Una mañana en el Tribunal

Una mañana en el Tribunal.

Después de haber tenido que averiguar por mi cuenta, gastando mucha suela de zapatos, cuál era y dónde estaba ubicada la oficina de registros correspondiente a mí área, para solicitar una certificación que, entre otros tantos documentos, exigían para inscribir mi casa en el Registro de la Propiedad, llegué finalmente a ella. El local, ubicado en una de las más intricadas y desbaratadas calles de La Habana Vieja, estaba oscuro y sin ventilación, el mobiliario muy precario llamando mucho mi atención, un único teléfono, con un candado de esos que se usan en las maletas, evidentemente para evitar que las empleadas del lugar hicieran llamadas.

Suerte la mía que yo conservaba una vieja copia del documento en cuestión, de lo contrario, dicho por la misma empleada que me atendió muy amablemente, por cierto, me hubiera tenido que dedicar yo misma, bajo la mirada vigilante de ellas, a buscar en aquellos grandes libros desencolados y amarrados con un cordel, cosa ésta que me podía haber llevado todo un día encontrarlo. Libros estos que no eran tan viejos, pero que evidenciaban las huellas del maltrato acumulado.

Una vez, realizada mi solicitud, debía esperar quince días para ir a recoger el documento al Tribunal. Cuando finalmente llegó la fecha señalada, me fui temprano a buscarlo y cuál sería mi sorpresa después de lograr subir a la oficina correspondiente, no sin antes haber pasado el disgusto de tener que dejar en la planta baja del edificio en una casilla, mi bolso con todas mis pertenencias. Lo hice bajo protesta claro está, pues nunca he entendido ni acabo de entender el por qué uno tiene que dejar en manos desconocidas nuestras intimidades. Les manifesté mi descontento y les dije que la misma desconfianza que ellos sentían por nosotros los clientes o usuarios, como quieran llamarnos, al hacernos dejar nuestros bolsos, yo la profesaba por ellos y que lo más justo sería si estamos obligados a hacerlo, confeccionar un inventario de las pertenencias contenidas dentro del mismo y después al recogerlo comprobar que no nos faltaba nada. Evidentemente no les gustó.

Finalmente subí a la oficina que me indicaron y resultó que la persona que debía entregarme el documento no había llegado aún, pues tenía problemas personales, me sugirieron que me diera “una vueltecita” y que regresara más tarde. Dediqué ese tiempo de espera en tomar algunas fotos sobre las destrucciones de los edificios colindantes al Tribunal.

Finalmente regresé y la empleada en cuestión ya había llegado, pero el documento que debía entregarme según indicaba la fecha de recogida, no estaba aún, por lo que tuve que esperar allí en la oficina casi dos horas a que lo confeccionara. Durante ese tiempo fui testigo de situaciones que como persona ajena a la entidad, no debieron ser dilucidadas en mi presencia. Una nota muy simpática fue cuando entró un trabajador de otro departamento citando para trabajo voluntario al día siguiente, y ninguna de las cinco empleadas allí presentes se anotó. Asimismo también presencié la desagradable protesta en voz alta de una señora que reclamaba haber pagado hacía dos días la fianza de su hijo y a éste aún lo mantenían preso. Esa señora lanzó en voz alta amenazas a los funcionarios allí presentes y ausentes, y dijo que si no le resolvían su problema de inmediato, ella se lanzaría desde la ventana de ese quinto piso y que ellos serían los responsables de su muerte.

Una vez que me entregaron mi documento debidamente revisado con sus sellos y cuños correspondientes, bajé para irme lo antes posible, y cuál no sería la sorpresa que me encontré abajo en la Recepción, al ver a la señora del problema con el hijo, tendida en el suelo, con muy mal color y apenas sin respirar, mientras el custodio y otros empleados trataban de revivirla aplicándole los primeros auxilios. Evidentemente a esta señora le había subido la presión.

Frida Kahlo

Frida Kahlo nació en Coyoacán, México DF, el 7 de julio de 1910. Hija de madre mexicana y padre alemán.

Cursó estudios en la Escuela Normal de Maestros y también de bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria, donde soñó con hacerse médico, hasta que un fatal accidente, destrozó su cuerpo, viéndose obligada a postrarse durante largos meses en cama así como recibir dolorosos tratamientos, situación ésta que la hizo interrumpir sus estudios de medicina.

