God Bless América

Mi tía es una de tantos miles de cubanos que no se cansa de dar gracias a esa Nación que la acogió y permitió salvaguardar la seguridad de su hijo adolescente, dándole a ella la oportunidad de trabajar y forjarse un futuro mejor y más seguro.

Aún así, ella no deja un solo día, desde su prolongado exilio que comenzó en 1961, de pensar en esa tierra maravillosa en la que nació, estudió y tuvo una linda familia, y la que nunca tuvo intenciones de abandonar, hasta que se vio obligada a hacerlo.

Dentro de unos días ella cumplirá 99 años y aún sigue soñando con regresar a una Cuba libre, aunque está consciente de que ese momento ya próximo quienes lo van a disfrutar serán sus nietos.

Feliz 4 de de julio a la Nación y pueblo de Estados Unidos de Norteamérica.

Ruta 27:¿ reses u ovejas?

El calor estaba de muerte, la parada de la ruta 27 colmada de público, por lo que se podía concluir que hacía mucho no pasaba una sola guagua. Preguntando a uno de los allí presentes, me comentó que llevaba esperando más de una hora.

No habían transcurrido cinco minutos de llegar a la parada, cuando de lejos vi asomar la anhelada “guagua fantasma”. Todos corrimos hacia ella, pues adivinamos las intenciones del chofer de no parar donde debía, cosa ésta ya habitual. Entre empujones, protestas y frases groseras logré subirme en el estribo, justo en ese momento me quedé desconcertada, porque la dificultad para entrar en ella era superior a la que ya conocía. Segura estoy que no he engordado -me dije a mi misma, entonces cogí mi bolso, que llevaba como de costumbre colgado en mi hombro, y lo coloqué delante de mí. En ese instante me percaté, que la estrechez para acceder se debía a que habían colocado a ambos lados de los dos escalones de entrada, que te dan acceso a las “entrañas del monstruo”, unos tubos de hierro, como los que se ponen en los corrales para guiar las reses hacia el matadero.

Dirigiéndome al chofer, que en esos momentos dejó el volante y, parado al lado de la alcancía, intentaba cobrar, protesté en voz alta para que me escuchara, ya que los de atrás me empujaban groseramente, temiendo quedarse: El que diseñó este artefacto -dije, pensó que los pasajeros éramos reses que íbamos al matadero, sin darse cuenta que ya aquí no hay reses, sino solo ovejas. Nadie ripostó, todos siguieron empujando y dando codazos, hasta que finalmente, apretujándose, lograron subir. Entonces el chofer cerró las puertas y partió a toda velocidad, para dar un espantoso frenazo dos cuadras después, ante la luz roja del semáforo de la calle Paseo que nos sacudió a todos, nos revolvió y cuando arrancó de nuevo, nos repartimos dentro del bus como fichas de dominó.

El “cerebro” que diseñó estos horrendos artefactos ortopédicos, que no son más que barreras tecnológicas, no tuvo en cuenta para nada la seguridad de los pasajeros, pues de haber un accidente o un fuego, los mismos tendrían gran dificultad para ser evacuados. Tampoco consideraron la incomodidad de las personas minusválidas que tienen que usar muletas, o las muy gruesas que apenas logran, sin lastimarse, intentar subir al ómnibus, o las que viajan con niños en brazos. Si el objetivo es asegurar que el ciudadano pague el pasaje, la solución debiera ser la venta previa de tickets, lo que además evitaría que el chofer se apropiara del (vuelto) cambio correspondiente. Esta es otra dificultad sin resolverse, pues cuando usted paga con un peso (escasea el menudo), el viaje que cuesta cuarenta centavos, el chofer se queda siempre con el resto.

Cada día que pasa recibimos el peor de los tratos en los servicios públicos, pero como la mayoría lo aceptamos dócil y calladamente, las autoridades se han llegado a creer, que realmente somos animales y como tal nos tratan.

No es lo que parece.

En mi planeta lo más anormal, es normal. Por eso, cuando salimos de compras ya bien sea en las tiendas esas que están oscuras, poco ventiladas y con apenas unos productos en oferta en pesos cubanos CUP (los otros también lo son), o en esas otras recaudadoras de divisas CUC, iluminadas, con aire acondicionado y un poco más de productos, nos encontramos a cada rato con algunas sorpresas.

