

El sistema imperante en nuestro país desde hace 54 años, lo ha rebautizado como el Héroe Nacional, pero a mí como a muchos, nunca nos ha gustado ese calificativo, por considerarlo inadecuado para tan universal figura, por lo que le seguimos llamando como nos enseñaron nuestros padres y maestros, cuando Cuba era una República.

El uso y abuso de los pensamientos y expresiones martianas, sacadas de contexto y aplicadas “convenientemente” para reafirmar conceptos, que nada tienen que ver con el ideario del mismo, lo único que ha provocado es un rechazo casi involuntario por parte de muchos de los ciudadanos en nuestro país, sobre todo en los sectores más jóvenes de la población hacia la figura del Apóstol, llegando incluso en ocasiones, hasta bromear irrespetuosamente con él.

Un hombre de letras, de paz y amor, que se involucró con las armas, posiblemente presionado por sus propios compañeros, cayendo mortalmente herido, en su primer día de salida al campo de batalla, apenas sin llegar a tener la oportunidad de combatir, cuando este hombre que fue capaz de unir a todos los cubanos en un mismo ideario, hacía mucha más falta vivo.

A tantos años de ese triste acontecimiento para la mayoría de los cubanos, su ideario sigue siendo la brújula que rige nuestros anhelos políticos. Manteniendo viva nuestra quimera de lograr más temprano que tarde, ver a nuestra patria libre y soberana “con todos y para el bien de todos”, como la soñó Martí.

El largo camino de la recuperación

 

Armándome de paciencia logré mantenerme un buen rato mirando el Noticiero Nacional de Televisión (NTV). Tuve que hacer acopio de ecuanimidad para no infartarme viendo las imágenes y oyendo las tonterías del libreto, repetidas por nuestros locutores, como si se tratara de un programa diseñado `para subnormales.

Resulta que, como gran acontecimiento, anuncian que se va recuperando “paulatinamente” el alumbrado en las zonas afectadas por el huracán Sandy, que hace casi ocho meses azotó la provincia de Santiago de Cuba, dejándoles en condiciones deplorables. Además, lo que más me insultó es que dijeran que se hacía “en honor” al sesenta aniversario del asalto al cuartel Moncada y no de los cientos de infelices damnificados, que aún hoy no logran recuperarse de las pérdidas ocasionadas por el huracán, debido fundamentalmente a la miseria acumulada durante décadas, que les imposibilitó darle mantenimiento adecuado a sus viviendas.

Es una vergüenza que al cabo de tantos meses digan que, poco a poco, “paulatinamente”, se está dando servicio de iluminación a las calles y avenidas, sabiendo que el delito y el peligro justamente se amparan en la obscuridad. Además, parecen obviar las deficiencias alimentarias que están confrontando las familias santiagueras, cuyos magros salarios no les han permitido alimentarse debidamente, así como poderse recuperar aún de los destrozos ocasionado por el fenómeno atmosférico. Todo esto, sin contar que muchas de las donaciones enviadas por diferentes países no les fueron distribuidas gratuitamente, como era de esperar por quienes las enviaron, sino que les fueron vendidas a altos precios.

Todo esto me insulta más aún, cuando recientemente el representante de la FAO en nuestro país tuvo la osadía y la falta de seriedad de expresar públicamente, que éramos uno de los pueblos mejor alimentados, no sólo de América sino del Mundo. Parece que este señor olvidó que aquí a los niños cuando cumplen tres años le quitan las compotas, y a los siete la leche, sin contar con todos los grandes sacrificios que tienen que hacer sus padres desde que se anuncia su llegada al mundo, precisamente debido a las carencias materiales.

Ahora, por otra parte, una doctora psicóloga, que yo consideraba hasta hoy una persona sensata, se ha prestado a rubricar en el diario Granma un artículo donde hace toda una apología a la miseria en nuestro país, llamándola “Modelo Cubano de Bienestar”. Además, plantea como un gran ejemplo a seguir, que en Cuba todos conocen a la perfección a sus vecinos y lo que hacen, cuando esto en realidad no es más que una intromisión en la vida ajena, y no “socializar”, cosa ésta que de alguna forma todos hemos padecido.

Segundo domingo de mayo

Trabajo en patchwork de Rebeca

Festejar el Día de las Madres, una costumbre que durante varias generaciones se practicó en nuestro país, y aún con diferencias y limitaciones se sigue realizando, a pesar de la disgregación familiar hoy existente. El objetivo principal de esta celebración consistía en acudir a la casa materna, para compartir con la familia. Nunca importó cuán lejos vivieran unos de otros.

Recuerdo que, muy temprano en la mañana, comenzaban los trajines en toda la casa. Hasta los más jóvenes teníamos asignadas tareas. Las muchachas solteras, que aún convivíamos bajo el mismo techo, estábamos designadas para la limpieza. Los varones se encargaban de recoger las hojas secas del jardín y depositarlas dentro de un tanque de metal en el patio, para que se convirtieran en humus, que sería utilizado después como abono, o quemarlas para deshacerse más fácilmente de ellas. La mujeres establecían su puesto de mando en la cocina; ese era el día libre de la empleada, el que la tuviera, pues ésta también tendría en su casa su propia celebración familiar.

Mi mamá, experta culinaria, era la que se encargaba los domingos, y en especial este día, de confeccionar el menú con la ayuda de mi abuela. Al tío Pedro había que mantenerlo alejado de la cocina, porque le encantaba “meter la cuchareta”, por tanto se le asignaba la tarea de armar la gran mesa, con la ayuda de su hijo. Para este y otros fines, se guardaban en el “cuartico de atrás” un par de “burros” de madera y un inmenso tablón.

Cerca de las doce del mediodía comenzaban a llegar los miembros del “familión”. Los primeros eran unos tíos, cuya casa estaba en la acera de enfrente, y después hacían acto de presencia los que vivían más alejados. Todos, mayores y niños, lucían en sus pechos una flor roja o blanca. La primera significaba que la madre estaba viva, la otra que ya había muerto. Esta era una costumbre muy arraigada que servía para no “meter la pata”, felicitando a alguien cuya madre había fallecido. En nuestro caso, en esa época, afortunadamente casi todos llevábamos una flor roja. Después, en la tarde, se incorporaban otros familiares, que por vivir un poco más alejados no participaban del almuerzo, pero pasaban no obstante a saludar a las madres, que ese día eran las reinas de la fiesta. Llegada la tarde, entre familiares y amigos allegados, ¡éramos un montón!

El almuerzo, exquisito, casi siempre tenía como protagonista el pollo, quien entonces constituía el manjar de los domingos, ya que durante toda la semana se consumía carne de res, en cualesquiera de sus más variadas presentaciones, porque sencillamente era el plato más común, por lo económica y buena que resultaba, excepto los viernes, en que generalmente se preparaba pescado. El cerdo, el guineo y el pavo se dejaban preferentemente para la Nochebuena, Navidad y fin de año.

Una de las tantas especialidades culinarias de mi mamá era el arroz con pollo, que le quedaba exquisito y que este día servía en grandes fuentes, decorándolas con pimientos morrones, puntas de espárragos, petit pois y huevos duros, según una famosa receta. Las ensaladas se confeccionaban con los vegetales de estación, y por supuesto, no podía faltar un buen cake de nata y, además, el famoso cake helado revestido con chocolate, que venía en una caja con trozos de hielo seco, para su conservación hasta el momento de ser consumido. Como colofón de este almuerzo, el invariable y delicioso café, que según solía decir mi abuela era “el broche de oro” de cualquier comida.

Luego, en la tarde (para no cocinar), cuando ya se habían marchado casi todos, el tío Pedro preparaba exquisitos sandwichs con pan de flauta, untando una tapa de éste con mantequilla y la otra con mostaza, y agregándole lascas de jamón, pierna, chorizo, queso y rodajas de pepinos encurtidos. También preparaba, en dos batidoras que había en la cocina, similares a las de las cafeterías (éramos muchos), deliciosos batidos de mamey o mango, según la temporada. Estas frutas se recogían de los árboles que teníamos sembrados en el patio trasero de la casa.

Hoy, a tantos años de esa magnífica etapa de nuestras vidas, me invade la nostalgia recordando esos Días de las Madres con sus almuerzos dominicales, que después del año cincuenta y nueve se fueron extinguiendo poco a poco, al irse fragmentando nuestra familia, como la de casi todos los cubanos, cuando la mayoría partieron al exilio. También muchos de los productos para confeccionar esos manjares fueron desapareciendo, a consecuencia de la intervención estatal de los negocios privados, y los salarios devengados dejaron ya de ser suficientes para solventar estos gastos. Asimismo la cada vez más creciente falta de transporte, hizo que los que vivían en otras provincias no pudieran acudir a esta cita. La tristeza fue cubriendo, como un manto gris, aquellos días familiares de mi infancia y adolescencia. Las casas se fueron quedando prácticamente vacías. Tampoco ya se llevaba con alegría o tristeza una flor en el pecho.

Esta es otra de las lindas tradiciones cubanas, que se fueron perdiendo junto con nuestra juventud e ilusiones. Afortunadamente éstas marcharon al exilio con nuestros compatriotas, donde las han seguido practicando, por lo que tengo la esperanza y la certeza que algún día retornarán, quizá un poco modificadas, pero enriquecidas, a engrosar nuestro imaginario cultural y magro recetario culinario actual.

Venuto al mondo

Foto A.Betancourt

Venuto al Mondo, un film de Sergio Castellitto, con las magníficas actuaciones de Penélope Cruz y Emile Hirsch, basado en la novela de la escritora Margaret Mazzantini, donde la guerra fratricida desatada en Sarajevo, sirve como telón de fondo para un drama personal, cuyo tema central es una maternidad frustrada.

Una joven italiana visitando a unos amigos en la antigua Yugoslavia conoce a un fotógrafo norteamericano, y entre ambos surge una fuerte pasión. Ellos se reencuentran en Italia, cuando él va en su búsqueda incitado por el padre de ésta, uniéndose ambos formalmente como pareja. El deseo de tener un hijo se convierte en una especie de obsesión, hasta que después de varios intentos, los médicos detectan la infertilidad de la mujer. Entonces deciden adoptar un niño.

De nuevo la frustración se apodera de la pareja, ante la negativa de adopción por parte de las autoridades italianas, debido a los antecedentes delictivos del joven fotógrafo, por lo que deciden regresar a Sarajevo, para someterse a una inseminación artificial, que también se ve interrumpida por el ataque con armas al hospital donde estaban a punto de realizarla, decidiendo quedarse en ese país a pesar de la guerra, en busca de un vientre de alquiler.

Lo interesante de la película, además de sus diálogos y actuaciones, es que en la misma se demuestra cómo la manipulación ideológica de un “líder carismático” enfermo de poder, es capaz de sacar lo peor del ser humano a la superficie y llevarlo a una guerra entre familias y vecinos, sólo por divergencias ideológicas, étnicas ó religiosas.

Todo esto me hizo pensar en aquellos primeros años de revolución, cuando se crearon los comités de defensa en los barrios, estando entre sus principales objetivos la vigilancia, asedio y enfrentamiento entre vecinos y familias, y luego posteriormente, cuando estos barrios fueron cambiando su fisonomía, debido a que sus vecinos originales partieron al exilio, siendo sustituidos por otros recién llegados, que nada tenían que ver con el nuevo entorno, teniendo repercusiones en algunos casos muy lamentables, donde la envidia y las bajas pasiones afloraron.

Después, en los años ochenta, cuando la crisis del Mariel esos sentimientos se reavivaron y cobraron fuerza, impulsados por la imprudencia de quienes los incitaron. Esto tuvo consecuencias extremas donde abusos, golpizas, y humillaciones de todo tipo fueron perpetradas por unas masas manipuladas, a las que tuvieron la osadía de llamar “pueblo enardecido”. Esto, no devino en una mayor desgracia, porque afortunadamente nuestra idiosincrasia occidental nada tiene que ver con países como los que sirvieron de locación al film en cuestión. Pero ha sido y es una mácula que figurará por siempre en nuestra historia más reciente.

Almuerzo para una amiga

Nada más agradable, que poder compartir con una amiga u amigo y congratularle con una sencilla y sana comida.

Finalmente pude conseguir pechugas de pollo, que hacía tiempo no llegaban a las tiendas recaudadoras de divisas de mi barrio. Entonces se me ocurrió el siguiente menú.

Pechugas de pollo al romero:

Descongele con tiempo las pechugas. Córtelas en lascas y salpimiéntelas. Déjelas reposar aproximadamente una hora.

Dórelas a fuego vivo, por ambos lados. Añádale abundantes ruedas de cebolla y déjelas a fuego bajito, para que se cocinen bien. Agrégueles unas ramitas de romero fresco (tengo sembrado en mi jardín), y dos cucharadas de vino seco. Tape el sartén y déjelas cocinar aproximadamente unos 45 minutos.

Papas (patatas ) en su jugo:

Pele las patatas y córtelas en rodajas finas, pero no tanto como para freír. Añádales sal y un poco de mostaza. Colóquelas en una sartén teflón, tápelas y baje bien el fuego, para que ellas se cocinen en sus propios jugos, hasta que se doren un poquito.

Una vez que estén listas las pechugas, las sirve en un mismo plato, colocándole las papas como guarnición. También puede servirlas con un poco de arroz moldeado. Adorne el plato de con una ramita de romero.

Añada a este agradable almuerzo, una fresca y bien decorada ensalada de estación, un postre y por supuesto como broche de oro un buen café, si es de los que traen algunas personas de Miami, mejor, porque los de aquí no están muy buenos que digamos, ni tan siquiera los comprados en CUC.

