Rampeando por el Design District de Miami.

Haciendo caso omiso a la propaganda anti USA en mi planeta, llegue a Miami con mi mente abierta, gracias a mis esporadicos contactos con las redes sociales y a mi misma. Ayer tuve un maravilloso encuentro con alguien con quien comparti unas pocas veces en nuestra Cuba de adolescentes, y a quien no veia desde 1959, pero con  quien he mantenido comunicacion a traves de mi blog y de FaceBook.Fue como si los sentimientos mutuos hubieran hecho un zurcido invisible sobre aquella rasgadura hecha en nuestro tejido sentimental.

Pasamos toda una jornada maravillosa visitando lugares nuevos para mi y, gracias a la destreza de su esposo como improvisado cicerone al timon,nos permitio a ambas incluso, descubrir juntas ciertos recodos miamenses.

El Design District me impacto, no solo por la belleza de sus graffitis, sino por la genialidad de convertir un sector venido a menos, en maravillosas galerias de arte, tiendas, studios, todos decorados con hermosos exponentes de tan popular arte.

No pude menos que evocar con tristeza comparativa aquellos lugares otrora deslumbrantes por su arquitectura y funciones, convertidos ya en ruinas, “por obra y desgracia” del desgobierno de mi pais.

Aquella verdad sobre el “milagro economico cubano”que nos ocultaron por tantos años, debido a la falta de informacion y a la imposibilidad de viajar fuera de nuestras fronteras, gracias a la Internet, ha ido saliendo de la oscuridad totalitaria para imponerse.

Asi como reencontre a mi amiga, halle finalmente la eñe, en esta tecnologia prestada, pero sigo aun buscando los acentos. Excuse me.

Otro sueño realizado

Salimos muy temprano de Miami, que en lengua Tequesta, la de sus primitivos habitantes significa “Lugar de muchas aguas”,mi amiga, su hija y yo, rumbo a Key West. Todo el trayecto fue sorprendentemente rápido, gracias al magnífico estado de sus carreteras.

Hicimos nuestra primera parada en Isla Morada para almorzar en Wahoo’s, un típico restaurante de madera, anclado en la costa, donde decenas de pelícanos dormían una apacible siesta sobre los yates allí fondeados.

Después de disfrutar de un sabroso y frugal almuerzo marino, a base de ostiones y pescado, continuamos hacia nuestro destino.

El paisaje de aguas azules a ambos lados de los puentes, salpicado de  pequeños islotes verde esmeralda, trajeron a mi memoria aquellos famosos cuadros del pintor cubano Tomás Sánchez, donde el agua juega un papel protagónico.

En el auto, mientras hacíamos coros y palmas a la música de Arrebato y la canción “Puentes” de Ricardo Arjona http://www.youtube.com/watch?v=jMJMxtySmm8 nos sacaba las lágrimas, llegamos al impresionante Puente de las 7 millas a cuyos lados subsisten en milagrosa estática las viejas estructuras de hierro y madera, por donde transitaba antaño el viejo ferrocarril que conectaba el sur  de la Florida con Cayo Hueso.

Así, embriagadas por nuestra propia alegría, llegamos finalmente, cargadas de mucha energía, a Key West.

Después de disfrutar a nuestro aire, de  sus antiguas edificaciones, hoy casi todas museos, sus cuidados parques y bellos y lujosos hoteles, nos encaminamos hacia la calle Duval, arteria principal de la ciudad.

Hicimos un rápido recorrido por los sitios de mayor interés turístico y cultural: el Club San Carlos, en cuyo recinto aún se respira la impronta martiana, la casa de Ernest Hemingway donde todavia habitan los descendientes de sus gatos de seis dedos. En el Margaritaville, lugar donde degustamos su famoso coctel escuchando la música de Jimmy Buffet, galerias de arte, tiendas de souvenirs, hasta que hicimos un alto para tomarnos un exquisito café en  Croissants de France, una pasteleria familiar desde 18…

Después nos tomamos la típica foto en el lugar que marca las 90 millas a Cuba, mientras fantaseábamos con futuros puentes que acorten de una vez por todas esta distancia que cruelmente separa nuestras dos orillas.

Ya de regreso pasamos a buscar nuestro auto, aparcado en frente de la Hermosa y ecléptica masión de la familia López Ramos, la “southernmost house” (la casa más al sur de EEUU), como se la conoce, para decirle un hasta luego a este maravilloso lugar.

Puentes de amor

Desde mi llegada  hace dos semanas, a este otro pedazo de Cuba llamado Miami, no he tenido practicamente un momento libre, tratando de llenar con alegres reunionesy largas conversaciones, el vacio dejado por las  dos decadas transcurridas desde mi anterior visita.

He tenido el honor y el gustazo de haber sido invitada a prestigiosos programas de radio y TV, asi como poder ponerle rostro a todas aquellas voces, ya para mi tan familiares, recibidas a traves de la radio, desde  el grato “insilio voluntario” en mi apartamento del Nuevo Vedado. Sobretodo, volver a ver a aquellas personas tan queridas, que de pronto desaparecieron de nuestro paisaje cotidiano.

Mi reencuentro con parte de nuestra cultura importada por nuestros compatriotas a esta otra orilla, ha renovado mi espiritu. Es cierto que, muy a pesar mio, tengo un poco abandonado mi blog, pero mi viaje “ligera de equipaje”, me ha hecho que dependa de la tecnologia ajena (moviendome entre virus y faltas de signos de puntuacion), cosa esta que me limita un tanto, y por lo que ofrezco disculpas a mis lectores .Me siento muy bien acogida donde quiera que voy, y en mis “fantasias romanticas”,  imagino un archipielago de puentes tolerantes  y reconciliatorios, uniendo nuestras dos orillas por siempre: Puentes de amor, tan necesarios para todos los cubanos.

Desconexión.

Los últimos días últimos del pasado año y primeros del presente, he estado como en un limbo sin noticias del exterior, excepto alguna que otra vez que, pegando bien mi oído a la radio y haciendo abstracción del “taca taca” de la interferencia, he logrado escuchar fragmentos de programas de la emisora Radio Martí, así como algún que otro correo recibido del exterior, como ese que me enviaron con la loca lista de autos y precios, que el gobierno cubano pretender vendernos, a una población que se le dificulta enormemente poder comprar un litro de aceite de oliva por el alto precio del mismo.

¿Por qué no dedicar recursos a resolver el gran problema de la vivienda en vez de traer autos que por sus marcas y precios, hacen sospechar de ciertos turbios negocios ocultos detrás de los mismos , ante la locura que significa pretender venderlos en nuestro país? ¿Dónde están los talleres y las piezas, así como el personal capacitado para darle mantenimiento a éstos, en caso de que algún loco se decidiera a comprar un auto en vez de un apartamento por el mismo precio?

Estoy desesperada porque nuestros amigos que solidariamente nos regalan unas horas de Internet a la semana, terminen sus bien merecidas vacaciones y podamos volver a conectarnos con el mundo real.

Matiné y tanda de fin de año.

Mi amiga emigró hace 20 años, “se fue sin decir adiós” como dice la letra de la popular canción, pero yo la comprendí. Ella solía comentarme: Este país está siendo tragado por la desidia.

Para sorpresa mía, la noche del 25 sonó el teléfono. Era su hermana que me decía: “Adivina a quien tengo aquí que quiere hablar contigo”. Inmediatamente su nombre afloró a mis labios. Fue un verdadero impacto.

Ayer 31 de diciembre quedamos en encontrarnos en un restaurante privado del Vedado, uno de los pocos abiertos este día. Mi amiga es muy despistada y estuve esperándola durante más de dos horas. En ese tiempo me cayó encima tremendo aguacero presagio de un norte, no el que yo quisiera, pero en fin, un norte. Mucho calor, lluvia y después una brisa maravillosa.

Al encaminarnos hacia el restaurante pasamos por las ruinas de lo que fuera el histórico y emblemático Hotel Trotcha, donde estuvo hospedado el Generalísimo Máximo Gómez, antes de instalarse en la Quinta de los Molinos. Allí le tomé fotos a mi amiga y le dije: Ya ves, por el mismo precio de un pasaje a La Habana, puedes hacerte a la idea de que en tu itinerario hiciste un alto en Grecia para visitar sus antiguas ruinas.

Almorzamos muy frugalmente, pues el único Paladar que encontramos abierto era precioso, pero sus precios muy altos, cuidando del dinero de mi amiga, porque ella no es “millonaria”, como creen muchas personas de aquí de los que están allá. Sólo pedí un entrante, un refresco y un helado, ella me siguió y ordenó lo mismo.

La añoranza de los buenos tiempos encaminó nuestros pasos hacia el Hotel Riviera. Ambas quedamos bien impresionadas al ver su estado actual. La emoción no nos permitió ver detalles que después al irnos observamos: goteras, manchas y algún que otro descascaro en los muebles. No había nadie en el lobby, tampoco en las cafeterías. Parecía un hermoso desierto y sólo unas pocas personas disfrutaban en la piscina. Este hotel es administrado por la Empresa cubana Gran Caribe.

De allí fuimos al Melía Cohiba. Fue entonces que le comenté: Este hotel se construyó para que se realzara la belleza arquitectónica del Riviera. El Melía estaba concurrido y alegre, las fuentes de agua del lobby todas funcionaban, un buen número de turistas hacían su entrada, un enorme árbol de Navidad te daba la bienvenida. Se notaba la diferencia, propiciada por un buen mantenimiento: el mismo está administrado por la cadena hotelera española, quien se preocupa de tenerlo en óptimas condiciones.

Seguimos nuestra caminata hacia la Calle Línea a fin de que mi amiga capturara un taxi, cosa ésta que fue bien difícil, pues todos los “tarecones” venían llenos desde Playa. Finalmente uno paró: Te llevo, le dijo, pero si me das un “fula” (normalmente son 10 pesos). Ok, dijo ella, y ahí nos separamos y nos dimos un último abrazo. Yo crucé la calle rauda y veloz y pude tomar el ómnibus de la ruta 27 (que casi nunca pasa) y venía prácticamente vacío. Llegué a casa con los pies ardiendo, pero feliz de haberla vuelto a ver en esta extraña pero maravillosa matiné y tanda de fin de año.

 

A todos mis amigos y lectores.

Este año que se va cumplo cuatro de haberme abierto un blog, casi sin saber realmente administrarlo. Con la ayuda y asesoramiento de Yoani, “Por el ojo de la aguja”, título basado en una frase bíblica que además, fue el nombre que di a mi primera exposición importante fuera de “mi planeta”, como yo me refiero a Cuba en mis post, salió al ciberespacio para describir nuestra realidad cotidiana.

Quería compartir esta satisfacción con ustedes, y desearles de todo corazón un 2014 de recuperación de nuestra libertad y soberanía, así como la reconciliación, el perdón sin olvido, y la unión de todos los cubanos en una futura patria, sin líderes carismáticos pero sí muy eficientes, donde reine la democracia para todos sin excepción alguna.

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Fin de año inodoro, incoloro e insípido.

CENA FRUGALLas calles vacías y sin adornos, las vidrieras apenas insinúan con una pálida moña de regalos, unas fechas otrora tan coloridas. Ausencia de adornos pero también de productos y recursos, vaticinan un 2014 de penurias y dificultades. Para los Medios no parecen existir La Noche Buena y la Navidad, lo único a que hacen referencia como “celebración” es al 55 aniversario de un hecho que sembró de dolor a la nación cubana.
En horas tempranas del señalado día, no pudimos observar esa vieja imagen de las personas felices y cargadas de productos circulando por el barrio. En la noche las calles estaban y están oscuras, solamente algunos vecinos, muy pocos como nosotros, se animaron a adornar con guirnaldas de luces sus balcones y portales, no solo porque ya se ha ido perdiendo la costumbre, sino también porque los precios de éstas son exagerados y son escasas las tiendas donde las venden.
El 24 estuvo ausente de ricos olores, nada nos hacía rememorar aquellas veladas, maravillosas en que compartíamos con familiares y amigos allegados, nuestros sueños y fantasías para el año venidero, en una mesa bien prolija de manjares. Entonces, hasta los más humildes tenían al menos una piernita o un buen pedazo de puerco, moros, yuca y ensalada para compartir esa mágica noche.
Como me niego a que me arranquen una de las pocas tradiciones que nos quedan, aunque nuestras familias están dispersas por esos mundos, preparé una pequeña cena temprana para mi esposo convaleciente de una operación y yo, motivo éste por el que no fuimos como otros años a casa del único familiar que nos queda en Cuba, o del algún amigo.
Confeccioné unos moros, yuca con mojo y unos filetitos de puerco e hice una rica ensalada. Una amiga nos regaló un exquisito turrón de Jijona y me di “el lujo” de comprar una botella de vino español, que cuesta casi como el nacional, pero es mucho mejor. Así solo los dos, cenamos, brindamos por nuestros familiares y amigos y después nos fuimos a ver una serie inglesa muy buena que alquilamos, llamada Spooks, de la BBC que se las recomiendo.

Perspectivas y deseos para el año venidero.

En un país como el nuestro, en total bancarrota, donde han sido quebrantadas todas las promesas futuras, donde sus ciudadanos han sido engañados una y otra vez, solo quedan muy pocas expectativas.

La mayoría de los jóvenes con los que he conversado desean vivir en un país donde sus anhelos y perspectivas sean ilimitadas. Tristemente para ello, sueñan con emigrar porque saben que aquí y ahora no existe otra opción.

Los más viejos desearían que su jubilación, producto de tantos años de trabajo acumulados, les alcanzara para vivir decorosamente y darse algún que otro gustito de vez en cuando, sin tener que depender de la ayuda de sus familiares en el exterior, porque eso, además de humillarles les recuerda constantemente el fracaso de sus vidas y la separación familiar, ambos sentimientos muy dolorosos y difíciles de sobrellevar. Otros, menos afortunados aún, se ven en la necesidad a pesar de su avanzada edad, de vender clandestinamente “jabitas”, caramelos caseros y cigarrillos sueltos, a la salida de los agro-mercados, huyendo siempre del policía que los acosa.

Y los que ya no somos tan jóvenes, pero tampoco tan viejos, deseamos la libertad de Cuba y la instauración de la democracia perdida hace ya más de medio siglo. Anhelamos un país, donde los sueños y aspiraciones de todos los cubanos se puedan cumplir, sin tener que dejar atrás la tierra donde nacimos. Pero esto no se consigue solo soñando, hay que hacer algo para lograrlo y hay que hacerlo desde dentro fundamentalmente.

No obstante este oscuro presente, les deseo a todos los cubanos, especialmente a mis lectores, donde quieran que estén, un futuro luminoso, en un patria libre, donde compartamos dichas y penas unidos en un abrazo. ¡Feliz Navidad!

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La”re-involución” eléctrica.

En el año 2005, el entonces presidente y primer ministro de nuestro planeta, compareció ante las cámaras de TV, para explicar a la población los beneficios de los hasta entonces tan menospreciados efectos electrodomésticos, que a partir de ese momentos se distribuirían en todo el país por núcleo familiar, a través de la tan famosa Libreta de Abastecimientos.

Refrigeradores, aires acondicionados, ollas “Reina”, ollas arroceras, calentadores personales de agua, bombillos ahorradores, hornillitas eléctricas, en fin, una serie de artículos electrodomésticos fabricados e importados de la República Popular China.

Recuerdo que, cuando en los años 70 me mudé para el Nuevo Vedado, tenía una cocina eléctrica de tres hornillas y horno, adquirida en París en mis años de diplomática, y cada vez que me presentaba a comprar los productos de la Libreta en el mercado que me correspondía, me echaban un responso por estar consumiendo demasiada electricidad.

Tres décadas después, los mismos que me reprendían vinieron a ofrecerme cambiar mi viejo, pero magnífico refrigerador Admiral de 1949, por uno chino, que según ellos consumía menos. Por supuesto que me negué, pues había que entregar el que uno poseía, en perfecto funcionamiento, sin que te amortizaran un centavo de su valor, como si fuera chatarra, y pagar un precio exagerado por el nuevo. Afortunadamente mantuve dicha negativa en reiteradas ocasiones, hasta que se cansaron y no insistieron más. Todas aquellas personas que cayeron en la trampa de los nuevos aparatos están lamentándose, pues ya hace rato se les rompieron, y no hay piezas para arreglarlos, pero tienen que seguir pagándolos. Así ha ido sucediendo con todos esos equipos chinos de tan baja calidad: montañas de aluminio y cables retorcidos llenan las estanterías y almacenes de los famosos talleres consolidados, sin que éstos puedan ser reparados por falta de piezas de repuestos.

Es vergonzoso que alguna comisión de la Asamblea Nacional tenga que gastar tanto tiempo y saliva, hablando de ollas “Reina” y de quipos rotos, en un país donde existen tantos problemas acuciantes, como el mal estado de escuelas y hospitales, la casi inexistente producción azucarera, la falta de productos de primera necesidad en las tiendas, problemas con la producción de leche, con la de papas, en fin, con todo lo que es vital para la población. Señores, ciertamente da vergüenza ajena que en la Asamblea Nacional se tengan que ventilar cuestiones tan ridículas como las roturas de las ollas eléctricas, ya obsoletas.

