Otro sueño realizado

Salimos muy temprano de Miami, que en lengua Tequesta, la de sus primitivos habitantes significa “Lugar de muchas aguas”,mi amiga, su hija y yo, rumbo a Key West. Todo el trayecto fue sorprendentemente rápido, gracias al magnífico estado de sus carreteras.

Hicimos nuestra primera parada en Isla Morada para almorzar en Wahoo’s, un típico restaurante de madera, anclado en la costa, donde decenas de pelícanos dormían una apacible siesta sobre los yates allí fondeados.

Después de disfrutar de un sabroso y frugal almuerzo marino, a base de ostiones y pescado, continuamos hacia nuestro destino.

El paisaje de aguas azules a ambos lados de los puentes, salpicado de  pequeños islotes verde esmeralda, trajeron a mi memoria aquellos famosos cuadros del pintor cubano Tomás Sánchez, donde el agua juega un papel protagónico.

En el auto, mientras hacíamos coros y palmas a la música de Arrebato y la canción “Puentes” de Ricardo Arjona http://www.youtube.com/watch?v=jMJMxtySmm8 nos sacaba las lágrimas, llegamos al impresionante Puente de las 7 millas a cuyos lados subsisten en milagrosa estática las viejas estructuras de hierro y madera, por donde transitaba antaño el viejo ferrocarril que conectaba el sur  de la Florida con Cayo Hueso.

Así, embriagadas por nuestra propia alegría, llegamos finalmente, cargadas de mucha energía, a Key West.

Después de disfrutar a nuestro aire, de  sus antiguas edificaciones, hoy casi todas museos, sus cuidados parques y bellos y lujosos hoteles, nos encaminamos hacia la calle Duval, arteria principal de la ciudad.

Hicimos un rápido recorrido por los sitios de mayor interés turístico y cultural: el Club San Carlos, en cuyo recinto aún se respira la impronta martiana, la casa de Ernest Hemingway donde todavia habitan los descendientes de sus gatos de seis dedos. En el Margaritaville, lugar donde degustamos su famoso coctel escuchando la música de Jimmy Buffet, galerias de arte, tiendas de souvenirs, hasta que hicimos un alto para tomarnos un exquisito café en  Croissants de France, una pasteleria familiar desde 18…

Después nos tomamos la típica foto en el lugar que marca las 90 millas a Cuba, mientras fantaseábamos con futuros puentes que acorten de una vez por todas esta distancia que cruelmente separa nuestras dos orillas.

Ya de regreso pasamos a buscar nuestro auto, aparcado en frente de la Hermosa y ecléptica masión de la familia López Ramos, la “southernmost house” (la casa más al sur de EEUU), como se la conoce, para decirle un hasta luego a este maravilloso lugar.

Desconexión.

Los últimos días últimos del pasado año y primeros del presente, he estado como en un limbo sin noticias del exterior, excepto alguna que otra vez que, pegando bien mi oído a la radio y haciendo abstracción del “taca taca” de la interferencia, he logrado escuchar fragmentos de programas de la emisora Radio Martí, así como algún que otro correo recibido del exterior, como ese que me enviaron con la loca lista de autos y precios, que el gobierno cubano pretender vendernos, a una población que se le dificulta enormemente poder comprar un litro de aceite de oliva por el alto precio del mismo.

¿Por qué no dedicar recursos a resolver el gran problema de la vivienda en vez de traer autos que por sus marcas y precios, hacen sospechar de ciertos turbios negocios ocultos detrás de los mismos , ante la locura que significa pretender venderlos en nuestro país? ¿Dónde están los talleres y las piezas, así como el personal capacitado para darle mantenimiento a éstos, en caso de que algún loco se decidiera a comprar un auto en vez de un apartamento por el mismo precio?

Estoy desesperada porque nuestros amigos que solidariamente nos regalan unas horas de Internet a la semana, terminen sus bien merecidas vacaciones y podamos volver a conectarnos con el mundo real.

Matiné y tanda de fin de año.

Mi amiga emigró hace 20 años, “se fue sin decir adiós” como dice la letra de la popular canción, pero yo la comprendí. Ella solía comentarme: Este país está siendo tragado por la desidia.

Para sorpresa mía, la noche del 25 sonó el teléfono. Era su hermana que me decía: “Adivina a quien tengo aquí que quiere hablar contigo”. Inmediatamente su nombre afloró a mis labios. Fue un verdadero impacto.

Ayer 31 de diciembre quedamos en encontrarnos en un restaurante privado del Vedado, uno de los pocos abiertos este día. Mi amiga es muy despistada y estuve esperándola durante más de dos horas. En ese tiempo me cayó encima tremendo aguacero presagio de un norte, no el que yo quisiera, pero en fin, un norte. Mucho calor, lluvia y después una brisa maravillosa.

Al encaminarnos hacia el restaurante pasamos por las ruinas de lo que fuera el histórico y emblemático Hotel Trotcha, donde estuvo hospedado el Generalísimo Máximo Gómez, antes de instalarse en la Quinta de los Molinos. Allí le tomé fotos a mi amiga y le dije: Ya ves, por el mismo precio de un pasaje a La Habana, puedes hacerte a la idea de que en tu itinerario hiciste un alto en Grecia para visitar sus antiguas ruinas.

Almorzamos muy frugalmente, pues el único Paladar que encontramos abierto era precioso, pero sus precios muy altos, cuidando del dinero de mi amiga, porque ella no es “millonaria”, como creen muchas personas de aquí de los que están allá. Sólo pedí un entrante, un refresco y un helado, ella me siguió y ordenó lo mismo.

La añoranza de los buenos tiempos encaminó nuestros pasos hacia el Hotel Riviera. Ambas quedamos bien impresionadas al ver su estado actual. La emoción no nos permitió ver detalles que después al irnos observamos: goteras, manchas y algún que otro descascaro en los muebles. No había nadie en el lobby, tampoco en las cafeterías. Parecía un hermoso desierto y sólo unas pocas personas disfrutaban en la piscina. Este hotel es administrado por la Empresa cubana Gran Caribe.

De allí fuimos al Melía Cohiba. Fue entonces que le comenté: Este hotel se construyó para que se realzara la belleza arquitectónica del Riviera. El Melía estaba concurrido y alegre, las fuentes de agua del lobby todas funcionaban, un buen número de turistas hacían su entrada, un enorme árbol de Navidad te daba la bienvenida. Se notaba la diferencia, propiciada por un buen mantenimiento: el mismo está administrado por la cadena hotelera española, quien se preocupa de tenerlo en óptimas condiciones.

Seguimos nuestra caminata hacia la Calle Línea a fin de que mi amiga capturara un taxi, cosa ésta que fue bien difícil, pues todos los “tarecones” venían llenos desde Playa. Finalmente uno paró: Te llevo, le dijo, pero si me das un “fula” (normalmente son 10 pesos). Ok, dijo ella, y ahí nos separamos y nos dimos un último abrazo. Yo crucé la calle rauda y veloz y pude tomar el ómnibus de la ruta 27 (que casi nunca pasa) y venía prácticamente vacío. Llegué a casa con los pies ardiendo, pero feliz de haberla vuelto a ver en esta extraña pero maravillosa matiné y tanda de fin de año.

 

El peor homenaje.

stas derechosMientras el presidente Raúl Castro rendía tributo al difunto líder  Nelson Mandela, con un discurso sobre la unidad, tolerancia y reconciliación, en Cuba los actos de represión a todo lo largo y ancho de la isla, mostraban otro lenguaje.

La casa de Antonio Rodiles, sede del proyecto SATS, está literalmente sitiada desde la noche del día 9, víspera del Día de los Derechos Humanos, por la seguridad del Estado para impedir el acceso a ella. No conformes con esto, movilizaron en el día de hoy a  vecinos y pioneros de las escuelas cercanas, para amenizar con gritos, música  y consignas políticas, los alrededores de la propiedad  a fin de intimidar y propiciar el desconcierto, para en medio de esta confusión, ejecutar detenciones a todas aquellas personas que trataran de acercarse a SATS.

Cierto es que muchos no pudieron llegar, pero otros,  inventaron diferentes estrategias para poder burlar el cerco y acudir al acto, donde se celebraba el tan temido día, por las autoridades cubanas. Pero lo más vergonzoso de todo ello sin dudas, es el haber utilizado, posiblemente sin el conocimiento de sus respectivos padres, a niños de escuela con fines políticos. Cosa esta que debía ocupar la atención de la UNICEF. Pienso que esto de hoy ha sido posiblemente, el peor homenaje rendido al Día de los Derechos Humanos y al fallecido líder africano.

Festival del viejo cine latinoamericano

 

4 Cine Acapulco

De todos es sabido que en estos días se está celebrando en nuestro país, el Festival del nuevo cine latinoamericano, que ya de nuevo no tiene nada. Yo particularmente no he podido ir a ver ninguna de las películas exhibidas, por tener en casa a mi esposo, convalesciente de una operación.

Pero eso no ha sido impedimento, para que me trajeran el cine a casa, el gran inconveniente ha sido, que no he podido escoger el día, ni la hora y mucho menos los títulos de las películas, en este caso impuestas: “Extraños factores” y “Visitas no deseadas”

La primera fue la peor, muy burda y poco original, esa hice que la exhibieran en el rellano de la escalera que accede a mi apartamento. La otra, sorpresiva también, fue por demás previsible, ya que desde mi balcón pude observar la vestimenta de los actores, así como su vehículo de transporte: camisas a cuadros y moto Suzuki.

En ambas, reinó el estado policial, aunque la segunda se rodó en la sala de nuestra casa. El lenguaje fue respetuoso, sobretodo en ésta última. El objetivo de ambos filmes era transmitir el mismo mensaje: No esgrimir el derecho a reunión y asociación, sobretodo los días 10 y 11 del presente mes, derechos a los que estamos amparados por la Carta Magna de Naciones Unidas, de la que nuestro país es signatario.

De estas sorpresivas exhibiciones de poder, algo dejamos bien claro a todos: Somos personas que amamos y defendemos la libertad y como tales vamos a seguir ejerciendo nuestros derechos como espectadores respetuosos y consientes que somos, sin abandonar este viejo cine por grotescas, burdas y pasadas de moda que estén las películas exhibidas, hasta que no veamos en la gran pantalla la palabra FIN.

Un recorrido por mi barrio.

 

 

 

 

4 Cine Acapulco 1Aceras cocodrilo 2 Basurero y aguas albañales 5Qué coño pasó

Mi barrio, El Nuevo Vedado, fue uno de los últimos  en urbanizarse en los años cincuenta. Prometía ser de los más modernos y bellos, con sus bien diseñados edificios familiares de dos y tres plantas y otros grandes y modernos para alquilar,asícomo sus hermosas residencias, algunas modestas y otras  mostrando un derroche de buen gusto y diseño arquitectónico, donde se lucieron los arquitectos Porro, Cristófol, Miguel Gutierrez  y Frank martínez por solo nombrar algunos. Su magnífico parque Acapulco, así como  sus amplias calles aceras y avenidas.

La Avenida 26,  y la Avenida  Kohly, lucían  respectivamente, unos preciosos parterressembrados de adelfas rosas y blancas. Su hermoso y moderno cine Acapulco, uno de los más confortables de la ciudad, donde  todas las semanas se estrenaban los últimos filmes extranjeros.

Hoy, en mi breve recorrido desde 26 y 41, hasta 26 y 17, en busca de un tinte para elcabello, que finalmente no encontré en ninguna de sus desabastecidas tiendas, lasimágenes observadas a mi paso, solo me brindaron preocupación y tristeza.

 

 

Soluciones deScomunales.

Comunales es la Empresa del Poder Pode Popular encargada entre otras tareas de la recogida de basura.

