Dos años y. de todo un poco

En estos días cumpliré dos años de haber abierto mi blog. No fue fácil para mí tomar esa decisión. Primeramente, tenía que decidir si lo abriría con un seudónimo o con mi verdadera identidad. El miedo es un sentimiento innato al ser humano. Opté como siempre, por dar la cara.

Por supuesto, al principio no me trajo ningún problema, pero a medida que fue pasando el tiempo y fueron ocurriendo nuevos acontecimientos, sobre los cuales comentar, me trajo consecuencias. Algunos amigos muy cercanos me cogieron miedo, se alejaron. Sobretodo aquellos que aún temen poner un arbolito de Navidad ó luces en su jardín, o si las ponen, lo hacen el día último del año, para saludar el triunfo y se apresuran a retirarlas antes de Reyes, para evitar malos entendidos. Otros, sin embargo, me alentaron a seguir, se acercaron a mostrarme su apoyo. Pesó más esto último.

Recuerdo que mi primer post lo tuve que colgar en el blog de una amiga, pues ya tenía material para comenzar a escribir, pero aún no había abierto el mío. Se llamó Wild wild Centro Habana, y relataba las peripecias a que nos vimos sometidos un grupo de amigos que celebrábamos ese fin de año.

Inmediatamente surgieron las críticas, las malas interpretaciones y también las felicitaciones. Me di cuenta que a partir de ese momento, todo lo que yo escribiera iba a estar sometido a un riguroso rasero. Esto no me desalentó, todo lo contrario, me dio más impulso a seguir.

Así, con el transcurrir del tiempo, Por el ojo de la aguja ha ido ganando seguidores, admiradores y detractores. Para referirme a mi país, empecé a emplear la palabra planeta, pues pienso que nuestro terruño no se parece ni se rige por leyes similares a las de ningún otro. Lo que puede ser catalogado de normal en cualquier otro lugar del mundo, aquí es todo un acontecimiento. También los que como yo escriben sin ocultar su verdadera identidad, estamos sometidos a duras críticas y falsas acusaciones por parte del sistema.

En fin, una vez realizado el balance, siento que he recibido más placeres que disgustos continuando con mi bitácora, la cual trato de llevar con relativa frecuencia, a pesar de todas nuestras limitaciones tecnológicas, así como las prohibiciones impuestas, que debemos sortear en nuestro día a día.

Espero seguir contando con el apoyo de ustedes, mis lectores, tomando en cuenta vuestros comentarios, favorables o no, para superarme cada día y continuar llevándoles esas estampas cotidianas que me atañen, y de las que en alguna medida soy también partícipe.