Bon apetit!

El cliente ya no tiene la razón

Trabajo de Rebeca

Otrora, en mi planeta, donde abundaban las bellas tiendas por departamentos, las pequeñas boutiques, los grandes almacenes, cafeterías, restaurantes y todo tipo de exitosos comercios, grandes y pequeños, donde era un verdadero placer salir de compras, el lema era: “El cliente siempre tiene la razón”.

Así se manifestaba y funcionaba muy bien. El cliente estaba satisfecho y el dueño también, pues incrementaba las ganancias de su negocio y se regocijaba al sentir el aprecio y respeto de su clientela. Pero claro, todos los negocios tenían propietario y nada mejor que “el ojo del amo para engordar al caballo”.

Con la llegada del año mil novecientos cincuenta y nueve, el nuevo “gobierno” justamente una de las primeras cosas que hizo, fue nacionalizar todos los grandes negocios y empresas. Después, la “ofensiva revolucionaria”, acabó de darle el puntillazo final a la ya “abanderillada” y desangrada economía. Ahora el cliente, había pasado a ser “usuario”, no tenía derecho a escoger ni exigir, solamente a aceptar lo que le tocaba por la libreta sin protestar. No podía comprar lo que deseaba o necesitaba, solo y malamente adquirir lo que “le tocaba”.

Estos vicios se fueron arraigando y arrastrando hasta el día de hoy, y aunque se supone que con la “despenalización del dólar” y la llegada de la doble moneda, al menos lo que saliera a la venta en moneda dura (de muy difícil adquisición) daría el derecho a escoger, no resultó ser así, pues las personas que trabajan para el Estado, que son prácticamente todas, y reciben a cambio míseros salarios también tienen un lema: “Yo me hago el que trabajo y el Estado se hace el que me paga”. Por tanto tampoco tienen interés en vender y desgraciadamente la única motivación es ver que le pueden “tumbar” al cliente, utilizando este eufemismo para no emplear la fea palabra robar. No todos los empleados son así, pero lamentablemente un considerable número de ellos se han dejado arrastrar por este vicio y hasta dejan de considerarlo un delito. Demostrando de esta manera, que carecen de sana motivación para ejercer su función de vendedor.

Hace un par de días, un conocido mío, entró en la tienda “la Mariposa” del Nuevo Vedado, para comprarle un ventilador a su esposa como regalo de cumpleaños, ya que era éste el único establecimiento donde quedaba el modelo que le convenía y se ajustaba a su presupuesto. Al llegar a dicha tienda, después de haber recorrido casi todas las de este tipo, en busca de este artículo, se encontró que la empleada de ese departamento no estaba. Al preguntar por la misma, le dijeron que hacía tres días que no podía venir por tener al hijo enfermo. Entonces el insistió en que alguien, en lugar de ésta, lo atendiera. Le contestaron que nadie podía hacerlo, solamente la que estaba designada a ese departamento. ¿Por qué será?

Perdiendo la paciencia, pidió ver a la administradora, quien lo atendió un poco molesta y le repitió lo dicho anteriormente por el empleado. Entonces este señor, perdiendo la paciencia se identificó y le dijo que él también era trabajador de tiendas recaudadoras de divisas, y aunque de otra cadena, todas eran del Estado y que no se iría de ahí sin el ventilador, porque elevaría el incidente hasta sus últimas consecuencias. Fue así como finalmente logró, que de “mala gana” le vendieran el dichoso artefacto. Como ven, hace mucho que en mi planeta el cliente dejó de tener razón, pero soy de las que creo firmemente que los derechos hay que exigirlos como hizo este cliente.

El valor de un NO

La noche del jueves estuve viendo un programa de cine latino que tiene la televisión en mi planeta. Nunca lo pongo, por la mala calidad de casi todas las películas y temas escogidos, pero este me interesó. Me asombré de que exhibieran, por un medio masivo tan importante como este , la película chilena NO. Dicho filme fue visto en la pantalla grande, en uno de los recientes festivales, pero sin darle apenas difusión.En él se manifiesta de manera, pragmática como un dictador del calibre de Pinochet, aceptó someterse a un plebiscito para continuar o no en el poder, y más asombroso aún que acatara sin objetar la decisión del voto popular.

Muy interesante fue poder observar cómo se llevó a cabo la campaña publicitaria del NO a pesar de los ataques de la derecha. La inteligencia mostrada al confeccionar los “spots” publicitarios que abogaban por un Chile de futuro y optimista, sin regodearse en los tristes hechos que sucedieron al golpe militar, aún en contra de criterios de algunos de los participantes de esta campaña. Con inteligencia y frescura se presentó el No, que finalmente logró convencer a la mayoría.

Otro detalle que llamó mi atención fue poder enterarme a través de la filmación, que a ambas propuestas, al SI y al NO, les concedieron la misma cantidad de minutos en espacio televisivo. Hecho este que resalta, cuando acabamos de observar la manipulación y centralización mediática del chavismo en Venezuela, en las recientes campañas electorales y posterior votación. Más aún con la negativa a la solicitud hecha por la oposición del reconteo del 100% de los votos.

Creo que a pesar de tener en cuenta, y no olvidar nunca quien fue Pinochet y los daños ocasionados a sus opositores, es de reconocer que al final, el dictador acató la voluntad expresada en el NO del pueblo chileno. Me parece que este es un hecho para tener en cuenta.

A veces en la televisión de nuestro país, que se caracteriza por la monopolización ideológica de la misma, o “se le van detalles”, o sencillamente alguien desea que se escapen éstos. Mucho me gustaría que siguieran exhibiendo filmes como el de marras, donde se manifiesten las dos caras de una misma moneda. A mi modesto juicio se necesita la misma valentía para decir un No como para acatarlo.

“Círculos del amor” ó víctimas de la desidia

Jardín infantil Mariposas de colores.

“Los círculos infantiles celebran hoy su cumpleaños 52. Esas instituciones siguen cumpliendo su misión y se perfeccionan para que su labor educativa sea más profunda y eficiente…

Así se encabeza el artículo publicado por Juventud Rebelde el miércoles 10 de abril del presente. En él se hace una breve historia de cómo surgieron las primeras instituciones de este tipo en nuestro país, a inicios de los años 60. Eso me hizo recordar de la manera en que yo me vinculé a estas tareas, por petición expresa de una amiga.

Durante un año seguido estuve haciendo “trabajo voluntario” sola en un gran salón, donde me habían proporcionado abundantes y variados materiales, confeccionando muñecas de tela así como diversos artículos para el hogar, que después serían subastados en una tómbola que se efectuaría en los predios del Ministerio de Comercio Exterior, a fin de recaudar fondos para hacer un círculo infantil, en el piso 9 por la calle 23, de este gran centro de trabajo donde laboran muchas mujeres.

Finalmente un año después con el resultado de muchas donaciones importantes, recibidas de las firmas que comenzaban a negociar con este ministerio y mi modesta contribución, se pudo llevar a vías de hecho el proyecto. Recuerdo que también participé activamente en la decoración del local infantil destinado a este círculo.

Ahora bien, llama mi atención ver cómo se obvian en dicho artículo, algunas de las verdaderas razones del deterioro y posterior clausura, de muchos de estos locales o centros construidos para este hermoso fin.

Hace un par de años, conversando con la que era directora del jardín Infantil, “Mariposas de colores” que está al lado de mi casa (lugar donde acudieron mis dos hijos), al preguntarle sobre el evidente abandono del mismo, ésta me comentó que se debía a la baja matricula. Al leer este artículo de JR, me doy cuenta que esa era quizás una de las muchas causas. Siendo posiblemente la principal, la falta de recursos asignados a estas instituciones, así como el abandono y falta de mantenimiento a las mismas.

“El país tiene en estos momentos 45000 solicitudes pendientes y 46 instituciones cerradas, 40 de estas en la capital, todas por problemas constructivos”

Así expresa en uno de sus siguientes párrafos el artículo en cuestión. Entonces, a qué gobierno debemos responsabilizar con el estado actual de estos inmuebles, que por demás se edificaron a toda prisa, y en cantidades exageradas, por personas que carecían de experiencia en este oficio: como siempre, para cumplir metas. Además sin tener en cuenta la asignación de un presupuesto estable, para el posterior mantenimiento de las mismas.

Todo ello, más la falta cada vez más evidente de un personal capacitado para trabajar con estos niños, los padres de familia optaron por llevar a sus hijos a casas particulares, que funcionaban, hasta hace muy poco, en una especie de “limbo” clandestino. Cada vez son más las personas que por cuenta propia, se dedican a este tipo de labor, ya que ahora poseen la licencia que les respalda.

Ante la importancia y magnitud del problema, ya que la mayoría de las familias no cuentan con recursos suficientes para dejar a sus hijos en guarderías particulares, debido a sus magros salarios y no poseer ningún otro tipo de entrada económica estable, el gobierno ha implementado un nuevo tipo de plan: “Educa a tu hijo”, que se desarrolla en algunas comunidades, brindando orientaciones a la familia para estimular y atender adecuadamente al pequeño, con vistas a lograr su desarrollo integral y preparación para el inicio de su vida escolar. Esperemos que este plan, como muchos otros anteriores, no s “languidezcan” por el camino. ¡Señores al amor también hay que darle mantenimiento!

Girón o Bahía de Cochinos: un mismo dolor

Hace un par de años escribí sobre este evento al enterarme, por una persona muy allegada y vinculada emocionalmente al mismo, de cómo dos cubanos que habían combatido en lados opuestos, en ese triste enfrentamiento bélico entre hermanos, con el devenir del tiempo, se habían reencontrado fuera de nuestro territorio, uno como miembro de la Brigada 2506 y el otro como ex piloto de Playa Girón, entonces ambos exiliados. Estos dos cubanos se fundieron en un abrazo de perdón, en Miami y uno de ellos, años después murió en brazos del otro. Este es el motivo por lo que me decido a publicar nuevamente fragmentos de esta historia por encontrarla tan conmovedora. Parte de la descendencia de ambos protagonistas conviven ahora en La Florida.

“Una noche, en una de las ya acostumbradas cenas, en las que solían reunirse amigos, estando todos sentados a la mesa y compartiendo una rica comida criolla, al ex piloto de Girón allí invitado, se le presentó un malestar y solicitó ir al baño. Momentos después se escuchó un fuerte estruendo provenir de ese lugar y, el anfitrión corrió hacia donde provenía aquel extraño ruido, observando a su invitado tirado en el suelo, solícitamente lo sostuvo en sus brazos, justo para verlo morir”.

Todos estos acontecimientos, con el paso de los años y las frustraciones sufridas por unos y otros, nos han hecho reflexionar en cuanto, hasta qué punto fuimos manipulados y cuanto se nos tergiversó la historia. Durante décadas, trataron de “sembrar” en nosotros, un falso sentimiento de odio y rencor, que si ciertamente en algún momento existió, éste se fue disipando con el acontecer diario, con el desencanto y sobre todo, con la triste experiencia de haber luchado por un “futuro” que nunca llegó, viéndonos forzados a separarnos de nuestras familias y amigos, cuestión ésta que en definitiva, ha sido el saldo más doloroso de todo este acontecer.

“Tuvieron que pasar muchos años, de enfrentamientos, desencuentros, malos entendidos y campañas difamatorias, para que finalmente dos cubanos a los que nunca nadie debió convertir en enemigos, se unieran para siempre en un abrazo: Dos jirones de una misma bandera”

El Cocinero

Esa gran chimenea de ladrillos rojos siempre llamó mi atención. Cuando niña, la veía inmensa y me imaginaba vivían en ella duendes. Provocaba en mí una fascinación muy especial. Más aún porque era el camino por donde necesariamente teníamos que pasar, antes del llegar al “temido” puente de hierro sobre el río Almendares, que en ocasiones se abría como una gran boca de lobo para dar paso a los yates, cuando nos dirigíamos a visitar a la tía Cuca en Miramar: uno de mis paseos favoritos.

Con el paso del tiempo y los avatares que se apoderaron precipitadamente del país, aquellas fantasías y sueños de la niñez, fueron abruptamente arrancados de raíz, para dar paso a una “nueva realidad”. Aquella torre de mis sueños se mantenía ahí, pero ya no enviaba señales de humo. Poco a poco se fue quedando sin vida. Mis personajes de fantasía desaparecieron junto con aquellas bocanadas grises que nunca más salieron de su garganta. El puente dejó de abrirse: ya no pasaban yates. Poco a poco el óxido fue cubriendo estructura. Tampoco ya podíamos visitar a mi tía, se había ido a vivir muy lejos.

Muchos años han transcurrido antes que yo volviera a sentir motivación, para superar el miedo de cruzar el viejo puente. Mi antigua amiga de ladrillos rojos seguía ahí, muda e inerte, señoreando en un entorno cada vez más, decadente.

Hace unos días, al enterarme que la habían convertido en un bar restaurante, acudí motivada a su reencuentro, acompañada de mi Nikon, para tratar de obtener fotos y una posible historia al respecto, con alguno de los vecinos. Tuve suerte que uno, que se encontraba limpiando la calle, al verme cámara en mano vino hacia mí creyéndome turista. Cuando me identifiqué, me contó la historia del lugar, pues él nacido y criado en el mismo, conocía todos los pormenores.

“Resulta que, cuando la fábrica quedó abandonada a inicios de los años sesenta, un hombre, se metió en la base de la chimenea para vivir. Después se casó y al cabo de unos años, el matrimonio se separó y como no disponían de otras posibilidades, dividieron el espacio, quedándose ella con una parte y el con la otra. Así estuvieron “compartiendo” el lugar muchos años, hasta que hace poco vino un joven y les ofreció dos apartamenticos a cambio de la gran chimenea”.