Basurero 4 Basurero 3 basurero 1

Detrás del “12 Plantas”, como le llaman al edificio ubicado en el cuadrilátero formado por las calles Tulipán, Loma, Colón y 39, en el Nuevo Vedado, la solución para colectar la basura de este gigantesco inmueble de apartamentos, así como de las casas colindantes, ha sido colocar una enorme cama de rastra, donde arrojar los desperdicios. Este gran contenedor se mantiene al descubierto, a merced de vientos, lluvias, roedores y demás insectos. Todos los alrededores del mismo están llenos de bolsas plásticas vacías, papeles, latas y toda clase de objetos, que los propios vecinos arrojan por fuera, al encontrar éste desbordado. Esto sin contar con el pestilente aderezo de las aguas albañales provenientes de los salideros del propio edificio, lo cual conlleva a la consiguiente contaminación, que hace casi imposible transitar por dicho lugar.

Según me cuentan algunos vecinos, puede pasar una semana o más, sin que la grúa que debe llevárselo pase a recogerlo, amén de que al hacerlo, ésta transita parte de la ciudad hasta su lugar de destino, contaminando todo en su largo recorrido. Tampoco cuentan, al igual que los camiones de recogida de basura, con los implementos necesarios para recoger lo que está fuera de los contenedores, dejando una estela de suciedad que, poco a poco se la lleva el viento o se funde con el pavimento, en el caso de éstos últimos.

Con estos antecedentes, de nada vale que además de quebrantar la privacidad de los vecinos, traten de irrumpir en los domicilios sin previo aviso, las famosas brigadas de salud, que ponen multas al poseedor de una “malanguita” en agua, así como la de los fumigadores, que utilizando el molesto petróleo quemado, te conminan a fumigar, cerrar y abandonar tu casa, so pretexto de erradicar el mosquito causante del dengue, enfermedad ésta que ya se ha hecho endémica, debido a la insalubridad reinante en la ciudad.

Un hospital en reparacioness

En “mi planeta” cuando un hospital entra en reparaciones, deja de ser un centro de salud, para convertirse en la ferretería de la zona donde está enclavado. Hace aproximadamente tres años que el Hospital Docente Gral. Calixto García está en reparaciones. Algunos de sus pabellones ya han sido restaurados, pero marchan tan lentos los trabajos, además de los incontrolables desvíos de recursos, que cuando terminen el último ya deberán comenzar de nuevo con los primeros.

Tengo un amigo que después de múltiples gestiones y espera, logró que le dieran la orden de ingreso. Me cuenta que al llegar a la Sala, con su número de cama asignada, le dijeron que la misma ya estaba ocupada. Afortunadamente la Dra. Que lo atiende, estaba aún con él, y les replicó que eso era imposible, ya que la tenía reservada con antelación. Fue entonces, que a modo de disculpa, los propios auxiliares de salud le dijeron, que los camilleros manifestaron estar muy cansados para subir otro piso más por la escalera con ese paciente, y por tanto decidieron dejarlo en dicha cama.

Anoche, visitando a mi amigo, éste me contaba que se enteró, que la Sala que se encuentra en el piso de arriba, al ser inspeccionada por la dirección del centro horas antes del acto de entrega, éstos quedaron muy sorprendidos al revisar los baños y percatarse que solo quedaban las piezas sanitarias y que toda la plomería había desaparecido, viéndose obligados a posponer su reapertura. Durante las investigaciones, confirmaron que habían sido sustraídas por los propios empleados que participaron en los trabajos de remodelación. Tanto las llaves de agua, los sistemas de descarga, como las demás piezas de plomería eran amarrados con una soga, dejándolos caer por las ventanas traseras del inmueble, donde un cómplice se encargaba de recogerlas y llevárselas.

Pero ese no fue el único incidente en su primer día de ingreso. Me cuenta que, al rato de él instalarse, pasaron los enfermeros a pedir a los acompañantes y a aquellos pacientes que estuvieran en condiciones de hacerlo, salieran al portal, porque el nuevo Director iba a hacer una visita y debían limpiar bien la sala. Después mi amigo, indagando sobre este tema con una de las empleadas, ésta le dijo que “estas limpiezas”, solamente las hacían en ocasiones muy especiales como la de hoy, pues lo que les pagaban era una miseria y no tenían ni siquiera los implementos adecuados para realizarlas, por tanto “no cogían mucha lucha” con el aseo.

Más sobre el González Coro

Finalmente Patricia es abuela. Su hija estuvo ingresada unos días en el Hospital González Coro, antigua Clínica Sagrado Corazón, del Vedado, La Habana, porque su bebé nació bajo de peso, algo muy común en estos momentos.

Ella hizo algunas fotos que me facilitó para que quedaran como testimonio de las comodidades e higiene que brinda el centro hospitalario.

Otra de las sorpresas que esperaban a la recién estrenada mamá, fue presenciar algunas disputas entre  otras pacientes, debido al robo de cigarrillos. Ella que no fuma, tuvo que aspirar el humo proveniente de esos cigarrillos compartidos entre  mamás y el personal de  salud que las atendían.

Atrás ni para coger impulso.

Una vez más esta frase, tan repetida hace ya más de cinco décadas, vino a mi mente, al enterarme de otra nueva marcha atrás, dada por quienes lanzaron como sentencia esta máxima en los albores de los años sesenta.

De nuevo otro gran retroceso, pero esta vez en pleno Siglo XXI y en el marco de las famosas “reformas raulistas”: Cerradas las salas de Cine 3D y ultimátum dado hasta el 31 de diciembre del presente, a los cuentapropistas vendedores de ropa importada. Todo esto ha generado mucho descontento, pero hasta ahí. Todos los afectados están tratando de ver cómo liquidan parte de las existencias y recuperan algo de las grandes inversiones hechas, como en el caso particular de las salas 3D, donde fueron importados equipos y muebles, generalmente a través de Panamá. Todos se están “devanando los sesos”, pero nadie va a increpar al Estado y éste lo sabe perfectamente.

Parece que este pueblo, debido a la precaria alimentación padecida durante décadas, tiene afectada la zona de su cerebro concerniente a la memoria. Ya pasamos, allá por los años ochenta, por la llamada “Operación pitirre”, cuando los artesanos de la Plaza de la Catedral, a quienes todos, hasta los propios dirigentes, compraban, por la calidad, originalidad y variedad de los artículos ofertados, confeccionados por ellos mismos, fueron perseguidos. Muchos terminaron presos y otros partieron hacia el exilio, en busca de libertad y nuevas oportunidades. Así se disolvió, de la noche a la mañana, un mercadillo que daba vida a la ciudad y la abastecía de artículos que no existían en las tiendas estatales, propiciando a muchos una manera de ganarse la vida.

Después, en los años noventa, vino de nuevo otra ofensiva, la famosa “Operación maceta”, que acabó con el Mercado Libre Campesino, que era el que estaba paliando en esos momentos las grandes escaseces de alimentos, acusando el gobierno de “enriquecimiento ilícito” a sus proveedores. Muchos de estos productores fueron hechos prisioneros y confiscados sus bienes, al igual que ocurrió años atrás con los artesanos.

Tampoco debemos olvidar aquella otra gran cruzada contra los primeros Paladares de doce sillas, a finales de los años noventa, de la que sólo pudieron sobrevivir los más fuertes o “suertudos”.

Por lo visto, la falta de memoria de nuestros ciudadanos, o los desesperados intentos de salir del estancamiento económico, han sido los que han hecho arriesgarse una y otra vez a aquellas personas más “optimistas”, que no acaban de darse cuenta que es muy difícil “jugar al capitalismo”, dentro de un régimen dictatorial de más de medio siglo instalado en el poder.

Por ello, y para que no se equivoquen, el gobierno hace este tipo de “operaciones” cíclicamente, para que nadie olvide “quien es el que manda”. Solamente en un futuro país libre y democrático, es que habrá seguridad para aquellos que quieran emprender sus propios negocios. Entonces y sólo entonces, es que prosperarán las iniciativas privadas. Quizá en un futuro no ya tan lejano, le demos otra connotación a esa tristemente célebre frase de: “Atrás ni para coger impulso”, porque evidentemente nadie querrá repetir estos errores.

Agradecida.

IMG_2665

Ayer,  primero de noviembre, en horas de la tarde, una vez más traspasamos el ya familiar portón de Estado de SATS. En esta oportunidad  yo era la invitada de honor, con una exposición de mis trabajos en patchwork titulada “Mujeres”, dedicada  a un género al que pertenezco y del que me siento orgullosa, porque cada día logramos, a pesar de todas las carencias  e inconvenientes, integrarnos más a la sociedad, compartiendo y compitiendo codo a codo en buena lid con los hombres, sin abandonar aquellas tareas que, como madres, esposas, e hijas,  ancestralmente nos fueron “asignadas”.

Mucho me conmovieron las bellas palabras de apertura que, sobre mi trayectoria, pronunciara mi gran amiga Regina Coyula,  pero mucho más  me satisfizo la presencia de amigos, que a pesar de mantener vínculos laborales y profesionales actuales con el único empleador de nuestro país, tuvieron el coraje de obviar el operativo montado por  la seguridad del Estado, ya tan habitual, y acercarse, por vez primera, a este  emblemático y “estigmatizado” lugar.

Noté y eché de menos   la presencia de algunos amigos con los que contaba,  sobre todo mujeres,  género al que estaba dedicada esta muestra, algunas por encontrarse enfermas  y otras que tuvieron imprevistos de  última hora,  cosa ésta que lamentablemente debió complacer mucho a los “compañeros que nos cuidan”. No obstante, la muestra cumplió su objetivo, y demostramos una vez más que Estado de SATS es un lugar inclusivo, donde convergen arte y pensamiento y donde el común denominador es la aspiración a que Cuba vuelva a ser un país libre y democrático, con todos y para el bien de todos, como deseara nuestro Apóstol José Martí .

Mi más sincero agradecimiento  a Estado de Sats,  a los organizadores de este lindo evento y a todos aquellos que acudieron a brindarme su apoyo.

Blancanieves y las siete personitas de baja talla.

Foto Orlando Luis Pardo

Anoche, disfrutando una vez más el filme silente español Blancanieves, dirigido por Pablo Berger y magistralmente interpretado por Maribel Verdú, merecedor de varios premios Goya, vino a mi mente un artículo publicado el viernes 25 del presente en el diario Granma, del periodista Castaño Salazar, donde plantea muy seriamente que ya es hora de dejar de llamar “enanos” a esas personas que padecen osteocondrodisplasia, la enfermedad que acorta las extremidades y la columna vertebral, para llamarles “personas de baja talla”.

Encuentro muy bien y estoy totalmente de acuerdo, en que no es nada sano utilizar términos que marcan diferencias, cuando esto se hace con carácter separatista, despectivo o en son de burla, trátese lo mismo de raza, estatura, minusvalía o simplemente ideología. El ser humano es uno, sea cual sea su físico, o su manera de pensar, lo que vale es lo que está dentro de él, su moral, civismo, valores éticos e intelectuales.

Quienes nos piden ahora y hacen una cruzada para lograr que eliminemos de nuestro vocabulario el término “enano”, tan válido como el de “gigante”, ambos presentes en el idioma español sin ninguna connotación despectiva, sino simplemente para nombrar a una persona de baja o alta talla, son los mismos que durante años consideraron peligrosa la palabra “tolerancia”, y siguen hasta hoy considerando en términos despectivos el vocablo “disidente”. Son aquellos que crearon las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), para concentrar en ellas a todas las personas que entonces catalogaron de “diferentes”, e igualmente nos prohibieron escuchar canciones de Los Beatles o a glorias de nuestro cancionero como Celia Cruz y Olga Guillot, quienes siguen prohibidas hoy en nuestros Medios, por considerarlas ideológicamente perjudiciales.