Hace unas semanas, un amigo que nos visitó nos trajo de regalo unos exquisitos palitroques, que comprados en una de las tiendas Silvain. Éstos venían envasados en un enorme sobre plástico que sobrepasaba con creces el tamaño del producto. Cuando me detengo a observar el sobre donde venían, era de Caribean Queen, donde normalmente son envasados mariscos.

La semana pasada tocó a mi puerta un conocido vendedor de “bolsa prieta”, para ofrecerme colas de langosta. Éstas venían dentro de un sobre plástico idéntico al de los palitroques.

Nada de esto es de extrañar, pues son “detalles” que nos vienen sucediendo desde hace un montón de años, a los que al parecer estamos habituados y asumimos como algo normal.

En los años ochenta algunas recetas médicas venían escritas en el reverso de una etiqueta de leche condensada soviética. También por esos años era muy normal que el shampoo Fiesta (el único que había), viniera en los mismos pomos color ámbar donde se envasaba el salfumán. También por entonces existían los llamados productos convoyados (esos que no tenían fácil salida), es decir, si necesitabas un desodorante éste venía acompañado de un machete y una latica de betún de zapatos, tenías que comprar los tres pues estaban “convoyados”. Esta etapa afortunadamente se superó a mediados de los años noventa cuando se despenalizó el dólar y se abrieron las tiendas recaudadoras de divisas.

Pero aún seguimos padeciendo de los envases inapropiados para algunos productos que están a la venta en ambas monedas. ¡Qué le vamos a hacer, ya sabemos que el socialismo no es perfecto! En lo que sí estamos claros, aunque el compañero Murillo insista en decir lo contrario, es que en manera alguna, ésta opción no es la que nos guste a los cubanos y si lo duda, entonces, cuando pase en su flamante auto por delante de las embajadas de los distintos países, que disminuya la velocidad y baje los cristales oscuros de las ventanillas para que observe las grandes colas de ciudadanos que se agolpan frente a los consulados, pidiendo visa para “escapar”, muchos de los cuales acuden también a llenar las plazas al “llamado de la revolución”. Como podrán concluir: No todo es lo que parece.

¿Qué extraña más un cubano?

Según el diccionario Larousse, extrañar es: sorprenderse, encontrar algo extraño por ser nuevo, echar de menos, maravillarse…

El cubano de la isla extraña los cines con aire acondicionado y sus estrenos semanales que nos llegaban “bien fresquitos” de todas partes, sobretodo de “allá enfrente”, las cafeterías con su popular y tan habanero café con leche, con tostadas de pan en tiras alargadas con mantequilla, los bares y bodegas, donde por un módico precio adquirías un sandwich bien surtido o una rica galletica preparada, aquellos exquisitos cafés de a 3 centavos, a la venta en casi todas las paradas de ómnibus, la famosa frita cubana, igualmente barata y deliciosa, hecha de carne de res y de cerdo molida, y servida en pan suave, redondo, con anillos de cebolla y abundantes papitas a la juliana, los tamales (pican-no pican) calentitos, acabaditos de hacer, los batidos de frutas naturales en los puestos de chinos, la Navidad, el Malecón, donde acudías a refrescar en las noches de verano, o a ”cazar olas” en cuanto entraban los primeros nortes, ir Rampa arriba-Rampa abajo charlando con los amigos, pero sobre todo añoramos aquel rico arroz con pollo dominical adornado con pimientos morrones y aceitunas, compartido en familia. También el guarapo con hielo picadito, de venta en kioscos diseminados por toda la ciudad, los puestecitos de ostiones con limón, que ingerías al pasar, los buñuelos con “melao de caña” en casa de la abuela, aquellos clubes de barrio con sus fiestas para niños y adultos, los de la playa con sus té bailables todas las tardes a las seis, casi siempre con orquesta o grupo en vivo, en fin, tantas y tantas opciones que fueron quedando atrás a partir de los abruptos cambios políticos del 59.

Ahora bien, ¿qué echa de menos, según he podido indagar, el cubano que se ha visto obligado a emigrar en estas últimas cinco décadas? El Malecón, la Rampa, las comidas familiares, el sabor de la guayaba y el mango (dicen que no es igual al de aquí), el barrio, los chiflidos (silbidos) utilizados para llamar a los amigos, sin necesidad de tocar el timbre en sus puertas y otras más que, aunque reemplazables fuera de Cuba, por buenas que éstas sean, no tienen el mismo “sabor”.