Creo que la decisión que tomé hace tres décadas, de no deslumbrarme con la “re-involución eléctrica” y no endeudarme comprando esos artículos chinos, fue la más sabia. Mi viejo refrigerador Admiral, decorado por mí sigue enfriando a las mil maravillas y no le debo ni un centavo al Estado.

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El peor homenaje.

stas derechosMientras el presidente Raúl Castro rendía tributo al difunto líder  Nelson Mandela, con un discurso sobre la unidad, tolerancia y reconciliación, en Cuba los actos de represión a todo lo largo y ancho de la isla, mostraban otro lenguaje.

La casa de Antonio Rodiles, sede del proyecto SATS, está literalmente sitiada desde la noche del día 9, víspera del Día de los Derechos Humanos, por la seguridad del Estado para impedir el acceso a ella. No conformes con esto, movilizaron en el día de hoy a  vecinos y pioneros de las escuelas cercanas, para amenizar con gritos, música  y consignas políticas, los alrededores de la propiedad  a fin de intimidar y propiciar el desconcierto, para en medio de esta confusión, ejecutar detenciones a todas aquellas personas que trataran de acercarse a SATS.

Cierto es que muchos no pudieron llegar, pero otros,  inventaron diferentes estrategias para poder burlar el cerco y acudir al acto, donde se celebraba el tan temido día, por las autoridades cubanas. Pero lo más vergonzoso de todo ello sin dudas, es el haber utilizado, posiblemente sin el conocimiento de sus respectivos padres, a niños de escuela con fines políticos. Cosa esta que debía ocupar la atención de la UNICEF. Pienso que esto de hoy ha sido posiblemente, el peor homenaje rendido al Día de los Derechos Humanos y al fallecido líder africano.

Festival del viejo cine latinoamericano

 

4 Cine Acapulco

De todos es sabido que en estos días se está celebrando en nuestro país, el Festival del nuevo cine latinoamericano, que ya de nuevo no tiene nada. Yo particularmente no he podido ir a ver ninguna de las películas exhibidas, por tener en casa a mi esposo, convalesciente de una operación.

Pero eso no ha sido impedimento, para que me trajeran el cine a casa, el gran inconveniente ha sido, que no he podido escoger el día, ni la hora y mucho menos los títulos de las películas, en este caso impuestas: “Extraños factores” y “Visitas no deseadas”

La primera fue la peor, muy burda y poco original, esa hice que la exhibieran en el rellano de la escalera que accede a mi apartamento. La otra, sorpresiva también, fue por demás previsible, ya que desde mi balcón pude observar la vestimenta de los actores, así como su vehículo de transporte: camisas a cuadros y moto Suzuki.

En ambas, reinó el estado policial, aunque la segunda se rodó en la sala de nuestra casa. El lenguaje fue respetuoso, sobretodo en ésta última. El objetivo de ambos filmes era transmitir el mismo mensaje: No esgrimir el derecho a reunión y asociación, sobretodo los días 10 y 11 del presente mes, derechos a los que estamos amparados por la Carta Magna de Naciones Unidas, de la que nuestro país es signatario.

De estas sorpresivas exhibiciones de poder, algo dejamos bien claro a todos: Somos personas que amamos y defendemos la libertad y como tales vamos a seguir ejerciendo nuestros derechos como espectadores respetuosos y consientes que somos, sin abandonar este viejo cine por grotescas, burdas y pasadas de moda que estén las películas exhibidas, hasta que no veamos en la gran pantalla la palabra FIN.

Un recorrido por mi barrio.

 

 

 

 

4 Cine Acapulco 1Aceras cocodrilo 2 Basurero y aguas albañales 5Qué coño pasó

Mi barrio, El Nuevo Vedado, fue uno de los últimos  en urbanizarse en los años cincuenta. Prometía ser de los más modernos y bellos, con sus bien diseñados edificios familiares de dos y tres plantas y otros grandes y modernos para alquilar,asícomo sus hermosas residencias, algunas modestas y otras  mostrando un derroche de buen gusto y diseño arquitectónico, donde se lucieron los arquitectos Porro, Cristófol, Miguel Gutierrez  y Frank martínez por solo nombrar algunos. Su magnífico parque Acapulco, así como  sus amplias calles aceras y avenidas.

La Avenida 26,  y la Avenida  Kohly, lucían  respectivamente, unos preciosos parterressembrados de adelfas rosas y blancas. Su hermoso y moderno cine Acapulco, uno de los más confortables de la ciudad, donde  todas las semanas se estrenaban los últimos filmes extranjeros.

Hoy, en mi breve recorrido desde 26 y 41, hasta 26 y 17, en busca de un tinte para elcabello, que finalmente no encontré en ninguna de sus desabastecidas tiendas, lasimágenes observadas a mi paso, solo me brindaron preocupación y tristeza.

 

 

Soluciones deScomunales.

Comunales es la Empresa del Poder Pode Popular encargada entre otras tareas de la recogida de basura.

Basurero 4 Basurero 3 basurero 1

Detrás del “12 Plantas”, como le llaman al edificio ubicado en el cuadrilátero formado por las calles Tulipán, Loma, Colón y 39, en el Nuevo Vedado, la solución para colectar la basura de este gigantesco inmueble de apartamentos, así como de las casas colindantes, ha sido colocar una enorme cama de rastra, donde arrojar los desperdicios. Este gran contenedor se mantiene al descubierto, a merced de vientos, lluvias, roedores y demás insectos. Todos los alrededores del mismo están llenos de bolsas plásticas vacías, papeles, latas y toda clase de objetos, que los propios vecinos arrojan por fuera, al encontrar éste desbordado. Esto sin contar con el pestilente aderezo de las aguas albañales provenientes de los salideros del propio edificio, lo cual conlleva a la consiguiente contaminación, que hace casi imposible transitar por dicho lugar.

Según me cuentan algunos vecinos, puede pasar una semana o más, sin que la grúa que debe llevárselo pase a recogerlo, amén de que al hacerlo, ésta transita parte de la ciudad hasta su lugar de destino, contaminando todo en su largo recorrido. Tampoco cuentan, al igual que los camiones de recogida de basura, con los implementos necesarios para recoger lo que está fuera de los contenedores, dejando una estela de suciedad que, poco a poco se la lleva el viento o se funde con el pavimento, en el caso de éstos últimos.

Con estos antecedentes, de nada vale que además de quebrantar la privacidad de los vecinos, traten de irrumpir en los domicilios sin previo aviso, las famosas brigadas de salud, que ponen multas al poseedor de una “malanguita” en agua, así como la de los fumigadores, que utilizando el molesto petróleo quemado, te conminan a fumigar, cerrar y abandonar tu casa, so pretexto de erradicar el mosquito causante del dengue, enfermedad ésta que ya se ha hecho endémica, debido a la insalubridad reinante en la ciudad.

Un hospital en reparacioness

En “mi planeta” cuando un hospital entra en reparaciones, deja de ser un centro de salud, para convertirse en la ferretería de la zona donde está enclavado. Hace aproximadamente tres años que el Hospital Docente Gral. Calixto García está en reparaciones. Algunos de sus pabellones ya han sido restaurados, pero marchan tan lentos los trabajos, además de los incontrolables desvíos de recursos, que cuando terminen el último ya deberán comenzar de nuevo con los primeros.

Tengo un amigo que después de múltiples gestiones y espera, logró que le dieran la orden de ingreso. Me cuenta que al llegar a la Sala, con su número de cama asignada, le dijeron que la misma ya estaba ocupada. Afortunadamente la Dra. Que lo atiende, estaba aún con él, y les replicó que eso era imposible, ya que la tenía reservada con antelación. Fue entonces, que a modo de disculpa, los propios auxiliares de salud le dijeron, que los camilleros manifestaron estar muy cansados para subir otro piso más por la escalera con ese paciente, y por tanto decidieron dejarlo en dicha cama.

Anoche, visitando a mi amigo, éste me contaba que se enteró, que la Sala que se encuentra en el piso de arriba, al ser inspeccionada por la dirección del centro horas antes del acto de entrega, éstos quedaron muy sorprendidos al revisar los baños y percatarse que solo quedaban las piezas sanitarias y que toda la plomería había desaparecido, viéndose obligados a posponer su reapertura. Durante las investigaciones, confirmaron que habían sido sustraídas por los propios empleados que participaron en los trabajos de remodelación. Tanto las llaves de agua, los sistemas de descarga, como las demás piezas de plomería eran amarrados con una soga, dejándolos caer por las ventanas traseras del inmueble, donde un cómplice se encargaba de recogerlas y llevárselas.

Pero ese no fue el único incidente en su primer día de ingreso. Me cuenta que, al rato de él instalarse, pasaron los enfermeros a pedir a los acompañantes y a aquellos pacientes que estuvieran en condiciones de hacerlo, salieran al portal, porque el nuevo Director iba a hacer una visita y debían limpiar bien la sala. Después mi amigo, indagando sobre este tema con una de las empleadas, ésta le dijo que “estas limpiezas”, solamente las hacían en ocasiones muy especiales como la de hoy, pues lo que les pagaban era una miseria y no tenían ni siquiera los implementos adecuados para realizarlas, por tanto “no cogían mucha lucha” con el aseo.

Más sobre el González Coro

Finalmente Patricia es abuela. Su hija estuvo ingresada unos días en el Hospital González Coro, antigua Clínica Sagrado Corazón, del Vedado, La Habana, porque su bebé nació bajo de peso, algo muy común en estos momentos.

Ella hizo algunas fotos que me facilitó para que quedaran como testimonio de las comodidades e higiene que brinda el centro hospitalario.

Otra de las sorpresas que esperaban a la recién estrenada mamá, fue presenciar algunas disputas entre  otras pacientes, debido al robo de cigarrillos. Ella que no fuma, tuvo que aspirar el humo proveniente de esos cigarrillos compartidos entre  mamás y el personal de  salud que las atendían.

Atrás ni para coger impulso.

Una vez más esta frase, tan repetida hace ya más de cinco décadas, vino a mi mente, al enterarme de otra nueva marcha atrás, dada por quienes lanzaron como sentencia esta máxima en los albores de los años sesenta.

De nuevo otro gran retroceso, pero esta vez en pleno Siglo XXI y en el marco de las famosas “reformas raulistas”: Cerradas las salas de Cine 3D y ultimátum dado hasta el 31 de diciembre del presente, a los cuentapropistas vendedores de ropa importada. Todo esto ha generado mucho descontento, pero hasta ahí. Todos los afectados están tratando de ver cómo liquidan parte de las existencias y recuperan algo de las grandes inversiones hechas, como en el caso particular de las salas 3D, donde fueron importados equipos y muebles, generalmente a través de Panamá. Todos se están “devanando los sesos”, pero nadie va a increpar al Estado y éste lo sabe perfectamente.

Parece que este pueblo, debido a la precaria alimentación padecida durante décadas, tiene afectada la zona de su cerebro concerniente a la memoria. Ya pasamos, allá por los años ochenta, por la llamada “Operación pitirre”, cuando los artesanos de la Plaza de la Catedral, a quienes todos, hasta los propios dirigentes, compraban, por la calidad, originalidad y variedad de los artículos ofertados, confeccionados por ellos mismos, fueron perseguidos. Muchos terminaron presos y otros partieron hacia el exilio, en busca de libertad y nuevas oportunidades. Así se disolvió, de la noche a la mañana, un mercadillo que daba vida a la ciudad y la abastecía de artículos que no existían en las tiendas estatales, propiciando a muchos una manera de ganarse la vida.

Después, en los años noventa, vino de nuevo otra ofensiva, la famosa “Operación maceta”, que acabó con el Mercado Libre Campesino, que era el que estaba paliando en esos momentos las grandes escaseces de alimentos, acusando el gobierno de “enriquecimiento ilícito” a sus proveedores. Muchos de estos productores fueron hechos prisioneros y confiscados sus bienes, al igual que ocurrió años atrás con los artesanos.

Tampoco debemos olvidar aquella otra gran cruzada contra los primeros Paladares de doce sillas, a finales de los años noventa, de la que sólo pudieron sobrevivir los más fuertes o “suertudos”.

Por lo visto, la falta de memoria de nuestros ciudadanos, o los desesperados intentos de salir del estancamiento económico, han sido los que han hecho arriesgarse una y otra vez a aquellas personas más “optimistas”, que no acaban de darse cuenta que es muy difícil “jugar al capitalismo”, dentro de un régimen dictatorial de más de medio siglo instalado en el poder.

Por ello, y para que no se equivoquen, el gobierno hace este tipo de “operaciones” cíclicamente, para que nadie olvide “quien es el que manda”. Solamente en un futuro país libre y democrático, es que habrá seguridad para aquellos que quieran emprender sus propios negocios. Entonces y sólo entonces, es que prosperarán las iniciativas privadas. Quizá en un futuro no ya tan lejano, le demos otra connotación a esa tristemente célebre frase de: “Atrás ni para coger impulso”, porque evidentemente nadie querrá repetir estos errores.

Agradecida.

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Ayer,  primero de noviembre, en horas de la tarde, una vez más traspasamos el ya familiar portón de Estado de SATS. En esta oportunidad  yo era la invitada de honor, con una exposición de mis trabajos en patchwork titulada “Mujeres”, dedicada  a un género al que pertenezco y del que me siento orgullosa, porque cada día logramos, a pesar de todas las carencias  e inconvenientes, integrarnos más a la sociedad, compartiendo y compitiendo codo a codo en buena lid con los hombres, sin abandonar aquellas tareas que, como madres, esposas, e hijas,  ancestralmente nos fueron “asignadas”.

Mucho me conmovieron las bellas palabras de apertura que, sobre mi trayectoria, pronunciara mi gran amiga Regina Coyula,  pero mucho más  me satisfizo la presencia de amigos, que a pesar de mantener vínculos laborales y profesionales actuales con el único empleador de nuestro país, tuvieron el coraje de obviar el operativo montado por  la seguridad del Estado, ya tan habitual, y acercarse, por vez primera, a este  emblemático y “estigmatizado” lugar.

Noté y eché de menos   la presencia de algunos amigos con los que contaba,  sobre todo mujeres,  género al que estaba dedicada esta muestra, algunas por encontrarse enfermas  y otras que tuvieron imprevistos de  última hora,  cosa ésta que lamentablemente debió complacer mucho a los “compañeros que nos cuidan”. No obstante, la muestra cumplió su objetivo, y demostramos una vez más que Estado de SATS es un lugar inclusivo, donde convergen arte y pensamiento y donde el común denominador es la aspiración a que Cuba vuelva a ser un país libre y democrático, con todos y para el bien de todos, como deseara nuestro Apóstol José Martí .

Mi más sincero agradecimiento  a Estado de Sats,  a los organizadores de este lindo evento y a todos aquellos que acudieron a brindarme su apoyo.

Blancanieves y las siete personitas de baja talla.

Foto Orlando Luis Pardo

Anoche, disfrutando una vez más el filme silente español Blancanieves, dirigido por Pablo Berger y magistralmente interpretado por Maribel Verdú, merecedor de varios premios Goya, vino a mi mente un artículo publicado el viernes 25 del presente en el diario Granma, del periodista Castaño Salazar, donde plantea muy seriamente que ya es hora de dejar de llamar “enanos” a esas personas que padecen osteocondrodisplasia, la enfermedad que acorta las extremidades y la columna vertebral, para llamarles “personas de baja talla”.

Encuentro muy bien y estoy totalmente de acuerdo, en que no es nada sano utilizar términos que marcan diferencias, cuando esto se hace con carácter separatista, despectivo o en son de burla, trátese lo mismo de raza, estatura, minusvalía o simplemente ideología. El ser humano es uno, sea cual sea su físico, o su manera de pensar, lo que vale es lo que está dentro de él, su moral, civismo, valores éticos e intelectuales.

Quienes nos piden ahora y hacen una cruzada para lograr que eliminemos de nuestro vocabulario el término “enano”, tan válido como el de “gigante”, ambos presentes en el idioma español sin ninguna connotación despectiva, sino simplemente para nombrar a una persona de baja o alta talla, son los mismos que durante años consideraron peligrosa la palabra “tolerancia”, y siguen hasta hoy considerando en términos despectivos el vocablo “disidente”. Son aquellos que crearon las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), para concentrar en ellas a todas las personas que entonces catalogaron de “diferentes”, e igualmente nos prohibieron escuchar canciones de Los Beatles o a glorias de nuestro cancionero como Celia Cruz y Olga Guillot, quienes siguen prohibidas hoy en nuestros Medios, por considerarlas ideológicamente perjudiciales.

Ahora bien, si aplicáramos la absurda propuesta, tendría entonces cualquier madre o abuela, al leerle a sus hijos o nietos el cuento de Blancanieves, que verse obligada a cambiarle el título y el texto para referirse a los “enanitos” como a “personitas de baja talla”, o Gulliver ya no estaría en el país de los enanos, sino en el de los “acondroplásicos”, y hasta para leer a nuestro Apóstol José Martí, nos veríamos obligados a cambiarle el texto, cuando dice en su hermosa poesía dedicada a su hijo: “Para un príncipe enano se hace esta fiesta…”

Señores, seamos más sensatos y no caigamos de nuevo en extremismos y dediquemos nuestros empeños, energías y trabajo a mejorar las condiciones de vida de nuestros ciudadanos, dejando estas sutilezas idiomáticas a nuestros académicos especialistas de la lengua y a Naciones Unidas, quien tiene economía y personal suficiente para dedicarle tiempo a estos asuntos.