Ahora bien, si aplicáramos la absurda propuesta, tendría entonces cualquier madre o abuela, al leerle a sus hijos o nietos el cuento de Blancanieves, que verse obligada a cambiarle el título y el texto para referirse a los “enanitos” como a “personitas de baja talla”, o Gulliver ya no estaría en el país de los enanos, sino en el de los “acondroplásicos”, y hasta para leer a nuestro Apóstol José Martí, nos veríamos obligados a cambiarle el texto, cuando dice en su hermosa poesía dedicada a su hijo: “Para un príncipe enano se hace esta fiesta…”

Señores, seamos más sensatos y no caigamos de nuevo en extremismos y dediquemos nuestros empeños, energías y trabajo a mejorar las condiciones de vida de nuestros ciudadanos, dejando estas sutilezas idiomáticas a nuestros académicos especialistas de la lengua y a Naciones Unidas, quien tiene economía y personal suficiente para dedicarle tiempo a estos asuntos.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8932 (20131017) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

Restauración de una memoria.

El gran coloso, un símbolo distintivo de la ciudad, dormitaba abandonado a su suerte, con la mugre y el polvo cubriendo durante décadas toda su enorme y sólida estructura. De pronto un día despertó, llegó su esperado momento.

En los terrenos donde antiguamente existiera el primer Jardín Botánico de la ciudad, uno de los puntos más elevados de ésta, se comenzaron las obras durante el gobierno de Machado, de acuerdo al proyecto del arquitecto Eugenio Raynieri Piedra, del gran edificio de fachada neoclásica, que tres años después, el 20 de mayo de 1929, se convertiría en uno de los símbolos más representativos de la capital, siendo tras su apertura la sede del Senado y la Cámara de Representantes. Desde los comienzos del Siglo XX hasta la década de los cincuenta, se considera su época de mayor esplendor.

Fue después del año l959 que esta hermosa edificación comenzó a recibir drásticas y lamentables transformaciones, depredaciones y fatales adaptaciones, que lo fueron convirtiendo en un lamentable fantasma hasta el día de hoy, albergando en sus hermosos salones colonias de murciélagos, cuyos desechos fecales se podían apreciar perfectamente en las paredes del emblemático inmueble.

Una de las tantas historias, entre otras, que lo hizo popularmente famoso en el año 1946, fue la del robo del brillante de 25 kilates que marcaba el kilómetro cero de la Carretera Central. Se dice que, más de un año después, el mismo reaparecería en el despacho del entonces presidente de la República Ramón Grau San Martín, siendo reubicado en su lugar de origen, rodeado de una estrella octagonal, realizada en mármoles italianos de diversas tonalidades.

A partir de 1973 el brillante fue sustituido por una réplica. Éste se encuentra depositado en las bóvedas del Banco Nacional de Cuba. Igualmente se está restaurando un recinto recién descubierto, que fue creado para honrar al Mambí Desconocido, que está situado justo debajo de la cúpula y a los pies de la gran estatua de bronce cubierta de pan de oro que mide 17 metros de altura, y representa a la República, la cual está considerada como la tercera más alta que se encuentra bajo techo, a nivel mundial.

Sobre la obra de restauración, el historiador Eusebio Leal expresó que, afortunadamente el edificio no presenta daños estructurales, pero que en el tema de las instalaciones si tiene muchos problemas. Que en estos momentos están muy adelantados los trabajos de restauración de su gran cúpula, y que también se están afanando en las zonas de los patios y jardines, que fueron diseñados por el famoso urbanista y paisajista francés Forestier, el mismo que diseñara gran parte del Vedado. Asimismo, se están limpiando y volviendo a pulir las esculturas, una representa un hombre y la otra una mujer, situadas a ambos lados de la gran escalinata. Éstas, de seis metros cada una, fueron realizadas, al igual que la de la República, por el afamado escultor italiano Ángelo Zanelli.

Pronto el Salón de los Pasos Perdidos recuperará todo su antiguo esplendor, pues se están dando los toques finales a todo lo que se refiere a enseres, mobiliario, cortinas, entre otros objetos de gran valor, como las lámparas, algunas fabricadas en la Saunier Duval Frisquet de París, y otras de bronce laminado en oro, y cristales de la Societé Anonime Bague, cuyo valor hoy día es incalculable.

Todos los minuciosos trabajos de restauración se están realizando por los especialistas que trabajan para la Oficina del Historiador, así como con algunos artistas cuentapropistas que colaboran con dicha oficina. Estos últimos son los que se encuentran trabajando en la restauración de los bajos relieves de bronce de los recuadros, que ornamentan las grandes puertas principales del Capitolio.

Una vez terminada esta gran obra de restauración, el Parlamento retornará a su antigua sede y, a pesar de las funciones gubernamentales, el Capitolio seguirá abriendo sus puertas al público en determinados espacios como el Salón de los Pasos Perdidos y su famosa biblioteca, con paredes de maderas preciosas inspirada en la del Vaticano. Como bien expresara el Dr. Eusebio Leal, “esta es la restauración de una memoria”.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8932 (20131017) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8932 (20131017) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

¿Se anima a procrear en Cuba?

Muchas personas se preguntan el por qué de la baja tasa de natalidad en nuestro país, donde existe un clima excelente para criar a un bebé, sin temperaturas extremas, con buen sol y magníficas playas.

He aquí unas imágenes que responderán por si mismas esta interrogante:

Hosp. Coro A

Este es la fachada el hospital González Coro, antiguamente Clínica El Sagrado Corazón, una de las más modernas instalaciones de este tipo en los años cincuenta. El sueño de la mayoría de las futuras madres, era ser atendidas aquí durante todo su embarazo y después en el parto, sobre todo a finales de los años sesenta en que ya sus homólogas, con más años de construidas, comenzaban a mostrar el deterioro del ya incipiente abandono.

Hace más de veintiocho años, comenzó una gotera en la salita de espera de la consulta de obstetricia y ginecología. Entonces la solución fue un colocar un cubo debajo de ésta y una frazada. Hoy persiste la misma situación, sólo que agravada por casi tres décadas. Ésta se ha hecho mayor y ha afectado tremendamente el falso techo, que muestra un deterioro escalofriante, más aún por tratarse de un centro de salud donde debería primar seguridad e higiene.

¿Cual ha sido la solución encontrada por las autoridades de la salud que tienen que ver directamente con esta y otras instalaciones?

Sencillamente colocar una enorme cubeta que recoja el máximo de agua, y en vez de rodearla de frazadas de piso(que son muy escasas y costosas), como se solía hacer para absorber las salpicaduras, esta vez han colocado enormes cartones, para evitar que se resbalen las embarazadas.Hosp.Glez Coro, cubo extra

Repaso y repasadores

Profesores y alumnos Esc. Pública,Sup.Nro.10, años 50

A partir de los años cuarenta todas las personas que se dedicaban a la enseñanza en Cuba, poseían títulos acreditativos para ejercer profesionalmente el magisterio. En la década de los cincuenta eran muchos los profesores ilustres en nuestro país, reconocidos internacionalmente por sus libros publicados, los cuales se utilizaban como material de estudio dentro y fuera de nuestras fronteras: Valmaña, Baldor, Añorga, por sólo mencionar algunos, libros de texto que aún son usados en muchos de los países latinoamericanos por profesores y estudiantes.

Después del año cincuenta y nueve, en que fueron intervenidos los colegios privados, se promulgó una absurda ley que “invitó” a los maestros de primaria y enseñanza superior en funciones, a jubilarse con sólo veinticinco años de servicios y el mayor haber percibido, sin importar la edad. Esto y otras causas, en la que los maestros se vieron además depreciados por haberse formado en el capitalismo, hizo que muchos marcharan al exilio, la mayoría se jubilara y muy pocos fueran los que continuaran ejerciendo contra “viento y marea”. Desde entonces, la enseñanza comenzó a deteriorarse y tuvieron que preparar “a la carrera” y en muy poco tiempo, jóvenes del campo, como maestros para llenar el vacío provocado por el propio gobierno: los llamados “Makarenko, al ser formados según los métodos del pedagogo soviético de igual apellido.

En la década de los sesenta aún quedaban buenos profesores en muchas de las escuelas y éstos, a su vez, ayudaban a los recién capacitados a superarse, pero los bajos salarios, la falta de estímulos y el deterioro cada vez más evidente de las instalaciones docentes, hicieron que, poco a poco, la deserción fuera apoderándose del sector, sobre todo en la primaria y secundaria. Aún, para entonces, la Universidad contaba con figuras brillantes en su claustro.

Otras de las causas que incidió en la baja calidad de la educación fue que los maestros se vieron presionados, para no afectar su propia evaluación, que se basaba en la promoción y no en la calidad, a cometer fraude. Esto hizo que muchos informaran con antelación a sus alumnos las preguntas que saldrían en los exámenes y, en muchas ocasiones, hasta les “soplaran al oído” las respuestas, a fin de obtener ellos una buena evaluación.

Muchos padres, ante el deterioro galopante de la enseñanza y la falta de maestros en determinadas asignaturas, decidieron acudir a profesores jubilados para que les repasaran y, en algunos casos, hasta les impartieran las asignaturas a sus hijos. Otros, en mejor posición económica, lograban los mismos resultados con sus hijos, haciéndoles valiosos regalos a los propios maestros en ejercicio. Cada vez más fue decayendo la calidad de la enseñanza y se les perdió el respeto a los maestros, por parte de alumnos y familiares. Después, como puntillazo y para rematar, aparecieron los llamados “maestros emergentes”, preparados en cursos rápidos de baja calidad y corta duración, y la sustitución de profesores por televisores en las aulas. Esto marcó el golpe final a la calidad en la educación.

Progresivamente, junto a este deterioro, fueron creciendo en número cada vez mayor, las personas que se dedicaban de forma particular y cobrando, claro está, para mejorar un tanto sus propias economías, los repasadores. Esto fue, hasta la aparición de las nuevas licencias no hace mucho, una actividad clandestina. Ahora existen legalmente los repasadores, pero ya el gobierno le está buscando la “contrapelusa” al ejercicio de esta actividad, queriendo crucificar a los profesores que, estando activos, y sin estar autorizados para obtener licencias, se dedican a ella, arremetiendo contra los mismos a través de los Medios, hablando de falta de ética y de civismo, sin tener la valentía de afrontar y divulgar las causas, fundamentalmente económicas, que han provocado esta situación: los salarios de miseria que reciben, que son insuficientes para satisfacer sus necesidades mínimas como ciudadanos, desestimando que, si una vez más, los maestros se sienten acorralados, volverán a desertar, creando un nuevo vacío en la enseñanza, cada vez más difícil de llenar.

Es necesario buscar una salida legal para que se solvente este caos creado, sin perjudicar a profesores ni alumnos y, sobre todo, el futuro de la nación. Los repasadores existen justamente, debido a la cada vez más baja calidad de la enseñanza. Esto es responsabilidad de toda la ciudadanía en general pero, en primera instancia, del Ministerio de Educación y su más alta jerarquía.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8912 (20131013) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8912 (20131013) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8912 (20131013) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

El hospital que nos toca

Raimundo llegó temprano a una consulta externa del hospital docente General Calixto García, que se encuentra ubicada en los sótanos de uno de los viejos pabellones. La sala de espera estaba repleta, el murmullo de las voces no le dejaba concentrarse en la lectura del libro que llevaba, para hacer más soportable su obligada estancia. De pronto, entra en el local una mujer mayor, vendedora de periódicos, pregonando Trabajadores, e invitando a los allí presentes a que le compraran un ejemplar, para entretenerse mientras les llegaba su turno. Ella, entre pregón y pregón, decía que tenía que dedicarse a esto para poder comer, pues fue trabajadora de ese centro durante muchos años y, si no lo hacía, con la jubilación se moría de hambre, aunque cuando trabajaba también, pues siempre ganó una miseria.

Fue entonces cuando un anciano de unos ochenta años, que esperaba ser atendido, tomó la palabra y le dijo: Señora, esto es fascismo y como tal, nos quita todos nuestros derechos. Este hospital es un asco, continuó, pareciera que hace meses no lo limpian, ni tan siquiera han puesto un ventilador para que en este oscuro y húmedo sótano, tengamos un poco de ventilación. Bueno, si los médicos no lo tienen tampoco, que podemos esperar los pacientes.