Indagando con amistades, por las que tuve noticias de esta curiosa inversión, me enteré de que con las nuevas posibilidades de sacar licencia para abrir negocios, tres jóvenes amigos que conocían del lugar y su historia, decidieron unir sus recursos, para “conversar con la ex pareja”, ofreciéndoles a cambio lo que tanto necesitaban.

Lo primero que hicieron fue restaurar la chimenea, devolviéndole todo su antiguo esplendor, conservando el gran letrero original que dio nombre a la “vieja” fábrica de aceite: EL COCINERO. La entrada a la misma muestra un jardín bien cuidado, donde se exhiben antiguas piezas restauradas de la propia industria, a modo de esculturas. Una campana en la puerta para anunciarse, te espera. Dentro, subiendo dos pisos por una escalera de caracol, accedes a la azotea, donde un agradable bar de ambiente bohemio, con gran variedad de tapas y bebidas te asegura una encantadora y “diferente” noche. Todo por supuesto en moneda convertible CUC. El restaurante aún no ha sido inaugurado.

Socialismo: Etapa de transición entre el capitalismo… y el capitalismo.

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Conversando en casa de una amiga sobre los nuevos negocios privados, la autorización para  viajar concedida a los médicos, el precio de los alimentos, la escasez de éstosy otros temas de la actualidad en nuestro planeta, una delas presentes planteó que “le preocupaba mucho la crisis en Europa”, repitiendo, sin darse cuenta, lo mismo que dicen la televisión, la radio y la prensa nacionales.

Yo dije, que acabo de llegar precisamente de España y que, efectivamente, la gente y los medios no hacen más que hablar de este tema, y que cuando lo hacían delante de  mí, yo les pedía, por favor, “no hablar de soga en casa del ahorcado”.

Efectivamente, hay una crisis grande en España y otros países de Europa, provocada quizá por la desenfrenada adquisición de viviendas, a un costo muy por encima de las posibilidades reales del comprador, entre otras causas,pero que en nada  es comparable a la nuestra, sostenida durante más de medio siglo. Yo, personalmente, salí y recorrí muchas ciudades europeas y no pude observar personas mal vestidas, deambulando de un lugar a otro por esas calles limpísimas y sin baches, en busca de una tienda donde estuvieran vendiendo papel sanitario o pasta de dientes, sobretodo en “moneda extranjera” o, al menos, no en la que les pagaban sus salarios o subsidios.

Eso, además, le dije a mi amiga que le preocupa mucho la crisis en Europa, sin el alto costo de “haber hecho una revolución, precisamente para mejorar la calidad de vida del pueblo”, teniendo como resultado el deterioro y destrucción de las ciudades y sus habitantes. Todo esto,sin contar el alto precio a pagar por la separación familiar,y el éxodo cada vez mayor de los jóvenes en busca de libertad social y económica, justamente aquéllos por losque se suponía se había hecho todo este sacrificio,  amén de la corrupción que ha señoreado y señorea en todo el país, aparentemente a su “libre albedrío”.

Resulta que ahora, entre otros signos del “nuevo capitalismo”, hay una fiebre contagiosa por vender los grandes y hermosos inmuebles  arrebatados a sus legítimos dueños ó familiares y que, posteriormente, les fueron otorgados a personas “con méritos revolucionarios”, cuyos descendientes ahora están pidiendo cifras astronómicas por los mismos, como si fueran patrimonio resultante del sacrificio familiar. O cosas tan locas como comprarle a alguien, que en algún momento ocupó como vivienda la gran torre de ladrillos de la fábrica de aceite El Cocinero, abandonada por la improductividad, convertida ahora por  un inversionista particular en restaurante, cafetería y bar.

En fin, estas y otras cuestiones, todas bien incómodas por cierto, nos hacen reflexionar en que el sacrificio de todos estos años por “el socialismo”, sólo ha servido para llevarnos a lo mismo, pero con un tétrico añadido: un  grandeterioro moral y material, además de “cargar en nuestras costillas” con un montón de años perdidos, para finalmente regresar a un capitalismo, pero sin capital.

Guardia médica.

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Después de haber experimentado durante mi estancia en Francia, lo que  pudiera llamarse en verdad potencia médica, sin temor a equivocarnos, a mi regreso contrasto con una triste realidad.

Algunos de los médicos, familiares o amigos, a quienes he  mostrado orgullosa, las radiografías de mi mano accidentada y el estado final en que quedó  la misma, todos, lamentablemente, han coincidido en expresar lo siguiente: ¡Alégrate de haberte caído en Francia y no aquí!

Conversando después por separado con cada uno de ellos, me han comentado el estado de deterioro cada vez más notable de los servicios de salud en nuestro país, y además, coinciden en que la falta de estímulos en este sector, está logrando que prime el desencanto entre los estudiantes  al  no optar por esta carrera, así como también el éxodo de galenos, ya que  debido a las facilidades para viajar otorgadas por las “nuevas regulaciones migratorias”, éstos estén abandonando el país en busca de mejoras económicas y reconocimiento. Algunos solo desean salir a explorar,  pero lamentablemente la mayoría no regresan.

Otra de las cuestiones que más están afectando en estos momentos a los trabajadores de la salud, es que ante la reclamación hecha por éstos de un aumento de salario, las autoridades han decidido, “debido a los problemas económicos que enfrenta el país”, no elevarles el mismo y a  cambio, a modo de humillante consuelo, pagarles a los médicos: dos pesos cubanos (de los corrientes) por cada hora de guardia realizada, cincuenta centavos a los enfermeros y veinticinco centavos al resto del personal auxiliar. O sea, un médico después de rendir doce horas de guardia en el hospital, recibe en compensación veinticuatro pesos (aproximadamente un dólar), seis pesos los enfermeros y tres pesos los auxiliares. Esta situación es realmente vergonzosa, más aún que debido a la falta de personal,  se ven precisados a realizar las guardias  con demasiada frecuencia.

No es de extrañar que cada vez contemos con menos galenos y, en algún momento tengamos que ir a consultarnos, allende los mares, donde nuestros excelentes médicos brindan sus servicios.

Art Déco, Art-kitsch-tectura y derrumbes: To mezclaó

 

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En estos momentos en que se celebra en nuestro país el Congreso Art Déco 2013, mientras los invitados y delegados asisten a las conferencias, colapsa un promedio de tres viviendas diarias en la capital.

El Art Déco, surgido entre los años 20 y 30 del Siglo XX, influenció vivamente a nivel mundial en la arquitectura, así como en las artes decorativas, la pintura, la moda, la escultura, el cine y la gráfica.

En nuestro país el exponente más emblemático de este movimiento arquitectónico, considerado por muchos la obra maestra, es el Edificio Bacardí, construido entre los años 1930-1938, cuyo diseño y ejecución estuvo a cargo de los arquitectos cubanos Esteban Rodríguez Castell, Rafael Fenández Ruenes y José Menéndez. Afortunadamente se conserva en muy buen estado.

Proliferan  por toda la ciudad exponentes y remanentes de este movimiento, tales como el edificio López Serrano,  otro bello ejemplo de este estilo, de una elegancia y diseño notables, hoy maltratado y depredado, debido al abandono y la desidia de las autoridades gubernamentales, y que corre gran riesgo de perderse si no se toman medidas urgentes al respecto. Otros ejemplos de este arte lo son los  cines América, Fausto y Arenal, todos igualmente en peligro.

En cuanto a la representación de esta arquitectura en el sector de la medicina, están el hospital materno infantil América Arias, de los arquitectos Govantes y Cabarrocas bello exponente del Art Déco, muy maltratado y también en peligro de perderse. También el hospital infantil Pedro Borras, que lleva más de dos décadas cerrado por problemas estructurales, causados sin duda por las explosiones próximas a éste, cuando la fiebre de construcción de túneles en toda la ciudad, so pretexto de “la guerra de todo el pueblo” en la década de los ochenta. Este centro en su época fue el más grande exponente de este estilo, incluyendo el de la ciudad de Chicago, en Estados Unidos de Norteamérica.

En el ámbito de las construcciones militares está el Cuartel Moncada, en la ciudad de Santiago de Cuba, que sí se encuentra en buen estado de conservación.

Ayer tarde, en La Casa de las Tejas Verdes, en Miramar, durante la magnífica conferencia ofrecida “La Habana de hoy y del Futuro”, el arquitecto Miguel Coyula empleó de manera certera el término Ar-kitsch-tectura (de su cosecha), para referirse a los engendros aportados por las personas que, con algunos recursos y sin el más mínimo conocimiento, han podido construirse una vivienda o reformar la que poseen: algo horrendo.

Unos de los planteamientos que más llamó la atención de los allí presentes, fue la altísima cifra, cerca del 90% de propietarios de viviendas, pero no así de los edificios, ocasionando el consiguiente término de  “tierra de nadie”. El  edificio no tiene dueño, por consiguiente no tiene mantenimiento ni servicios. Cada vecino resuelve su problema como puede, y esto ocasiona acelerar aún más el deterioro del mismo, amén que la política del individualismo prolifera cada día más.  “Tener no es mantener” aclaró el conferencista. El dueño de un apartamento cuyo salario es de 300.00 pesos mensuales, no puede invertir el 45% del mismo en comprar un galón de pintura. .

Otra de las causas que más influye en el deterioro de la ciudad, según expusieron, es el envejecimiento de la población. La emigración de personas jóvenes y bien preparadas, así como la inmigración hacia la capital, provenientes de otras provincias y mayoritariamente sin preparación, que vienen buscando mejoras económicas y se asientan donde quiera sin condiciones ningunas, haciendo crecer desmesuradamente el número de barrios marginales y favelas.

Ese es el panorama presente de la ciudad de la  gran ciudad superpoblada, ¿cual será su futuro?

 

 

 

Viajar sin dinero

Cartel y panes de bienvenida.

Lo que para otros es inimaginable, para los cubanos de la isla es casi normal. Esto de viajar sin dinero es lo que hacemos la mayoría de los que aquí hemos tenido y tenemos ahora, el privilegio de emprender un viaje generalmente, para reencontrarnos con nuestros hijos y familiares o amigos que viven fuera.

Desde el momento en que tienes conocimiento de la intención de alguno de los antes mencionados de invitarte, ya comienza la odisea: trámites costosos, papeleo y gastos, en ocasiones excesivos (por tratarse de nuestro país), póliza de seguro si viajas a Europa, costo de la visa, etcétera. En fin, todos estos trámites y pagos hay que realizarlos en CUC, la moneda dura, en la que precisamente no te pagan ni tu salario ni tu jubilación. Eso sin contar que el pasaje corre por parte del que te invita.

Muchas personas te dirán antes de emprender el viaje de ida: Oye, ahora cuando estés fuera, aprovecha y conéctate a Internet, y trae todo lo que puedas, porque este es tu primer viaje en el año y aquí pagas al entrar en pesos cubanos

Lo que si nadie te dice y eso lo tienes que tener bien claro es que te podrás conectar cuando tu anfitrión te preste su ordenador, y que el exceso de equipaje que cuesta bien caro, se paga en el país donde abordas y no en el que te recibe. ¡Y créeme, sería demasiado abuso cargar también ese gasto a la cuenta de tus anfitriones!

En sentido general, la gran mayoría, viajamos con apenas un dinerito de bolsillo o con la ausencia absoluta de éste, provocándonos el consiguiente desasosiego. Debes asegurar que te vayan a esperar al aeropuerto, pues con lo que tienes no te alcanzaría para pagar un taxi, amén de que algún pícaro, vea la cara de asustado que llevas y hasta se quiera aprovechar de ti.

Una vez llegado a tu destino y habiendo tenido la dicha de ver caras conocidas esperándote, comienza la otra etapa del viaje: el alojamiento. Deberás aceptar con una sonrisa en los labios, las condiciones que te haya creado tu anfitrión, para no ocasionarle más inconvenientes o gastos.

Disfrutarás de todas las comidas y los paseos que éstos planifiquen, y agradecerás infinitamente todos los obsequios que te hagan, aunque no te gusten, o no sean tu talla, como en el caso de ropas, porque también estarás pensando en ese momento en tus amigos que dejaste en tu planeta y a los que quisieras llevarles algo.

Entre los paseos seguramente estará incluida la visita a un gran mall, y se te abrirán desmesuradamente los ojos al observar toda aquella gran cantidad y variedad de productos. En ese momento te darás cuenta lo miserable que eres, al no disponer de solvencia, para satisfacer por tu cuenta, alguna vieja necesidad o antojo. Trata por todos los medios de rechazar una visita a Ikea, porque ésta bien te pudiera provocar un infarto.

Después de disfrutar como un niño chico al que llevan y traen y le regalan cosas, va llegando el momento de retornar a tu mundo real. Ahí entonces empieza el gran problema. Posiblemente tres días antes de la fecha de regreso, te dolerá la barriga y estarás nervioso o estresado pensando cómo metes, en la maleta que te prestaron, todas aquellas cosas que te han ido obsequiando. Tampoco tienes dinero para pagar el sobrepeso y si lo tuvieras, claro que te dolería mucho soltarlo, porque lo necesitas para comprar comida a tu regreso. En ese momento aquel abrigo (si viajaste en invierno) que te prestaron, te pesará muchísimo y deberás llevarlo puesto a tu regreso aunque pases calor.