En medio de su dramática convalecencia, su férrea voluntad y apego a la vida hicieron que se adentrara autodidácticamente, en las artes y misterios de la pintura, llegando a convertirse en artista y, posteriormente, valiéndose de sus conocimientos docentes impartir clases en la Escuela de Artes Plásticas, a pesar de sus grandes limitaciones físicas.

Desde sus primeras exposiciones se acusó su talento que siguió desarrollándose hasta culminar en una grandiosa obra plástica, que la convirtió en una de las pintoras mundialmente más famosas en su género.

Ella imprimió en su obra todo el dolor, el sentimiento y la sensibilidad que caracterizó su vida. El recuerdo de Frida va unido inexorablemente al del gran pintor muralista Diego Rivera, quien fuera su esposo, amante, confidente y mayor crítico y admirador. A pesar de una relación matrimonial un tanto controvertida, el arte los unió hasta el fin de los días de ella, quien falleció el 13 de Julio de 1954,

México rinde en este mes homenaje a quien ha ocupado un sitial de honor en las artes plásticas del Siglo XX. Yo también me sumo a esta conmemoración ya que ella es fuente inspiradora y presencia en mi obra de patchwork.

Frida Kahlo narró a través de sus pinceles estampas de su propia vida. La pintura de esta gran artista no se parece a la de nadie más. Ella, como bien señalara un día Diego Rivera, su esposo, “es el único ejemplo de la historia del arte, de alguien que se desgarró el seno y el corazón para decir la verdad biológica de lo que siente en ellos”.

La mayor parte de su obra es desconocida, pues se atesora en colecciones privadas y de amigos y el precio de sus cuadros es cada día mayor.

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No hay peor ciego que el que no quiere ver

Desde hace varios días no publico ningún post, pese a mis deseos de hacerlo y la preocupación por no llevarlo a vías de hecho.

Es cierto que el mundial de futbol robó parte de mi atención, pero no fue eso lo que me impidió escribir, sino el cúmulo de trabajo a realizar, ya que tengo en perspectiva una exposición de mis obras y eso conlleva mucho esfuerzo y dedicación, amén de las dificultades a sortear para poder conseguir los materiales adecuados.

No obstante, con todo respeto, no quiero dejar de comentar sobre la reciente visita y sus declaraciones en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, en la mal llamada conferencia magistral, de la Sra. Margaret Chan, Directora General de la OMS (Organización Mundial de la Salud), donde expresó que, gracias al gobierno cubano, nuestro pueblo no consumía comida chatarra. También halagó la labor de la salud pública.

Yo, realmente, no comprendo cómo estas personas, que ocupan cargos tan relevantes en las Naciones Unidas (ONU), aceptan cómodamente, sin cuestionar, los informes dados por regímenes totalitarios, sin tomarse el trabajo de averiguar por otras vías y confrontar otras respuestas.

La mayoría sabemos que estas personas son atendidas en nuestro país por altos representantes y autoridades y son llevados a visitar siempre los mismos lugares, que obviamente están preparados para estos fines: un piso determinado del hospital Almejeiras, Biotecnología y La Castellana (Escuela Especial de enseñanza diferenciada), por solo mencionar algunos, además de que los llevan habitualmente por la 5ta Avenida de Miramar y nunca hacen paradas en lugares que no estén preparados para estos fines políticos.

¿Cómo es posible que el organismo máximo que rige a todas estas instituciones, la ONU, aún no se haya tomado la molestia de investigar más a fondo?

God Bless América

Mi tía es una de tantos miles de cubanos que no se cansa de dar gracias a esa Nación que la acogió y permitió salvaguardar la seguridad de su hijo adolescente, dándole a ella la oportunidad de trabajar y forjarse un futuro mejor y más seguro.

Aún así, ella no deja un solo día, desde su prolongado exilio que comenzó en 1961, de pensar en esa tierra maravillosa en la que nació, estudió y tuvo una linda familia, y la que nunca tuvo intenciones de abandonar, hasta que se vio obligada a hacerlo.

Dentro de unos días ella cumplirá 99 años y aún sigue soñando con regresar a una Cuba libre, aunque está consciente de que ese momento ya próximo quienes lo van a disfrutar serán sus nietos.

Feliz 4 de de julio a la Nación y pueblo de Estados Unidos de Norteamérica.