Oye viejo “apretaste”-expresó otro de los allí presentes. El murmullo de voces fue in crescendo. Todos comentaban sobre la suciedad, las escaseces, la falta de condiciones del hospital, de los trabajos que se pasan para llegar hasta allí en ómnibus, porque no todos tienen 10 pesos para coger un “tarecón” (taxi de los años 50)… De pronto, por la estrecha escalera que baja al sótano, se asoma un enfermero y, dirigiéndose a los pacientes, dice: Por favor, alguien que me dé una mano para bajar a este operado en silla de ruedas. En eso se abre la puerta de la consulta y el médico, echándose fresco con un cartón, a modo de abanico, dice en voz alta: ¡Que pase el siguiente!

El anciano de marras, toma de nuevo la palabra y alzando la voz, para que todos lo oigan, dice: ¡Señores, este es el hospital que nos toca!

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8887 (20131007) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

De la ruina material a la ruina moral

Consultorio 20

Lamentablemente el país entero se ha marginalizado, producto, entre otros factores incidentes, de la cantidad de años de régimen de sobrevivencia. El sector de la medicina no ha estado exento de ello, debido fundamentalmente a los bajos salarios devengados por sus profesionales, y a las precarias condiciones en que tienen que ejercer su profesión dentro de los centros de salud, así como al déficit de medicamentos, que les obliga a estarse informando constantemente en las farmacias, a fin de conocer cuáles medicamentos “entraron” y están en venta, para saber qué recetar a sus pacientes.

Todo esto ha conllevado a que enfermos y galenos estén, desde hace más de tres décadas, relacionándose con demasiado desenfado, en ocasiones, o con excesivas muestras de confianza, en la mayoría de los casos, perdiendo ese respeto y esa ética que debería existir entre ambos. Tampoco los pacientes denuncian las faltas o el maltrato cometidos por algunos médicos y trabajadores del sector de la salud, por miedo a represalias posteriores, ya que siempre están obligados a acudir al consultorio que les corresponde por ubicación de domicilio, y no al que desearían elegir.

Hace algunos días, mi amiga Patricia del Nuevo Vedado, acompañó a su hija embarazada al Consultorio 20, para hacerse el chequeo de seguimiento. Llegaron temprano y fueron las primeras. Después, poco a poco, se fue llenando el pequeño saloncito de espera. Pasadas las nueve de la mañana, llegó la doctora y, sin ofrecer disculpas por su retraso, lo único que hizo fue comentar en voz alta para que todos la escucharan, que se había tenido que “disparar” tremenda cola para comprar cigarrillos.

Acto seguido entró en su oficina y, momentos después, asomándose a la puerta y dirigiéndose a una señora que estaba acompañada de su esposo, que por orden de llegada iba detrás de la hija de mi amiga, le dijo, en un tono de voz más bajo pero no lo suficiente como para no ser escuchado por los allí presentes: “Ven, para acabarte de ver tu perica”. Luego, cuando terminó con esta paciente, volvió a salir y dijo: “Voy a fumarme un cigarrillo y descansar un poco”. Con la misma, se sentó en el murito del jardín y comenzó a fumar despreocupada.

Mi amiga y su hija abandonaron el lugar indignadas. Días después recibieron la visita del médico de la familia y de la enfermera del Consultorio, para que les explicaran por qué la paciente se había ido sin consultarse, pues esta acción les perjudicaba a ellos ante las autoridades del Policlínico, ya que debían darle seguimiento al embarazo. Mi amiga entonces aprovechó para decirle que las perjudicadas eran ellas, por la falta de respeto de la doctora y que, por supuesto, lo informara a sus superiores, porque ellas lo harían también por otras vías.

Esto, lamentablemente, es solo una pequeña muestra del punto a que han llegado las relaciones médico-paciente, pues ambos están obstinados de sortear a diario tantas dificultades y carencias materiales, que lamentablemente han ido horadando la conducta, la ética y la convivencia social. Nada de esto justifica las acciones aquí descritas, pero lo que se puede deducir de todo ello, es que en la formación de los nuevos galenos, la ética profesional sigue siendo una asignatura pendiente.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8873 (20131003) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8873 (20131003) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

Una gotera mayor de edad

Hace 28 años Patricia estaba embarazada y se atendía en el Hospital González Coro, antigua Clínica El Sagrado Corazón, sita en la Calle 21 entre 4 y 6, en el Vedado. Por esos años, la aspiración de todas las futuras mamás era atenderse ahí, lugar donde se concentraban los especialistas más afamados y porque, al ser de las últimas obras que se construyeron para esta especialidad en la década de los 50, aún no estaba tan deteriorada como sus homólogas.

Ya por aquel entones mi amiga pudo observar que en el falso techo, en la salita de espera de la consulta de Obstetricia y Ginecología, existía una gotera y que, debido a ella, habían colocado una frazada de piso y un cubo para recoger el agua, así como las salpicaduras. Pero eso entonces se podía “sobrellevar”, pues como era lógico pensar tenía carácter transitorio. Eso al menos dedujo ella.

Han pasado 28 años y mi amiga ha vuelto a la misma consulta, acompañando ahora a su hija, que es la que está gestando. Con horror constató que aquella vieja gotera, que la acompañó durante sus nueve meses de embarazo, estaba ahí mismo, sólo que había crecido, y ahora es casi un salto de agua como el de Soroa y que, además, el falso techo tiene una gran área destruida. Actualmente el cubo para recoger el agua es mucho más grande, y la frazada de piso ya no alcanza para contener las salpicaduras que forman un gran charco, por donde tienen que transitar el personal médico y las propias gestantes, con el consabido riesgo de resbalar y caer.

Pienso que, con todo el dinero invertido en cubos y frazadas de piso durante todos estos 28 años hubieran podido, de haber existido el deseo y la voluntad de hacerlo, arreglar como es debido el falso techo y evitar así el riesgo de un accidente, que en el caso de una gestante puede ser fatal. ¿Dónde están las autoridades responsables de corregir esta situación? ¿Es acaso el Director del Hospital? ¿Serán quizá los del Poder Popular? En fin, lo que si tengo bien claro es que no son los médicos ni los pacientes los que tienen que responsabilizarse con el arreglo de esta avería, pero también estoy convencida de que, si no se denuncia, continuará la lamentable situación, hasta que un día clausuren la consulta, después la sala, el piso y finalmente el hospital, como ha venido sucediendo con otros.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8857 (20130929) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

Parque Jurásico 80

Vivo en un planeta llamado Cuba, pertenezco a una especie que estuvo casi en extinción allá por los años ochenta. Por ello, a partir de entonces, pasé como muchos otros congéneres a ser un “ejemplar protegido”.

Desde luego en esta Reserva no todos gozamos de los mismos privilegios. Hay especímenes con mucha más flexibilidad en la cervical y rodillas, que son los que en verdad disfrutan de mayor protección.

Muchos como yo sólo somos números en este gran parque, pero esto en vez de perjudicarnos nos da cierta cobertura, permitiéndonos algunas “pequeñas libertades” que nos tomamos a cuenta y riesgo, y que sin embargo los otros ejemplares no se pueden permitir, por ser justamente los más “notorios” y que gozan de mayores ventajas.

Cuando en la década antes mencionada, a raíz de una exposición de artes plásticas que duró sólo veinticuatro horas y terminó como “la fiesta del Guatao”, debido al tremendo impacto ocasionado entre el público y la oficialidad ante las obras expuestas, ésta fue clausurada, detonando la posterior fuga de los artistas participantes, así como la aplicación de medidas disciplinarias a los organizadores, provocando un gran vacío en el sector.

A partir de entonces, algunas personas con cierto poder y una mente más abierta, decidieron “proteger” a los artistas plásticos, para evitar quedarse sin éstos. Fue entonces que pasamos a formar parte de este gran Parque Jurásico, del que afortunadamente soy un miembro más: “Artistas independientes“… hasta que a alguien se le antoje demostrar lo contrario.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8844 (20130925) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

Fragmentación familiar

Antes del año cincuenta y nueve del siglo pasado, yo poseía una gran familia: abuelos, padres, madres, tíos, tías, primos, primas, padrinos, madrinas, así como sus respectivos cónyuges. Componíamos un clan, unidos por el amor y el quehacer cotidiano, donde entraban también a engrosarlo amistades muy cercanas y queridas, que terminaban confundiéndose con la parentela, al punto de a veces no poder diferenciar muy bien a quien le corría o no, por sus propias venas, la misma sangre.

Al principio, muy al principio del año de marras, la alegría contagiosa inundó los hogares cubanos: ¡Se había ido el dictador! Pero eso duró muy poco, pronto se implementaron las primeras “leyes revolucionarias” y, tras su dureza, comenzaron a desaparecer algunos rostros amigos, después otros más cercanos. Aquella alegría comenzó a ser sustituida por la incertidumbre, seguida luego de la tristeza y más tarde del miedo. Los más jóvenes no nos dábamos cuenta aún de lo que estaba sucediendo, hasta que de pronto también empezamos a dejar de ver a nuestros amigos cercanos. El barrio comenzó a tornarse triste, luego la escuela, después la casa, la ciudad, el país. Todos los días llegaba una noticia de que alguien muy querido partía, nos abandonaba. Quien sabe cuándo lo volveríamos a ver, si es que eso algún día sucedería, pues por la radio y la televisión decían todo lo contrario: “Los traidores y apátridas que abandonan el país jamás volverán”. Para mí, una adolescente, criada en un ambiente de armonía y amor, esa fue una palabra muy dura, muy contundente, inconmensurable.

Mis amigas más queridas comenzaron a desaparecer como por arte de magia, más bien “de mago”. Algunas partieron portando un cartel en el pecho, iban hacia lo desconocido, las enviaban sus propios padres, en el afán de “salvarles de lo que venía”, eran las Peter Pan. Entre abrazos y lágrimas nos despedíamos, nos intercambiábamos pequeños recuerdos, pensando que nunca más nos volveríamos a ver, fue tremendamente doloroso.

Recuerdo todavía con gran pena, el día que uno de mis primos y su esposa se marcharon: ella llevaba en su vientre a su primogénito, al que yo había bordado infinidad de pañales, con el profundo amor de quien espera a su primer sobrino, quien vine a conocer 38 años después, cuando se restablecieron los viajes de intercambio cultural, pues con el devenir del tiempo, entre prohibiciones y avatares, yo me había convertido en una artista de la plástica, y pude ir por vez primera a una exposición fuera de la isla cautiva.

Después, poco a poco, volví a cultivar nuevas amistades, me casé, tuve hijos. Un día, éstos partieron en busca de libertad y de nuevos horizontes. Se establecieron en diferentes países, y me nacieron nietas que tampoco disfruté. Vine a conocerlas años después, cuando ya me había perdido todos sus encantos de bebés, sus primeras palabras, sus primeros pasos. También mis nuevos amigos se seguían marchando.

A mi regreso de un viaje, en que me las ingenié para hacer una exposición “fuera” y poder así contactar a mis hijos, comprobé, con profundo pesar, todas las grandes y pequeñas cosas que habíamos dejado de compartir, en este largo y tortuoso camino, pero lo más doloroso de todo, sin la menor duda, ha sido y es esta terrible fragmentación familiar.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8835 (20130923) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

De cómo una rosa devino Catedral.

Siempre he sabido que un nombre es importante. Yo no sería la misma si no me llamara Rebeca. Al menos eso pienso yo. Tengo dos nombres, como casi todas las personas de mi generación, pero si ahora mismo alguien me llamara por el segundo, yo ni voltearía el rostro, porque estaría segura que no se trata de mí. Así pasa con casi todo, muy especialmente con las calles y los comercios.

Cuando inauguraron el restaurante La Rosa Negra, primeramente me sonó extraño, y algunas personas hasta lo cuestionaron: ¿por qué negra y no de otro color? En fin, estuve indagando al respecto, y me explicaron que ese era un local arrendado y que, cuando comenzaron los trabajos de adaptación, el dueño del mismo había pedido especialmente, que le pusieran ese nombre, por un libro que él había leído y disfrutado mucho. Lo complacieron, pues en definitiva eso era sólo un detalle.