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Restauración de una memoria.

El gran coloso, un símbolo distintivo de la ciudad, dormitaba abandonado a su suerte, con la mugre y el polvo cubriendo durante décadas toda su enorme y sólida estructura. De pronto un día despertó, llegó su esperado momento.

En los terrenos donde antiguamente existiera el primer Jardín Botánico de la ciudad, uno de los puntos más elevados de ésta, se comenzaron las obras durante el gobierno de Machado, de acuerdo al proyecto del arquitecto Eugenio Raynieri Piedra, del gran edificio de fachada neoclásica, que tres años después, el 20 de mayo de 1929, se convertiría en uno de los símbolos más representativos de la capital, siendo tras su apertura la sede del Senado y la Cámara de Representantes. Desde los comienzos del Siglo XX hasta la década de los cincuenta, se considera su época de mayor esplendor.

Fue después del año l959 que esta hermosa edificación comenzó a recibir drásticas y lamentables transformaciones, depredaciones y fatales adaptaciones, que lo fueron convirtiendo en un lamentable fantasma hasta el día de hoy, albergando en sus hermosos salones colonias de murciélagos, cuyos desechos fecales se podían apreciar perfectamente en las paredes del emblemático inmueble.

Una de las tantas historias, entre otras, que lo hizo popularmente famoso en el año 1946, fue la del robo del brillante de 25 kilates que marcaba el kilómetro cero de la Carretera Central. Se dice que, más de un año después, el mismo reaparecería en el despacho del entonces presidente de la República Ramón Grau San Martín, siendo reubicado en su lugar de origen, rodeado de una estrella octagonal, realizada en mármoles italianos de diversas tonalidades.

A partir de 1973 el brillante fue sustituido por una réplica. Éste se encuentra depositado en las bóvedas del Banco Nacional de Cuba. Igualmente se está restaurando un recinto recién descubierto, que fue creado para honrar al Mambí Desconocido, que está situado justo debajo de la cúpula y a los pies de la gran estatua de bronce cubierta de pan de oro que mide 17 metros de altura, y representa a la República, la cual está considerada como la tercera más alta que se encuentra bajo techo, a nivel mundial.

Sobre la obra de restauración, el historiador Eusebio Leal expresó que, afortunadamente el edificio no presenta daños estructurales, pero que en el tema de las instalaciones si tiene muchos problemas. Que en estos momentos están muy adelantados los trabajos de restauración de su gran cúpula, y que también se están afanando en las zonas de los patios y jardines, que fueron diseñados por el famoso urbanista y paisajista francés Forestier, el mismo que diseñara gran parte del Vedado. Asimismo, se están limpiando y volviendo a pulir las esculturas, una representa un hombre y la otra una mujer, situadas a ambos lados de la gran escalinata. Éstas, de seis metros cada una, fueron realizadas, al igual que la de la República, por el afamado escultor italiano Ángelo Zanelli.

Pronto el Salón de los Pasos Perdidos recuperará todo su antiguo esplendor, pues se están dando los toques finales a todo lo que se refiere a enseres, mobiliario, cortinas, entre otros objetos de gran valor, como las lámparas, algunas fabricadas en la Saunier Duval Frisquet de París, y otras de bronce laminado en oro, y cristales de la Societé Anonime Bague, cuyo valor hoy día es incalculable.

Todos los minuciosos trabajos de restauración se están realizando por los especialistas que trabajan para la Oficina del Historiador, así como con algunos artistas cuentapropistas que colaboran con dicha oficina. Estos últimos son los que se encuentran trabajando en la restauración de los bajos relieves de bronce de los recuadros, que ornamentan las grandes puertas principales del Capitolio.

Una vez terminada esta gran obra de restauración, el Parlamento retornará a su antigua sede y, a pesar de las funciones gubernamentales, el Capitolio seguirá abriendo sus puertas al público en determinados espacios como el Salón de los Pasos Perdidos y su famosa biblioteca, con paredes de maderas preciosas inspirada en la del Vaticano. Como bien expresara el Dr. Eusebio Leal, “esta es la restauración de una memoria”.

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¿Se anima a procrear en Cuba?

Muchas personas se preguntan el por qué de la baja tasa de natalidad en nuestro país, donde existe un clima excelente para criar a un bebé, sin temperaturas extremas, con buen sol y magníficas playas.

He aquí unas imágenes que responderán por si mismas esta interrogante:

Hosp. Coro A

Este es la fachada el hospital González Coro, antiguamente Clínica El Sagrado Corazón, una de las más modernas instalaciones de este tipo en los años cincuenta. El sueño de la mayoría de las futuras madres, era ser atendidas aquí durante todo su embarazo y después en el parto, sobre todo a finales de los años sesenta en que ya sus homólogas, con más años de construidas, comenzaban a mostrar el deterioro del ya incipiente abandono.

Hace más de veintiocho años, comenzó una gotera en la salita de espera de la consulta de obstetricia y ginecología. Entonces la solución fue un colocar un cubo debajo de ésta y una frazada. Hoy persiste la misma situación, sólo que agravada por casi tres décadas. Ésta se ha hecho mayor y ha afectado tremendamente el falso techo, que muestra un deterioro escalofriante, más aún por tratarse de un centro de salud donde debería primar seguridad e higiene.

¿Cual ha sido la solución encontrada por las autoridades de la salud que tienen que ver directamente con esta y otras instalaciones?

Sencillamente colocar una enorme cubeta que recoja el máximo de agua, y en vez de rodearla de frazadas de piso(que son muy escasas y costosas), como se solía hacer para absorber las salpicaduras, esta vez han colocado enormes cartones, para evitar que se resbalen las embarazadas.Hosp.Glez Coro, cubo extra

Repaso y repasadores

Profesores y alumnos Esc. Pública,Sup.Nro.10, años 50

A partir de los años cuarenta todas las personas que se dedicaban a la enseñanza en Cuba, poseían títulos acreditativos para ejercer profesionalmente el magisterio. En la década de los cincuenta eran muchos los profesores ilustres en nuestro país, reconocidos internacionalmente por sus libros publicados, los cuales se utilizaban como material de estudio dentro y fuera de nuestras fronteras: Valmaña, Baldor, Añorga, por sólo mencionar algunos, libros de texto que aún son usados en muchos de los países latinoamericanos por profesores y estudiantes.

Después del año cincuenta y nueve, en que fueron intervenidos los colegios privados, se promulgó una absurda ley que “invitó” a los maestros de primaria y enseñanza superior en funciones, a jubilarse con sólo veinticinco años de servicios y el mayor haber percibido, sin importar la edad. Esto y otras causas, en la que los maestros se vieron además depreciados por haberse formado en el capitalismo, hizo que muchos marcharan al exilio, la mayoría se jubilara y muy pocos fueran los que continuaran ejerciendo contra “viento y marea”. Desde entonces, la enseñanza comenzó a deteriorarse y tuvieron que preparar “a la carrera” y en muy poco tiempo, jóvenes del campo, como maestros para llenar el vacío provocado por el propio gobierno: los llamados “Makarenko, al ser formados según los métodos del pedagogo soviético de igual apellido.

En la década de los sesenta aún quedaban buenos profesores en muchas de las escuelas y éstos, a su vez, ayudaban a los recién capacitados a superarse, pero los bajos salarios, la falta de estímulos y el deterioro cada vez más evidente de las instalaciones docentes, hicieron que, poco a poco, la deserción fuera apoderándose del sector, sobre todo en la primaria y secundaria. Aún, para entonces, la Universidad contaba con figuras brillantes en su claustro.

Otras de las causas que incidió en la baja calidad de la educación fue que los maestros se vieron presionados, para no afectar su propia evaluación, que se basaba en la promoción y no en la calidad, a cometer fraude. Esto hizo que muchos informaran con antelación a sus alumnos las preguntas que saldrían en los exámenes y, en muchas ocasiones, hasta les “soplaran al oído” las respuestas, a fin de obtener ellos una buena evaluación.

Muchos padres, ante el deterioro galopante de la enseñanza y la falta de maestros en determinadas asignaturas, decidieron acudir a profesores jubilados para que les repasaran y, en algunos casos, hasta les impartieran las asignaturas a sus hijos. Otros, en mejor posición económica, lograban los mismos resultados con sus hijos, haciéndoles valiosos regalos a los propios maestros en ejercicio. Cada vez más fue decayendo la calidad de la enseñanza y se les perdió el respeto a los maestros, por parte de alumnos y familiares. Después, como puntillazo y para rematar, aparecieron los llamados “maestros emergentes”, preparados en cursos rápidos de baja calidad y corta duración, y la sustitución de profesores por televisores en las aulas. Esto marcó el golpe final a la calidad en la educación.

Progresivamente, junto a este deterioro, fueron creciendo en número cada vez mayor, las personas que se dedicaban de forma particular y cobrando, claro está, para mejorar un tanto sus propias economías, los repasadores. Esto fue, hasta la aparición de las nuevas licencias no hace mucho, una actividad clandestina. Ahora existen legalmente los repasadores, pero ya el gobierno le está buscando la “contrapelusa” al ejercicio de esta actividad, queriendo crucificar a los profesores que, estando activos, y sin estar autorizados para obtener licencias, se dedican a ella, arremetiendo contra los mismos a través de los Medios, hablando de falta de ética y de civismo, sin tener la valentía de afrontar y divulgar las causas, fundamentalmente económicas, que han provocado esta situación: los salarios de miseria que reciben, que son insuficientes para satisfacer sus necesidades mínimas como ciudadanos, desestimando que, si una vez más, los maestros se sienten acorralados, volverán a desertar, creando un nuevo vacío en la enseñanza, cada vez más difícil de llenar.

Es necesario buscar una salida legal para que se solvente este caos creado, sin perjudicar a profesores ni alumnos y, sobre todo, el futuro de la nación. Los repasadores existen justamente, debido a la cada vez más baja calidad de la enseñanza. Esto es responsabilidad de toda la ciudadanía en general pero, en primera instancia, del Ministerio de Educación y su más alta jerarquía.

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El hospital que nos toca

Raimundo llegó temprano a una consulta externa del hospital docente General Calixto García, que se encuentra ubicada en los sótanos de uno de los viejos pabellones. La sala de espera estaba repleta, el murmullo de las voces no le dejaba concentrarse en la lectura del libro que llevaba, para hacer más soportable su obligada estancia. De pronto, entra en el local una mujer mayor, vendedora de periódicos, pregonando Trabajadores, e invitando a los allí presentes a que le compraran un ejemplar, para entretenerse mientras les llegaba su turno. Ella, entre pregón y pregón, decía que tenía que dedicarse a esto para poder comer, pues fue trabajadora de ese centro durante muchos años y, si no lo hacía, con la jubilación se moría de hambre, aunque cuando trabajaba también, pues siempre ganó una miseria.

Fue entonces cuando un anciano de unos ochenta años, que esperaba ser atendido, tomó la palabra y le dijo: Señora, esto es fascismo y como tal, nos quita todos nuestros derechos. Este hospital es un asco, continuó, pareciera que hace meses no lo limpian, ni tan siquiera han puesto un ventilador para que en este oscuro y húmedo sótano, tengamos un poco de ventilación. Bueno, si los médicos no lo tienen tampoco, que podemos esperar los pacientes.

Oye viejo “apretaste”-expresó otro de los allí presentes. El murmullo de voces fue in crescendo. Todos comentaban sobre la suciedad, las escaseces, la falta de condiciones del hospital, de los trabajos que se pasan para llegar hasta allí en ómnibus, porque no todos tienen 10 pesos para coger un “tarecón” (taxi de los años 50)… De pronto, por la estrecha escalera que baja al sótano, se asoma un enfermero y, dirigiéndose a los pacientes, dice: Por favor, alguien que me dé una mano para bajar a este operado en silla de ruedas. En eso se abre la puerta de la consulta y el médico, echándose fresco con un cartón, a modo de abanico, dice en voz alta: ¡Que pase el siguiente!

El anciano de marras, toma de nuevo la palabra y alzando la voz, para que todos lo oigan, dice: ¡Señores, este es el hospital que nos toca!

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De la ruina material a la ruina moral

Consultorio 20

Lamentablemente el país entero se ha marginalizado, producto, entre otros factores incidentes, de la cantidad de años de régimen de sobrevivencia. El sector de la medicina no ha estado exento de ello, debido fundamentalmente a los bajos salarios devengados por sus profesionales, y a las precarias condiciones en que tienen que ejercer su profesión dentro de los centros de salud, así como al déficit de medicamentos, que les obliga a estarse informando constantemente en las farmacias, a fin de conocer cuáles medicamentos “entraron” y están en venta, para saber qué recetar a sus pacientes.

Todo esto ha conllevado a que enfermos y galenos estén, desde hace más de tres décadas, relacionándose con demasiado desenfado, en ocasiones, o con excesivas muestras de confianza, en la mayoría de los casos, perdiendo ese respeto y esa ética que debería existir entre ambos. Tampoco los pacientes denuncian las faltas o el maltrato cometidos por algunos médicos y trabajadores del sector de la salud, por miedo a represalias posteriores, ya que siempre están obligados a acudir al consultorio que les corresponde por ubicación de domicilio, y no al que desearían elegir.

Hace algunos días, mi amiga Patricia del Nuevo Vedado, acompañó a su hija embarazada al Consultorio 20, para hacerse el chequeo de seguimiento. Llegaron temprano y fueron las primeras. Después, poco a poco, se fue llenando el pequeño saloncito de espera. Pasadas las nueve de la mañana, llegó la doctora y, sin ofrecer disculpas por su retraso, lo único que hizo fue comentar en voz alta para que todos la escucharan, que se había tenido que “disparar” tremenda cola para comprar cigarrillos.

Acto seguido entró en su oficina y, momentos después, asomándose a la puerta y dirigiéndose a una señora que estaba acompañada de su esposo, que por orden de llegada iba detrás de la hija de mi amiga, le dijo, en un tono de voz más bajo pero no lo suficiente como para no ser escuchado por los allí presentes: “Ven, para acabarte de ver tu perica”. Luego, cuando terminó con esta paciente, volvió a salir y dijo: “Voy a fumarme un cigarrillo y descansar un poco”. Con la misma, se sentó en el murito del jardín y comenzó a fumar despreocupada.

Mi amiga y su hija abandonaron el lugar indignadas. Días después recibieron la visita del médico de la familia y de la enfermera del Consultorio, para que les explicaran por qué la paciente se había ido sin consultarse, pues esta acción les perjudicaba a ellos ante las autoridades del Policlínico, ya que debían darle seguimiento al embarazo. Mi amiga entonces aprovechó para decirle que las perjudicadas eran ellas, por la falta de respeto de la doctora y que, por supuesto, lo informara a sus superiores, porque ellas lo harían también por otras vías.

Esto, lamentablemente, es solo una pequeña muestra del punto a que han llegado las relaciones médico-paciente, pues ambos están obstinados de sortear a diario tantas dificultades y carencias materiales, que lamentablemente han ido horadando la conducta, la ética y la convivencia social. Nada de esto justifica las acciones aquí descritas, pero lo que se puede deducir de todo ello, es que en la formación de los nuevos galenos, la ética profesional sigue siendo una asignatura pendiente.

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Una gotera mayor de edad

Hace 28 años Patricia estaba embarazada y se atendía en el Hospital González Coro, antigua Clínica El Sagrado Corazón, sita en la Calle 21 entre 4 y 6, en el Vedado. Por esos años, la aspiración de todas las futuras mamás era atenderse ahí, lugar donde se concentraban los especialistas más afamados y porque, al ser de las últimas obras que se construyeron para esta especialidad en la década de los 50, aún no estaba tan deteriorada como sus homólogas.

Ya por aquel entones mi amiga pudo observar que en el falso techo, en la salita de espera de la consulta de Obstetricia y Ginecología, existía una gotera y que, debido a ella, habían colocado una frazada de piso y un cubo para recoger el agua, así como las salpicaduras. Pero eso entonces se podía “sobrellevar”, pues como era lógico pensar tenía carácter transitorio. Eso al menos dedujo ella.

Han pasado 28 años y mi amiga ha vuelto a la misma consulta, acompañando ahora a su hija, que es la que está gestando. Con horror constató que aquella vieja gotera, que la acompañó durante sus nueve meses de embarazo, estaba ahí mismo, sólo que había crecido, y ahora es casi un salto de agua como el de Soroa y que, además, el falso techo tiene una gran área destruida. Actualmente el cubo para recoger el agua es mucho más grande, y la frazada de piso ya no alcanza para contener las salpicaduras que forman un gran charco, por donde tienen que transitar el personal médico y las propias gestantes, con el consabido riesgo de resbalar y caer.

Pienso que, con todo el dinero invertido en cubos y frazadas de piso durante todos estos 28 años hubieran podido, de haber existido el deseo y la voluntad de hacerlo, arreglar como es debido el falso techo y evitar así el riesgo de un accidente, que en el caso de una gestante puede ser fatal. ¿Dónde están las autoridades responsables de corregir esta situación? ¿Es acaso el Director del Hospital? ¿Serán quizá los del Poder Popular? En fin, lo que si tengo bien claro es que no son los médicos ni los pacientes los que tienen que responsabilizarse con el arreglo de esta avería, pero también estoy convencida de que, si no se denuncia, continuará la lamentable situación, hasta que un día clausuren la consulta, después la sala, el piso y finalmente el hospital, como ha venido sucediendo con otros.