Finalmente al llegar, aguantarás con mezcla de impaciencia y alivio, la tremenda cola que tendrás que hacer para pasar la aduana cubana, cosa ésta que ya se te había olvidado, debido a la rapidez con que pasaste las de los otros países.

Algún buen vecino te esperará a tu regreso con los panes que te tocan por la libreta y que el amablemente guardó para ti.

Dias de silencio.

La Silla (D).jpgA pesar de que hace bastantes días que no escribo, en mi cabeza revolotean mil ideas que no acabo de organizar para ponerlas en blanco y negro.

Los acontecimientos en mi planeta, como de costumbre, se suceden molestos y a veces hasta dolorosos,  y aunque lejos del teatro en que transcurren, no dejan de afectarme. Sobretodo la condena a Angel Santiesteban, a cinco años de prisión, cuyo  único ”delito” ha sido manifestar cívica y públicamente su criterio, sin difamar ni ofender a nadie.

Por otra parte, la noticia de que finalmente a Yoani Sánchez le habilitaron su pasaporte para poder viajar y que Eliecer Avila ya pudo hacerlo y se encuentra en estos momentos en Suecia, sin haber ocasionado ”trabazón en el espacio aéreo”, me reconfortan. No obstante, acostumbrada ya a que todas esas supuestas ”dádivas” suelen ser trampas, me causan algunos resquemores, que solo serán superados, al regreso de ellos a ”nuestro planeta”, al igual que el mio propio. Por supuesto, siempre me pone nerviosa pasar por la aduana cubana después de un viaje. Aunque en esta ocasión como en casi todas las anteriores, no pienso ir pasada de peso para ”no darles el gusto”.

Yo por mi parte, aún convaleciente de la fractura de mi mano derecha, y preparándome mentalmente, para otra cirugía, en la que deben extraer las presillas que me colocaron para fijar el hueso, trato de disfrutar al máximo la compañía de mis hijos y nietas, ya que no hay nada que me de la seguridad de volver a verles. No solo por la distancia y el costo del viaje,  que recae en ellos, pues yo con mi magra jubilación y lo que me busco con el trabajo que realizo como artista, apenas me alcanza para asegurarme una buena alimentación en mi país, no puedo costearme ese deseo. Sin contar además de que  ”las leyes de mi planeta” cambian a gusto y capricho del señor dueño de todo y de todos.

No obstante estoy disfrutando de nuevos paisajes y culturas, que hasta el momento solo conocía por referencia en los libros leídos.

Dentro de un par de días me trasladare a España, donde viví un tiempo, hace años y donde vive actualmente mi hijo menor. Espero entonces romper con estos días de silencio y contarles de mi estancia en la Madre Patria.

Lejos de mi planeta.

Aunque lejos de mi querido planeta, me mantengo al tanto de lo que alli sucede, gracias a la Internet, que aqui, en este rincon de Francia , como en casi todos los paises, esta disponible para todos, lo cual no no resulta asi alla, donde solo unos pocos privilegiados tienen libre acceso a ella.

Esta pequeña ciudad de 20 000 habitantes, posee todo lo que cualquier ser humano necesita para vivir: casas con calefacción, calles bien pavimentadas y excelentemente señalizadas, limpieza urbana, clasificación de la basura generada en la vida cotidiana, escuelas, iglesias, tiendas, restaurantes, parques, supermercados,museos y  sobretodo una magnifica atención por parte del Estado y la ciudadanía  a zonas ecológicas protegidas, conservación y cuidado de la fauna, reglas urbanas, en fin todo lo que un ser humano requiere para la buena  y saludable convivencia.

Lo irónico resulta que, estando con esta parte tan importante de mi familia, no se me quita de la mente el acontecer en mi pequeña isla, castigada ahora, como si fuera poco el desgaste y sufrimiento acumulado y padecido durante más de medio siglo, por una epidemia de una enfermedad que estaba erradicada desde el Siglo XIX.

Observe hoy con detenimiento, la conducta ciudadana, de los vecinos, llevando los desechos propios, para ser recuperados como materia prima, a lugares cercanos a sus viviendas, donde en distintos contenedores clasificados se recupera todo ese material, que después sera reciclado. Hasta los niños conocen y participan de esto, pues en sus casas y en las  escuelas se les informa y educa sobre la importancia de esta actividad cívica, así como el respeto hacia la propiedad ajena, el cumplimiento de las leyes y regulaciones. Todo esto me hace sentir pena por mi país, que hasta  1959, estuvo a la cabeza, en América Latina respecto a higiene y salud pública, así como en otros muchos renglones, donde ocupábamos  los primeros lugares en la Región, como también  respecto a  algunos países de Europa.

Ya comenzó a nevar, y el pintoresco paisaje de construcciones alsacianas, muy antiguas  que se mezclan con las modernas, construidas de acuerdo a las regulaciones y respetando una arquitectura que no rompe con la armonía del entorno,  el paisaje cobró un nuevo encanto al vestirse de blanco.

De regreso de nuestro paseo, tomamos el camino Allée des Platanes,  entre los poblados de Blotzheim y Altkirsch ,sembrado de estos árboles a ambos lados de la carretera, durante  el reinado de Napoleón III. No pude evitar pensar en mis vecinos, de La Habana, Carmelo y Felipe, que no han dejado un solo árbol con vida en nuestra calle. He ahí una de las diferencias entre cultura e instrucción.

Del horror y los tiempos del cólera.

Cuando niña, oía a mi abuela hablar de los duros tiempos del cólera, y de cómo su familia había librado de tan terrible enfermedad. Eso era todo lo que conocíamos de esa plaga: pura historia.

Resulta que ahora, en pleno Siglo XXI, en ”mi querido planeta”, esa terrible palabra vuelve a mencionarse.  Después de aquellas historias contadas por la abuela María, volví a saber de esa pandemia, cuando disfrutaba leyendo la famosa novela de García Márquez: El amor en los tiempos del cólera,    apasionándome con su inolvidable personaje Florentino Ariza.

Sorprendida estaba, eso sí, de que hubiéramos  sorteado durante tantos años el peligro de semejante plaga, pues nuestra querida isla cada vez se iba sumergiendo más, en  precarias condiciones higiénicas, debido a la desidia y el abandono en todos los sectores, y esferas sociales. Gracias a nuestro implacable sol, hemos  sobrevivido a  algunas enfermedades.

Mucho he escrito en mi blog, sobre la falta de higiene y limpieza en los lugares públicos, incluyendo en ellos, lamentablemente, los policlínicos y hospitales, además de las cafeterías y puestos de ventas estatales y privados (algunos) de alimentos ligeros y no tan ligeros, para el consumo de la población, sobretodo para los que no disponen de moneda dura y se ven obligados a acudir a éstos.

Evito por todos los medios,y así le hago saber a todo el que puedo y está a mi alcance, no consumir esas bebidas preparadas con polvitos saborizados, pues la falta de agua potable es muy frecuente, sobretodo en aquellos lugares, como La Habana Vieja, donde se concentra el mayor número de turistas y visitantes nacionales.

Otra de las razones que esgrimo, cuando impertinentemente las brigadas de fumigación, intentan irrumpir en mi casa, a la hora que ellos desean, para llenarla de humo de petróleo quemado,  es que el tiempo ha demostrado  que la misma es totalmente ineficaz para liquidar al famoso mosquito, mientras la higiene del entorno y de la ciudad sean tan precarias.

Ahora, lo más preocupante, y en lo que las autoridades y la población en general, tienen que hacer énfasis, es en mantener la máxima higiene posible en nuestras casas y nuestro entorno, a fin de que este brote de cólera, no se haga endémico como su otro pariente el dengue.

Un ricón cubano en Suiza.

393107_10200192087315466_2069263085_nAnoche, con un grado bajo cero de temperatura, pero con el calor de nuestro entusiasmo, emprendimos Tito y yo la ruta desde Francia hasta Basel, Suiza, en busca de un nuevo rincón cubano.

En la calle Rümenlibachweg # 9  4052, en Basel, se encuentra un acogedor local  que hace esquina y se llama El cubanito, bar-café. Este agradable  lugar  fue inaugurado, después de muchos esfuerzos y sacrificios, el 29 de diciembre del 2012.

Su dueña y anfitriona, una bella y agradable cubana, está orgullosa, y con razón del resultado final de su sacrificio.

Cuando llegamos, ya el local estaba lleno, y los músicos prestos a comenzar la descarga: Dianelis, la cantante, Jorge el Guajiro, en la guitarra y Coco en la percusión, hicieron vibrar  con su música cubana, el nuevo local

.

Ya mas entrada la noche fueron llegando cubanos , jóvenes algunos, otros no tanto que colmaron de  buena onda el local.

Dianelis, con su maravillosa voz fue brindándonos una panorámica de los ritmos cubanos, haciendo una recreación muy especial y suya de Bésame mucho. Pronto se les unió, imitando el sonido de un bajo con su garganta, Alcides Toirac. También se incorporaron a la descarga otros cubanos allí presentes, tocando claves y maraca.

Pasamos una noche increíble y fuimos de los últimos en irnos, cuando ya se cerraba el local.

El sentimiento de la nostalgia y la añoranza de la patria y la familia, además de la alegría era la atmósfera que reinaba en  la  peculiar estancia.

cubanos por el mundo

Al llegar a este rincón de Francia para reencontrarme con mi familia, a quien no veía desde hacía siete años, tuve la gran alegría de recibir la visita del hijo que vi nacer, de una muy querida amiga. Enseguida, como es de suponer, surgió el tema de la patria lejana y de los problemas y frustraciones que significan abandonar, prácticamente contra tu voluntad, la tierra que te vió nacer. Ese es su caso.

Este cubano no se resigna a permanecer en su exilio forzado, que además aquí, por jugarretas de la vida, es aún un indocumentado, al que no pueden repatriar como el quisiera, pues las autoridades cubanas se niegan reiteradamente a recibirlo. La última vez que estuvo en Cuba, permaneció cuatro meses en prisión, por negarse a abandonar el país.

Este hombre, joven aún, que tiene dos nombres y una cabeza, que no deja de pensar en las penurias a las que está sometida su querida patria,  se ha dedicado en su tiempo libre, que lamentablemente es todo lo que le sobra, pues al no poseer documentos, sólo puede realizar trabajos esporádicos, a investigar a profundidad los asuntos cubanos.

Quedé verdaderamente impresionada, cuando me mostró con fotos, informes y lujo de detalles, a los que los cubanos de la isla no tenemos acceso, todo lo relacionado con el extraño accidente donde murieran Oswaldo Payá y Harold Cepero.

Por este motivo estoy subiendo el video que mi amigo me facilitara para consideración de ustedes.

Un viaje con tropiezos.

Hola a todos!
Desde Saint Louis, Francia les comunico que mi llegada fue muy buena, y el reencuentro con mis nietas, insuperable. La mañana siguiente de mi llegada fue magnífica. En la noche, cuando ya todos dormían, excepto mi nieta mayor y yo, traté de enviar unos mensajes por g-mail, que jamás pude. Decepcionada me fui a acostar, era ya media noche, pero como no conocía bien la casa, y no quise despertarlos, no encendí las luces. A tientas, traté de encontrar el pasillo que conducía a las habitaciones, y al confundirme con las escaleras, rodé éstas abajo unos veinte escalones, finalmente choqué con unas piedras chinas que estaban de adorno en el descanso de éstas. El estrépito hizo que todos despertaran. Subí con trabajo y supe de inmediato que algo malo le pasaba a mi mano derecha.
En la caída, tratando de proteger mi cabeza, cubriéndome con el brazo, me fracturé el cubito de dicha mano. En consecuencia, no sólo desperté a todos, si no que tuvieron que llevarme de urgencia al hospital de Mulhouse, donde fui intervenida quirúrgicamente.
La atención en dicho centro hospitalario fue magnífica. El destino quiso que tuviera que hacer uso de una póliza de seguro que nunca me fue agradable pagar, quizá por que en ella veía algo premonitorio. Gracias a mi nieta Isabel, les escribo estas líneas, sirviéndome ella de secretaria, pues me veré imposibilitada por un tiempo de hacer uso de mi mano derecha.

Expectativa de viaje

Si algo motiva a los cubanos y los lleva en ocasiones a tomar decisiones fatales, es tener en mente un viaje, ya sea para “escapar” de la isla o simplemente para conocer otros países sin importar muchas veces, por qué vía y a qué costo.

Soy de las personas que gusta de hacer las cosas en su tiempo y sin precipitar los acontecimientos, sobretodo, cuando se trata de tomar un avión o entrar a un quirófano. En estos dos últimos casos, hago todas las gestiones y diligencias que me corresponden, pero el resultado final siempre lo dejo en manos de Dios.

Llevo siete años sin poder ver a mis hijos y mis nietas. Las dos más pequeñas las conocí cuando tenían, una dos años y la otra dos meses de nacida. Para ellas, soy una extraña. En esa oportunidad los trámites de viaje se complicaron al extremo y tardaron seis meses en darme el permiso de salida. Yo iba a una exposición en el Ayuntamiento de Elda y, cuando llegué ya todos estaban en vacaciones y casi me tengo que “tragar mis trabajos”. Afortunadamente gracias a unos amigos, los pude vender para pagar el boleto.

Finalmente este año, mis hijos, con muchos esfuerzos, hicieron gestiones para que yo viajara. Me organizaron una exposición en la galería de un amigo. Ahí comenzó todo. Como quiera que desde hace años soy artista “independiente” y miembro de la ACAA (Asociación Cubana de Artesanos Artistas), me correspondía el derecho de hacer los trámites a través de esta organización, al igual que en ocasiones anteriores.