Pronto abrió sus puertas el nuevo local y la calidad de sus comidas, el buen servicio y el magnífico grupo que constituyen sus empleados, hizo que una clientela cada vez más numerosa y constante, se acostumbrara al raro nombre. Ellos, los dueños y trabajadores, fueron los que con su buena mesa y su amabilidad, hicieron que la rosa “prendiera” y se hiciera famosa dentro y fuera del país.

Pero todo el camino no estaba cubierto de pétalos aromáticos y pronto salieron a relucir las espinas El dueño del local, viendo el tremendo éxito que habían logrado, les rescindió el contrato, para tomar él las riendas del ya floreciente y consolidado negocio. Eso no fue lo peor, quiso quedarse con el nombre, pues había sido idea de él. Cosa mala ésta para cualquier nueva empresa.

Sus actuales empresarios, ante la imposibilidad de convencer al propietario del inmueble, que les dejara el nombre, ya que fueron ellos los que le dieron el prestigio del que hoy goza, optaron por comprar una antigua casa en el Vedado, y convertirla en otro hermoso restaurante: La Catedral. No se llevan el logotipo, pero se van todos los que le hicieron famoso. Estoy absolutamente segura que tras ellos iremos todos a La Catedral, pues en estos dos años, clientes, dueños y personal, nos hemos identificado y convertido en una familia.

A los que viven aquí y a esos que piensen visitar La Habana, a partir de mediados de noviembre del presente año, les recomiendo anotar bien esta nueva dirección: Calle 8 /entre Calzada y 5ta, Vedado. De seguro me agradecerán la sugerencia.

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 8805 (20130915) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com

“Queremos muchas cosas más”

indexEl jueves  12 del presente mes estaba todo listo para que se ofreciera el gran concierto, “teñido de amarillo” por sugerencia del propio agente René, en el “Protestódromo”,  como se le conoce popularmente al Monte de las Banderas, frente a la SINA. Todo estaba previsto por Cultura, la UNEAC y controlado por la Seguridad.

Los artistas y grupos musicales que habitualmente actúan en todos los “llamados patrióticos”, habían ensayado e informado previamente los números que interpretarían. Lo que si nadie pudo prever, es que un valiente joven, al frente de su archiconocido y popular conjunto Interactivo, Robertico Carcassés, gran improvisador, en medio de aquella trama tan bien tejida, diera la nota discordante, que pondría en vilo a toda la nomenclatura.

Llegado el momento de interpretar el conocido número Cubanos por el Mundo, Robertico, director del grupo, vestido todo de blanco, dejó el piano para coger el micrófono e improvisar, ante la mirada atónita y los sorprendidos  oídos de los allí presentes, que no creían cierto aquello que escuchaban, y que el público repetía entusiasmado, siguiendo la cadencia contagiosa del estribillo:  “Quiero, acuérdate que siempre quiero”,  ”Libre acceso a la información para tener yo mi propia opinión”, “Ni militantes ni disidentes, cubanos todos”, “Queremos muchas cosas más”, “Elección directa del presidente…”,  “Quiero, acuérdate que quiero, el fin del bloqueo y del autobloqueo”…

Sorprendió a todos, no dio tiempo a las autoridades a improvisar, no pudieron desviar las cámaras hacia el cielo de la oscura noche, no les dio tiempo a proyectar otra cosa en las pantallas. Los cogió “movidos”, como decimos aquí. Robertico supo con inteligencia aprovechar la oportunidad que se le presentaba. Eso no fue casualidad, era su más profundo sentir, al cual podía dar riendas sueltas, donde sabía que iba a ser escuchado, no como aquella carta abierta que hiciera a Harold Gramatges,  al frente de la sección de música de la UNEAC, en el año 2007 y que seguramente fue engavetada, tal vez con alguna que otra similares.

Ahora sólo nos queda estar muy al tanto de lo que pueda ocurrir con este artista y, utilizando la palabra y la escritura como medios eficaces,  tratar de impedir que se tomen represalias con este valiente músico. Estoy segura que usted, yo, todos, estamos de acuerdo en que “queremos muchas cosas más”.

Bochorno

Siempre oí decir de niña, que a esta hora del mediodía en que el sol arreciaba y los árboles no movían ni una sola de sus hojas, se le llamaba “bochorno”.

Salimos mi amiga y yo del turno de Internet y decidimos pasar por una de las tiendas cercanas al área, en busca de algunos productos de aseo. Nuestro primer impacto lo recibimos al llegar a una tienda nueva, dedicada exclusivamente a la venta de estos productos, cuando vimos un gran crespón amarillo en la puerta de entrada. Ahí nos dimos cuenta de inmediato, de qué se trataba, y parafraseando a Martí, le dije a mi amiga en broma: “No sé si estando esa bandera yo pueda entrar…”. Ella, casi empujándome, me dijo riendo: “Dale que no es una bandera, es sólo un trapo amarillo mandado a poner”. Entramos, ya riéndonos y en son de burla.

Inmediatamente interpelamos al primer empleado joven que vimos, luciendo en su pecho un improvisado lacito amarillo de papel de seda (ese que se usa para las moñas de regalo). “Seguro que eres devoto de la Caridad, pero ayer fue su día”. “No -respondió él- éste me lo han mandado a poner hoy por los héroes”. “Ah, por los espías -le contestamos al unísono. Bajó la cabeza y enrojeció. Entonces seguimos al mostrador donde se venden los tintes para el cabello e hicimos casi lo mismo con la empleada, quien de inmediato nos respondió: “Mi jefe me dijo que si era revolucionaria me lo tenía que poner. Imagínense yo trabajo para el Estado”. “Claro, -le dije-, si no te lo pones no eres revolucionaria y, por consiguiente, pierdes tu trabajo”. Se quedó callada mirándonos con ojos que imploraban piedad. La dejamos, pues dos compradoras en ciernes que estaban esperando, nos miraban aguantando la risa y asintiendo con la cabeza.

Salimos de allí y fuimos a una tienda por departamentos a mirar qué había, y nos encontramos con el mismo espectáculo: todos los empleados con lacito amarillo y moñas del mismo color en las puertas de entrada. Ahí volvimos a cuestionar a la pobre empleada que nos atendió y esta nos dio una respuesta similar a la anterior. Entonces le comenté, ya un poco impertinente, lo reconozco: “Con esta misma decisión, debimos haber defendido nuestras verdaderas tradiciones que nos fueron arrebatadas: el Día de Reyes, la Navidad, la Nochebuena…”.

Al “bochorno” de la hora tuvimos que agregar el nuestro propio, al tener que reconocer cómo nos hemos dejado manipular todos estos años y cómo, fatalmente, la mayoría de nuestra población se sigue sometiendo, debido al miedo inducido con que nos han estado nutriendo esta media centuria. Lamentablemente observaremos el día 12 a la mayoría de las personas, ostentando sumisamente algo amarillo, que en definitiva es también el color con que se ha identificado siempre la cobardía, y eso si ya es una tradición.

Nuevo curso, viejas deficiencias

Comenzó el curso escolar 2013-2014 arrastrando, en esta nueva etapa, todas las deficiencias y errores acumulados durante estos últimos treinta años.

Después de pasar por el trago amargo de conseguir los uniformes, mandarlos a arreglar, buscar algún otro de un hijo de una amistad que ya no lo use, para tener dos para intercambiar, conseguir los libros y con qué forrarlos, pagar en CUC libretas, pues las que da la escuela no alcanzan, los lápices, la mochila, las medias, las zapatillas o zapatos (la peor pesadilla de los progenitores), toda una inversión en moneda dura, la tarea de mayor responsabilidad, por lo que ella implica, es conseguir matricular a los hijos en una escuela (de las que le corresponden por el área de residencia), que cuente con maestros suficientes, pues el déficit de educadores es tal, que muchas aulas aún no tienen asignado profesor.

Cada día son menos los jóvenes que acceden a las carreras pedagógicas, entre otras razones, porque los salarios pagados son insuficientes, y no gozan de las condiciones mínimas ni del reconocimiento social para poder ejercer correctamente su profesión, amén de la carga ideológica que conlleva el ser maestro. Muchos de estos jóvenes, que un día fueron captados, finalmente terminaron por dejar las aulas, para ir a trabajar en el sector turístico o gastronómico, por encontrarlos mucho más atractivos y mejor remunerados. Entonces fueron convocados aquellos alumnos que no lograron puntuación para carrera alguna, y preparados en solo tres meses para ejercer el magisterio, amén de que introdujeron como sustitutos docentes en las aulas los televisores, provocando el sueño y el aburrimiento de alumnos y maestros, sin tener en cuenta que los errores en educación se pagan a muchos años vista.

Ahora el gobierno se queja de los tremendos déficits académicos que padecen nuestros educadores y educandos, cosa que impide a estos últimos acceder a las universidades, que dicho sea de paso, también han bajado mucho su nivel académico, debido a que la política y la ideología partidista han estado siempre priorizadas ante la docencia. Ahora mismo, se da el caso de que este curso escolar ha sido dedicado íntegramente a “los cinco héroes”. Para ello, por supuesto, no se ha contado con los profesores ni con los alumnos. Ya se parte desde un inicio a introducir un concepto erróneo, que se presta a confundir a los estudiantes. De nuevo la política por encima de la docencia.

Otro aspecto que hay que tomar en cuenta, es que son los padres fundamentalmente y los propios maestros, los que días antes del comienzo del curso, deben, con sus propios recursos, limpiar las aulas y las áreas escolares y, en ocasiones, hasta proveer la pintura con que se adecentarán éstas. Algunos padres, los que cuentan con ciertos recursos económicos, hasta compran ventiladores para asegurar un ambiente más agradable en el aula de sus hijos. Todo esto es ya una práctica común. Una vez más los ciudadanos resolviendo los problemas que corresponden al Estado, quien es el que finalmente se anota, ante la opinión pública, su “pírricos triunfos”, en este caso en la educación, una de las “banderas triunfantes” enarboladas por el socialismo, que está en estos momentos totalmente desgastada y raída.

Además, se habla constantemente de recuperar la educación formal, los buenos modales y las buenas costumbres sociales, y yo me pregunto: ¿quiénes fueron los principales responsables de que estas desaparecieran y se destruyeran, inculcando en los adolescentes la promiscuidad reinante en las obligadas becas y escuelas al campo, donde los buenos modales trasmitidos por la familia quedaron replegados, por considerarse conductas pequeño-burguesas?

¿Quien ha podido olvidar que fueron los propios profesores quienes, en muchas de las escuelas, en los años ochenta, proveyeron de piedras y palos a los estudiantes, por orientaciones de las autoridades, para reprimir a todo aquel que manifestara abandonar el país? Ahora, a quién debemos culpar de las conductas impropias, la vulgaridad y la marginalidad desarrollada en nuestra sociedad, donde los malos ejemplos han ido de la mano del deterioro económico y social durante casi medio siglo, donde el miedo inducido nos ha llevado a ser cómplices involuntarios con nuestro silencio.

Depredaciones de tumbas y robos de coronas

Los escándalos de robo siguen en los cementerios, a pesar de todas las denuncias publicadas dentro y fuera de la isla. Desde luego, aquí durante muchos años hubo un silencio cómplice por parte de la prensa oficialista, la única acreditada en el país. Pero con el desarrollo de la tecnología y el acceso, aunque bastante restringido a las redes sociales, esto parece habérseles escapado de las manos y ahora, de vez en cuando, en los periódicos locales aparece algún que otro comentario crítico sobre este escabroso tema.