Quiero señalar con esto, que la nostalgia y la añoranza no son patrimonio exclusivo de la diáspora cubana, también es además frustración por los “buenos tiempos” que nos afecta a todos los que, por diversas razones o motivaciones, hemos decidido quedarnos en esta isla cautiva.

El haber dividido en dos el corazón de la nacionalidad cubana, nos mantiene en un constante vagar por aquí y por allá, en busca de una buena “cola loca” que nos permita pegar de una vez por todas, estas piezas de nuestro “corazón partío”, a lo Alejandro Sanz. Hoy nos corresponde a todos unir nuestros esfuerzos y seguir luchando hasta conseguirlo.

El fantasma de una muerte evitable

Da dolor y vergüenza ajena transitar por la Avenida de los Presidentes, más popularmente conocida como Calle G, y al llegar al enorme monumento erigido al presidente José Miguel Gómez, que afortunadamente se mantiene firme y erguido, tornar la mirada hacia la derecha, y observar con estupor, ese enorme esqueleto cual fantasma, que fuera el Hospital Pedro Borrás, el más grande exponente en estilo art decó en América, destinado a la salud, obra de los arquitectos Govantes y Cobarroca, cuyo similar en estilo y uso, no tan grande, se encuentra en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, en perfectas condiciones y brindando servicios médicos, víctima el nuestro del abandono y la desidia gubernamental, quien provocara su penoso estado actual.

Los medios oficialistas achacan su deterioro a deficiencias estructurales que jamás existieron, pero no hablan de las detonaciones hechas en la acera de enfrente, en las faldas del Hospital Calixto García, cuando la fiebre de explosiones para construir túneles, ordenadas por la nomenclatura dirigente, contagió a toda la ciudad, las que muy posiblemente hayan provocado algunas lesiones en su estructura. Tampoco nunca se le dio mantenimiento adecuado ni se resanaron los daños ocasionados al mismo, a pesar que hace más de treinta años un grupo de arquitectos, preocupados por la conservación de este patrimonio, presentaran proyectos ( que yacen engavetados) para la restauración y salvación del mismo.

Este coloso de la salud se mantuvo cerrado y en total abandono, siendo víctima de la desidia burocrática, ocupantes ilegales, depredaciones y robos en sus instalaciones. Ahora levita manteniéndose en pie, en estática milagrosa, presto en cualquier momento a desplomarse y caer finalmente, convirtiéndose en un fantasma cuya muerte pudo evitarse. Un valor patrimonial más perdido, al igual que la del emblemático edificio Alaska, en esta misma barriada, cuya responsabilidad recaerá históricamente sobre las mismas autoridades que nos han estado gobernando durante estos cincuenta y cinco años.

Si no se toman medidas urgentes para la restauración de estos grandes exponentes de nuestra arquitectura, también tendremos con dolor que presenciar la muerte del edificio de apartamentos López Serrano, así como del Hospital de Maternidad América Arias, ambos ejemplos también del más refinado art decó que se encuentran en precarias condiciones.

Mediante este medio estoy haciendo un llamado urgente a la sensibilidad de aquéllos en cuyas manos está poder encaminar y solucionar esta situación, que afecta a todos los cubanos en general y a nuestro patrimonio arquitectónico e histórico en particular.

la otra cara de la moneda

Ella es una bella mujer, menuda, simpática, muy inteligente, con gran sentido del humor y hasta con cierta ingenuidad, que la hace aparecer aún más joven de lo que es. Además, Licenciada y Máster en ciencias, con muchos méritos científicos acumulados en su larga carrera.

Vive en el corazón de El Vedado, en un edificio desde donde en otra época se observaba una bella vista del que otrora fuera uno de los parques deportivos arquitectónicamente más importantes y hermosos de nuestra ciudad, con un mar azul degradée casi siempre sereno, como telón de fondo.

Este parque, como toda la ciudad, incluyendo, claro está, el edificio donde ella reside, se han ido deteriorando con el paso del tiempo y la desidia gubernamental, al punto de convertirse en fantasmas de una reluciente época que ya pasó. Como quiera que el mismo fue remodelado y completado en 1960, hasta conformar sus cinco zonas: parqueo, estadio, gimnasio, piscina, área infantil y tabloncillo de baloncesto y volibol, con gradas para 1 020 espectadores, donde el arquitecto Octavio Buigas se lució con la solución de las espectaculares gradas que albergaban 3 150 personas, cubiertas con una ligera estructura de “cáscaras abovedadas” de hormigón de 125 metros de longitud, “emparentadas” con las del famoso hipódromo de la Zarzuela en Madrid.