Ruta 27:¿ reses u ovejas?

El calor estaba de muerte, la parada de la ruta 27 colmada de público, por lo que se podía concluir que hacía mucho no pasaba una sola guagua. Preguntando a uno de los allí presentes, me comentó que llevaba esperando más de una hora.

No habían transcurrido cinco minutos de llegar a la parada, cuando de lejos vi asomar la anhelada “guagua fantasma”. Todos corrimos hacia ella, pues adivinamos las intenciones del chofer de no parar donde debía, cosa ésta ya habitual. Entre empujones, protestas y frases groseras logré subirme en el estribo, justo en ese momento me quedé desconcertada, porque la dificultad para entrar en ella era superior a la que ya conocía. Segura estoy que no he engordado -me dije a mi misma, entonces cogí mi bolso, que llevaba como de costumbre colgado en mi hombro, y lo coloqué delante de mí. En ese instante me percaté, que la estrechez para acceder se debía a que habían colocado a ambos lados de los dos escalones de entrada, que te dan acceso a las “entrañas del monstruo”, unos tubos de hierro, como los que se ponen en los corrales para guiar las reses hacia el matadero.

Dirigiéndome al chofer, que en esos momentos dejó el volante y, parado al lado de la alcancía, intentaba cobrar, protesté en voz alta para que me escuchara, ya que los de atrás me empujaban groseramente, temiendo quedarse: El que diseñó este artefacto -dije, pensó que los pasajeros éramos reses que íbamos al matadero, sin darse cuenta que ya aquí no hay reses, sino solo ovejas. Nadie ripostó, todos siguieron empujando y dando codazos, hasta que finalmente, apretujándose, lograron subir. Entonces el chofer cerró las puertas y partió a toda velocidad, para dar un espantoso frenazo dos cuadras después, ante la luz roja del semáforo de la calle Paseo que nos sacudió a todos, nos revolvió y cuando arrancó de nuevo, nos repartimos dentro del bus como fichas de dominó.

El “cerebro” que diseñó estos horrendos artefactos ortopédicos, que no son más que barreras tecnológicas, no tuvo en cuenta para nada la seguridad de los pasajeros, pues de haber un accidente o un fuego, los mismos tendrían gran dificultad para ser evacuados. Tampoco consideraron la incomodidad de las personas minusválidas que tienen que usar muletas, o las muy gruesas que apenas logran, sin lastimarse, intentar subir al ómnibus, o las que viajan con niños en brazos. Si el objetivo es asegurar que el ciudadano pague el pasaje, la solución debiera ser la venta previa de tickets, lo que además evitaría que el chofer se apropiara del (vuelto) cambio correspondiente. Esta es otra dificultad sin resolverse, pues cuando usted paga con un peso (escasea el menudo), el viaje que cuesta cuarenta centavos, el chofer se queda siempre con el resto.

Cada día que pasa recibimos el peor de los tratos en los servicios públicos, pero como la mayoría lo aceptamos dócil y calladamente, las autoridades se han llegado a creer, que realmente somos animales y como tal nos tratan.

No es lo que parece.

En mi planeta lo más anormal, es normal. Por eso, cuando salimos de compras ya bien sea en las tiendas esas que están oscuras, poco ventiladas y con apenas unos productos en oferta en pesos cubanos CUP (los otros también lo son), o en esas otras recaudadoras de divisas CUC, iluminadas, con aire acondicionado y un poco más de productos, nos encontramos a cada rato con algunas sorpresas.

Hace unas semanas, un amigo que nos visitó nos trajo de regalo unos exquisitos palitroques, que comprados en una de las tiendas Silvain. Éstos venían envasados en un enorme sobre plástico que sobrepasaba con creces el tamaño del producto. Cuando me detengo a observar el sobre donde venían, era de Caribean Queen, donde normalmente son envasados mariscos.

La semana pasada tocó a mi puerta un conocido vendedor de “bolsa prieta”, para ofrecerme colas de langosta. Éstas venían dentro de un sobre plástico idéntico al de los palitroques.

Nada de esto es de extrañar, pues son “detalles” que nos vienen sucediendo desde hace un montón de años, a los que al parecer estamos habituados y asumimos como algo normal.