Ya no solo es el Cementerio de Colón, quizá el más depredado, justo por ser el que más obras de arte de valor alberga, sino que también los camposantos bautistas, chinos y judíos, han sido objeto de vandalismo por parte, en estos últimos sobretodo, de practicantes de cultos afros, que utilizan huesos de difuntos (no bautizados preferiblemente), como ofrendas para sus prácticas “religiosas”, ante el impune y fácil acceso a los mismos.

Otro fenómeno que ocurre desde la aparición de las dos monedas, los pesos corrientes( CUP), en los que te pagan salarios y jubilaciones, y los pesos fuertes (CUC) en lo que estás obligado a comprar prácticamente todo, es la reaparición en los entierros de dos tipos de coronas: las pobres y escasas de flores, poco atractivas y burdamente confeccionadas en serie, con cinta de papel y letras en tinta violeta, ofertadas en la moneda corriente, y en ocasiones limitadas en cantidad, según el momento y el muerto, y las otras, en “moneda fuerte”, bien confeccionadas con hermosas flores importadas, cintas de tela para la dedicatoria en letras doradas y sin límite de oferta. A partir de entonces comenzó a producirse otro tipo más de robo: el de las coronas.

Es triste pensar en las personas que haciendo un sacrificio ofrecen a su familiar o amigo difunto una de estas bellas coronas adquiridas en moneda dura, que apenas concluido el enterramiento y dispersos los acompañantes al duelo, las mismas desaparecen “como por arte de magia” y son ofertadas en CUC, por supuesto, a otros dolientes no muy escrupulosos o sencillamente son desarticuladas para vender sus flores, a personas que ya tienen los contactos establecidos previamente para comprarlas. Esto ha traído como consecuencia que cada vez se ven menos ofrendas florales en las tumbas. Este tipo de depredación también suele ocurrir en algunos de los monumentos a próceres en la ciudad, donde delegaciones extranjeras depositan elegantes coronas, como ocurrió recientemente en el monumento a Eloy Alfaro en la Ave. De los Presidentes, e/15 y 17 en el Vedado.

Hasta el momento, que yo conozca, no existe una medida lo suficientemente efectiva como para detener esta miserable y criminal práctica. Tampoco tengo conocimiento que hayan sido devueltos a sus dueños, algunas de las esculturas o grandes crucifijos de bronce robados en estos últimos veinte años. El panteón de mi familia fue depredado, presenté la denuncia apoyada con fotos del antes y el después hace ya más de cinco años, y aún las autoridades competentes del cementerio no me han dado respuesta alguna.

Es vergonzoso que estos hechos sigan ocurriendo en pleno Siglo XXI, cuando más bien parecen prácticas del Medioevo, y se perpetren ante la aparente indolencia de las autoridades, que deben y tienen la obligación de velar por la conservación de nuestro patrimonio histórico y cultural.

Marginalidad y promiscuidad

Mucho se habla últimamente sobre el tema, después del más reciente discurso de Raúl, donde aborda estos problemas sociales, que antes eran sencillamente ignorados. Ahora los Medios constantemente hacen programas dedicados a este fenómeno social, en el tardío empeño de mejorar, lo que ellos mismos decidieron obviar durante todos estos años de revolución, haciéndose cómplices y copartícipes involuntarios.

La televisión, uno de los medios más importantes de difusión, es precisamente la que más ha incidido en programas y novelas, donde el lenguaje y los gestos vulgares han sido la constante, sin tener en cuenta la vieja y conocida frase de que “una imagen vale más que mil palabras”. Este medio, por tanto, es un “fijador” masivo de lo bueno y de lo malo.

Recuerdo que hace unos veinte años, en un famoso y popular programa de televisión de los sábados, conducido por una elegante y fina presentadora, cuando ésta, entrevistando al afamado actor español Echenove, le preguntó: “¿cómo le ha ido en su visita a Cuba?”, éste, totalmente desinhibido, le contestó: “pues me ha ido de pin…”. Ella, ruborizada, le dijo entonces: “discúlpeme, pero esa palabra es fea y no debe decirla”. “¿Cómo? -argumentó él-, no puede serlo, porque aquí todo el mundo la dice”.

En cuanto a la promiscuidad y los malos hábitos higiénicos, nuestra prensa hace énfasis en las infracciones cometidas por los particulares, y pasa con los ojos cerrados ante los problemas causados por los malos manejos administrativos y la constante falta de higiene, en la manipulación de alimentos practicada en los establecimientos estatales. El ejemplo más representativo es el de la venta de carne de puerco sin refrigerar en los agro-mercados, amén de que la misma es transportada sin ninguna higiene en vehículos al aire libre y, hasta en ocasiones, con trabajadores sentados sobre las piezas de carne.

Se critica también cómo y dónde se enjuagan las tacitas de café, que se vende recién colado en los diferentes establecimientos privados y públicos, así como el agua con que se hacen los jugos de frutas que se ofertan, la incorrecta manipulación de determinados alimentos, etcétera y, lo que nunca se mencionan es, dónde fue que se aprendieron todas estos malos hábitos que nos recuerdan al Medioevo.

¿Acaso los trabajos voluntarios, las becas y las escuelas al campo no fueron la génesis de toda esta promiscuidad que trajo consigo además, muchas de estas indisciplinas sociales? ¿Con qué condiciones contaban los campamentos y esas escuelas, para que estas situaciones no se produjeran, debido principalmente a la falta de agua potable y de instalaciones adecuadas, obligando a muchos de los estudiantes a tener que hacer sus necesidades, mayoritariamente “a campo traviesa”, como los animales? ¿Por qué entonces no se tomaron las providencias adecuadas para que esto no ocurriera, sino que todo lo contrario, las mismas se fueron estableciendo como prácticas normales?

Por otra parte, también ahora se está atacando el fenómeno del ruido y de la música a altísimos decibeles, que hacen que las personas griten para oírse, y molestan a los vecinos, obligándolos a escuchar lo que no desean. Esto también ocurre en muchos ómnibus, donde además del apretujamiento, el calor y los malos olores, también debes soportar estoicamente el ruido ensordecedor de la música, impuesta por el chofer o la de algún indolente y mal educado pasajero, al que no le importa molestar al resto de los ocupantes del vehículo.

“Nunca es tarde si la reacción es buena” -diría yo, parafraseando una vieja máxima, ante la nueva preocupación de los Medios, pero lo que me molesta extraordinariamente, es que hayan tenido que esperar casi medio siglo, a que Raúl lo dijera en un discurso, para “adquirir conciencia” de ello, además de que, como se ha hecho ya habitual, siguen atacando a los efectos, pero sin tener el valor suficiente de denunciar las causas y, sobre todo, a los causantes de estos y otros males sociales.

20 de agosto de 19 68

Praga Estaba como diplomática en París, donde vivía con mi esposo y mi pequeño hijo de año y medio, cuando se me presentó un problema que debía resolver a la mayor brevedad. Para ello debía viajar a Praga, la capital de la entonces Checoslovaquia, a ver a las personas que me ayudarían en este empeño. Llevaba una carta de presentación para alojarme en la residencia que ocuparan los entonces embajadores de Cuba en ese país, a los que personalmente no conocía, pero con quienes mi esposo tenía una vieja amistad.

 Tenía gran excitación con el viaje, pues iba a ser el primer país socialista que conociera, después del nuestro. Muchas fueron las advertencias que me hicieran “los compañeros de la seguridad” cubana en París, sobre las cosas a las que me podía enfrentar en esa capital. Por ejemplo, el cambio de dólares en bolsa negra y “otras tentaciones”.

 Llegué el 20 de agosto de l968, a las doce del mediodía. Apenas descendí del avión de Air France, fui interceptada por algunos checos que me ofrecían cambiar dólares, pero como ya estaba “advertida”, les contestaba en checo: “no tengo”. Esa era la única frase que sabía repetir en ese idioma.

 Un funcionario de la Cancillería y el chofer del embajador cubano, que me esperaban, me condujeron de inmediato a la residencia de éste, justamente ubicada en un barrio alto, que quedaba camino entre el aeropuerto y las viviendas de los soviéticos. Entregué la carta y me presenté ante el embajador, su esposa y su cuñada, que en esos días estaba en Praga. Me alojaron en una de las habitaciones de los altos de esa hermosa y antigua residencia: una amplia pieza con baño.

 Esa misma tarde disfrutamos de una rica cena preparada por el cocinero checo, consistente, entre otros deliciosos platos, de una inolvidable ensalada de vegetales crudos, aderezados con aceite de oliva y abundante queso de cabra esparcido sobre éstos. Esta receta, según me informaron, era típica de este país. Mientras hacíamos la sobremesa, me advirtieron que no me inquietara si durante la noche oía ruido de hierros, que eso se debía a que por detrás de la casa había una línea férrea, y el tren pasaba varias veces durante la noche. Finalmente, aunque la conversación era muy agradable, estaba fatigada por el viaje y me excusé para retirarme a descansar, además de que los embajadores tenían un bebé de apenas unos meses de nacido, y no quise abusar de la hospitalidad brindada. Efectivamente, esa noche el tren estaba verdaderamente insoportable: toda la madrugada el constante ruido de hierros rozando las líneas, apenas me dejó dormir.

 Muy temprano me metí en el antiguo baño todo blanco, para asearme y prepararme para acudir a la cita, que previamente tenía acordada desde París, a la que acudiría acompañada por la esposa del embajador, quien amablemente se había brindado para servirme de guía. Una vez lista, bajé las escaleras y me encontré con mi anfitriona. Sonriente le di los buenos días y le dije: “ya estoy lista, cuando quieras podemos salir”. En ese momento, aquella dulce mujer, con cierta crispación me responde: “¡No podemos, estamos ocupados!”. El tono en que me habló me resultó extraño, pero como la sabía recién parida le contesté: “no importa, yo espero a que se desocupen, no es molestia alguna”. Ella, aún más airada, casi me gritó: “¡Es que estamos ocupados por las tropas del Pacto de Varsovia!”

 Fue entonces que observé la casa llena de mujeres y niños, correteando éstos por los salones. Las mujeres nerviosas, apenas lograban controlarlos. Como quiera que la amplia escalera que conducía a los altos era de madera, ésta, al estar invadida por el sube y baja de los pequeños, producía un ruido atronador: parecía que los tanques soviéticos estaban verdaderamente dentro de la casa.

 El cocinero y la empleada de limpieza, de nacionalidad checa, por supuesto se marcharon hacia sus respectivos hogares. Surgió entonces el inconveniente de quién se haría cargo de cocinar para tantas personas: casi un centenar, entre niños y sus respectivas madres, a los que el embajador alojó en su residencia por cuestiones de seguridad. Los hombres se encontraban concentrados en grupos, ocupando los locales diplomáticos de la Embajada, Oficina Comercial y Prensa Latina respectivamente.

Como quiera que persona alguna se ofreciera para ocuparse de confeccionar los alimentos, a las personas que estábamos en la Residencia, yo levanté mi mano y me comprometí a hacerlo. Había algunos niños en edad de puré. Pronto se acabaron las reservas de alimentos de la familia, así como las peras y manzanas de los árboles del patio trasero, con las que hice compotas y mermeladas,

 El gobierno checo había decretado toque de queda, por lo que solamente podíamos abandonar la casa, para buscar abastecimientos, con un salvoconducto, algunas personas, entre ellas, dos compañeros de la seguridad y yo, a fin de hacer las compras en los mercados destinados al servicio diplomático. Esto me permitió observar la ciudad: sobre la pátina gris que había ido dejando a su paso el socialismo, ahora se extendía la oscura sombra de una invasión, entristeciendo a la antigua y hermosa ciudad. El museo de la Plaza Wenceslao, mostraba ya en su fachada las cicatrices de los primeros encuentros con los invasores.

 Praga amaneció con todos los letreros de los nombres y números de las calles tapados con pintura negra, así como las placas de bronce en las viviendas de los profesionales. Letreros negros de: “Hijos de Iván, váyanse a casa”, “Praga un segundo Vietnam”, flechas indicando la salida, que decían “Moscú a 1,849 kilómetros”, mostraban el enfado y el desacuerdo ciudadano por la ocupación del país. En los parques y plazas estaban emplazados los tanques y soldados, y colocadas en medio del césped grandes marmitas, donde se cocinaba el rancho para éstos. La ciudad mostraba su cara más triste.