Como suele suceder, las gestiones demoraron un poco y hasta tuvieron algunos errores y tropiezos, pero finalmente todo se solucionó. El último trámite a realizar era la solicitud de visa para Francia, país de destino. Esta gestión fue la más expedita. Siempre que concluyen todas estas “escaramuzas”, termino sorprendida, satisfecha, pero mentalmente agotada.

El día que me encaminaba hacia la embajada francesa, a recoger mi visa, vinieron a mi mente algunas imágenes, que traduje en palabras escritas de prisa, en una servilleta de papel que llevaba en mi bolso. Lo hice, sobretodo, teniendo en mente a aquellos que prepararon sus maletas, pensando en un reencuentro familiar y un pronto retorno, el cual nunca llego efectuarse, porque decidieron quedarse. Por eso, a nosotros los cubanos, nos miran como si lleváramos tatuado en la frente posible “inmigrante”.

Pongo a consideración de ustedes, mis lectores, esas líneas “implorando clemencia”, sobretodo, de mi amiga bloguera Ana Luisa Rubio, ¡que si es poetiza, y de las buenas! yo soy simplemente: maestra, artesana, bloguera, tuitera y como ven, un poco atrevida.

“Visa sin divisa”.

La alegría se fue de viaje,

llenó sus valijas

con sus más recientes trajes.

Que no falten…

las sandalias doradas,

ni la rosa, ni el ruiseñor,

ni el zorzal, que cantaba parado

en la antena del televisor.

Que no falte nada,

de lo que tanto me nutre,

pues ya le llegó la visa

a mi vieja soledad.

Festival por el día de los derechos humanos.

Hizo un día hermoso, más bien caluroso. El mar en perfecta calma, reflejaba el azul de un cielo despejado.

Llegamos temprano pensando en poder evadir el acostumbrado cerco. No vimos señales de éste. Suponemos que los que nos cuidan, estaban en los alrededores, pero en esta ocasión no se hicieron visibles.

La carpa de Voces Cubanas estaba dedicada a la tecnología.

Lo rudimentario y lo moderno se dieron la mano.

Quedamos satisfechas de la labor realizada.

Hubo performances muy originales

como la del Sexto

En próximo post, ofreceré más detalles y fotos.

Fue una tarde hermosa, tranquila, con buena concurrencia y sobretodo con la presencia de muchos niños. Estado de Sats transcurrió en un ambiente relajado y entusiasta.

Extrañas navidades

Taller de Rebeca

Desde niña, la época más feliz del año para mí, era la Navidad. Quizás porque el ambiente general que rodeaba estas fechas era de alegría y distensión. Todas las personas adultas se volvían más simpáticas, tal vez porque recibían sus “aguinaldos”, que generalmente equivalían a otro salario más en el propio mes, lo que hacía que a su vez fueran más tolerantes con los más pequeños y jóvenes de la familia y del vecindario, quienes por aquellos tiempos eran como una extensión de ésta.

Yo siempre observé con curiosidad, pero a la vez con la ingenuidad propia de una niña, que mis tías y mi mamá, días antes de las fechas claves -Navidad y Reyes-, restauraban viejos juguetes y muñecas, limpiándolos y haciéndoles nuevos vestidos, para que todo quedara reluciente. Recuerdo que una de mis tías hacía soldaditos de plomo, que después mi abuelo se encargaba de pintar adecuadamente. Todo este proceso de echar el plomo derretido en los moldes, me fascinaba y lo observaba con deleite. Nunca asocié este afanado taller con otra cosa que no fuera una tarea más, en un hogar donde todos eran muy laboriosos. No fue hasta que mi primo Ignacito, el más travieso de nosotros, se me acercó en secreto y me dijo: “Prima, los Reyes son los padres. Si quieres comprobarlo, la noche antes quédate despierta igual que yo, para que veas a mi papá disfrazado de Rey, colocándonos los juguetes alrededor del árbol de Navidad”.

Después de esta confesión que mi hiciera, fue que me di cuenta que estas muñecas y juguetes restaurados, habían pasado a ser propiedad de otros niños del barrio, de familias con menos recursos que la nuestra.

Yo, que adoraba a mi primo, que era mi héroe y trataba de seguirlo en todas sus travesuras, me uní a él la noche previa al añorado día. Tratando de luchar contra el sueño, finalmente Morfeo me venció antes que pudiera ver rota mi fantasía. Pero ya las cosas no serían igual, ya los años posteriores, no me daban deseos de dejar agua y paja para los camellos. Sin embargo, no sé por qué oculta razón, seguí creyendo y alimentando esa ilusión unos cuantos años más.

Crecí, y con mi adolescencia llegó el año cincuenta y nueve. Lo primero que vi esfumarse fue esa linda familia, que tanto siempre había disfrutado: se fueron mis tías y mis tíos y con ellos mis primos. Eso fue un dolor extraño que nunca antes había sentido, como si se rompiera algo dentro de mí. Después se fueron mis amigas. No más paseos a ver vidrieras, no más olor a pino fresco en los portales de las tiendas, no más guirnaldas ni juguetes. Todo eso desapareció. Nunca más volví a escuchar aquellos villancicos y canciones navideñas, ni en las calles ni en la radio y mucho menos en la televisión: fueron sustituidas por marchas e himnos.

Durante más de cincuenta años añoré volver a escuchar un villancico o una canción navideña. Esto nunca sucedió. Sin embargo, este año, con el nuevo auge de los pequeños negocios por cuenta propia y el ingenio popular, hemos pasado todo el verano, hasta hoy, escuchando a los improvisados carritos de helado casero, anunciándose con música de villancicos, que evidentemente (porque todos tienen el mismo), les han sido incorporados, posiblemente con la música que viene con las guirnaldas, que se venden en las tiendas de recaudación de divisas.

Esto ha pasado a ser algo así como aquello de que, “no querías caldo, pues toma tres tazas”. Nada, que lo que durante más de medio siglo fue una carencia, ahora se ha convertido en una sobredosis. Las únicas señales de que estamos en Navidad son estos carritos y los paladares.

Ironías y coincidencias culturales

El Teatro Nacional de Cuba entreabrió tres de sus numerosas puertas (siempre cerradas), de acceso a su principal y mayor sala, la Avellaneda, para recibir al gran público que, desde horas tempranas, se agolpaba en los portales y zonas aledañas al inmueble, a fin de asistir al concierto el cual, bajo los auspicios de Naciones Unidas, la Federación de Mujeres Cubanas y otras instituciones, se realizaría: NO A LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

El público allí congregado, en su mayoría jóvenes, comenzó a inquietarse y mostrar su descontento, debido al retraso y lentitud, con que casi, “a cuenta gotas”, permitían la entrada a la sala.

La indisciplina social, quedó expresada en empujones, codazos y gritos, por parte de los jóvenes, estudiantes, suramericanos en su mayoría, que junto a los nativos, se abrían paso sin miramientos de ningún tipo, tratando de superar la estrecha brecha dejada por las puertas entreabiertas, contradecía ya a priori el espíritu mismo del concierto.

Evidentemente, la administración del complejo cultural propició, con su errónea política de “puertas cerradas”, esta situación, amén de que el concierto comenzó veinte minutos más tarde de la hora señalada.

Después de la presentación y actuaciones de nuestros cantantes Rochy y Feliú, así como de la brillante actuación de los instrumentistas Calzadilla y García, piano y flauta respectivamente, se hizo un “impás” de treinta minutos para preparar el escenario y los equipos, con vistas a recibir a la principal figura del espectáculo: la estrella mexicana Julieta Venegas, excelente cantante, instrumentista y compositora, muy seguida y admirada por el público internacional y cubano. Nuevamente la desazón comenzó a apoderarse de los espectadores.

Finalmente aparece Julieta en escena, ante los gritos y aplausos delirantes de un público que la admira y al que ella hechizó, con sus más de quince interpretaciones, muchas de ellas cantadas a coro por sus fans. El concierto, debido a las demoras, se prolongó hasta la medianoche. Cerca de las once, muchos jóvenes tuvieron que ir abandonando la sala, muy a su pesar, debido a las dificultades del transporte.

Cuando estaba allí, disfrutando del maravilloso espectáculo, no pude evitar que viniera a mi mente la paradoja de que, el mismo se produjera justamente el día, en que toda la prensa extranjera se hacía eco del brutal ataque que sufriera, y que casi le cuesta la vida, a Berenice Héctor González, de quince años de edad, propinado por otra adolescente de diez y nueve años, ambas cienfuegueras.

Pero lo más irónico de todo esto, es que el Certificado Médico expedido, irresponsable y cobardemente por los galenos del Hospital Gustavo Aldereguía de la ciudad de Cienfuegos, que atendieron a la víctima, decía que ésta casi niña, había sufrido “lesiones leves” en el ataque. Hasta hoy su atacante sigue libre.

Justamente se conoce esta noticia por los medios y por aquellos que, de alguna u otra forma disfrutan de los servicios de Internet, cuando precisamente se está llevando a cabo un concierto “en contra de la violencia hacia las mujeres y las niñas”, bajo la aparente indiferencia de sus auspiciadores.

Comercio a la usanza colonial

Da tristeza ver las calles de la ciudad llenas de desperdicios y tierra colorada. Los portales de muchas de las antiguas casonas y residencias del Vedado, convertidos en improvisados tenderetes, que en medio de la mugre y el deterioro, exhiben todo tipo de mercadería, desde pilas para radios, hasta ropa de pésimo gusto e igual calidad. Paraguas playeros, enclavados en medio de lo que fue una entrada de autos, con una improvisada y coja mesita, indican los lugares donde se ofertan comestibles. Ves pasar a transeúntes que sostienen en sus manos una tarta decorada, sin protección alguna. Otros llevan, como si se tratara de una porta folios, una cabeza de puerco agarrada por una oreja, ó un colchón transportado en una improvisada carretilla a ras de pavimento. Puedes observar las mismas imágenes en un pueblo de campo, en el Vedado o el Nuevo Vedado. La ciudad entera, como diría nuestro escritor Padura, se ha ruralizado.

Pero lo más penoso de todo esto resulta observar la cantidad de jóvenes, en edad aún de cursar estudios o estrenarse como fuerza laboral calificada, empujando loma arriba carretillas cargadas de viandas. Hoy vi con cierta tristeza a un joven, de buen talante, con cara que reflejaba inteligencia y pena, empujando cuesta arriba en la calle 25 afanosamente su carretilla, cargada de frescos, limpios y bien organizados productos, teniendo que detenerse cada tres o cuatro pasos, para recuperar fuerzas y continuar.

Ese joven probablemente no continuó estudiando al percatarse que, de esta otra manera, podría obtener una ganancia que no le hubiera sido posible como un profesional mal pagado. Sentí pena por él y por sus padres. Hecho este muy lamentable, pues la mayoría de las personas que han optado por el trabajo por cuenta propia, son jóvenes cuyos talentos se están perdiendo y el país, en un futuro, no va a poder contar con ellos. De otro modo, si no fueran jóvenes, no tendrían fuerza física para empujar estas pesadas carretillas, que rememoran aquellas de la época colonial, cuando el país aún no se había desarrollado y la nación cubana estaba por nacer.

De qué valieron esas convocatorias masivas al estudio de carreras universitarias, después del cincuenta y nueve, si no estaban creadas ni nunca lo estuvieron, las condiciones para revertir los frutos de esta educación en empresas, fábricas, industrias, etcétera para el desarrollo y beneficio de la nación. Esta lamentable modalidad de comercio a la usanza colonial, es lo que ha proliferado en nuestro maltratado país, haciéndonos retroceder en el desarrollo del mismo.

Paseando con “el enemigo”

Vista antigua de la ciudad, desde El Morro.

Llevamos más de cincuenta años oyendo hablar de “el enemigo”. Todas las culpas de nuestras deficiencias se las cargan a éste, así como todos los males y desgracias, producto del descuido, la desatención y la desidia, también van a su haber.

Con esa idea han pretendido hipnotizar e “idiotologizar” a la población de “nuestro querido planeta”, y lamentablemente, en muchos casos lo han logrado. Pero a pesar de todo ello, cuando alguien piensa en emigrar, siempre lo hace hacia el país del “enemigo” (EEUU). También en ocasiones hacia otros, que utilizan como puente, para lograr el mismo fin.

Muchos, nos hemos resistido a dejarnos influenciar por semejante falacia, pero aún así, debido a toda la mala fama que precede al asunto, y a los prejuicios sembrados alrededor del mismo, nos cuidamos para no caer en la trampa ideológica, y hacerle el juego a los representantes del poder.

Justo hace unos días recibí un correo de una amiga norteamericana muy querida, donde me anunciaba la visita de un amigo suyo, de la misma nacionalidad, que deseaba me conociera, y a su vez era portador de un presente que ella me enviaba. Quedé muy satisfecha al conocerlo y constatar que el amigo de mi mejor amiga, era un encantador “enemigo”. Pronto surgió empatía entre nosotros y quedamos para encontrarnos una próxima vez.

El viernes pasado en la tarde, éste nos invitó a ir a ver la tradicional ceremonia de “el cañonazo”, una costumbre que existe desde la época de la breve ocupación inglesa, cuando a las nueve en punto de la noche, se cerraban las puertas de las murallas que protegían la ciudad, y que ahora se recrea con una linda representación, en el Complejo Turístico Morro Cabaña. Me sorprendió agradablemente lo bien restaurado y conservado que está el emblemático lugar, gracias a la labor de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la única entidad estatal, que sin temor a equivocarnos, podemos decir que se ha ocupado de rescatar y conservar algunas de nuestras tradiciones.