En los años ochenta algunas recetas médicas venían escritas en el reverso de una etiqueta de leche condensada soviética. También por esos años era muy normal que el shampoo Fiesta (el único que había), viniera en los mismos pomos color ámbar donde se envasaba el salfumán. También por entonces existían los llamados productos convoyados (esos que no tenían fácil salida), es decir, si necesitabas un desodorante éste venía acompañado de un machete y una latica de betún de zapatos, tenías que comprar los tres pues estaban “convoyados”. Esta etapa afortunadamente se superó a mediados de los años noventa cuando se despenalizó el dólar y se abrieron las tiendas recaudadoras de divisas.

Pero aún seguimos padeciendo de los envases inapropiados para algunos productos que están a la venta en ambas monedas. ¡Qué le vamos a hacer, ya sabemos que el socialismo no es perfecto! En lo que sí estamos claros, aunque el compañero Murillo insista en decir lo contrario, es que en manera alguna, ésta opción no es la que nos guste a los cubanos y si lo duda, entonces, cuando pase en su flamante auto por delante de las embajadas de los distintos países, que disminuya la velocidad y baje los cristales oscuros de las ventanillas para que observe las grandes colas de ciudadanos que se agolpan frente a los consulados, pidiendo visa para “escapar”, muchos de los cuales acuden también a llenar las plazas al “llamado de la revolución”. Como podrán concluir: No todo es lo que parece.

¿Qué extraña más un cubano?

Según el diccionario Larousse, extrañar es: sorprenderse, encontrar algo extraño por ser nuevo, echar de menos, maravillarse…

El cubano de la isla extraña los cines con aire acondicionado y sus estrenos semanales que nos llegaban “bien fresquitos” de todas partes, sobretodo de “allá enfrente”, las cafeterías con su popular y tan habanero café con leche, con tostadas de pan en tiras alargadas con mantequilla, los bares y bodegas, donde por un módico precio adquirías un sandwich bien surtido o una rica galletica preparada, aquellos exquisitos cafés de a 3 centavos, a la venta en casi todas las paradas de ómnibus, la famosa frita cubana, igualmente barata y deliciosa, hecha de carne de res y de cerdo molida, y servida en pan suave, redondo, con anillos de cebolla y abundantes papitas a la juliana, los tamales (pican-no pican) calentitos, acabaditos de hacer, los batidos de frutas naturales en los puestos de chinos, la Navidad, el Malecón, donde acudías a refrescar en las noches de verano, o a ”cazar olas” en cuanto entraban los primeros nortes, ir Rampa arriba-Rampa abajo charlando con los amigos, pero sobre todo añoramos aquel rico arroz con pollo dominical adornado con pimientos morrones y aceitunas, compartido en familia. También el guarapo con hielo picadito, de venta en kioscos diseminados por toda la ciudad, los puestecitos de ostiones con limón, que ingerías al pasar, los buñuelos con “melao de caña” en casa de la abuela, aquellos clubes de barrio con sus fiestas para niños y adultos, los de la playa con sus té bailables todas las tardes a las seis, casi siempre con orquesta o grupo en vivo, en fin, tantas y tantas opciones que fueron quedando atrás a partir de los abruptos cambios políticos del 59.

Ahora bien, ¿qué echa de menos, según he podido indagar, el cubano que se ha visto obligado a emigrar en estas últimas cinco décadas? El Malecón, la Rampa, las comidas familiares, el sabor de la guayaba y el mango (dicen que no es igual al de aquí), el barrio, los chiflidos (silbidos) utilizados para llamar a los amigos, sin necesidad de tocar el timbre en sus puertas y otras más que, aunque reemplazables fuera de Cuba, por buenas que éstas sean, no tienen el mismo “sabor”.

Quiero señalar con esto, que la nostalgia y la añoranza no son patrimonio exclusivo de la diáspora cubana, también es además frustración por los “buenos tiempos” que nos afecta a todos los que, por diversas razones o motivaciones, hemos decidido quedarnos en esta isla cautiva.

El haber dividido en dos el corazón de la nacionalidad cubana, nos mantiene en un constante vagar por aquí y por allá, en busca de una buena “cola loca” que nos permita pegar de una vez por todas, estas piezas de nuestro “corazón partío”, a lo Alejandro Sanz. Hoy nos corresponde a todos unir nuestros esfuerzos y seguir luchando hasta conseguirlo.