Siempre habrá un plan B.

Hace algo más de dos años, cuando decidí escribir y expresar libremente mis opiniones, abrí una bitácora (blog), a sabiendas, como en anteriores ocasiones he expresado, que ello me podría traer muchas dificultades. Entonces como ahora lo sigo asumiendo.

Tenía la alternativa de hacerlo manteniéndome en el anonimato, o abiertamente con mi foto, mi nombre y dos apellidos. Me decidí por esta última opción, pues me pareció la más cívica. Esto no quiere decir que esté criticando en absoluto a los que han dado el paso bajo un seudónimo. De sobra es conocido que en mi país hay un solo empleador, y las personas que han optado por esto último, se ven en la necesidad de hacerlo, pues tienen su trabajo como único sustento. Yo, afortunadamente, me desenvuelvo en el mundo del arte, y desde hace muchos años ese es mi modo de vida.

Todo marchaba con aparente tranquilidad, y hasta ahora nadie había interferido en mi vida. Como es de conocimiento público, los habitantes de mi planeta no poseemos Internet y tenemos que valernos de subterfugios y, sobretodo de muy buenos amigos, para lograr colgar nuestros post en la red.

En el sitio desde donde habitualmente los enviaba todo parecía normal, pero cuando pude revisar mi blog, observé con disgusto que lo que yo creí publicado no estaba. A priori pensé que podía ser una falla técnica de mi parte, ya que no soy experta en estas lides, pero al comenzar a investigar y hacer comprobaciones, me percaté que no había errores, que simplemente a alguien, le habían dado la tarea de interferir en mis publicaciones.

Siento verdadera pena por las personas que se prestan a esto. Les está pasando la Historia por su lado y no se dan por enterados. ¿Qué explicación podrán dar algún día no muy lejano a sus hijos, por haberse prestado a realizar tan mezquina acción? Están desperdiciando la oportunidad de erguirse como ciudadanos y asumir la postura más cívica, que sería exigir, tanto para ellos como para los demás, el derecho ineludible de alzar su voz y expresarse libremente, como corresponde a cualquier ser humano que se estime.

No se preocupen, por mucho que nos hostiguen y traten de callar nuestras voces, siempre habrá un plan B, al que podamos acudir para que las mismas no puedan ser silenciadas.

Mi agradecimiento reiterado a todos aquellos amigos, que desde cualquier parte del mundo no solo nos leen, sino que además nos ayudan a que nuestras opiniones sigan saliendo a la luz pública.