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Parque Jurásico 80

Vivo en un planeta llamado Cuba, pertenezco a una especie que estuvo casi en extinción allá por los años ochenta. Por ello, a partir de entonces, pasé como muchos otros congéneres a ser un “ejemplar protegido”.

Desde luego en esta Reserva no todos gozamos de los mismos privilegios. Hay especímenes con mucha más flexibilidad en la cervical y rodillas, que son los que en verdad disfrutan de mayor protección.

Muchos como yo sólo somos números en este gran parque, pero esto en vez de perjudicarnos nos da cierta cobertura, permitiéndonos algunas “pequeñas libertades” que nos tomamos a cuenta y riesgo, y que sin embargo los otros ejemplares no se pueden permitir, por ser justamente los más “notorios” y que gozan de mayores ventajas.

Cuando en la década antes mencionada, a raíz de una exposición de artes plásticas que duró sólo veinticuatro horas y terminó como “la fiesta del Guatao”, debido al tremendo impacto ocasionado entre el público y la oficialidad ante las obras expuestas, ésta fue clausurada, detonando la posterior fuga de los artistas participantes, así como la aplicación de medidas disciplinarias a los organizadores, provocando un gran vacío en el sector.

A partir de entonces, algunas personas con cierto poder y una mente más abierta, decidieron “proteger” a los artistas plásticos, para evitar quedarse sin éstos. Fue entonces que pasamos a formar parte de este gran Parque Jurásico, del que afortunadamente soy un miembro más: “Artistas independientes“… hasta que a alguien se le antoje demostrar lo contrario.

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Fragmentación familiar

Antes del año cincuenta y nueve del siglo pasado, yo poseía una gran familia: abuelos, padres, madres, tíos, tías, primos, primas, padrinos, madrinas, así como sus respectivos cónyuges. Componíamos un clan, unidos por el amor y el quehacer cotidiano, donde entraban también a engrosarlo amistades muy cercanas y queridas, que terminaban confundiéndose con la parentela, al punto de a veces no poder diferenciar muy bien a quien le corría o no, por sus propias venas, la misma sangre.

Al principio, muy al principio del año de marras, la alegría contagiosa inundó los hogares cubanos: ¡Se había ido el dictador! Pero eso duró muy poco, pronto se implementaron las primeras “leyes revolucionarias” y, tras su dureza, comenzaron a desaparecer algunos rostros amigos, después otros más cercanos. Aquella alegría comenzó a ser sustituida por la incertidumbre, seguida luego de la tristeza y más tarde del miedo. Los más jóvenes no nos dábamos cuenta aún de lo que estaba sucediendo, hasta que de pronto también empezamos a dejar de ver a nuestros amigos cercanos. El barrio comenzó a tornarse triste, luego la escuela, después la casa, la ciudad, el país. Todos los días llegaba una noticia de que alguien muy querido partía, nos abandonaba. Quien sabe cuándo lo volveríamos a ver, si es que eso algún día sucedería, pues por la radio y la televisión decían todo lo contrario: “Los traidores y apátridas que abandonan el país jamás volverán”. Para mí, una adolescente, criada en un ambiente de armonía y amor, esa fue una palabra muy dura, muy contundente, inconmensurable.

Mis amigas más queridas comenzaron a desaparecer como por arte de magia, más bien “de mago”. Algunas partieron portando un cartel en el pecho, iban hacia lo desconocido, las enviaban sus propios padres, en el afán de “salvarles de lo que venía”, eran las Peter Pan. Entre abrazos y lágrimas nos despedíamos, nos intercambiábamos pequeños recuerdos, pensando que nunca más nos volveríamos a ver, fue tremendamente doloroso.

Recuerdo todavía con gran pena, el día que uno de mis primos y su esposa se marcharon: ella llevaba en su vientre a su primogénito, al que yo había bordado infinidad de pañales, con el profundo amor de quien espera a su primer sobrino, quien vine a conocer 38 años después, cuando se restablecieron los viajes de intercambio cultural, pues con el devenir del tiempo, entre prohibiciones y avatares, yo me había convertido en una artista de la plástica, y pude ir por vez primera a una exposición fuera de la isla cautiva.

Después, poco a poco, volví a cultivar nuevas amistades, me casé, tuve hijos. Un día, éstos partieron en busca de libertad y de nuevos horizontes. Se establecieron en diferentes países, y me nacieron nietas que tampoco disfruté. Vine a conocerlas años después, cuando ya me había perdido todos sus encantos de bebés, sus primeras palabras, sus primeros pasos. También mis nuevos amigos se seguían marchando.

A mi regreso de un viaje, en que me las ingenié para hacer una exposición “fuera” y poder así contactar a mis hijos, comprobé, con profundo pesar, todas las grandes y pequeñas cosas que habíamos dejado de compartir, en este largo y tortuoso camino, pero lo más doloroso de todo, sin la menor duda, ha sido y es esta terrible fragmentación familiar.

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De cómo una rosa devino Catedral.

Siempre he sabido que un nombre es importante. Yo no sería la misma si no me llamara Rebeca. Al menos eso pienso yo. Tengo dos nombres, como casi todas las personas de mi generación, pero si ahora mismo alguien me llamara por el segundo, yo ni voltearía el rostro, porque estaría segura que no se trata de mí. Así pasa con casi todo, muy especialmente con las calles y los comercios.

Cuando inauguraron el restaurante La Rosa Negra, primeramente me sonó extraño, y algunas personas hasta lo cuestionaron: ¿por qué negra y no de otro color? En fin, estuve indagando al respecto, y me explicaron que ese era un local arrendado y que, cuando comenzaron los trabajos de adaptación, el dueño del mismo había pedido especialmente, que le pusieran ese nombre, por un libro que él había leído y disfrutado mucho. Lo complacieron, pues en definitiva eso era sólo un detalle.

Pronto abrió sus puertas el nuevo local y la calidad de sus comidas, el buen servicio y el magnífico grupo que constituyen sus empleados, hizo que una clientela cada vez más numerosa y constante, se acostumbrara al raro nombre. Ellos, los dueños y trabajadores, fueron los que con su buena mesa y su amabilidad, hicieron que la rosa “prendiera” y se hiciera famosa dentro y fuera del país.

Pero todo el camino no estaba cubierto de pétalos aromáticos y pronto salieron a relucir las espinas El dueño del local, viendo el tremendo éxito que habían logrado, les rescindió el contrato, para tomar él las riendas del ya floreciente y consolidado negocio. Eso no fue lo peor, quiso quedarse con el nombre, pues había sido idea de él. Cosa mala ésta para cualquier nueva empresa.

Sus actuales empresarios, ante la imposibilidad de convencer al propietario del inmueble, que les dejara el nombre, ya que fueron ellos los que le dieron el prestigio del que hoy goza, optaron por comprar una antigua casa en el Vedado, y convertirla en otro hermoso restaurante: La Catedral. No se llevan el logotipo, pero se van todos los que le hicieron famoso. Estoy absolutamente segura que tras ellos iremos todos a La Catedral, pues en estos dos años, clientes, dueños y personal, nos hemos identificado y convertido en una familia.

A los que viven aquí y a esos que piensen visitar La Habana, a partir de mediados de noviembre del presente año, les recomiendo anotar bien esta nueva dirección: Calle 8 /entre Calzada y 5ta, Vedado. De seguro me agradecerán la sugerencia.

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“Queremos muchas cosas más”

indexEl jueves  12 del presente mes estaba todo listo para que se ofreciera el gran concierto, “teñido de amarillo” por sugerencia del propio agente René, en el “Protestódromo”,  como se le conoce popularmente al Monte de las Banderas, frente a la SINA. Todo estaba previsto por Cultura, la UNEAC y controlado por la Seguridad.

Los artistas y grupos musicales que habitualmente actúan en todos los “llamados patrióticos”, habían ensayado e informado previamente los números que interpretarían. Lo que si nadie pudo prever, es que un valiente joven, al frente de su archiconocido y popular conjunto Interactivo, Robertico Carcassés, gran improvisador, en medio de aquella trama tan bien tejida, diera la nota discordante, que pondría en vilo a toda la nomenclatura.

Llegado el momento de interpretar el conocido número Cubanos por el Mundo, Robertico, director del grupo, vestido todo de blanco, dejó el piano para coger el micrófono e improvisar, ante la mirada atónita y los sorprendidos  oídos de los allí presentes, que no creían cierto aquello que escuchaban, y que el público repetía entusiasmado, siguiendo la cadencia contagiosa del estribillo:  “Quiero, acuérdate que siempre quiero”,  ”Libre acceso a la información para tener yo mi propia opinión”, “Ni militantes ni disidentes, cubanos todos”, “Queremos muchas cosas más”, “Elección directa del presidente…”,  “Quiero, acuérdate que quiero, el fin del bloqueo y del autobloqueo”…

Sorprendió a todos, no dio tiempo a las autoridades a improvisar, no pudieron desviar las cámaras hacia el cielo de la oscura noche, no les dio tiempo a proyectar otra cosa en las pantallas. Los cogió “movidos”, como decimos aquí. Robertico supo con inteligencia aprovechar la oportunidad que se le presentaba. Eso no fue casualidad, era su más profundo sentir, al cual podía dar riendas sueltas, donde sabía que iba a ser escuchado, no como aquella carta abierta que hiciera a Harold Gramatges,  al frente de la sección de música de la UNEAC, en el año 2007 y que seguramente fue engavetada, tal vez con alguna que otra similares.

Ahora sólo nos queda estar muy al tanto de lo que pueda ocurrir con este artista y, utilizando la palabra y la escritura como medios eficaces,  tratar de impedir que se tomen represalias con este valiente músico. Estoy segura que usted, yo, todos, estamos de acuerdo en que “queremos muchas cosas más”.

Bochorno

Siempre oí decir de niña, que a esta hora del mediodía en que el sol arreciaba y los árboles no movían ni una sola de sus hojas, se le llamaba “bochorno”.

Salimos mi amiga y yo del turno de Internet y decidimos pasar por una de las tiendas cercanas al área, en busca de algunos productos de aseo. Nuestro primer impacto lo recibimos al llegar a una tienda nueva, dedicada exclusivamente a la venta de estos productos, cuando vimos un gran crespón amarillo en la puerta de entrada. Ahí nos dimos cuenta de inmediato, de qué se trataba, y parafraseando a Martí, le dije a mi amiga en broma: “No sé si estando esa bandera yo pueda entrar…”. Ella, casi empujándome, me dijo riendo: “Dale que no es una bandera, es sólo un trapo amarillo mandado a poner”. Entramos, ya riéndonos y en son de burla.

Inmediatamente interpelamos al primer empleado joven que vimos, luciendo en su pecho un improvisado lacito amarillo de papel de seda (ese que se usa para las moñas de regalo). “Seguro que eres devoto de la Caridad, pero ayer fue su día”. “No -respondió él- éste me lo han mandado a poner hoy por los héroes”. “Ah, por los espías -le contestamos al unísono. Bajó la cabeza y enrojeció. Entonces seguimos al mostrador donde se venden los tintes para el cabello e hicimos casi lo mismo con la empleada, quien de inmediato nos respondió: “Mi jefe me dijo que si era revolucionaria me lo tenía que poner. Imagínense yo trabajo para el Estado”. “Claro, -le dije-, si no te lo pones no eres revolucionaria y, por consiguiente, pierdes tu trabajo”. Se quedó callada mirándonos con ojos que imploraban piedad. La dejamos, pues dos compradoras en ciernes que estaban esperando, nos miraban aguantando la risa y asintiendo con la cabeza.

Salimos de allí y fuimos a una tienda por departamentos a mirar qué había, y nos encontramos con el mismo espectáculo: todos los empleados con lacito amarillo y moñas del mismo color en las puertas de entrada. Ahí volvimos a cuestionar a la pobre empleada que nos atendió y esta nos dio una respuesta similar a la anterior. Entonces le comenté, ya un poco impertinente, lo reconozco: “Con esta misma decisión, debimos haber defendido nuestras verdaderas tradiciones que nos fueron arrebatadas: el Día de Reyes, la Navidad, la Nochebuena…”.

Al “bochorno” de la hora tuvimos que agregar el nuestro propio, al tener que reconocer cómo nos hemos dejado manipular todos estos años y cómo, fatalmente, la mayoría de nuestra población se sigue sometiendo, debido al miedo inducido con que nos han estado nutriendo esta media centuria. Lamentablemente observaremos el día 12 a la mayoría de las personas, ostentando sumisamente algo amarillo, que en definitiva es también el color con que se ha identificado siempre la cobardía, y eso si ya es una tradición.

Nuevo curso, viejas deficiencias

Comenzó el curso escolar 2013-2014 arrastrando, en esta nueva etapa, todas las deficiencias y errores acumulados durante estos últimos treinta años.

Después de pasar por el trago amargo de conseguir los uniformes, mandarlos a arreglar, buscar algún otro de un hijo de una amistad que ya no lo use, para tener dos para intercambiar, conseguir los libros y con qué forrarlos, pagar en CUC libretas, pues las que da la escuela no alcanzan, los lápices, la mochila, las medias, las zapatillas o zapatos (la peor pesadilla de los progenitores), toda una inversión en moneda dura, la tarea de mayor responsabilidad, por lo que ella implica, es conseguir matricular a los hijos en una escuela (de las que le corresponden por el área de residencia), que cuente con maestros suficientes, pues el déficit de educadores es tal, que muchas aulas aún no tienen asignado profesor.

Cada día son menos los jóvenes que acceden a las carreras pedagógicas, entre otras razones, porque los salarios pagados son insuficientes, y no gozan de las condiciones mínimas ni del reconocimiento social para poder ejercer correctamente su profesión, amén de la carga ideológica que conlleva el ser maestro. Muchos de estos jóvenes, que un día fueron captados, finalmente terminaron por dejar las aulas, para ir a trabajar en el sector turístico o gastronómico, por encontrarlos mucho más atractivos y mejor remunerados. Entonces fueron convocados aquellos alumnos que no lograron puntuación para carrera alguna, y preparados en solo tres meses para ejercer el magisterio, amén de que introdujeron como sustitutos docentes en las aulas los televisores, provocando el sueño y el aburrimiento de alumnos y maestros, sin tener en cuenta que los errores en educación se pagan a muchos años vista.

Ahora el gobierno se queja de los tremendos déficits académicos que padecen nuestros educadores y educandos, cosa que impide a estos últimos acceder a las universidades, que dicho sea de paso, también han bajado mucho su nivel académico, debido a que la política y la ideología partidista han estado siempre priorizadas ante la docencia. Ahora mismo, se da el caso de que este curso escolar ha sido dedicado íntegramente a “los cinco héroes”. Para ello, por supuesto, no se ha contado con los profesores ni con los alumnos. Ya se parte desde un inicio a introducir un concepto erróneo, que se presta a confundir a los estudiantes. De nuevo la política por encima de la docencia.

Otro aspecto que hay que tomar en cuenta, es que son los padres fundamentalmente y los propios maestros, los que días antes del comienzo del curso, deben, con sus propios recursos, limpiar las aulas y las áreas escolares y, en ocasiones, hasta proveer la pintura con que se adecentarán éstas. Algunos padres, los que cuentan con ciertos recursos económicos, hasta compran ventiladores para asegurar un ambiente más agradable en el aula de sus hijos. Todo esto es ya una práctica común. Una vez más los ciudadanos resolviendo los problemas que corresponden al Estado, quien es el que finalmente se anota, ante la opinión pública, su “pírricos triunfos”, en este caso en la educación, una de las “banderas triunfantes” enarboladas por el socialismo, que está en estos momentos totalmente desgastada y raída.

Además, se habla constantemente de recuperar la educación formal, los buenos modales y las buenas costumbres sociales, y yo me pregunto: ¿quiénes fueron los principales responsables de que estas desaparecieran y se destruyeran, inculcando en los adolescentes la promiscuidad reinante en las obligadas becas y escuelas al campo, donde los buenos modales trasmitidos por la familia quedaron replegados, por considerarse conductas pequeño-burguesas?

¿Quien ha podido olvidar que fueron los propios profesores quienes, en muchas de las escuelas, en los años ochenta, proveyeron de piedras y palos a los estudiantes, por orientaciones de las autoridades, para reprimir a todo aquel que manifestara abandonar el país? Ahora, a quién debemos culpar de las conductas impropias, la vulgaridad y la marginalidad desarrollada en nuestra sociedad, donde los malos ejemplos han ido de la mano del deterioro económico y social durante casi medio siglo, donde el miedo inducido nos ha llevado a ser cómplices involuntarios con nuestro silencio.

Depredaciones de tumbas y robos de coronas

Los escándalos de robo siguen en los cementerios, a pesar de todas las denuncias publicadas dentro y fuera de la isla. Desde luego, aquí durante muchos años hubo un silencio cómplice por parte de la prensa oficialista, la única acreditada en el país. Pero con el desarrollo de la tecnología y el acceso, aunque bastante restringido a las redes sociales, esto parece habérseles escapado de las manos y ahora, de vez en cuando, en los periódicos locales aparece algún que otro comentario crítico sobre este escabroso tema.