El balcón de ella queda justo enfrente de este hoy lastimoso panorama. Vive sola y trabaja en un hospital, por lo que durante más de ocho horas diarias se ve obligada a abandonar su hogar, temiendo a los delincuentes que se refugian en dichas gradas. Ella, cuando está en casa, suele asomarse al balcón en diferentes ocasiones disfrazada, unas veces de bombero, otras con gorra y traje deportivo o con sombrero y gafas, pensando de esta manera despistar a ese elemento que tanto teme, con el objetivo de que éstos crean que en su apartamento viven varias personas y no se les ocurra planear nada torcido contra ella. Según me explica, allí, debajo de las gradas que están cayéndose a pedazos, viven “homeless”, drogadictos y todo tipo de “personajes”, que hasta realizan peleas de perros clandestinas, sin que la policía trate de impedir estos actos delictivos, puesto que, por lo que ella y los vecinos han podido observar, no sólo son cómplices, sino también partícipes. Mientras que en nuestro país los Medios “ensalzan” la disciplina, el orden y la honradez socialista, esto no muestra más que la otra cara de la moneda.

La verdadera liberación de la mujer cubana

Estudiantes universitarias en los años 30.

Mucho se habla y divulga por los Medios en nuestro país, sobre los “logros” obtenidos por la mujer cubana después de la revolución. Pero de lo que no se dice ni una sola palabra al respecto, es sobre las ventajas sociales, políticas y económicas alcanzadas por nuestra población femenina antes del año mil novecientos cincuenta y nueve del pasado siglo.

Para ello vamos a remitirnos a algunos datos muy reveladores del “Censo de Población y Electoral de 1953”, último realizado durante la República, publicado y editado por P. Fernández y Cía. Estos censos se realizaban aproximadamente cada diez años.

Población total del país: 5, 829,029 (2, 985,156 varones y 2, 843,874 hembras).

Asistencia a la escuela de 5 a 24 años: (428, 334 varones y 411, 861 hembras).

Ultimo grado aprobado: Bachilleres 88,562 (54,121 varones y 34,441 hembras). Universitarios 53, 464 (35,967 varones y 17,497 hembras). Existía un promedio de 3,8 universitarios por cada 1000 habitantes. Cuba ocupaba los primeros en lugares en Iberoamérica junto con Argentina, México y Uruguay.

Como dato interesante podemos decir que, en el año mil novecientos cuarenta todos los que ejercían el magisterio eran titulados, condición única entre todos los países de América Latina.

Nuestro país contaba entonces con uno de los índices más bajos de analfabetismo en nuestro continente: 23,6% (41,7% rural y 11,8 urbano).

Asimismo, podemos señalar que Cuba pasó a ser en el año mil novecientos dieciocho, el primer país en Latinoamérica en reconocer el derecho al divorcio de parejas en conflicto. También debemos agregar que en la Constitución de mil novecientos cuarenta, se reconoce por primera vez en Iberoamérica, el derecho al voto de la mujer, la igualdad entre ambos sexos, el derecho de la mujer al trabajo, el derecho a abrirse cuenta bancaria y a hacerse pasaporte, además de otorgársele la potestad sobre sus hijos.

De la población económicamente activa, en mil novecientos cincuenta y tres el 22% lo integraban féminas, además de contar con una fuerza de trabajo en labores profesionales, donde el 16% eran mujeres y el 3% varones.

Como se puede observar claramente en estas estadísticas, la participación de la mujer se hacía cada vez más presente.

Para ello, es bueno destacar que en la misma medida que se hacía más activa esta participación del “sexo débil” en la vida del país, se fueron implementando servicios de mensajería a domicilio, tales como la entrega de leche, pan, agua mineral, facturas de alimentos, productos farmacéuticos, tintorería, lavandería, etcétera, que aliviaban extraordinariamente a la mujer en sus labores domésticas, pudiendo dedicar más tiempo a la atención del hogar y a la educación de sus hijos.

Creo, sin temor a equivocarme, que podemos asegurar que ya la mujer cubana había sido liberada en la etapa republicana, y su igualdad de derechos cívicos, sociales, políticos y laborales estaban en pleno ascenso.