Yo, que solamente necesitaba permanecer tres o cuatro días en ella, y por tanto llevaba muy pocas mudas de ropa, así como mis maquillajes y efectos personales de aseo, me vi casi obligada a utilizar éstos últimos, sobretodo la laca para el cabello, en una improvisada peluquería, que yo misma montaba en el salón de estar, en las tardes, para entretener a las mujeres y así tratar de evitar que los nervios estuvieran a flor de piel todo el día.

 De más está decir la de fantasías que tuve, como esa de irme, “pidiendo botella” (auto stop) de tanque en tanque hasta llegar a la frontera y allí tomar un avión para Francia, donde había dejado con su papá a mi pequeño hijo, al que extrañaba un horror y del que nada sabía, por no poder mantener comunicación, a causa de la situación del país. Éstas estaban cortadas y los aeropuertos cerrados. El ambiente era incierto y estresante, amén de que todo se agravó con relación a nosotros, los cubanos, cuando Fidel desde La Habana, hizo declaraciones apoyando la ocupación. Hasta ese momento, cuando salíamos en el auto de la embajada, los checos nos daban facilidades. A partir de entonces, la cosa se puso fea y nos ponchaban las llantas de los vehículos donde los dejábamos aparcados, y arrojaban frutas y huevos podridos en las fachadas de los inmuebles, donde se sabía vivían o se alojaban cubanos.

 Muchas vicisitudes tuve que pasar para cocinar para tantas personas, en una espaciosa pero antiquísima cocina, con apenas unas hornillas de gas y el resto de carbón. El par de compañeros que “me asignaron”, no sé si para que me cuidaran o yo cuidara de ellos, me ayudaban como pinches de cocina y siempre estaban detrás de mí, tratando de averiguar cómo me las arreglaba, en medio de aquel caos, para estar siempre maquillada y lista desde horas muy tempranas. Por aquel entonces estaba de moda en París, dibujarse las pestañas de la parte baja del ojo, con un fino delineador. Yo ya era experta en ello. Siempre trataban se sorprenderme, cada vez más temprano subían a buscarme, jamás se dieron el gusto de pillarme desprevenida. Esto se convirtió en una especie de juego, que servía para relajar un tanto las tensiones.Así fueron pasando los días, hasta que finalmente reabrieron los aeropuertos. A estas alturas, mis ropas estaban bastante ajadas, y se me habían terminado los maquillajes.

Recuerdo que camino a la terminal aérea, le pregunté al chofer si el sabía bastante checo, como para parar en una farmacia y comprarme laca para el cabello, a fin de no llegar a París en semejante talante. Muy dispuesto me dijo que si, y se bajó en una de las farmacias que nos quedaban en el camino. Regresó al auto con un largo tubo de metal gris, donde aparecía una cara de mujer con una abundante cabellera esparcida al viento. Me dijo con mucha seguridad, que esa era la mejor laca de toda Praga. Me peiné en el auto y me eché aquella cosa, e inmediatamente mi cabellera comenzó a impregnarse de un líquido aceitoso que olía a medicina. Era un tratamiento capilar. Mi enfado no tenía límites, al igual que su desmesurada risa. No importa, le dije, cuando lleguemos al aeropuerto, me compraré un pañuelo de cabeza para esconder este desastre.

 Una vez en la terminal aérea pude observar que todas las tiendas estaban cerradas, por lo que abordé el avión en esas condiciones. Ya dentro de la nave, pude comprarme un pañuelo de seda que me costó carísimo, como todos los artículos que se ofertan en vuelo. En el diminuto baño de la aeronave logré cubrirme toda la cabeza con servilletas de papel, para no estropear aquel precioso pedazo de tela, firmado por Christian Dior.

 Así descendí de la nave, en el aeropuerto de Orly, donde me esperaba mi esposo con mi hijo en brazos. Ya no me importaba mi imagen, la de ellos borró en un segundo la angustia experimentada por la separación y la incertidumbre vividas durante aquellos veintitrés días. Regresé habiendo pasado por una gran experiencia y con unas cuantas frases más aprendidas en ese idioma eslavo, que aquí no me atrevo a repetir.

Curiosos aniversarios

Este parece ser un año de diversas y curiosas celebraciones. El aniversario más “cacareado” de todos, es el sesenta de lo que tu sabes… También está el de los cincuenta años de Radio Enciclopedia, los cuarenta del ejercito Juvenil del Trabajo, y sobretodo uno muy curioso, el treinta y cinco aniversario de La Isla de la Juventud, al parecer “borraron de un plumaso” a la Isla de Pinos, que tiene tantos años como su hermana mayor, la isla de Cuba.

Hoy vino a visitarme mi amiga Lisa, cuya hija tiene veintisiete años y está embarazada. Ella me cuenta que la está acompañando al Hospital “González Coro”, antigua clínica “Sagrado Corazón”, y oyéndome comentar sobre la avalancha de aniversarios y conmemoraciones de este año, me dijo que también sería bueno agregar a esta lista, la gotera de agua que cuando ella estaba gestando a su hija y acudía a esta misma consulta, estaba allí presente. Que entonces colocaban un cubo de metal debajo de ésta para recoger el agua que caía. Me dice que ahora existe la misma gotera, pero que ya más bien parece un salto de agua, y ahora colocan una gran caja plástica para seguir recogiendo el “preciado líquido”, pero como ésta de vez en cuando se rebosa, salpica el suelo de granito por donde pasan las embarazadas, con peligro de resbalar y caerse.

El falso techo, podrido por la humedad, en la zona del salidero está al desprenderse, pero esto no parece inquietar a nadie. Cuando ya no se puedan dar consultas se clausurará esta zona, y más adelante todo el hospital, como ha sucedido con su homólogo el “Clodomira Acosta” que está en absoluta ruina desde hace años, o como el de “Maternidad de Línea” que está prácticamente cerrado, por solo mencionar algunos de los de esta especialidad. Este salidero cumple ahora al igual que su hija, veintisiete años y sigue ahí, como la Puerta de Alcalá, “viendo pasar el tiempo”, ante la aparente indiferencia del Director del hospital, personal médico, el Ministerio de Salud Pública y hasta los mismos pacientes. ¿Será acaso éste también, otro curioso aniversario a celebrar?

¿Ir de tiendas?

Hoy en día el término “ir de tiendas” está en absoluto desuso, ahora se dice más bien “salir a buscar”. Ese dejó de ser hace muchos años un paseo para disfrutar. El solo hecho de enfrentarse a la realidad de un transporte casi inexistente y a las altas temperaturas de verano, es suficiente como para pensarlo dos veces. Aún así, ayer, de nuevo fui con mi amiga para “hacerle la media” (como decimos aquí), en la búsqueda y captura de una llave de agua para su lavamanos, que además se ajustara a su débil presupuesto. En esta ocasión iríamos a recorrer las tiendas de Centro Habana.

Hacía más de treinta años que yo me negaba a visitar estos antiguos comercios, otrora los más famosos de la ciudad. Recuerdo que a la convergencia de las calles Galiano y San Rafael, antes del año cincuenta y nueve le llamaban en broma “la esquina del pecado”, porque era una especie de tentación para los hombres, acudir a observar el desfile de hermosas y bien vestidas mujeres, que solían ir de compras por estos predios, así como disfrutar la imagen de las bellas y bien maquilladas empleadas de las tiendas ubicadas en la zona.

Para mí fue un acto de solidaridad para con mi amiga el acompañarla, pues me había hecho el propósito de no frecuentar nunca más estos lares. El primer choque emocional fue enfrentarme a una tienda llamada Transval (el antiguo Ten Cent), del que aún guardo en mi memoria un bello recuerdo. Para ello tuvimos que pasar por la desagradable e inevitable experiencia de vernos obligadas a dejar nuestros bolsos, en una casilla, teniendo que sacar de ellos, para llevar incómodamente en nuestras manos, todas las pertenencias de valor: monedero, celular, espejuelos, llavero, etcétera, pues según letrero ubicado en el lugar, no se hacen responsables de pérdidas en los bolsos bajo custodia. O sea, que estamos a expensas de que ellos mismos nos roben, además de tener que dejar como garantía el carnet de identidad, cosa esta que está prohibida por el Ministerio del Interior.

Entrar a Transval fue para mí un impacto brutal. De aquel otrora confortable, agradable y bien abastecido “Ten Cent”, solo quedaba su estructura arquitectónica y sus bellos suelos de granito en portales e interior del local, así como sus escaleras, también de este material, increíblemente bien conservadas. Fuimos de inmediato a la sección de ferretería, pero el precio de los artículos allí expuestos, era prácticamente inaccesible, por lo que continuamos la minuciosa búsqueda, hasta que finalmente, en el lugar menos apropiado, dimos con la llave que podía adquirir mi amiga, en CUC, naturalmente. De ahí salimos para entrar en la antigua joyería “La Casa Quintana”, cuyo bello logo se mantiene en el portal a la entrada, hoy devenida en departamento de lámparas de la tienda de marras. Después pasamos por “El Bazar Inglés”, oscuro y caluroso local, donde se exponen y venden, en pesos corrientes, artículos muy poco atractivos de industrias locales.

Nos dirigimos hacia “La Época”. El recorrido fue agotador. Visitamos todos los departamentos, a pesar de que sabíamos no íbamos a comprar nada, pues mi amiga quería aprovechar para ir viendo opciones de ropa y zapatos para su esposo e hijo, para cuando tuviera dinero, por lo que me hizo subir y bajar infinidad de escaleras, no solo en ésta sino en las otras tiendas que visitamos anteriormente, ya que en casi ninguna funcionan las escaleras rodantes, aún donde las hay.

Cuando regresamos al punto de partida, al observar el parque Fe del Valle, lugar donde se encontraba ubicada la tienda más emblemática y hermosa de la ciudad de La Habana, “El Encanto”, no pude evitar pensar que, a no ser por el trágico fallecimiento que se produjo en aquel fuego, fue el mejor final para aquella tienda, famoso símbolo de la elegancia y la cultura cubanas, que al menos desapareció en todo su esplendor, y no terminó como ha sucedido, con sus vecinas, Flogar, Fin de Siglo y La Época, por solo mencionar algunas, quienes han terminado siendo tristes caricaturas de ellas mismas.

Kafka’s shopping.

Ayer, ante una nueva frustración por no habernos podido conectar en Internet, mi amiga y yo decidimos hacer un recorrido por las tiendas de la zona. Ella necesitaba una llave de agua para su cocina, y yo no llevaba dinero, así que solo iba a mirar.

Llegamos al complejo de tiendas de 5ta y 42, nombre con el que se le conoce. Fuimos de inmediato a la ferretería y vimos las escasas ofertas exhibidas en las vidrieras. Entre ellas hubo una que llamó la atención de mi amiga: una llave de tiro rápido, bastante aceptable y rebajada de 11 a 4 CUC. Se ajustaba a su magro presupuesto, por lo que se dispuso de inmediato a llamar al vendedor, para que se la mostrara. Al comentarle sobre la oferta de precio, éste le respondió que la llave tenía un defecto, que goteaba. Entonces mi amiga la rechazó y le comentó que, precisamente buscaba una porque la suya también goteaba y ella quería solucionar el problema.

Después registramos los demás departamentos, todos tan escasos de mercancías que daba la impresión de que se había producido un gran robo, cosa ésta que comentamos con una de las empleadas, que nos viró la cara por respuesta. Aquello parecía, más bien, un set para filmar San Nicolás del Peladero. Seguimos fisgoneando y llegamos al departamento de mercería, donde suelo comprar habitualmente algunos de los materiales para mis trabajos.