Ya no solo es el Cementerio de Colón, quizá el más depredado, justo por ser el que más obras de arte de valor alberga, sino que también los camposantos bautistas, chinos y judíos, han sido objeto de vandalismo por parte, en estos últimos sobretodo, de practicantes de cultos afros, que utilizan huesos de difuntos (no bautizados preferiblemente), como ofrendas para sus prácticas “religiosas”, ante el impune y fácil acceso a los mismos.

Otro fenómeno que ocurre desde la aparición de las dos monedas, los pesos corrientes( CUP), en los que te pagan salarios y jubilaciones, y los pesos fuertes (CUC) en lo que estás obligado a comprar prácticamente todo, es la reaparición en los entierros de dos tipos de coronas: las pobres y escasas de flores, poco atractivas y burdamente confeccionadas en serie, con cinta de papel y letras en tinta violeta, ofertadas en la moneda corriente, y en ocasiones limitadas en cantidad, según el momento y el muerto, y las otras, en “moneda fuerte”, bien confeccionadas con hermosas flores importadas, cintas de tela para la dedicatoria en letras doradas y sin límite de oferta. A partir de entonces comenzó a producirse otro tipo más de robo: el de las coronas.

Es triste pensar en las personas que haciendo un sacrificio ofrecen a su familiar o amigo difunto una de estas bellas coronas adquiridas en moneda dura, que apenas concluido el enterramiento y dispersos los acompañantes al duelo, las mismas desaparecen “como por arte de magia” y son ofertadas en CUC, por supuesto, a otros dolientes no muy escrupulosos o sencillamente son desarticuladas para vender sus flores, a personas que ya tienen los contactos establecidos previamente para comprarlas. Esto ha traído como consecuencia que cada vez se ven menos ofrendas florales en las tumbas. Este tipo de depredación también suele ocurrir en algunos de los monumentos a próceres en la ciudad, donde delegaciones extranjeras depositan elegantes coronas, como ocurrió recientemente en el monumento a Eloy Alfaro en la Ave. De los Presidentes, e/15 y 17 en el Vedado.

Hasta el momento, que yo conozca, no existe una medida lo suficientemente efectiva como para detener esta miserable y criminal práctica. Tampoco tengo conocimiento que hayan sido devueltos a sus dueños, algunas de las esculturas o grandes crucifijos de bronce robados en estos últimos veinte años. El panteón de mi familia fue depredado, presenté la denuncia apoyada con fotos del antes y el después hace ya más de cinco años, y aún las autoridades competentes del cementerio no me han dado respuesta alguna.

Es vergonzoso que estos hechos sigan ocurriendo en pleno Siglo XXI, cuando más bien parecen prácticas del Medioevo, y se perpetren ante la aparente indolencia de las autoridades, que deben y tienen la obligación de velar por la conservación de nuestro patrimonio histórico y cultural.

Marginalidad y promiscuidad

Mucho se habla últimamente sobre el tema, después del más reciente discurso de Raúl, donde aborda estos problemas sociales, que antes eran sencillamente ignorados. Ahora los Medios constantemente hacen programas dedicados a este fenómeno social, en el tardío empeño de mejorar, lo que ellos mismos decidieron obviar durante todos estos años de revolución, haciéndose cómplices y copartícipes involuntarios.

La televisión, uno de los medios más importantes de difusión, es precisamente la que más ha incidido en programas y novelas, donde el lenguaje y los gestos vulgares han sido la constante, sin tener en cuenta la vieja y conocida frase de que “una imagen vale más que mil palabras”. Este medio, por tanto, es un “fijador” masivo de lo bueno y de lo malo.

Recuerdo que hace unos veinte años, en un famoso y popular programa de televisión de los sábados, conducido por una elegante y fina presentadora, cuando ésta, entrevistando al afamado actor español Echenove, le preguntó: “¿cómo le ha ido en su visita a Cuba?”, éste, totalmente desinhibido, le contestó: “pues me ha ido de pin…”. Ella, ruborizada, le dijo entonces: “discúlpeme, pero esa palabra es fea y no debe decirla”. “¿Cómo? -argumentó él-, no puede serlo, porque aquí todo el mundo la dice”.

En cuanto a la promiscuidad y los malos hábitos higiénicos, nuestra prensa hace énfasis en las infracciones cometidas por los particulares, y pasa con los ojos cerrados ante los problemas causados por los malos manejos administrativos y la constante falta de higiene, en la manipulación de alimentos practicada en los establecimientos estatales. El ejemplo más representativo es el de la venta de carne de puerco sin refrigerar en los agro-mercados, amén de que la misma es transportada sin ninguna higiene en vehículos al aire libre y, hasta en ocasiones, con trabajadores sentados sobre las piezas de carne.

Se critica también cómo y dónde se enjuagan las tacitas de café, que se vende recién colado en los diferentes establecimientos privados y públicos, así como el agua con que se hacen los jugos de frutas que se ofertan, la incorrecta manipulación de determinados alimentos, etcétera y, lo que nunca se mencionan es, dónde fue que se aprendieron todas estos malos hábitos que nos recuerdan al Medioevo.

¿Acaso los trabajos voluntarios, las becas y las escuelas al campo no fueron la génesis de toda esta promiscuidad que trajo consigo además, muchas de estas indisciplinas sociales? ¿Con qué condiciones contaban los campamentos y esas escuelas, para que estas situaciones no se produjeran, debido principalmente a la falta de agua potable y de instalaciones adecuadas, obligando a muchos de los estudiantes a tener que hacer sus necesidades, mayoritariamente “a campo traviesa”, como los animales? ¿Por qué entonces no se tomaron las providencias adecuadas para que esto no ocurriera, sino que todo lo contrario, las mismas se fueron estableciendo como prácticas normales?

Por otra parte, también ahora se está atacando el fenómeno del ruido y de la música a altísimos decibeles, que hacen que las personas griten para oírse, y molestan a los vecinos, obligándolos a escuchar lo que no desean. Esto también ocurre en muchos ómnibus, donde además del apretujamiento, el calor y los malos olores, también debes soportar estoicamente el ruido ensordecedor de la música, impuesta por el chofer o la de algún indolente y mal educado pasajero, al que no le importa molestar al resto de los ocupantes del vehículo.

“Nunca es tarde si la reacción es buena” -diría yo, parafraseando una vieja máxima, ante la nueva preocupación de los Medios, pero lo que me molesta extraordinariamente, es que hayan tenido que esperar casi medio siglo, a que Raúl lo dijera en un discurso, para “adquirir conciencia” de ello, además de que, como se ha hecho ya habitual, siguen atacando a los efectos, pero sin tener el valor suficiente de denunciar las causas y, sobre todo, a los causantes de estos y otros males sociales.

Pequeños negocios

A pesar de la propaganda negativa emitida a través de los medios oficialistas, siempre una gran parte de la población, sobretodo los jóvenes, han imaginado de alguna que otra manera el retorno del capitalismo, aún sin conocerlo, único sistema que en definitiva permite soñar.

Desde hace casi veinte años, cuando se comenzaron a dar, con cierta mesura, las primeras licencias para pequeños negocios privados, estos sueños cobraron fuerzas. Fueron los paladares los que prácticamente abrieron el banderín, conjuntamente con el alquiler de viviendas o habitaciones para el turismo y los autos viejos de antes del cincuenta y nueve como taxis. De esos de entonces quedaron solo los más fuertes, debido entre otras cosas, a la gran cantidad de restricciones que tuvieron que sortear, así como a las presiones de todo tipo que debieron soportar.

Hoy proliferan en el país gran cantidad de pequeños negocios privados, y el diapasón temático de los mismos cada vez se amplía más: paladares, dulcerías, guarderías, fregado y encerado de autos, gimnasios, peluquerías, barberías, servicios de fotocopias, pequeñas boutiques, organizadores de fiestas y bodas, alquileres de trajes para eventos, salas de películas en tercera dimensión, y hasta algún que otro spa, por solo mencionar algunos. Todos ellos en el ramo de servicios y ninguno de producción.

Ahora bien, ¿cuál ha sido y es el denominador común que frena el desarrollo de todas estas iniciativas? Sencillamente, y en primer lugar, la no existencia de mercados mayoristas y la ausencia de leyes que autoricen la importación de los insumos necesarios, para lograr una correcta infraestructura en el establecimiento y la ampliación de dichos negocios. Otra de las cosas que más están afectando a éstos es la demanda, que en el caso específico de los paladares, está muy por debajo de la oferta. Sin embargo, no se da la misma situación, cuando se trata de los famosos “timbiriches” a puerta calle, que pululan ofertando escasos refrigerios, algunos de sospechosa higiene, a un costo relativamente bajo, siempre y cuando no los comparemos con los salarios y jubilaciones percibidos.

Por otra parte, existen los negocios mejor ubicados, donde se nota una fuerte inversión. Están, en su mayoría, respaldados por un capital inicial, que puede ser proveniente de la FE (familia en el exterior), la unión filial con extranjeros ó el de los hijos de algunos altos dirigentes, quienes poseen las mejores residencias de este país, debido en parte a las relaciones de sus progenitores, y el mucho dinero “ahorrado” durante este medio siglo de sus familias en el poder.

Ahora aparece una no tan nueva modalidad: las cooperativas de nuevo tipo (servicios, artesanos y otros), donde se agrupan para brindar sus oficios o vender sus productos, pero en el primero, se adolece casi siempre de la ausencia de productos, siendo el cliente quien deba llevarlos para poder recibir los beneficios, como es el caso del antiguo garaje de Mayía Rodríguez y Santa Catalina, que ahora se llama “Cooperativa Novedades”, siendo ésta más bien un nombre para una quincalla, y no para un establecimiento de este tipo, sin respetar aquel otro más apropiado, por el que siempre se le conoció. En este caso el cliente deberá llevar la cera, los lubricantes etcétera, hasta el detergente.

En fin, a mi modo de ver, esto más que una solución es un entretenimiento y una manera que tiene el gobierno de ganar tiempo, pues no son medidas profundas, que puedan cambiar ni sanear la ya exhausta economía de nuestro país. Sigamos pues “Jugando” a este capitalismo salvaje, ya que desde una perspectiva optimista, lo podemos asimilar como un entrenamiento necesario para un futuro no tan lejano.

20 de agosto de 19 68

Praga Estaba como diplomática en París, donde vivía con mi esposo y mi pequeño hijo de año y medio, cuando se me presentó un problema que debía resolver a la mayor brevedad. Para ello debía viajar a Praga, la capital de la entonces Checoslovaquia, a ver a las personas que me ayudarían en este empeño. Llevaba una carta de presentación para alojarme en la residencia que ocuparan los entonces embajadores de Cuba en ese país, a los que personalmente no conocía, pero con quienes mi esposo tenía una vieja amistad.

 Tenía gran excitación con el viaje, pues iba a ser el primer país socialista que conociera, después del nuestro. Muchas fueron las advertencias que me hicieran “los compañeros de la seguridad” cubana en París, sobre las cosas a las que me podía enfrentar en esa capital. Por ejemplo, el cambio de dólares en bolsa negra y “otras tentaciones”.

 Llegué el 20 de agosto de l968, a las doce del mediodía. Apenas descendí del avión de Air France, fui interceptada por algunos checos que me ofrecían cambiar dólares, pero como ya estaba “advertida”, les contestaba en checo: “no tengo”. Esa era la única frase que sabía repetir en ese idioma.

 Un funcionario de la Cancillería y el chofer del embajador cubano, que me esperaban, me condujeron de inmediato a la residencia de éste, justamente ubicada en un barrio alto, que quedaba camino entre el aeropuerto y las viviendas de los soviéticos. Entregué la carta y me presenté ante el embajador, su esposa y su cuñada, que en esos días estaba en Praga. Me alojaron en una de las habitaciones de los altos de esa hermosa y antigua residencia: una amplia pieza con baño.

 Esa misma tarde disfrutamos de una rica cena preparada por el cocinero checo, consistente, entre otros deliciosos platos, de una inolvidable ensalada de vegetales crudos, aderezados con aceite de oliva y abundante queso de cabra esparcido sobre éstos. Esta receta, según me informaron, era típica de este país. Mientras hacíamos la sobremesa, me advirtieron que no me inquietara si durante la noche oía ruido de hierros, que eso se debía a que por detrás de la casa había una línea férrea, y el tren pasaba varias veces durante la noche. Finalmente, aunque la conversación era muy agradable, estaba fatigada por el viaje y me excusé para retirarme a descansar, además de que los embajadores tenían un bebé de apenas unos meses de nacido, y no quise abusar de la hospitalidad brindada. Efectivamente, esa noche el tren estaba verdaderamente insoportable: toda la madrugada el constante ruido de hierros rozando las líneas, apenas me dejó dormir.

 Muy temprano me metí en el antiguo baño todo blanco, para asearme y prepararme para acudir a la cita, que previamente tenía acordada desde París, a la que acudiría acompañada por la esposa del embajador, quien amablemente se había brindado para servirme de guía. Una vez lista, bajé las escaleras y me encontré con mi anfitriona. Sonriente le di los buenos días y le dije: “ya estoy lista, cuando quieras podemos salir”. En ese momento, aquella dulce mujer, con cierta crispación me responde: “¡No podemos, estamos ocupados!”. El tono en que me habló me resultó extraño, pero como la sabía recién parida le contesté: “no importa, yo espero a que se desocupen, no es molestia alguna”. Ella, aún más airada, casi me gritó: “¡Es que estamos ocupados por las tropas del Pacto de Varsovia!”

 Fue entonces que observé la casa llena de mujeres y niños, correteando éstos por los salones. Las mujeres nerviosas, apenas lograban controlarlos. Como quiera que la amplia escalera que conducía a los altos era de madera, ésta, al estar invadida por el sube y baja de los pequeños, producía un ruido atronador: parecía que los tanques soviéticos estaban verdaderamente dentro de la casa.

 El cocinero y la empleada de limpieza, de nacionalidad checa, por supuesto se marcharon hacia sus respectivos hogares. Surgió entonces el inconveniente de quién se haría cargo de cocinar para tantas personas: casi un centenar, entre niños y sus respectivas madres, a los que el embajador alojó en su residencia por cuestiones de seguridad. Los hombres se encontraban concentrados en grupos, ocupando los locales diplomáticos de la Embajada, Oficina Comercial y Prensa Latina respectivamente.

Como quiera que persona alguna se ofreciera para ocuparse de confeccionar los alimentos, a las personas que estábamos en la Residencia, yo levanté mi mano y me comprometí a hacerlo. Había algunos niños en edad de puré. Pronto se acabaron las reservas de alimentos de la familia, así como las peras y manzanas de los árboles del patio trasero, con las que hice compotas y mermeladas,

 El gobierno checo había decretado toque de queda, por lo que solamente podíamos abandonar la casa, para buscar abastecimientos, con un salvoconducto, algunas personas, entre ellas, dos compañeros de la seguridad y yo, a fin de hacer las compras en los mercados destinados al servicio diplomático. Esto me permitió observar la ciudad: sobre la pátina gris que había ido dejando a su paso el socialismo, ahora se extendía la oscura sombra de una invasión, entristeciendo a la antigua y hermosa ciudad. El museo de la Plaza Wenceslao, mostraba ya en su fachada las cicatrices de los primeros encuentros con los invasores.

 Praga amaneció con todos los letreros de los nombres y números de las calles tapados con pintura negra, así como las placas de bronce en las viviendas de los profesionales. Letreros negros de: “Hijos de Iván, váyanse a casa”, “Praga un segundo Vietnam”, flechas indicando la salida, que decían “Moscú a 1,849 kilómetros”, mostraban el enfado y el desacuerdo ciudadano por la ocupación del país. En los parques y plazas estaban emplazados los tanques y soldados, y colocadas en medio del césped grandes marmitas, donde se cocinaba el rancho para éstos. La ciudad mostraba su cara más triste.

Yo, que solamente necesitaba permanecer tres o cuatro días en ella, y por tanto llevaba muy pocas mudas de ropa, así como mis maquillajes y efectos personales de aseo, me vi casi obligada a utilizar éstos últimos, sobretodo la laca para el cabello, en una improvisada peluquería, que yo misma montaba en el salón de estar, en las tardes, para entretener a las mujeres y así tratar de evitar que los nervios estuvieran a flor de piel todo el día.

 De más está decir la de fantasías que tuve, como esa de irme, “pidiendo botella” (auto stop) de tanque en tanque hasta llegar a la frontera y allí tomar un avión para Francia, donde había dejado con su papá a mi pequeño hijo, al que extrañaba un horror y del que nada sabía, por no poder mantener comunicación, a causa de la situación del país. Éstas estaban cortadas y los aeropuertos cerrados. El ambiente era incierto y estresante, amén de que todo se agravó con relación a nosotros, los cubanos, cuando Fidel desde La Habana, hizo declaraciones apoyando la ocupación. Hasta ese momento, cuando salíamos en el auto de la embajada, los checos nos daban facilidades. A partir de entonces, la cosa se puso fea y nos ponchaban las llantas de los vehículos donde los dejábamos aparcados, y arrojaban frutas y huevos podridos en las fachadas de los inmuebles, donde se sabía vivían o se alojaban cubanos.