La pasamos estupendamente en compañía de él y de sus padres. Fue lo que se puede decir una linda noche “paseando con el enemigo”.

Dos entretenidas estadísticas.

Mi esposo, blogger también, gusta mucho de sacar cuentas y hacer estadísticas. Uno de los muchos días en que tuve que ir a Inmigración, con el hijo de mi amiga, que yo representaba, él quiso llevarnos pues había conseguido un poco de gasolina, para su joven Lada de 35 años.

Como quiera que en esa oficina las colas son interminables, y los relojes parecen detenerse, Fernando se entretuvo, mientras nos esperaba en el auto, en hacer dos curiosas e improvisadas estadísticas: Durante las tres horas que estuvo aparcado allí, en ese pedazo de la Calle 17 del Vedado observó que, de cada tres personas que transitaban por la acera izquierda, una era mestiza.

Paralelamente fue haciendo otra estadística: de los siete “buzos” (hombres dedicados a recolectar artículos reciclables en los contenedores de basura) que pasaron, llamó su atención uno, que después de remover todos los desechos con una larga vara preparada para estos fines, salió de allí sin nada y hablando solo. Fernando, que ya empezaba a aburrirse, lo interceptó y le preguntó qué le ocurría que iba protestando. “Es que ya no hay ni basura que recoger, contestó. Claro, si la gente no tiene dinero no compra y si no compra que co… va a botar”. Entonces mi esposo, ni corto ni perezoso, le dijo: “Yo usted, me mudaba para los latones de basura de Siboney, que de seguro ahí sí va a encontrar lo que busca”.

Un Eliancito más, pero a la inversa.

Desde hace aproximadamente seis meses, comencé las gestiones de viaje del hijo menor de una amiga que vive en el extranjero, y que para estos fines, me otorgó un poder ante notario para representar a su primogénito menor de edad. Quiero hacer notar que en “nuestro querido planeta”, para algunas cosas eres menor de edad, por ejemplo, para comprar o vender, para disponer de una herencia… sin embargo, para ser encarcelado o fusilado por cometer un delito contra la seguridad del país, basta tener 16 años.

Los primeros pasos los tuvimos que dar en los registros civiles para obtener los documentos de nacimiento, soltería, antecedentes penales, etcétera. Esto implicó, claro está, interminables colas, gastos en sellos, regalitos y, sobretodo mucha, pero mucha paciencia.

Una vez conseguidos los documentos nacionales, hubo que hacer más colas interminables, para legalizarlos (todo en moneda convertible) en el organismo estatal designado para ello. Después presentarlos en la embajada del país que te va a recibir, en este caso España, donde las colas son alucinantes y el trato ofrecido no es el mejor. Ahí tuvimos que ir varias veces, porque la información recibida no era exacta y los documentos solicitados difíciles de obtener.

Una vez concluido el trámite con la embajada del país en cuestión, venía, en el caso de los varones, la peor de las pesadillas: la liberación del servicio militar.

Ya realizadas estas gestiones, solo nos quedaba pasar por la máquina demoledora de Inmigración. Hay que reconocer, que el trato en esta entidad es amable. Lo que si es bueno señalar además, que a pesar de ese buen trato, la eficiencia no es la mejor, porque casi todo el personal es nuevo y carecen de un buen entrenamiento. Deberás armarte de paciencia y optimismo, porque vas a tener que hacer esas infernales colas muchas veces: unas porque te falta un documento del cual ni te hablaron, otra porque cada vez que vas te piden algo nuevo. En fin, que tienes que ir varias veces al lugar donde se suponía fueras un par de veces: una para entregar y otra para recoger respuesta.

Así, dando tumbos y malhumorándote de cola en cola, va pasando el tiempo y te vas desgastando, y gastando un presupuesto del que no disponías. Nadie se excusa por las torpezas de procedimiento cometidas, y todos actúan como si lo que te estuvieran haciendo fuera un favor y no violándote uno de tus derechos más sagrados: entrar y salir libremente de tu país tantas veces sea necesario, sin que esto te sea impedido.

En fin, hoy después de tantos meses, tantas equivocaciones y tanto desgaste físico y mental, le han concedido a mi representado su ansiado permiso de salida, para ir a reunirse con su mamá, que reside en el exterior. Esto ha sido, como el caso de un Eliancito más, pero a la inversa.

¡Silencio en la Sala! (S.O.S Maternidad de Línea)

Amaneciendo, llegué al hospital América Arias, Maternidad de Línea, como más se le conoce. Debía acompañar a una amiga que tenía que hacerse una interrupción de embarazo. Esta había sido citada, como todas las demás, a las siete y treinta de la mañana.

Este hermoso hospital art decó, obra de los arquitectos Govantes y Cabarroca, con algunas influencias de ascendencia románica, aun conserva algunas (muy pocas) luminarias originales que denotan la época de su construcción, 1930. Los hermosos suelos de granito sembrado, haciendo figuras en tonos contrastantes, su fabuloso lucernario de cristales de colores emplomados, en peligro de perderse, aún sigue bañando de suaves iluminaciones pastel, la escultura representativa de la maternidad, ubicada en la planta baja, frente a la entrada principal del inmueble.

En la gran sala de espera, cuya entrada da para la calle H, nos encontrábamos gran número de pacientes y acompañantes, desde horas tempranas. El murmullo de voces fue creciendo, según se llenaba la misma. De pronto, en el salón aledaño se oyó un ruido ensordecedor, como el rugir de motores. Esto hizo, que los allí presentes, subieran el tono de sus voces para ser escuchados, hasta volverse insoportable. Entonces, la escuálida señora en su uniforme de custodio, que cuidaba el supuesto orden del lugar, gritando exclamó: ¡Silencio en la Sala!

Yo tuve que contener la risa, y acercándome a ella le dije muy quedo al oído: ¿Cómo es que usted está pidiendo silencio, si en el salón de al lado hay un ruido que parece que está al despegar un avión? Entonces, sonriente, me contestó: -“es que están haciendo unos arreglos y eso que suena es la moto traílla llevándose los escombros”.

Me asomé a la puerta de cristal que nos separaba del otro salón, y vi con estupor como ese artefacto, parecido a un pequeño tractor, se deslizaba trabajosamente sobre aquellos maravillosos suelos y pasaba casi rozando las columnas centrales de la entrada principal.

En ese instante, una joven ataviada con una mínima saya de mezclilla a la cadera, que cubría solo hasta el comienzo de los muslos, y una corta camiseta de tirantes, que dejaba al descubierto su abultadito vientre, así como un extraño tatuaje casi a la altura del coxis, hacía su aparición para pedir a los pacientes de ultrasonido, sus correspondientes papeles de remisión. ¡Menuda facha para trabajar en un hospital!, pensé.

Inspirada por la demora y la espera, decidí acudir a la dirección para expresar mi queja por los ruidos y maltrato al inmueble, y hacerles una sugerencia sobre el inadecuado modo de vestir de algunos trabajadores del hospital. Desde luego, mi queja, por lo que reflejaba el rostro de la Secretaria de la Dirección, no fue bien recibida, y a modo de justificación, me dijo que bastante hacían, aún estando en obras de reconstrucción, por mantenerse brindando servicios, no solo a los pacientes de éste, sino también de otros hospitales del área, que confrontan problemas similares. Me dijo que dejara por escrito mi protesta, con nombre, dirección y número de carné de identidad, a lo que le respondí, que podía contar con ello.

Finalmente a las once de la mañana, se asoma una enfermera a la sala de espera, para informar, apenada, que las interrupciones se iban a demorar, porque había un solo anestesista en todo el hospital, y en esos momentos estaba en el salón de operaciones. Pasada una hora, comenzaron a hacer entrar por orden de llegada, a las intranquilas y nerviosas pacientes.

Entonces, la señora uniformada, se parapetó en la puerta, para que los acompañantes no accedieran al área. Ahí comenzó la escaramuza de brindar pequeños obsequios tales como, cajetillas de cigarrillos y “empanaditas de enfrente”, a modo de clave para traspasar la blindada puerta.

Apertrechada de empanadillas y otras golosinas, logré llegar al segundo piso, donde se realizarían las intervenciones, para poder, como otros familiares y amigos que hicieron lo mismo, brindar apoyo moral a nuestra paciente. Allí pude observar que, aproximadamente un tercio de la hermosa instalación, estaba cerrada con letreros de “clausurado por peligro de derrumbe”. También pude observar con dolor, cómo los trabajadores de la obra, maltrataban los suelos, dejando caer con descuido, sus pesados instrumentos.

Nerviosa vi el ir y venir de la única silla de ruedas, que faltándole los apoyos para poner los pies y las gomas a las ruedas, era utilizada para ir sacando a las pacientes, que volvían de la anestesia. Finalmente, al ritmo del chirriar de la susodicha silla, logramos sacar de allí a mi amiga, que felizmente reaccionó bien y se recuperó pronto de aquel doloroso percance. Todo lo contrario del hermoso patrimonio arquitectónico, que dejábamos atrás y de cuyo maltrato fui testigo presencial durante muchas horas.

 

Cumpleaños feliz

Ayer fue mi onomástico. Desde hace mucho dejaron de emocionarme, pues cada año que ha ido pasando, he tenido que decir adiós a muchas personas importantes en mi vida.

En los años sesenta me tuve que despedir de mis tres queridos primos, mis tías y tíos. Éramos entonces una muy unida y extensa familia, frecuentada también por muchas y buenas amistades. Después se fueron, una a una, mis amigas de la infancia, mi primer noviecito, los compañeros de escuela, las amistades… El barrio cambió de rostro y con ello, se apoderó de mí un sentimiento de vacío. Los cambios que se estaban produciendo en el país, nos mantenían entretenidos y enajenados, pero no lograban suplir falta de ellos. Hay cosas imposibles de sustituir.

Después vinieron nuevas familias y con ellas surgieron nuevas amistades. Otra vez la nuestra creció al casarnos mi hermana y yo. Enseguida nacieron mis hijos, las hijas de ella. Regresó parte de la alegría perdida.

Llegaron los años ochenta, después los noventa y con ellos otros golpes que quebraron nuevamente a la ya diezmada familia cubana. Yo tuve que pasar una vez más, por el dolor de ver partir lo más querido: mis hijos. Fuera del país me han nacido tres bellas nietas, a las que apenas conozco.

También muchas de mis nuevas amigas, se han ido y otras tantas se quieren ir. Aún así, Dios me ha premiado con poner en mi camino personas maravillosas con las que he establecido recientes vínculos de amistad y amor, que espero perduren.

Ayer fue un día muy bonito, a pesar de todo lo que está aconteciendo en el país, que nos preocupa. Estas nuevas personas llegadas a mi vida, acudieron a felicitarme y a compartir conmigo momentos muy agradables. Otras, que no pudieron venir, lo hicieron vía telefónica o a través de mails. Finalmente, y contra todo pronóstico tuve un cumpleaños feliz.

Minorías y mayorías

Cerámica de C. Monzó

En mi planeta los medios están constantemente divulgando sobre los grupos independentistas de Puerto Rico, pero jamás mencionan que son solo el 2,6% de la población, por lo que la mayoría de los desinformados habitantes de mi querido planeta, piensan que es el sentir de todo el pueblo puertorriqueño.

A cada rato traen a algún dirigente de ese partido, así como a algún que otro artista (siempre los mismos), y les brindan el espacio y la divulgación en los medios, que le son negados a los del patio. Entiendo perfectamente que las minorías también deban ser escuchadas y tomadas en cuenta, pero los gobernantes tienen que gobernar para todos, y siempre e invariablemente sus representantes son elegidos por la mayoría de los votantes. Esto, desde luego, en aquellos países donde se ejerce la democracia.

Entonces no entiendo por qué aquí defienden a esas minorías foráneas, y no toman en cuenta para nada a las de su propio país, que si se tienen en consideración las cifras de estas últimas elecciones, somos un 20% de los votantes que estamos representados en la misma. Eso, claro está, tomando como fiables las cifras emitidas por el propio régimen. Entre las abstenciones, la boletas anuladas y los que no acudimos a las urnas, representamos a una buena parte de la ciudadanía, que mediante estas opciones, hemos demostrado no estar de acuerdo con el sistema actual. Por lo tanto, si para nuestros gobernantes es tan importante el porciento mínimo de ese país vecino, por qué no tienen la misma consideración con el que representa la oposición en el suyo propio.

Pienso que después de estas recientes elecciones en Puerto Rico, donde quedó demostrado por voluntad de la inmensa mayoría del pueblo, el deseo de ser un estado más de la Unión, aquí no sigan con la cantinela de estar pidiendo la independencia de ese país en Naciones Unidas, así como constituir grupos de apoyo a su soberanía, cosa esta que corresponde solamente a sus ciudadanos, y éstos acaban de manifestar su deseo, a través del voto soberano.

Desidia

Desidia.

Otra vez ayer, a una gran zona del Nuevo Vedado, le cortaron el fluido eléctrico durante casi once horas, para reponer postes en mal estado. Creo que finalmente cambiaron cuatro. Realmente una proeza. En consecuencia, las tiendas recaudadoras de divisas de nuestro barrio, la mayoría, permanecieron cerradas durante el tiempo que duró el camuflado apagón. Por ende, lo que necesitaras adquirir, tenías que ir a buscarlo bastante lejos de tu casa.

Hoy había electricidad, pero la tienda La Mariposa nuevamente permaneció cerrada durante más de dos horas, porque era día de fumigación. Resulta desconcertante ver a todos los empleados de dicho establecimiento sentados en el parque, esperando pacientemente a que desaparezca el humo del petróleo quemado que usan para estos fines, para reabrir la tienda. Esto puede tardar dos horas.

