
El propósito de la Oncena Bienal de La Habana, como de las anteriores ediciones, es mostrar el arte que se hace en nuestro país, así como en el mundo y en otras regiones menos conocidas. Desde el día once de este mes hasta el once de junio, toda la capital ha sido convertida en una gran galería, donde se exponen las obras de más de ciento ochenta artistas de cuarenta y tres países.
El objetivo fundamental de esta Bienal, dedicada en especial a los países del llamado tercer mundo, es facilitar el acercamiento y la posibilidad de interactuar con el espectador, en la más variada conciliación de sueños, utopías y prácticas artísticas del imaginario popular.
Ahora bien, leyendo en la página cultural del diario Juventud Rebelde del miércoles 16 del presente, el artículo dedicado al octogenario artista austriaco Hermann Nitsch, no pude menos que sentir repugnancia e indignación, con su performance Aktion 135.
“Se convirtió en un gran espectáculo que incluyó sacrificio de animales y mezcla de vísceras con frutas, así como baño con la sangre de las víctimas, lo cual estuvo acompañado por música interpretada por la orquesta Sinfónica del ISA, el Septeto Nacional Ignacio Piñero y el Grupo Síntesis (Aracelys Bedevia)”
Este destacado pintor, escritor y compositor austriaco invitado a la Oncena Bienal, recibió el martes el título Honoris Causa en Arte.
Con todo el respeto que este artista merece por su trayectoria en las artes, no puedo en absoluto estar de acuerdo con esta obra que incluye el sacrificio inútil de animales. Desde luego, esto ocurre en un país donde no existen leyes ni sociedades civiles que amparen y protejan a éstos. Se que de nada sirve alzar mi voz aquí, donde no tiene eco, pero sería bueno que las instituciones protectoras de la vida animal, que existen y funcionan en la inmensa mayoría de los países civilizados, tomen cuenta de este hecho criminal, donde el arte es tomado como pretexto para el abuso animal, ante la mirada indolente y cómplice de funcionarios y espectadores.
Queda claro una vez más que, cuando un gobierno no puede asegurarle el pan a sus ciudadanos, les da a cambio circo, en este caso particular, manchado con sangre.