 Muchas vicisitudes tuve que pasar para cocinar para tantas personas, en una espaciosa pero antiquísima cocina, con apenas unas hornillas de gas y el resto de carbón. El par de compañeros que “me asignaron”, no sé si para que me cuidaran o yo cuidara de ellos, me ayudaban como pinches de cocina y siempre estaban detrás de mí, tratando de averiguar cómo me las arreglaba, en medio de aquel caos, para estar siempre maquillada y lista desde horas muy tempranas. Por aquel entonces estaba de moda en París, dibujarse las pestañas de la parte baja del ojo, con un fino delineador. Yo ya era experta en ello. Siempre trataban se sorprenderme, cada vez más temprano subían a buscarme, jamás se dieron el gusto de pillarme desprevenida. Esto se convirtió en una especie de juego, que servía para relajar un tanto las tensiones.Así fueron pasando los días, hasta que finalmente reabrieron los aeropuertos. A estas alturas, mis ropas estaban bastante ajadas, y se me habían terminado los maquillajes.

Recuerdo que camino a la terminal aérea, le pregunté al chofer si el sabía bastante checo, como para parar en una farmacia y comprarme laca para el cabello, a fin de no llegar a París en semejante talante. Muy dispuesto me dijo que si, y se bajó en una de las farmacias que nos quedaban en el camino. Regresó al auto con un largo tubo de metal gris, donde aparecía una cara de mujer con una abundante cabellera esparcida al viento. Me dijo con mucha seguridad, que esa era la mejor laca de toda Praga. Me peiné en el auto y me eché aquella cosa, e inmediatamente mi cabellera comenzó a impregnarse de un líquido aceitoso que olía a medicina. Era un tratamiento capilar. Mi enfado no tenía límites, al igual que su desmesurada risa. No importa, le dije, cuando lleguemos al aeropuerto, me compraré un pañuelo de cabeza para esconder este desastre.

 Una vez en la terminal aérea pude observar que todas las tiendas estaban cerradas, por lo que abordé el avión en esas condiciones. Ya dentro de la nave, pude comprarme un pañuelo de seda que me costó carísimo, como todos los artículos que se ofertan en vuelo. En el diminuto baño de la aeronave logré cubrirme toda la cabeza con servilletas de papel, para no estropear aquel precioso pedazo de tela, firmado por Christian Dior.

 Así descendí de la nave, en el aeropuerto de Orly, donde me esperaba mi esposo con mi hijo en brazos. Ya no me importaba mi imagen, la de ellos borró en un segundo la angustia experimentada por la separación y la incertidumbre vividas durante aquellos veintitrés días. Regresé habiendo pasado por una gran experiencia y con unas cuantas frases más aprendidas en ese idioma eslavo, que aquí no me atrevo a repetir.

Receta sencilla en un país complicado

Antes de comenzar tenga todos los ingredientes a mano.

Panetela

Ingredientes:

2 y ½ tazas de harina.

2 y ½ tazas de azúcar blanca.

6 huevos

½ cucharadita de sal

1 cucharadita de Royal

Una pizca de nuez moscada

¼ taza de jugo de limón o naranja

Procedimiento:

Encienda previamente el horno.

Engrase un molde y fórrelo con papel.

Pase por un tamiz ó colador los ingredientes secos. Separe las claras de las yemas. Bata las claras a punto de merengue y agregue podo a poco el azúcar sin dejar de batir. Añada una a una las yemas. Vierta esta mezcla en el recipiente donde están los ingredientes secos, sin batir, envolviéndolos poco a poco hasta quede una mezcla homogénea. Viértala en el molde y hornéelo a 425 grados, durante 20 minutos.

Si usted vive en “mi planeta”, y ha logrado reunir los seis huevos, conseguir la harina, ya bien sea en la tienda en CUC o en la “bolsa negra”, tener por casualidad un poco de nuez moscada, (si no pídale un poco a una amiga que viaje,) tener un limón, porque lo ideal sería naranja, pero no la hay en estos momentos, “ni en los centros espirituales”, entonces usted verá qué fácil resulta hacer esta rica receta, para acompañar un buen desayuno o la frugal merienda- comida de las tardes.

Por favor, no se queje, que estas son recetas bien sencillas para un país bien complicado.

Eufemismos deportivos.

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En estos días en las pantallas de la televisión, afortunadamente, han dedicado uno de los pocos canales existentes, a retransmitir diferido y en ocasiones directo, las competencias del Campeonato Mundial de Atletismo 2013, que se están celebrando en Moscú.

Para disfrutar de este magnífico espectáculo, hay que hacer abstracción de la narrativa cubana. Lo que para todos es una competencia, para la oficialidad es “una batalla”. Mientras que todos los atletas de los diferentes países, salen a participar con el cerebro, las piernas, los brazos, etcétera, los cubanos salen a “combatir con el corazón en la mano” (algo bien difícil e incómodo) a mi modo de ver.

A los “guerreros cubanos” parece desconcentrarles el ruido en el stadium, cosa rara para personas que viven  en un país como el nuestro, donde se hace tanto ruido a toda hora, mientras  que a los atletas de los otros países esto no parece afectarles hasta el punto de desconcentrarlos,  como en el caso de la saltadora con pértiga Yurisley Silva, que por eso no logró mejor marca, según dijeron nuestros narradores. Igualmente pasa con las presiones del público, que parecen afectar solo a los cubanos y no a competidores como Elena Isimbaeva, que no sólo iba por el oro, sino que ya había anunciado su retiro, motivos éstos para estar más que presionada, y no obstante lo obtuvo.

Finalmente, lo que más ridículo encuentro es que cuando un participante cubano gana una medalla, es raro que no se la dedique  a Fidel, antes que a su familia. Nunca he visto a ningún atleta de otro país dedicar su presea a los mandatarios de turno, sino a sus seres queridos. Otra cosa que llama mucho mi atención, y ya para concluir mis disquisiciones, es que cuando un cubano gana medalla de bronce, ésta suele brillar más que el oro.

De verdad les digo que, con todo lo que me gusta el deporte, tengo que hacer de tripas corazón para no indignarme con la parcialidad, los gritos  y  las barbaridades,  con las que suelen acompañar  sus narraciones los especialistas cubanos en deportes y en la especialidad de  eufemismos.

Curiosos aniversarios

Este parece ser un año de diversas y curiosas celebraciones. El aniversario más “cacareado” de todos, es el sesenta de lo que tu sabes… También está el de los cincuenta años de Radio Enciclopedia, los cuarenta del ejercito Juvenil del Trabajo, y sobretodo uno muy curioso, el treinta y cinco aniversario de La Isla de la Juventud, al parecer “borraron de un plumaso” a la Isla de Pinos, que tiene tantos años como su hermana mayor, la isla de Cuba.

Hoy vino a visitarme mi amiga Lisa, cuya hija tiene veintisiete años y está embarazada. Ella me cuenta que la está acompañando al Hospital “González Coro”, antigua clínica “Sagrado Corazón”, y oyéndome comentar sobre la avalancha de aniversarios y conmemoraciones de este año, me dijo que también sería bueno agregar a esta lista, la gotera de agua que cuando ella estaba gestando a su hija y acudía a esta misma consulta, estaba allí presente. Que entonces colocaban un cubo de metal debajo de ésta para recoger el agua que caía. Me dice que ahora existe la misma gotera, pero que ya más bien parece un salto de agua, y ahora colocan una gran caja plástica para seguir recogiendo el “preciado líquido”, pero como ésta de vez en cuando se rebosa, salpica el suelo de granito por donde pasan las embarazadas, con peligro de resbalar y caerse.

El falso techo, podrido por la humedad, en la zona del salidero está al desprenderse, pero esto no parece inquietar a nadie. Cuando ya no se puedan dar consultas se clausurará esta zona, y más adelante todo el hospital, como ha sucedido con su homólogo el “Clodomira Acosta” que está en absoluta ruina desde hace años, o como el de “Maternidad de Línea” que está prácticamente cerrado, por solo mencionar algunos de los de esta especialidad. Este salidero cumple ahora al igual que su hija, veintisiete años y sigue ahí, como la Puerta de Alcalá, “viendo pasar el tiempo”, ante la aparente indiferencia del Director del hospital, personal médico, el Ministerio de Salud Pública y hasta los mismos pacientes. ¿Será acaso éste también, otro curioso aniversario a celebrar?

¿Ir de tiendas?

Hoy en día el término “ir de tiendas” está en absoluto desuso, ahora se dice más bien “salir a buscar”. Ese dejó de ser hace muchos años un paseo para disfrutar. El solo hecho de enfrentarse a la realidad de un transporte casi inexistente y a las altas temperaturas de verano, es suficiente como para pensarlo dos veces. Aún así, ayer, de nuevo fui con mi amiga para “hacerle la media” (como decimos aquí), en la búsqueda y captura de una llave de agua para su lavamanos, que además se ajustara a su débil presupuesto. En esta ocasión iríamos a recorrer las tiendas de Centro Habana.

Hacía más de treinta años que yo me negaba a visitar estos antiguos comercios, otrora los más famosos de la ciudad. Recuerdo que a la convergencia de las calles Galiano y San Rafael, antes del año cincuenta y nueve le llamaban en broma “la esquina del pecado”, porque era una especie de tentación para los hombres, acudir a observar el desfile de hermosas y bien vestidas mujeres, que solían ir de compras por estos predios, así como disfrutar la imagen de las bellas y bien maquilladas empleadas de las tiendas ubicadas en la zona.

Para mí fue un acto de solidaridad para con mi amiga el acompañarla, pues me había hecho el propósito de no frecuentar nunca más estos lares. El primer choque emocional fue enfrentarme a una tienda llamada Transval (el antiguo Ten Cent), del que aún guardo en mi memoria un bello recuerdo. Para ello tuvimos que pasar por la desagradable e inevitable experiencia de vernos obligadas a dejar nuestros bolsos, en una casilla, teniendo que sacar de ellos, para llevar incómodamente en nuestras manos, todas las pertenencias de valor: monedero, celular, espejuelos, llavero, etcétera, pues según letrero ubicado en el lugar, no se hacen responsables de pérdidas en los bolsos bajo custodia. O sea, que estamos a expensas de que ellos mismos nos roben, además de tener que dejar como garantía el carnet de identidad, cosa esta que está prohibida por el Ministerio del Interior.

Entrar a Transval fue para mí un impacto brutal. De aquel otrora confortable, agradable y bien abastecido “Ten Cent”, solo quedaba su estructura arquitectónica y sus bellos suelos de granito en portales e interior del local, así como sus escaleras, también de este material, increíblemente bien conservadas. Fuimos de inmediato a la sección de ferretería, pero el precio de los artículos allí expuestos, era prácticamente inaccesible, por lo que continuamos la minuciosa búsqueda, hasta que finalmente, en el lugar menos apropiado, dimos con la llave que podía adquirir mi amiga, en CUC, naturalmente. De ahí salimos para entrar en la antigua joyería “La Casa Quintana”, cuyo bello logo se mantiene en el portal a la entrada, hoy devenida en departamento de lámparas de la tienda de marras. Después pasamos por “El Bazar Inglés”, oscuro y caluroso local, donde se exponen y venden, en pesos corrientes, artículos muy poco atractivos de industrias locales.

Nos dirigimos hacia “La Época”. El recorrido fue agotador. Visitamos todos los departamentos, a pesar de que sabíamos no íbamos a comprar nada, pues mi amiga quería aprovechar para ir viendo opciones de ropa y zapatos para su esposo e hijo, para cuando tuviera dinero, por lo que me hizo subir y bajar infinidad de escaleras, no solo en ésta sino en las otras tiendas que visitamos anteriormente, ya que en casi ninguna funcionan las escaleras rodantes, aún donde las hay.

Cuando regresamos al punto de partida, al observar el parque Fe del Valle, lugar donde se encontraba ubicada la tienda más emblemática y hermosa de la ciudad de La Habana, “El Encanto”, no pude evitar pensar que, a no ser por el trágico fallecimiento que se produjo en aquel fuego, fue el mejor final para aquella tienda, famoso símbolo de la elegancia y la cultura cubanas, que al menos desapareció en todo su esplendor, y no terminó como ha sucedido, con sus vecinas, Flogar, Fin de Siglo y La Época, por solo mencionar algunas, quienes han terminado siendo tristes caricaturas de ellas mismas.

Kafka’s shopping.

Ayer, ante una nueva frustración por no habernos podido conectar en Internet, mi amiga y yo decidimos hacer un recorrido por las tiendas de la zona. Ella necesitaba una llave de agua para su cocina, y yo no llevaba dinero, así que solo iba a mirar.

Llegamos al complejo de tiendas de 5ta y 42, nombre con el que se le conoce. Fuimos de inmediato a la ferretería y vimos las escasas ofertas exhibidas en las vidrieras. Entre ellas hubo una que llamó la atención de mi amiga: una llave de tiro rápido, bastante aceptable y rebajada de 11 a 4 CUC. Se ajustaba a su magro presupuesto, por lo que se dispuso de inmediato a llamar al vendedor, para que se la mostrara. Al comentarle sobre la oferta de precio, éste le respondió que la llave tenía un defecto, que goteaba. Entonces mi amiga la rechazó y le comentó que, precisamente buscaba una porque la suya también goteaba y ella quería solucionar el problema.

Después registramos los demás departamentos, todos tan escasos de mercancías que daba la impresión de que se había producido un gran robo, cosa ésta que comentamos con una de las empleadas, que nos viró la cara por respuesta. Aquello parecía, más bien, un set para filmar San Nicolás del Peladero. Seguimos fisgoneando y llegamos al departamento de mercería, donde suelo comprar habitualmente algunos de los materiales para mis trabajos.

De pronto descubro en una de las vidrieras de exhibición, un flamante pedal para máquina de coser eléctrica, y como justamente yo había comprado la mía allí hace ya unos años, me dio alegría pensar que aún quedaban estos repuestos. También este estaba rebajado de precio. La tarjeta que marcaba 11.45 CUC estaba rayada y decía 7.95 CUC. Qué bien, pensé, lástima que no traje dinero, pero la semana próxima cuando vuelva por estos lares lo compraré.

Llegué a casa toda sofocada por el inmenso calor de la calle y la demora de las guaguas, y corrí directo al baño a lavarme cara y manos y cambiarme de ropa, por algo más fresco. Cuando le comenté a mi esposo lo del pedal eléctrico y la rebaja de precio, me dijo, vuelve a arreglarte, pues creo que debemos ir ahora, porque si quedan solamente unos pocos o solo ese que está en la vidriera, éste es el momento de comprarlo.

Llegamos a la tienda y, cuando le pedí a la empleada que me mostrara el pedal que estaba rebajado, pues lo quería comprar, ésta sin inmutarse me dijo: “si está rebajado es porque está roto y no funciona”. ¿Cómo es posible-le dije- que ustedes pongan en la vidriera, a la venta, un artículo que no sirve, además a semejante precio y en divisa?, La mercancía inservible, sencillamente no se saca a la venta bajo ningún concepto, es engañar al público, es inmoral hacerlo, esto es absolutamente kafkiano-agregué. Ella se mantuvo en silencio, pues me conoce como clienta, y nosotros salimos de allí como almas que se lleva el diablo.

Lamentablemente este no es un hecho aislado, suele suceder con increíble frecuencia, siendo casi una práctica habitual, vender artículos muy dañados o inservibles en sus funciones para las que fueron diseñados, con unas rebajas de precio que más que un atentado al bolsillo del cliente, es una absoluta falta de respeto al mismo.

Carnaval de La habana, otra tradición perdida

Carnaval de La Habana, otra tradición perdida.

Cuando empezaba el mes de febrero, los medios masivos (radio, televisión y prensa plana) comenzaban a promover las fiestas del Rey Momo. Toda la ciudad se contagiaba con las expectativas de tan grandiosa celebración. Mayores y niños solían disfrutar por igual de estos festejos que siempre se celebraban en este mes, durante cuatro fines de semana, previos a la Cuaresma.

Días antes de la fecha señalada para el inicio de éstos, ya los postes eléctricos de las calles de la ciudad exhibían, a modo de ornato, los carteles premiados mediante concurso, así como grandes fotos de la Reina y sus Damas en las vidrieras de las principales tiendas, las cuales habían sido elegidas por un prestigioso jurado.

Recuerdo que cuando niña, mi familia solía alquilar un palco en los carnavales, para disfrutar de más comodidad, mientras veíamos pasar la interminable legión de carrozas bellamente engalanadas, con jóvenes muchachas a bordo, unas veces muy vestidas y otras escasas de ropa (enfrentándose a las temperaturas frías de febrero), según la temática que deseaban representar los patrocinadores de dichos escenarios rodantes. Después, seguían los automóviles convertibles ó descapotables y camiones, bellamente decorados. De todo esto, lo que sin lugar a dudas, levantaba más expectativas, era la carroza de la Reina con sus Damas de honor.