Seguí caminando en busca de uno de los dos hotelitos que hay en el barrio. Estos fueron construidos con el fin de alojar, para su recuperación post operatoria, a los pacientes que venían de los países del Alba para ser atendidos aquí, así como a sus familiares. Al haberse interrumpido este intercambio, han quedado como modestos hoteles, donde generalmente se albergan deportistas. En sus instalaciones existen tiendas pequeñas, pero bastante bien abastecidas.

Llegué a la tienda del Hotel Tulipán, faltando casi un cuarto de hora para las diez, que es el horario de apertura de la misma. Para esperar, decidí ir a la cafetería a tomarme un café. El dependiente, excusándose me dijo que solo le quedaban dos tacitas y estaban ocupadas ya en una mesa, por lo que me lo debía servir en un vasito de cartón, si yo estaba de acuerdo. Le dije que si, y le pregunté qué había pasado con las tazas, siendo este un hotel relativamente nuevo. El problema, me dijo, es que hace ya varios días se ha elevado la solicitud, pero aún la empresa no ha respondido. Esa es la diferencia con los particulares, le contesté, pues ya el dueño hubiera ido a comprar más tazas, antes que se acabaran las existentes.

Finalmente regresé a la tiendecita, ya eran las diez y cuarto y aún no abrían, a pesar de que a través del cristal los dos empleados nos veían esperando. Ya éramos más de cinco personas. Entonces llegó un suministrador y la empleada abrió la puerta de cristal para saludarlo, sin mirarnos ni decirnos nada. Un joven que también esperaba y se notaba tenía prisa, le preguntó por qué no acababan de abrir y ella, sin mirarlo siquiera, le contestó que la calculadora estaba rota.

Seguí mi camino y pasé por un kiosco de ventas también en divisas, y quise comprar una caja grande de jugo para llevarle a una amiga enferma. El empleado, cuando saqué para pagarle con un billete de veinte, me dijo tranquilamente que regresara más tarde, porque no tenía cambio para eso.

Llegué a mi casa perpleja y frustrada, al no haber podido conseguir nada de lo que necesitaba, pensando que este país no requiere de un huracán ni de un bloqueo que lo destruya: la desidia hace rato se está encargan do de ello.

Making off de Sandy.

Este domingo, a una semana del paso del huracán, la televisión de nuestro planeta ocupó el espacio de más de dos horas del programa Arte 7, presentando el making off de Sandy, enfatizando en todos los esfuerzos y ayuda realizados por parte del gobierno, brindados a las provincias orientales damnificadas, sobre todo a la devastada Santiago.

Las imágenes mostradas, posteriores al paso del evento, son una prueba contundente del mal estado en que se encontraban las viviendas e instalaciones más afectadas, así como las infraestructuras eléctricas, telefónicas, almacenes de víveres y otras.

Al parecer el programa quiso “tapar” un tanto los comentarios crecientes, surgidos sobre el abandono gubernamental, haciendo énfasis en la solidaridad revolucionaria, alabando el desvío de alimentos, insumos, brigadas de mantenimiento, médicos, etcétera hacia las provincias afectadas. Muy lógico en situaciones como estas, pero que esta praxis se haya establecido como hábito, no es normal. Desvestir un santo para vestir a otro, es una vieja política practicada durante más de cinco décadas.

Si algo quedó bien claro, es que no estuvieron ni están creadas las condiciones materiales para enfrentar ningún tipo de fenómeno meteorológico, como suelen propagandizar los medios gubernamentales.

La máquina está “jodida”.

El domingo pasado tuvimos que salir a realizar algunas gestiones, entre ellas, cobrar un dinerito que me habían enviado de un trabajo vendido. Otra de las motivaciones era ir a ver un gran poster anunciando una línea de productos cosméticos, cuya modelo es la hija de una amiga muy querida, que por demás es mi alumna.

Se nos hizo un poco tarde, y decidimos almorzar en un restaurante un tanto famoso, que precisamente está en el centro comercial, en los bajos del edificio Focsa, justamente donde se exhiben los posters que fuimos a ver. El “Café TV” es un amplio y acogedor lugar, cuya decoración tiene que ver con la televisión de mi planeta. Llenan sus paredes fotos de los artistas más famosos de nuestra farándula. Por cierto, llamó mi atención que hay a la entrada, pero dentro, un letrero donde se prohíbe hacer fotos en el local, cosa extraña ésta, ya que generalmente las personas que acuden a estos lugares, sobre todo los turistas, por lo general gustan de tener un recuerdo de su presencia en el mismo.

Acudió a atendernos un jovencito con cara de ángel. Con mucha corrección se dirigió a nosotros a entregarnos la Carta, y segundos después reapareció para saber si ya podía tomarnos la orden. Nuevamente se presentó con suma amabilidad y correctos modales, para traernos las cervezas que habíamos pedido. Observamos que casi todos los camareros eran muy jóvenes, posiblemente recién graduados de esta especialidad.

Así sucesivamente, el jovencito de marras, desaparecía y reaparecía preguntándonos si todo estaba bien, si deseábamos algo más… en fin, lo que se acostumbra en este oficio, siempre con su mano y brazo izquierdo detrás en su espalda (como les enseñan en las escuelas de gastronomía).

La comida estuvo excelente y económica por cierto. Bien confeccionada y bellamente decorada. Recuerden que ahora estos lugares estatales, en moneda convertible, tienen una fuerte competencia en el sector privado.

Finalmente, satisfechos, decidimos coronar tan agradable almuerzo, con el acostumbrado e imprescindible café. Le hicimos una seña al joven con cara de ángel, quien acudió inmediatamente a nuestro llamado. Le expresamos nuestra satisfacción, declinando el consabido postre, aunque si le pedimos nos trajera dos cafés express y la cuenta. Cual no sería nuestra sorpresa, al oír en su educada voz decirnos muy apenado: “Lo sentimos mucho, pero la máquina está jodida”

Salimos de allí aguantando la risa y comentando que, justamente esta es una de las diferencias que existen entre los restaurantes estatales y los particulares. Además, pensamos que en realidad el país está como la máquina del café.

Sandy “El Mataor”

El temído Sandy llegó a nuestras tierras¸ después de haber causado severos daños en Jamaica y Haití. Tras su fuerte y organizado paso, dejó una estela de destrucción y desolación en muchas provincias orientales, siendo Santiago de Cuba la más afectada. Viendo las imágenes aterradoras de los destrozos ocasionados, no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de las condiciones tan precarias en que se encontraban la mayoría de las viviendas afectadas, a las que simplemente un viento platanero hubiera hecho sucumbir con facilidad. Algunas quedaron convertidas en escombros. Muchos techos, que fueron arrancados de sus estructuras, dejaron al descubierto el mal estado y la fragilidad de estos, debido al abandono acumulado durante décadas.

Para la inmensa mayoría de la población es casi imposible dar mantenimiento a su vivienda, mucho menos prepararse para recibir un fenómeno climático de este tipo, debido principalmente a que los artículos de ferretería se venden en moneda convertible y a muy altos precios. Asimismo, pienso y creo no equivocarme, que casi nadie pudo proteger su casa a tiempo, por no tener a su alcance los medios para hacerlo: cinta adhesiva, martillo, clavos, listones de madera, cartón tabla, velas, etcétera, artículos éstos que solo pueden conseguirse en las tiendas recaudadoras de divisas, y rara vez algunos, se vende en la otra moneda a la que muchos llaman “pesos desechables.

Los daños han sido realmente incalculables, las pérdidas de vidas humanas irreparables. Ahora solo nos queda aprender de esta amarga lección y ver de qué manera, los que afortunadamente no hemos sido dañados, podemos compartir lo que tenemos con esa parte de nuestra sufrida población. Para ello la blogósfera alternativa ha habilitado algunas casas receptoras de ayuda. En éstas clasificamos, embalamos y rotulamos los artículos recibidos, a fin de facilitar su posterior distribución. La ayuda, lógicamente, la hacemos llegar en coordinación con la iglesia, por ser ésta la vía más confiable y segura.

A mi modo de ver, el huracán Sandy, ha sido con relación a Santiago, “el mataor”, que ha venido a darle el puntillazo final a un toro que ya estaba muy dañado por las banderillas y estocadas, recibidas durante todas estas grises décadas.

La Tarjeta Azul

La nueva Ley Migratoria, de nueva no tiene mucho. Aún así ha despertado expectativas en una gran parte de la población: jubilados, amas de casa, estudiantes que no llegan más allá del noveno grado, desempleados y ancianos, por citar algunos.

En uno de sus acápites, la tan publicitada ley menciona que también los técnicos medios estarán sometidos a la coyunda de tener que esperar tres años, a partir de la fecha de solicitud del pasaporte o prórroga de éste el que ya lo posea, sin importar el tiempo de desvinculación laboral que corra a su haber. Esta medida no solo desalienta la perspectiva de viajar sino que además, lo más peligroso a mi entender, es que desestimula el deseo de continuar los estudios. Muchos, una vez terminado el noveno grado, abandonarán las aulas definitivamente.

Esto ya venía sucediendo desde hace algunos años, respecto a las carreras universitarias, que las abandonaban sin graduarse, o sencillamente no las iniciaban, con la esperanza de poder viajar algún día. Ahora sucederá lo mismo con los estudios medios especializados. Todo esto ha contribuido y seguirá contribuyendo aún más, a bajar el índice educacional y técnico del país, ya bastante erosionado.

Ahora estará por verse, como es lógico, si las personas que sean favorecidas con el otorgamiento del ansiado pasaporte, reciban la aprobación o no de un visado, de aquellos países a donde pretendan viajar. Así, el gobierno cubano, como Pilatos, se lavará sus manos, culpando como de costumbre a terceros.

Señores, no nos engañemos más, esta nueva ley migratoria, a lo que más se parece es a un nuevo Mariel más sofisticado, pero como de costumbre, organizado y controlado por el Estado.

Mal de muchos consuelo de tontos

Mi abuela solía recurrir frecuentemente a los refranes para reafirmar un criterio. También tuve un profesor de Filosofía, muy bueno por cierto, que decía que toda la sabiduría estaba recogida en el refranero popular español, por lo cual el comenzaba siempre sus clases,t “tirando al aire” uno de estos refranes que mucho tenía que ver con el tema a desarrollar.

Pero ahora, no se trata de eso, pues ya cada día, son más las personas que no se conforman con todas las calamidades sufridas que les imponen, por lo que de tontas no tienen un pelo.. Esta vez otra amiga, Mariza, vino a verme y a traerme algunas evidencias, a fin de que yo denunciara en mi blog, lo que a ella le había ocurrido.

El fin de semana pasado, ella que había logrado reunir algunos pesitos convertibles, para darse el gusto de hacer unos garbanzos y compartirlos con su familia, fue a la tienda Caracol de la Ave. 26, en Nuevo Vedado, y compró una caja que contenía un par de embutidos, un pedazo de tocino y un paquete de garbanzos, para confeccionar un buen cocido. Según las instrucciones en el envase, dicho producto venía listo para meterlo en la olla, darle candela y consumirlo. Como quiera que el producto es cubano, de la firma Oro Rojo (Unión de la carne, aceite y grasas comestibles), ella desconfió y procedió a escoger los garbanzos que venían aparte, pero dentro del paquete en un sobre plástico transparente.

Cual no sería su sorpresa, cuando empezó a ver chícharos mezclados con los garbanzos, muchos de los cuales venían picados, por lo que también tuvo que desecharlos. Esto sin contar los pequeños pedacitos de palos que integraban el contenido. Toda esta evidencia, me la trajo debidamente recolectada, en el mismo sobre que aparece en la foto.

Asimismo también me entregó la caja, ya abierta y vacía, por supuesto, y el sobre con todos los desperdicios que tuvo que apartar. En una parte de la caja viene impresa la siguiente leyenda: Consumir preferentemente antes de (no dice fecha). Elaborado por la Empresa cárnica Tauro, Calzada de 10 de octubre Nro.852, Ciudad de La Habana. Contiene 10 raciones de 100g.

El contenido solo alcanzó apenas para seis discretas raciones. La caja cuesta casi 8 CUC equivalente un salario mensual. El precio oscila según la tienda donde se adquiera: centavos más, centavos menos.

Ahora dígame usted, si casi no le sale más económico ir a un paladar y comerse una buena garbanzada, sin tantos sufrimientos. Les aseguro que este mal, que ataca a tantas personas, no por su masividad llega a ser un consuelo para alguien, ni tan siquiera para un tonto, que no es el caso de mi amiga, ni de gran número de cubanos que por tanto aguantar, a veces lo parecemos.

Sacándole presión a la olla

Este verano ha estado caracterizado no sólo por un inquietante calor, que se ha extendido inusualmente hasta estos primeros días de octubre, sino también por un desabastecimiento en el mercado en general, y en las tiendas de productos alimenticios e industriales en particular.

Igualmente ha incidido en incrementar la inestabilidad, el silencio sostenido sobre la salud del ex primer mandatario y la excesiva cautela y lenta puesta en marcha de algunos de los muy publicitados cambios, anunciados por el actual presidente.

Las deserciones, cada vez en aumento, de los profesionales de la salud que se encuentran en misiones en algunos de los países del Alba, así como las de los deportistas que han ido a competir a otros países, más las interminables colas integradas por personas de todas las edades, en su mayoría jóvenes, a las puertas de las embajadas de España, México y EEUU, por solo mencionar algunas, muestran una elocuente estampa de la situación actual del país.