Como colofón, el paso de las comparsas con sus vistosos trajes, portando algunos de ellos enormes farolas, siguiendo el ritmo de sus originales y bien estudiadas coreografías. Entre las más aclamadas siempre estuvieron la de los Guaracheros de Regla y El Alacrán, ésta la más antigua de todas. Otro de los espectáculos que más captaban la atención, eran las arriesgadas acrobacias del Pelotón Acrobático de la Policía Motorizada, con sus chaquetas rojas y sus ajustados pantalones negros, resaltados por altas botas y polainas acharoladas, conduciendo sus impresionantes motos Harley-Davidson. El paseo siempre se abría con profusión de fuegos artificiales.

Una vez finalizado el desfile, los muchachos, desafiando las prohibiciones familiares, nos lanzábamos a la calle para recoger las serpentinas arrojadas a la vía y confeccionar enormes esferas con éstas, para luego hacerlas rodar calle abajo. El que lograba la más grande, se sentía, sin que nadie se lo manifestara, como una especie de campeón.

El desfile tenía un largo recorrido, saliendo de los predios del antiguo Palacio de los Deportes, siguiendo por todo Malecón hasta tomar el Paseo del Prado, dando la vuelta en la Fuente de la India y recorriendo nuevamente de regreso el Prado, retomando Malecón hasta el punto de partida, donde se aparcaban las carrozas. Muchas personas durante el desfile, solían cruzar de una acera, a la de enfrente, para volver a ver las carrozas en su viaje de regreso.

Llegó el año 1959, y estas alegres fiestas, fueron perdiendo esplendor. Al principio lentamente y después en forma abrupta, cuando se nacionalizaron todos los comercios y se perdió el patrocinio de éstos, al no existir ya la publicidad. Es de resaltar, que los carnavales de La Habana antes de este año, estaban considerados entre los más famosos del mundo.

Yo logré alcanzar un poco del brillo que aún les quedaba, cuando salí electa Lucero en el año 1963. Para entonces, se había cambiado ya la terminología de Reina por Estrella y de Dama por Lucero, por considerar las anteriores como una expresión de la pequeña burguesía. Ya no bastaba con ser bonita, tener cultura y poseer buenos modales, ahora además, y como elemento muy importante, ser una persona “integrada” (estar trabajando o estudiando y participar en eventos políticos). También los obsequios ofrecidos a las ganadoras dejaron de ser relevantes. Aún se mantenía la tradición de exponer grandes fotos de éstas en las vidrieras comerciales.

Recuerdo que para entonces yo trabajaba en el Ministerio de Comercio exterior, en una de sus empresas. Una tarde, pasó muy apurado, recorriendo todas las oficinas, el Secretario del sindicato, para anunciarnos, a todas las muchachas que allí laborábamos, que al finalizar la jornada no nos marcháramos porque se iba a efectuar una asamblea para elegir a los macheteros permanentes para la zafra, y también a la estrella que representaría a la empresa en estos festejos.

Para sorpresa mía, yo resulté la favorecida. La próxima selección sería entre las más de doce empresas que componían el ministerio, y así determinar la que sería su representante. Volví a resultar electa. Después, se imponía competir entre todos los organismos que pertenecían al sector de la Administración Pública, para escoger a la Estrella del mismo, quien posteriormente competiría a nivel nacional.

Así fue como una noche, me vi en la Ciudad Deportiva, compitiendo con todas las estrellas de todos los sindicatos. Entonces resulté electa primer Lucero del Carnaval de La Habana 1963. Nunca más volví a acudir a estas celebraciones, a pesar de que, durante algunos años estuve recibiendo invitaciones para el Palco Presidencial. Ya los carnavales que de niña me gustaban tanto, habían desaparecido, y solo quedaba de ellos una triste caricatura. Amén de que la celebración de todos los festejos, incluyendo éste, se trasladaron “por decreto”, para el mes de julio, justamente, cuando el calor se hace insoportable.

Este fin de semana habrá una triste caricatura de carnavales en un reducido tramo del Malecón, donde abundarán bebidas alcohólicas y las repetidas ofertas gastronómicas. La chabacanería y la marginalidad, como es ya costumbre, reinarán en estas fiestas.

Desconexión

Imagen

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Foto. cubanet.org

Hace días que estoy completamente desconectada. Cuando digo esto, me refiero a la imposibilidad de recibir noticias del exterior por la onda corta, y sobre todo a la falta de Internet. Desde luego, en esta misma situación está la mayoría de la población cubana. , al menos, gozo de un par de horas de conexión los lunes y otro par los viernes, aunque no siempre: ¡del lobo, un pelo!

En estas jornadas de absoluta obscuridad informática, he hecho un tremendo esfuerzo por permanecer frente al televisor para monitorear Telesur y el Noticiero Nacional, así como la radio nacional, con la esperanza de que arrojaran alguna luz sobre el conflicto del barco norcoreano, que transportando “armamento obsoleto” (misiles y aviones con combustible), fueron cargados en nuestro país y ocultados burdamente bajo sacos de azúcar. El resultado ha sido: silencio absoluto sobre el caso.

Si he podido escuchar alguna que otra nueva información al respecto, se la debo a un amigo que, en condiciones excepcionales, disfruta a diario de un rato de conexión. Él es quien me ha mantenido, más o menos al día, de lo acontecido al respecto en el Canal de Panamá con el barco, su capitán y tripulación, así como de las declaraciones del presidente Martinelli. Por tanto, al no recibir información a través de los medios de mi país, me considero, como cualquier otro ciudadano, con todo el derecho del mundo a especular sobre este chapucero acontecimiento.

Este espectáculo circense, montado quien sabe por quién, rechaza cualquier tipo de análisis coherente. Estamos en pleno Siglo XXI, donde el seguimiento e inmediatez de la información es prácticamente incontrolable. ¿Cómo es posible que pretendieran transportar esa “delicada mercancía” en un barco norcoreano (país sancionado por la ONU), que por demás estaba ya fichado con antecedentes por tráfico de drogas? Qué explicación van a dar de este hecho, que no sea como la insulsa nota emitida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba?

¿Será que estaban buscando un burdo pretexto, para abortar todo intento de acercamiento político con el vecino del Norte, para no dejar al descubierto las incapacidades del régimen cubano, así como la falta de una verdadera voluntad de realizar cambios reales y profundos en la política doméstica?

Que se cuiden, porque la zafra ha sido muy pobre y el azúcar no alcanza para seguir tapando chapuzas.

Otro domingo más

Debido al secretismo informático, institucionalizado en “mi querido planeta”, hemos tenido que enterarnos por ahí, “a retazos”, de todo este jaleo de los “misiles azucarados” cubanos en el barco norcoreano. Hecho este, que por supuesto, ha exacerbado la imaginativa especulación criolla.

Finalmente, nos sorprende un domingo más, para mí, el día más aburrido de la semana. Siempre me juré a mí misma, que si en algún momento se me acercaba un pretendiente con este nombre, y me gustaba tanto que no podía renunciar a él, le llamaría Tito. Quizá a usted le suceda algo parecido, sobretodo, a partir de horas de la tarde, cuando se nos va acercando más la inminencia de un nuevo lunes de trabajo.

Entonces, si usted también pertenece al club de los que no soportamos los domingos, ¿por qué no dedicarle hoy un tiempito a su familia y les halaga con alguna sencilla, pero rica receta hecha por sus manos, y así le da otra connotación al mismo? He aquí mi sugerencia:

Natilla de café

Ingredientes:

1 litro de leche fresca, 1 taza de azúcar, 4 cucharadas de maicena, ½ cucharadita de sal, 1 cucharadita de vainilla, 4 huevos, 1 tacita de café hecho de café instantáneo, 1 ramita de canela, 1 cascarita de limón

Procedimiento:

Hierva la leche con la canela y la cascarita de limón. Baje el fuego a moderado y agregue las cuatro yemas, con la maicena, disuelta en un poco de leche o agua. Vierta esta mezcla en la leche, sin dejar de mover con una paleta de madera para evitar se hagan grumos. Cuando ya tenga una consistencia suave, añádale la vainilla y el café, sin dejar de revolver. Bájela del fuego. Con las cuatro claras haga un merengue. Recuerde que son dos cucharadas de azúcar por cada clara. Le puede añadir ralladura de limón. Una vez esté listo, coja pequeñas porciones de este merengue con un tenedor y llévelo al fuego, para hacer merenguitos tostados, con los que va adornar la natilla

¡Bon apetit!

¿Quienes son los nuevos ricos?

Pintura de H. Catá

Leyendo en el diario Granma de hoy, un artículo escrito por el periodista de la Hoz, no pude menos que sonreír, ante el cinismo de lo allí expresado.

Este periodista toma como símbolos de lo que él llama “los nuevos ricos”, el uso y quizá la ostentación, en algunos casos, de cosas tan normales en otras sociedades, como llevar de merienda a la escuela un bocadito de queso y un refresco de cola, ó quizá portar un par de zapatillas de marca, como las que están en venta, en moneda dura en muchas tiendas de la ciudad, que indudablemente tienen mejor calidad y son más duraderas que la mayoría de las ofertadas a más bajos precios también en CUC, pero de pésima calidad. Entiendo que todo padre que puede, o hace un sacrificio, trata de comprar las más duraderas, cuya marca no es un simple adorno, sino que por supuesto, responde a una determinada calidad.

Este comunicador parece haber olvidado, que hace unos cuantos años atrás, los únicos que llevaban a las escuelas buenas meriendas, iban en auto con chofer y llevaban mochila y ropas de marca extranjera, eran precisamente los hijos de los dirigentes a quienes el pueblo llamaba “los hijitos de papá”. Vivo en un barrio, Nuevo Vedado, donde siempre he estado rodeada de estos muchachos, cuando mis hijos iban a las mismas escuelas que ellos, pero no disfrutaban de ninguno de esos privilegios, y me veía siempre en el deber de explicarles el por qué de esta situación, que finalmente ellos tampoco entendían.

Aun la recuerdo la cara de estupor de mi hijo el mayor, cuando siendo un adolescente, llegó a casa un día muy asombrado, porque en su escuela había oído los cuentos de la fiesta de quince de la hija de un comandante que había cerrado la calle, traído al órgano oriental y llenado de flores la piscina de su casa, además del tremendo bufet repartido por los muchachitos del servicio militar quienes fungían como camareros. Esto sucedió en pleno período especial. Como este, son unos cuantos los ejemplos de fiestas similares en el barrio, y casualmente todas eran en casas de altos dirigentes. Los mismos que posteriormente se mudaron para Miramar y Siboney para ser más discretos.

Volviendo a la merienda escolar, la misma es casi inexistente, muy pobre y de tan pésima calidad que es inconcebible pensar que pueda sustituir un almuerzo como se pretendió al establecerla. Es por ello que muchos padres, la mayoría, se sacrifican y hacen verdaderos malabares, para conseguir que sus hijos lleven una merienda “decente”, consistente en un bocadito de jamón y queso y un refresco. No tiene por qué el periodista en cuestión decir que este privilegio sea solamente de aquellos padres que tienen negocios privados: la familia entera colabora en este empeño.

Precisamente, si hemos llegado a la ostentación indebida e indiscriminada de estos mal llamados símbolos del poder ha sido debido a los malos ejemplos de los que el ciudadano de a pie fue espectador y no partícipe. Lo que sí tenemos que tener en cuenta ahora es, que éstos de hoy, salen del bolsillo de padres trabajadores, cuentapropistas, artistas, deportistas, etcétera y no de los bolsillos del pueblo como salían los antes mencionados. También sería bueno aclarar que si pagaran salarios decorosos que se ajustaran al nivel del costo de la vida, y el país produjera riquezas, todos tendrían las mismas oportunidades de mejorar no solo la merienda de sus hijos en las escuelas, sino la calidad de vida de la familia, y por ende de toda la sociedad.

La coletilla,madre putativa de la censura

Todo comenzó muy temprano, en los inicios de la década de los sesenta. Pronto las máximas figuras de la triunfante revolución del cincuenta y nueve, se dieron cuenta que si se querían instalar en el poder, firme e indefinidamente, tendrían que apoderarse de los medios masivos de comunicación, en aquel entonces prensa plana, radio y televisión.

Pronto comenzó la presión sobre los principales rotativos del país, aún con sus dueños presentes. Apareció entonces la tristemente famosa “coletilla”, una especie de nota aclaratoria, que acompañaba a las noticias que el régimen consideraba peligrosas ideológicamente, y que era impuesta, supuestamente, a nombre (jamás se consultó con ellos) de los trabajadores del diario en cuestión. Este fue el, aparentemente “inocente”, pero siniestro germen de la férrea censura que vendría después, y que alcanza hasta el día de hoy.

Es por eso que son muy llamativos los congresos de la UPEC (Unión de Periodistas de Cuba), organización creada para sustituir al anterior gremio de periodistas y controlarlos e imponer los criterios oficialistas, donde jamás se producen discrepancias, y la “sospechosa unanimidad” es la que asegura todos los acuerdos tomados en los mismos. Siempre se ignora, en estas reuniones, al periodismo alternativo, cívico e independiente, cuyos realizadores son considerados por el régimen como “mercenarios al servicio del imperio”.

Todo esto sucede en un nuevo contexto universal, donde la tecnología se hace casi incontrolable para los regímenes dictatoriales, que aún persisten en controlar los medios masivos. Es por ello que resulta sumamente triste y pasado de moda, hablar de periodismo en un país como Cuba, donde el acceso a Internet está todavía muy restringido y controlado por el gobierno, así como la adquisición de revistas y diarios extranjeros, y la posibilidad de escuchar por la onda corta, sin interferencia, a ciertos y determinados programas de noticias sobre nuestro país. Todo esto hace cada vez más difícil para la inmensa mayoría de la población, inmersa en las tareas de sobrevivencia, conocer la realidad en que vivimos. Esperemos algún día no muy lejano ya, rescatar para nuestro país y nuestra cultura, un periodismo libre, como aquel donde Cuba tuvo verdaderos maestros en este importante y hermoso oficio.

Día Internacional del Arbol

En la calle donde vivo, hace un par de meses cayó, a manos de un vecino, el último árbol que nos regalaba su sombra. El mismo fue agredido en diferentes ocasiones por este personaje. En una oportunidad, el contorno de su tronco fue hendido por una circunferencia hecha en derredor, con el objetivo de evitar que le circulara savia y por ende muriera. Espantada, comencé a llamar por teléfono a todas aquellas entidades de medioambiente, en busca de ayuda. Llamaba a una oficina y en ésta me daban el teléfono de otra, argumentando que ellos no se ocupaban de estas cuestiones y así sucesivamente.

Después de comunicar con media docena de números telefónicos distintos, di con la empresa que se ocupaba de las áreas verdes. Me respondieron que ellos lo único que podían hacer era ponerle una multa de 150 pesos cubanos agresor (el equivalente a 6.00 dólares), pero que no podían salvar el árbol. Indignada bajé a tratar por mis propios medios de evitar su muerte. Para ello, cogí tierra húmeda de los alrededores, y con mucho cuidado hice una especie de emplaste alrededor de la herida del tronco cubriéndola con tiras de lienzo, a modo de vendaje. Todos los días bajaba a humedecer la zona dañada y echarle abundante agua a sus raíces.

Pasado unos días, el árbol comenzó a recuperarse y retomó el verdor de sus hojas. ¡Lo había salvado!, pero nuevamente la insistencia del vecino en liquidarlo reapareció. Esta vez el arma mortífera fue el petróleo que éste vertía sobre sus raíces, con la clara intención de secarlo. Aún así, el árbol sobrevivió, porque la savia siguió circulando por la cara del tronco que quedaba fuera del alcance del depredador. Pero, debilitado como estaba por el otro extremo, tiempo después cayó sobre la cerca perimetral, causando gran deterioro en la misma y obstaculizando el paso en su inclinación hacia el pavimento. El autor material de este desastre buscó la manera de que una brigada de la Compañía de Electricidad, que estaba realizando trabajos de reparación en las cercanías, viniera a cortarlo, ya que el mismo en su caída afectaba un cable que perjudicaba a su vivienda.

Este árbol pudo haber sido salvado, colocándole unos tensores y volviéndolo nuevamente a su posición, pero esto hubiera sido en un país civilizado y, por tanto organizado, donde existieran instituciones que se ocuparan de protegerlos, no en el nuestro. Este, simplemente, fue macheteado y dejado en la misma posición peligrosa. Después de varios días, llegó una brigada de la misma empresa, pero en esta oportunidad equipada con una sierra eléctrica para cortarlo en piezas. Como siempre, se llevaron sólo los pedazos grandes del tronco, dejando gran cantidad de ramas y hojas dispersas sobre la acera, obstaculizando el paso peatonal: Otro árbol menos en un país donde el sol castiga a todos por igual. Ya nadie más podrá cobijarse a su sombra.

Resulta penoso observar cómo cada día aumenta el número de árboles indiscriminadamente “asesinados”, ya sea por los propios vecinos o por empresas ajenas al cuidado y mantenimiento de las áreas verdes. Lo más increíble de todo esto es que, a pesar de que en los medios en nuestro país, se habla mucho del tema y hasta hay espacios televisivos dedicados al medioambiente y su conservación, no existe en realidad ningún lugar oficial donde acudir, que tengan creadas las condiciones y cuenten con el poder y los recursos necesarios, para hacer cumplir las medidas de protección de la flora y la fauna. Es más irónico aún cuando en estos precisos momentos sesiona en el Palacio de las Convenciones el 9no. Simposio de Medioambiente. La protección y cuidado que proporcionen gobierno y ciudadanos, a la flora y fauna, debían ser índices tomados en cuenta también por los organismos internacionales, para medir la cultura de un país.