De pronto hoy amanecemos con la sorpresiva noticia de que a partir del 13 de enero del año 2013, entrará en vigor la nueva Ley Migratoria, en la que quedará abolido el requisito de la Carta Invitación y el famoso Permiso de Salida (Tarjeta Blanca). Es muy significativo que, faltando aún tres meses para que la misma entre en vigor, haya sido ya anunciada en el diario Granma

¿Será esto una cortina de humo, lanzada como medida de distracción para que todo lo anterior aquí expuesto quede opacado, ó quizá se quiera, mediante la misma, sacarle un poco de presión a la olla política, que parece estar a punto de estallar?

Esta lisiada medida migratoria, que según ya se adelanta, no será igual para todos los ciudadanos, tendrá sus excepciones. De hecho, ya nace con problemas. Aún así, ha despertado esperanzas y expectativas entre toda la población, incluso en aquellos que ni sueñan con poder viajar algún día.

Es como si a la pobre gallina desplumada, de pronto le ofrecieran para cubrirse en pleno invierno, unas pocas plumas, aquellos que precisamente la han desplumado.

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Persecución implacable

Foto Regina

Existe una nueva oleada de trabajadores de la salud pública, cuya función es visitar las casas para detectar focos del mosquito aedes aegypti. Casi todos son personas mayores, jubiladas, provenientes en muchos casos, del Partido o de las fuerzas armadas, quienes parecen haberse tomado muy en serio esta tarea. Estas personas irrumpen a cualquier hora en la mañana o la tarde, y se molestan sobremanera cuando alguien no puede o no quiere, por las razones que sean, atenderlos. Entonces tocan timbre de manera obsesiva, golpean con frenesí las puertas de los vecinos, y algunos hasta lanzan amenazas, en voz alta, para que los demás escuchen y tomen nota.

Tengo una amiga que vive sola y está convaleciente de un accidente. Su apartamento se encuentra en un piso alto de un bello edificio de los años cincuenta, en el Vedado. Desde hace un par de semanas una de estas inspectoras del focal, como se autodenominan, ha estado visitándola e insistiendo en que le abra y le permita entrar a revisar su casa. Mi amiga, a través de la puerta le ha dicho que no puede abrir, que está sola y tiene problemas de locomoción. Sin embargo esta señora, muy enojada, la ha amenazado con ponerle multas y hasta ha tenido el atrevimiento de regresar una y otra vez, sola o acompañada de un miembro del CDR, para obligarla a abrirle. Como quiera que ha fracasado en su empeño, ésta le hecho denuncias ante el comité de defensa de la revolución del edificio en cuestión. Mi amiga, se ha mantenido firme en su decisión y, aconsejada por personas que la estimamos, ha ido a denunciar este acoso ante la autoridad médica del policlínico de la zona, a la que ella pertenece y que responde por estos inspectores.

Hoy mismo, estando en casa, que tampoco le abro la puerta a desconocido cuando estoy sola, tocaron fuertemente el timbre. Pensé que era alguna amistad muy cercana y salí del baño envuelta en una toalla, me asomé al balcón sin que me vieran, y resultó ser uno de estos inspectores del focal, ya asiduo a la zona, que tocaba el timbre insistentemente y, digamos que con cierta furia. El no me pudo ver, pero yo si, por lo que regresé a continuar mi baño interrumpido y el señor en cuestión seguía tocando timbre, como si se hubiera quedado pegado a éste.

Continuamente se repiten estas escenas en cualquier vecindario, y ya está resultando, además de inútil, una especie de persecución inaceptable. Hasta tanto las autoridades no adquieran conciencia de que las enfermedades como el dengue, que ya no existían en nuestro país y que desde hace más de tres décadas se han hecho incontrolables, se deben a la insalubridad ambiental, al deterioro de la ciudad, a la acumulación de basuras y escombros por doquier, a la deficiente o casi nula recogida de basura, sobretodo en muchos barrios de la ciudad donde no existen los contenedores y las personas cuelgan las bolsas con los desperdicios en los árboles ó simplemente las tiran en cualquier rincón. Además como en todo esto influye la falta de productos para combatir las plagas, el deficiente o casi inexistente control sanitario con los animales callejeros, la tupición de tragantes y alcantarillas, la falta de limpieza en ómnibus, parques, cafeterías, mercados agrarios y de víveres, no se va a resolver el problema de controlar la epidemia, que cada vez se propaga más.

El ejemplo debe darlo el Estado, para después poder exigir a la población. Antes de perseguir y amenazar con multas, deben crear las condiciones para que haya una buena higiene que asegure la salud de toda la ciudadanía. Más que sanciones y persecuciones, educar con el ejemplo y facilitar los productos y medios necesarios a precios razonables en correspondencia con los salarios. Solo así nos podremos librar de esta persecución implacable

Viajando en Astro por la ruta de Kaftro

Hace aproximadamente un mes, mi amiga Mariana, su esposo y su mamá decidieron sacar pasaje en Astro, una compañía de ómnibus de turismo, para visitar Trinidad. Mucha era la expectativa con tan ansiado viaje, además, viajando en Astro que se paga bien caro por cierto -132.00 CUP por persona ida y vuelta (más de la mitad de un salario)-, auguraba iba a ser un viaje muy cómodo y agradable, con aire acondicionado y todo.

La primera parada no programada, fue en los Muelles de La Coubre, donde subieron unas cinco personas, que pagaron directamente al chofer. Como ya todos los asientos estaban ocupados, y bien ocupados por cierto, porque estas guaguas tienen agregados a la fuerza casi el doble de los asient que traen de fábrica lo hace que la cabeza del pasajero que te queda delante, esté a centímetros de tu barbilla, impidiendo reclinar los asientos para descansar. Esto provoca que el soñado viaje ya no sea tal como imaginaron. Los pasajeros extras, se fueron acomodando sentándose en el pasillo.

Mis amigos notaron además, que durante el trayecto, el chofer le paraba a todo aquel que desde el bordillo de la carretera le salía al paso, mostrando billetes en la mano, para poder abordar el ómnibus. Así, poco a poco, se fue repletando de improvisados pasajeros aquel transporte. A la altura del rostro de Mariana una mujer tenía su enorme bolso, que lo apretaba contra éste. Tampoco la señora del bolso tenía hacia donde moverse. Llegando a Aguada de Pasajeros, el conductor del sobrecargado vehículo, divisa a lo lejos a un conocido y casi, saliéndose por la ventanilla, comienza a gesticular para que éste lo viera. De repente frena, aparca, y desciende, para acudir al encuentro del mismo. Allí estuvo cerca de media hora conversando animadamente con su amigo. Los viajeros esperaban pacientemente dentro del abarrotado transporte. Después continuó viaje, hasta hacer una parada en la Terminal de Cienfuegos, en un lugarcito, donde vendían pan con lechón sin ninguna higiene: moscas y perros abandonados merodeaban aquella mesa, donde se exponía la mercancía. Todos aquellos pasajeros que lo desearon, bajaron a saciar su apetito. Carretones tirados por caballos y algún que otro auto de los años cincuenta, esperaban por los posibles clientes.

Finalmente, después de más de cinco horas de kaftriano viaje, llegaron a Trinidad, cansados y con los cuerpos adoloridos. Los tres, sin previo acuerdo, se juraron no regresar por Astro, así como no viajar por éstos nunca más. Después de disfrutar unos días en la linda y bastante bien conservada ciudad colonial,donde el tiempo parece haberse detenido, el regreso a La Habana lo tuvieron que gestionar con el chofer de un taxi de turismo, que había dado un viaje de ida y no tenía clientela para hacer el regreso, por lo que acordaron con el mismo un justo precio, esta vez en CUC, por la izquierda. Regresaron felices y riendo, al comentar que si a Kafka, le hubiera tocado vivir ahora en nuestro país, sería un gran escritor costumbrista.

Macabros negocios en la Necrópolis de Colón

Lamentablemente, casi a diario, llegan a mis oídos cuentos truculentos de experiencias personales vividas por familiares, que atienden y cuidan los panteones y tumbas de sus ancestros en la necrópolis de Colón. Antiguamente este cementerio era atendido por las autoridades eclesiásticas, y hay que reconocer que toda su atención y organización funcionaban a las mil maravillas. Después del año cincuenta y nueve les fue arrebatada esta función por el nuevo gobierno: Entonces comenzó el deterioro.

Durante muchos años posteriores a la intervención, sus archivos continuaron brindando excelente función, gracias a un señor de avanzada edad y con un cúmulo de años de servicio en el lugar, que atendía con extrema amabilidad y eficacia a las personas que iban en busca de datos, sin importar la antigüedad de los mismos. Hace algunos años fui a solicitar un documento de mi padre, fallecido en 1949, ya no estaba este señor. La persona que me atendió, de mala gana, tuvo la osadía de decirme que en esa fecha no existían los tomos y los folios y que por lo tanto no podía buscar, porque no estaba registrado. Por más que insistí y le aclaré que desde la época de la colonia ya se registraban todos los fallecimientos, no quiso atenderme.

En una ocasión, hace unos cinco años, un día de las madres fui al panteón familiar a dejar flores, y casi desmayo al percatarme que el gran crucifijo de bronce que adornaba el panteón, faltaba. Evidentemente lo habían robado a golpe de cincel y martillo, pues una parte del mismo quedó incrustada en el granito. Reporté el robo y entregué fotos de antes y después y el entonces administrador, muy airado me dijo en mala forma, que en su mandato no habia habido robos. Yo le aclaré que el robo había sucedido ,en algún momento, durante esa misma semana. Nunca he tenido noticias de la supuesta investigación.

Recientemente una amiga, reconocida escritora y periodista, me expresó toda consternada, que había ido a hacer exhumación en el panteón de su familia y notó que faltaban las cabezas a los esqueletos de tres de sus familiares. Cuando fue a reclamar tuvieron la osadía de decirle que quizá se habían pulverizado en el tiempo. Igual sucedió a una vecina de mi barrio, de avanzada edad, que en una cola le contaba a mi esposo, que cuando fue a hacer exhumaciones para pasar los restos a los osarios, se percató que habían robado partes de los esqueletos de sus familiares. Que esto le había hecho perder el sueño.,

También otra señora me contó, que recientemente le falleció un familiar y que ella anteriormente, hace un par de años, hizo exhumaciones para pasar a los osarios y mantener el panteón vacío, previendo que todos ellos, los que quedan en Cuba, son muy mayores. Agrega que, cual no sería el impacto y la confusión creada, cuando al abrir el panteón, éste estaba ocupado por recientes enterramientos, que nada tenían que ver con su familia.

Todo esto parece indicar claramente, que existe un comercio negro y macabro, lo mismo con las osamentas que con los panteones: tumbas violadas para robar prendas y joyas a los muertos enterrados en la época de la República, esculturas y adornos de mármol y bronce, como el gran medallón a bajo relieve de Adolfo Luque en el panteón de los peloteros. Todo esto está sucediendo hace ya muchos años sin que las autoridades, al parecer, hayan hecho nada efectivo para remediarlo.

Por mi parte pienso que todos estos robos, hasta de objetos grandes, como las esculturas, no pueden haber salido sin que alguien de los que allí trabajan lo hubiera visto, ya que para sacar una simple jardinera y mandarla a reparar, debes presentar una copia de la propiedad de la tumba o el panteón, de lo contrario no te lo permiten.

También es muy obvio, pues a mí me sucedió, que si entras con cámara fotográfica y gorrita, inmediatamente un custodio te detiene el paso, para preguntarte si eres turista y si vas a fotografiar, porque entonces tienes que pagar en CUC. Cuando esto ocurrió, e insistí en que iba a hacer fotos al panteón familiar, finalmente me dejó pasar, con la advertencia de que solamente las hiciera al de mi familia.

Pienso que si tan alertas están para detectar a los turistas y cobrarles por la entrada y otros servicios, cómo es posible que no lo estén, cuando ven a alguien en actitud sospechosa abriendo tumbas y cargando con esculturas de mármol, cuando para todo esto hay que contar con determinadas herramientas y vehículos, a menos que esto se haga con la complicidad de “alguien de adentro”.

Nunca olvidaré el entierro de una vieja amiga mia, cuyo velatorio y salida del cortejo se extendió mucho más allá de la hora programada, debido a que del cementerio comunicaron a la funeraria que retrasaran la salida, porque la tapa del panteón estaba rajada y el Administrador, que era el único que podía autorizar un cambio de la misma, no había llegado. Estuvimos un grupo en la necrópolis esperando por más de tres horas, hasta que mi esposo, cansado de ir desde la puerta de entrada, donde esperábamos al carro fúnebre, hasta la puerta de salida, donde se suponía estaban las nuevas tapas, tuvo que llamar aparte a un trabajador y ofrecerle 20 CUC, para solucionar el problema, porque ya el triste acontecimiento se estaba convirtiendo en algo tremendamente desagradable y caótico. De inmediato apareció la tapa y se procedió a darle sepultura a nuestra amiga.

Todos estos hechos, que parecen sacados de un cuento de terror y misterio, son reales. Sería conveniente que las autoridades responsabilizadas con el cementerio de Colón, tomaran cartas en el asunto, para asegurar el descanso eterno de nuestros ancestros y preservar la riqueza de este camposanto, que en sus 126 años de existencia, posee un gran cúmulo de obras de arte y arquitectura sacras, repartidas en sus 500 000 metros cuadrados de extensión, siendo considerado como uno de los más importantes del mundo, y que ha sido declarado Monumento Nacional desde 1987.