Pérdida de valores éticos

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“Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”

Así reza en uno de sus párrafos el discurso de Raúl Castro ante el parlamento cubano, publicado hoy martes 9 de julio en el diario Juventud Rebelde.

Yo me pregunto, ¿por qué había que esperar más de veinte años para poner coto a una situación que ya era notable y se percibía iba en aumento?

A estas alturas la indisciplina social y el deterioro humano es casi incontrolable. Son muchos los factores que han incidido en el mismo y eran por todos conocidos. La fragmentación de la familia cubana, producto de los enfrentamientos políticos entre sus miembros, y el distanciamiento entre éstos, muchas veces impuesto por el propio régimen, es quizá el meollo de todo el descalabro social posterior. La familia siempre fue considerada, y de hecho lo es, el núcleo social fundamental de una nación.

Las conductas impropias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso de palabras obscenas y la chabacanería al hablar han estado presentes en nuestro diario convivir. La televisión, uno de los medios masivos más influyentes, también ha contribuido a divulgar todo tipo de vulgaridades y mediocridades, en cuanto a imagen y vocabulario.

Botar desechos en la vía pública, así como hacer necesidades fisiológicas en calles y parques, es algo ya muy cotidiano y son actos que se realizan ante la indolencia y apatía de los que los observan, quizá por el temor de ser agredidos verbal ó físicamente por el propio ejecutor, si se le llama la atención. Pase usted en horas de la mañana por el antiguo Centro Asturiano, hoy museo, y se horrorizará al tener que alejarse de sus portales, por el fuerte hedor a orines que de éstos emana.

Con relación al incremento del consumo de bebidas alcohólicas por la población, es de notar su venta indiscriminada en casi todos los establecimientos estatales del país desde horas tempranas, siendo el único responsable el propio Estado. Da vergüenza ver en cualquier comercio estatal, muy desatendido y venido a menos, una mesita sacada a plena acera con venta de ron, como para que el transeúnte no tenga ni que molestarse en entrar al local en cuestión para consumir.

En cuanto al uso indebido del uniforme escolar, han sido generalmente los propios profesores los que han dado el mal ejemplo, al vestir inadecuadamente para pararse frente a un alumnado y hacerse respetar al impartir una clase. Todo esto, claro está ha sido producto de la mala preparación de muchos maestros, la prolongada escasez de venta de ropa, los bajos salarios y las dificultades para transportarse, lo que ha provocado tener que usar un tipo de vestimenta, que no impida subirse a un camión o colgarse del andén de un ómnibus. Todo ha contribuido.

Sin embargo, apenas a algunas horas de publicarse el discurso en cuestión, una amiga nuestra fue testigo presencial de un hecho en el agromercado de las calles 17 y K, en el Vedado, cuando un joven que venía corriendo tropezó y casi hace caer a una señora de la tercera edad, que se dedica a vender bolsas plásticas a la salida de dicho establecimiento. Esta, al sentirse agredida, profirió una de las palabrotas más groseras, “ahora tan de moda”, que empieza con “p”. Acto seguido salió de la nada, otro hombre, joven también, vestido de civil, que de inmediato le pidió el carné de identidad a la señora, para imponerle una multa de 200 pesos, no por vender bolsas (lo cual está considerado un delito), sino por la “palabrota”. La señora empezó a llorar a lágrima viva, explicando que era jubilada e hipertensa, que no tenía dinero, etcétera. Cuando el joven vestido de civil vio que comenzaron a rodearlos los allí presentes, le dijo a la vendedora, que “por esta vez le iba a perdonar la multa”, pero en cambio le iba a “levantar” un acta de advertencia. Esto hizo que la señora rompiera en llanto nuevamente, ante la mirada atónita de los allí presentes, que a diario suelen proferir éstas palabrotas y otras más contundentes, ante la indiferencia de de todos.

Trencadis

rebeca monzó cuentoEra una apacible mañana luminosa, el mar, como de costumbre, lucía esplendoroso con su habitual  degradé de azules y verdes, los árboles mecían sus copas al vaivén de una suave brisa.

Los alegres nativos estaban todos entregados a sus cotidianas tareas. De pronto todas las aves, al unísono, remontaron vuelo y se adentraron en lo alto del cielo, graznando. Los gatos huían despavoridos buscando un refugio seguro, mientras los aullidos de los perros chuchos y los de raza iban en aumento.

Todos los habitantes de la hermosa ciudad, atónitos, elevaron sus miradas al cielo. Aquel enorme artefacto aterrizó ante el asombro de todos. Echaba fuego y luces por todos los orificios circulares que rodeaban su enorme circunferencia “verde como nuestras palmas”,  lo que hacía que se confundiera con el paisaje.

Pronto empezaron a abrirse sus redondas compuertas y comenzaron a salir por ellas unos seres verdes con barbas, luciendo collares de extrañas semillas. Sonrientes, saludaban levantando sus alargadas extremidades, mientras descendían del enorme aparato, que mucho después supimos era “la máquina del tiempo”.

Al principio todo parecía marchar bien. Todos estaban excitados ante la maravillosa aparición. Parecían seres inofensivos y hasta simpáticos, pero esto no duró mucho tiempo: uno de ellos, el de mayor estatura, se dio de inmediato a la tara de manipular una de las palancas, y todo comenzó a cambiar.

En un inicio estos cambios eran casi imperceptibles. Además, hombres, mujeres y niños locales, así como los visitantes se estaban comunicando bien  con el gigante y todo parecía normal. Sin embargo, muchos de los nativos, desconfiados, prefirieron mantenerse un tanto alejados observando lo que acontecía.

Aquel hombre verde, grandote, no cesaba de dar vueltas a la palanca, y mientras más vueltas le daba, comenzaron a desaparecer algunos objetos: fábricas, camiones, autos y hasta grandes residencias y edificios.  Después, muchos animales, los de mayor tamaño preferiblemente, más tarde el dinero y por último las personas. Todo se fue poniendo oscuro. Ya las escotillas del enorme artefacto no irradiaban luz, también el fuego se fue extinguiendo. La noche se fue apoderando del paisaje.

Pero aquel hombre, el grandote, no soltaba el mando. Cada vez que algún hombrecillo verde o de cualquier otro color se le acercaba para ser escuchado, el levantaba su otra mano y con un simple gesto lo hacía desaparecer. Poco a poco el miedo se fue apoderando de todos paralizándolos. Muchos, que lograron reaccionar arriesgando sus vidas, partieron hacia otros mundos, valiéndose de cualquier pequeña nave o aparato que aún quedaba funcionando.

Los verdes campos comenzaron a cubrirse de raíces espinosas, que  arrasaban en su avance con cualquier otro cultivo. Hasta el aire se fue agotando y hubo que rápidamente hacer un censo, para poder distribuir equitativamente el que iba quedando. También se imprimieron tarjetas, donde mensualmente se anotaba lo que cada persona consumía. Los verdes, que en un principio se habían repartido las mejores residencias, se trasladaron a vivir en las afueras, donde aún quedaban árboles y se mantenían apartados de la vista de la población recién cautiva.

Así, paulatinamente, los locales, debido a todas estas carencias fueron mutando: nacieron nuevos seres sin pensamiento, con una línea por boca, un pequeño estómago, brazos  largos para estirarlos hasta poder alcanzar los pocos frutos que quedaban en las altas y espinosas copas de la nueva vegetación, grandes pies, para ser capaces de mantenerse parados en un mismo lugar durante horas y piernas muy fuertes, como para cubrir grandes distancias caminando.

Sumidos en el oscuro aislamiento, se fueron  borrando de sus mentes las imágenes de la feliz época en que vivieron sus antecesores, antes de la llegada de la enorme maquinaria verde. Como todo se iba agotando y destruyendo, las consecuencias de esto empezaron a afectar, aunque en menor medida, a muchos de los hombres verdes no tan cercanos al gigante. Por ello, no les quedó otra solución que ir abriendo de a poco, alguna que otra compuerta, para dejar entrar algún aire fresco del exterior. Debido a esto, finalmente tuvieron que autorizar la entrada de extranjeros portadores de  un poco de brisa. A pesar de las prohibiciones y los fuertes castigos infligidos, muchos de los mutantes se acercaron a los recién llegados, tratando de crear estrechos vínculos, para poder irse con éstos.

Claro está que los que más se aprovecharon de esta nueva situación fueron los más jóvenes. Como consecuencia,  cada vez deambulaban más viejos solos por todo el territorio ocupado. Ya apenas se veía algún que otro recién nacido. Las mujeres, a fuerza de una precaria alimentación y de un trabajo redoblado, decidieron, por acuerdo, no salir embarazadas.

Así, poco a poco, ese bello asteroide donde habitaban se fue tornando cada vez más gris y polvoriento. Las pestilencias de las aguas albañales inundaban con su fétido aroma todo la ciudad. Los animales de corral no alcanzaban para satisfacer las necesidades alimentarias, pues éstos a su vez no tenían de qué alimentarse y fueron muriendo. Ya solo quedaban en las afueras algunos pastos verdes que todos los habitantes, aterrados, los cubrían con viejas lonetas para que no fueran detectados, por miedo a que también los racionalizaran. Cada vez más mutantes escapaban hacia otras latitudes. Nadie reparaba en los peligros de la travesía. Preferían morir en el intento que seguir viviendo sin esperanzas.

Algún día como en el “trencadis”,  volverán a coincidir todas  las piezas fragmentadas y dispersas por el Universo, de  aquella antigua civilización, para unirse nuevamente formando un fuerte y hermoso mosaico social.

¡Que lucha con el Tres Leches!

Debido a la ampliación de licencias para trabajos por cuenta propia, entre otras razones gubernamentales, para dar oportunidad de buscar empleos en el sector privado a la gran cantidad de trabajadores que perdieron los suyos, como consecuencia de la masiva reducción de plantillas (cesantías), surgieron nuevos paladares y, con éstos, una nueva moda nunca antes “notable” en el sector gastronómico de nuestro país: el dulce de las Tres Leches.

Fueron muchos los años en que la falta de información y referencias, en casi todos los sectores de la economía y la sociedad, sumieron a los cubanos en una especie de “hibernación creativa”, en la que se solía repetir algo hecho por alguien, que había traído la idea “de afuera” y le iba bien. Entonces todos querían repetir lo mismo.

La gastronomía no ha estado exenta de este mal en absoluto. Ahora todos los paladares quieren tener en su carta de repostería “pastelería francesa”, justamente en un país en que durante muchísimos años se perdieron estas especialidades, que fueron “muriendo” con la intervención de los negocios privados y con la falta de productividad al pasar al Estado. Poco a poco se fueron racionando la leche, la mantequilla, los quesos, etcétera, inclusive el azúcar, ingredientes fundamentales para este tipo de culinaria, hasta su casi total desaparición.

Son muy pocos, pudiéramos decir casi ninguno, los paladares que ofertan dulces caseros. Parecen haberse olvidado de los cascos de guayaba, los de toronja o naranja, las mermeladas, los buñuelos, las torrejas, natillas, pudines, en fin la larga lista de estos manjares. Es cierto que los frutos e ingredientes con que se confeccionan también pasan por largos períodos de desabastecimiento, pero bien podían ser una alternativa.

Alguien, en su restaurante, comenzó un día a ofertar en una copa grande (como las de los “sundays”) una pequeña porción de panetela, con un poco de leche condensada y mucho merengue, llamándole Tres leches. Inmediatamente surgieron los imitadores. Otros preparan una panetela, donde la leche apenas se siente y también la cubren de mucho merengue. También los hay, más “creativos”, que le añaden almendras y chocolate. En fin, cada quien lo ha inventado como puede, pero ninguna de esas versiones se acerca siquiera al postre originario de Nicaragua, que se ha hecho famoso en toda América Latina.

Este tipo de repostería es cara, a veces cuesta más que un plato de canelones o lasaña, y por supuesto no tiene mucha demanda, debido a estas razones. No me explico, cómo a estas alturas, los dueños de restaurantes no han sabido buscar otras soluciones más al alcance de sus posibilidades y del bolsillo de la clientela. Este es precisamente, el punto débil de casi todos estos exitosos negocios.

Por ello, me he permitido hoy hacer este breve análisis y proporcionar además, para el conocimiento de todos los interesados, la receta original de este polémico postre, así como el costo de producción del mismo en nuestro país.

Ingredientes del bizcocho: Seis huevos, dos tazas de azúcar, dos tazas de harina de castilla, tres cucharaditas de polvos de hornear, media taza de leche sin descremar y una cucharadita de vainilla.

Instrucciones: Bata las claras a punto de nieve y añada el azúcar poco a poco y luego las yemas una a una. Cuando la mezcla esté espesa, añada la harina con el polvo de hornear, echando partes de leche. Dele el gusto con la vainilla. Se hornea a 350 grados durante 45 minutos.

Confección: Para hacer las “Tres leches” se mezcla lata y media de leche condensada con la misma cantidad de leche evaporada y una lata de crema de leche. Se le hacen perforaciones a la panetela y se vierte sobre esta la mezcla de leches. Para cubrirlo, haga el siguiente merengue: dos tazas de azúcar, una de agua y un cuarto de cucharadita de crémor tártaro. Cuando el almíbar esté a punto, añádalo al merengue tradicional de claras de huevo. Cubra el bizcocho y disfrute su postre.

Precios de los principales ingredientes en Cuba, donde el salario medio es de 20.00 CUC mensuales:

Lata de leche condensada 1.20 CUC

Lata de leche evaporada 1.30 “

Crema de leche (latica) 1.50 “

Harina, paquete de 1 kilo 1.20 “

Huevos l .50 pesos corrientes (moneda nacional) cada unidad.

Nota: 1 CUC equivale a 0.85 centavos dólar.

¿Miedo al cambio?

Últimamente mucho se conversa, en círculos cerrados de amistades, sobre los lentos, casi imperceptibles cambios anunciados por el gobierno. Lo que sí está claro es que a “soto voce,” casi secretamente, se perciben movimientos que implican que algo se está “cocinando”, como siempre, a espaldas de la opinión pública.

El gobierno está atravesando por una crisis nunca antes vista. La economía cubana es prácticamente inexistente. El país no produce riqueza alguna y la esperanza puesta en el gobierno de la vecina Venezuela, se desvanece junto con el chavismo: un espejismo en pleno desierto cuando se está a punto de morir de sed. Nuestra única alternativa está en el Norte, y no en el Sur.

¿Estamos preparados para el cambio? A mi modo de ver no. Siempre, como pueblo desinformado y aislado, hemos esperado que las soluciones lleguen ”de afuera”. Esto hace que muchos, quizá la mayoría, le teman a lo desconocido. Por otra parte, la diaria sobrevivencia no deja casi espacio al pensamiento analítico.

Durante cincuenta y cuatro años nos han estado metiendo miedo con “el enemigo de enfrente”, invento éste de que se ha valido el régimen para paralizar la iniciativa privada y convertirnos en seres conformes sin expectativas, persiguiendo todo el tiempo la comida, echándole la culpa de nuestros males al mal llamado bloqueo, que también está en evidente período de extinción.

Ahora, cuando sutilmente se intuye que algo “se está cocinando” con el vecino de enfrente, en vez de alegrarnos, muchos se atemorizan y hasta creen que esto se va a convertir en un “quítate tú para ponerme yo”. Justamente nunca debimos dejarnos manipular al presentárnoslo como tal, cuando en realidad Estados Unidos siempre fue nuestro mercado natural.

Un amigo, al que considero una bella persona, me dijo muy preocupado que teme: “qué va a ser de nosotros, la oposición, cuando esto ocurra”. Seguir escribiendo, le contesté y señalar lo malo, venga de quien venga como hacemos ahora. Además, cualquiera podrá dar rienda suelta a su inventiva y creatividad. Tendremos al menos igualdad de oportunidades, recuperaremos nuestras libertades individuales y con ello nuestro libre albedrío.

Una arquitecta, por la que siento un gran aprecio, me manifestó su preocupación ante los cambios: “Nosotros, que nos quedamos aquí a soportar todo, no vamos a tener ni un peso en el bolsillo y los de allá van a venir con dinero para invertir”. Mira, le contesté, precisamente hemos sido culpables por soportar y aceptarlo todo sin protestar, y en cuanto a que ellos vengan con dinero, a mí no me molesta para nada, todo lo contrario, me alegra. Además, muchos de los que van a venir a poner su capital, son aquellos cubanos, o sus descendientes, a los que el gobierno les despojó de todo y con su sacrificio, inteligencia o buena suerte, volvieron a recuperarse económicamente. Eso va a ser bueno para todos.

Creo que es hora ya de que se limen las asperezas políticas y se sea más pragmático. Habrá que hacer en muchos casos de “tripas corazón” y comenzar de nuevo sin rencores. Perdonar, aunque no olvidar, y que las autoridades competentes juzguen con la dureza necesaria, aquellos casos criminales perpetrados contra la integridad del ser humano, que no deben quedar impunes. Por lo demás, tratar de aportar todos nuestro granito de arena, para rehacer nuestro país y lograr insertarlo en el desarrollo del Siglo XXI.