De pronto descubro en una de las vidrieras de exhibición, un flamante pedal para máquina de coser eléctrica, y como justamente yo había comprado la mía allí hace ya unos años, me dio alegría pensar que aún quedaban estos repuestos. También este estaba rebajado de precio. La tarjeta que marcaba 11.45 CUC estaba rayada y decía 7.95 CUC. Qué bien, pensé, lástima que no traje dinero, pero la semana próxima cuando vuelva por estos lares lo compraré.

Llegué a casa toda sofocada por el inmenso calor de la calle y la demora de las guaguas, y corrí directo al baño a lavarme cara y manos y cambiarme de ropa, por algo más fresco. Cuando le comenté a mi esposo lo del pedal eléctrico y la rebaja de precio, me dijo, vuelve a arreglarte, pues creo que debemos ir ahora, porque si quedan solamente unos pocos o solo ese que está en la vidriera, éste es el momento de comprarlo.

Llegamos a la tienda y, cuando le pedí a la empleada que me mostrara el pedal que estaba rebajado, pues lo quería comprar, ésta sin inmutarse me dijo: “si está rebajado es porque está roto y no funciona”. ¿Cómo es posible-le dije- que ustedes pongan en la vidriera, a la venta, un artículo que no sirve, además a semejante precio y en divisa?, La mercancía inservible, sencillamente no se saca a la venta bajo ningún concepto, es engañar al público, es inmoral hacerlo, esto es absolutamente kafkiano-agregué. Ella se mantuvo en silencio, pues me conoce como clienta, y nosotros salimos de allí como almas que se lleva el diablo.

Lamentablemente este no es un hecho aislado, suele suceder con increíble frecuencia, siendo casi una práctica habitual, vender artículos muy dañados o inservibles en sus funciones para las que fueron diseñados, con unas rebajas de precio que más que un atentado al bolsillo del cliente, es una absoluta falta de respeto al mismo.

Carnaval de La habana, otra tradición perdida

Carnaval de La Habana, otra tradición perdida.

Cuando empezaba el mes de febrero, los medios masivos (radio, televisión y prensa plana) comenzaban a promover las fiestas del Rey Momo. Toda la ciudad se contagiaba con las expectativas de tan grandiosa celebración. Mayores y niños solían disfrutar por igual de estos festejos que siempre se celebraban en este mes, durante cuatro fines de semana, previos a la Cuaresma.

Días antes de la fecha señalada para el inicio de éstos, ya los postes eléctricos de las calles de la ciudad exhibían, a modo de ornato, los carteles premiados mediante concurso, así como grandes fotos de la Reina y sus Damas en las vidrieras de las principales tiendas, las cuales habían sido elegidas por un prestigioso jurado.

Recuerdo que cuando niña, mi familia solía alquilar un palco en los carnavales, para disfrutar de más comodidad, mientras veíamos pasar la interminable legión de carrozas bellamente engalanadas, con jóvenes muchachas a bordo, unas veces muy vestidas y otras escasas de ropa (enfrentándose a las temperaturas frías de febrero), según la temática que deseaban representar los patrocinadores de dichos escenarios rodantes. Después, seguían los automóviles convertibles ó descapotables y camiones, bellamente decorados. De todo esto, lo que sin lugar a dudas, levantaba más expectativas, era la carroza de la Reina con sus Damas de honor.

Como colofón, el paso de las comparsas con sus vistosos trajes, portando algunos de ellos enormes farolas, siguiendo el ritmo de sus originales y bien estudiadas coreografías. Entre las más aclamadas siempre estuvieron la de los Guaracheros de Regla y El Alacrán, ésta la más antigua de todas. Otro de los espectáculos que más captaban la atención, eran las arriesgadas acrobacias del Pelotón Acrobático de la Policía Motorizada, con sus chaquetas rojas y sus ajustados pantalones negros, resaltados por altas botas y polainas acharoladas, conduciendo sus impresionantes motos Harley-Davidson. El paseo siempre se abría con profusión de fuegos artificiales.

Una vez finalizado el desfile, los muchachos, desafiando las prohibiciones familiares, nos lanzábamos a la calle para recoger las serpentinas arrojadas a la vía y confeccionar enormes esferas con éstas, para luego hacerlas rodar calle abajo. El que lograba la más grande, se sentía, sin que nadie se lo manifestara, como una especie de campeón.

El desfile tenía un largo recorrido, saliendo de los predios del antiguo Palacio de los Deportes, siguiendo por todo Malecón hasta tomar el Paseo del Prado, dando la vuelta en la Fuente de la India y recorriendo nuevamente de regreso el Prado, retomando Malecón hasta el punto de partida, donde se aparcaban las carrozas. Muchas personas durante el desfile, solían cruzar de una acera, a la de enfrente, para volver a ver las carrozas en su viaje de regreso.

Llegó el año 1959, y estas alegres fiestas, fueron perdiendo esplendor. Al principio lentamente y después en forma abrupta, cuando se nacionalizaron todos los comercios y se perdió el patrocinio de éstos, al no existir ya la publicidad. Es de resaltar, que los carnavales de La Habana antes de este año, estaban considerados entre los más famosos del mundo.

Yo logré alcanzar un poco del brillo que aún les quedaba, cuando salí electa Lucero en el año 1963. Para entonces, se había cambiado ya la terminología de Reina por Estrella y de Dama por Lucero, por considerar las anteriores como una expresión de la pequeña burguesía. Ya no bastaba con ser bonita, tener cultura y poseer buenos modales, ahora además, y como elemento muy importante, ser una persona “integrada” (estar trabajando o estudiando y participar en eventos políticos). También los obsequios ofrecidos a las ganadoras dejaron de ser relevantes. Aún se mantenía la tradición de exponer grandes fotos de éstas en las vidrieras comerciales.

Recuerdo que para entonces yo trabajaba en el Ministerio de Comercio exterior, en una de sus empresas. Una tarde, pasó muy apurado, recorriendo todas las oficinas, el Secretario del sindicato, para anunciarnos, a todas las muchachas que allí laborábamos, que al finalizar la jornada no nos marcháramos porque se iba a efectuar una asamblea para elegir a los macheteros permanentes para la zafra, y también a la estrella que representaría a la empresa en estos festejos.

Para sorpresa mía, yo resulté la favorecida. La próxima selección sería entre las más de doce empresas que componían el ministerio, y así determinar la que sería su representante. Volví a resultar electa. Después, se imponía competir entre todos los organismos que pertenecían al sector de la Administración Pública, para escoger a la Estrella del mismo, quien posteriormente competiría a nivel nacional.

Así fue como una noche, me vi en la Ciudad Deportiva, compitiendo con todas las estrellas de todos los sindicatos. Entonces resulté electa primer Lucero del Carnaval de La Habana 1963. Nunca más volví a acudir a estas celebraciones, a pesar de que, durante algunos años estuve recibiendo invitaciones para el Palco Presidencial. Ya los carnavales que de niña me gustaban tanto, habían desaparecido, y solo quedaba de ellos una triste caricatura. Amén de que la celebración de todos los festejos, incluyendo éste, se trasladaron “por decreto”, para el mes de julio, justamente, cuando el calor se hace insoportable.

Este fin de semana habrá una triste caricatura de carnavales en un reducido tramo del Malecón, donde abundarán bebidas alcohólicas y las repetidas ofertas gastronómicas. La chabacanería y la marginalidad, como es ya costumbre, reinarán en estas fiestas.

¡Que lucha con el Tres Leches!

Debido a la ampliación de licencias para trabajos por cuenta propia, entre otras razones gubernamentales, para dar oportunidad de buscar empleos en el sector privado a la gran cantidad de trabajadores que perdieron los suyos, como consecuencia de la masiva reducción de plantillas (cesantías), surgieron nuevos paladares y, con éstos, una nueva moda nunca antes “notable” en el sector gastronómico de nuestro país: el dulce de las Tres Leches.

Fueron muchos los años en que la falta de información y referencias, en casi todos los sectores de la economía y la sociedad, sumieron a los cubanos en una especie de “hibernación creativa”, en la que se solía repetir algo hecho por alguien, que había traído la idea “de afuera” y le iba bien. Entonces todos querían repetir lo mismo.

La gastronomía no ha estado exenta de este mal en absoluto. Ahora todos los paladares quieren tener en su carta de repostería “pastelería francesa”, justamente en un país en que durante muchísimos años se perdieron estas especialidades, que fueron “muriendo” con la intervención de los negocios privados y con la falta de productividad al pasar al Estado. Poco a poco se fueron racionando la leche, la mantequilla, los quesos, etcétera, inclusive el azúcar, ingredientes fundamentales para este tipo de culinaria, hasta su casi total desaparición.

Son muy pocos, pudiéramos decir casi ninguno, los paladares que ofertan dulces caseros. Parecen haberse olvidado de los cascos de guayaba, los de toronja o naranja, las mermeladas, los buñuelos, las torrejas, natillas, pudines, en fin la larga lista de estos manjares. Es cierto que los frutos e ingredientes con que se confeccionan también pasan por largos períodos de desabastecimiento, pero bien podían ser una alternativa.

Alguien, en su restaurante, comenzó un día a ofertar en una copa grande (como las de los “sundays”) una pequeña porción de panetela, con un poco de leche condensada y mucho merengue, llamándole Tres leches. Inmediatamente surgieron los imitadores. Otros preparan una panetela, donde la leche apenas se siente y también la cubren de mucho merengue. También los hay, más “creativos”, que le añaden almendras y chocolate. En fin, cada quien lo ha inventado como puede, pero ninguna de esas versiones se acerca siquiera al postre originario de Nicaragua, que se ha hecho famoso en toda América Latina.

Este tipo de repostería es cara, a veces cuesta más que un plato de canelones o lasaña, y por supuesto no tiene mucha demanda, debido a estas razones. No me explico, cómo a estas alturas, los dueños de restaurantes no han sabido buscar otras soluciones más al alcance de sus posibilidades y del bolsillo de la clientela. Este es precisamente, el punto débil de casi todos estos exitosos negocios.

Por ello, me he permitido hoy hacer este breve análisis y proporcionar además, para el conocimiento de todos los interesados, la receta original de este polémico postre, así como el costo de producción del mismo en nuestro país.

Ingredientes del bizcocho: Seis huevos, dos tazas de azúcar, dos tazas de harina de castilla, tres cucharaditas de polvos de hornear, media taza de leche sin descremar y una cucharadita de vainilla.

Instrucciones: Bata las claras a punto de nieve y añada el azúcar poco a poco y luego las yemas una a una. Cuando la mezcla esté espesa, añada la harina con el polvo de hornear, echando partes de leche. Dele el gusto con la vainilla. Se hornea a 350 grados durante 45 minutos.

Confección: Para hacer las “Tres leches” se mezcla lata y media de leche condensada con la misma cantidad de leche evaporada y una lata de crema de leche. Se le hacen perforaciones a la panetela y se vierte sobre esta la mezcla de leches. Para cubrirlo, haga el siguiente merengue: dos tazas de azúcar, una de agua y un cuarto de cucharadita de crémor tártaro. Cuando el almíbar esté a punto, añádalo al merengue tradicional de claras de huevo. Cubra el bizcocho y disfrute su postre.

Precios de los principales ingredientes en Cuba, donde el salario medio es de 20.00 CUC mensuales:

Lata de leche condensada 1.20 CUC

Lata de leche evaporada 1.30 “

Crema de leche (latica) 1.50 “

Harina, paquete de 1 kilo 1.20 “

Huevos l .50 pesos corrientes (moneda nacional) cada unidad.

Nota: 1 CUC equivale a 0.85 centavos dólar.

¿Miedo al cambio?

Últimamente mucho se conversa, en círculos cerrados de amistades, sobre los lentos, casi imperceptibles cambios anunciados por el gobierno. Lo que sí está claro es que a “soto voce,” casi secretamente, se perciben movimientos que implican que algo se está “cocinando”, como siempre, a espaldas de la opinión pública.

El gobierno está atravesando por una crisis nunca antes vista. La economía cubana es prácticamente inexistente. El país no produce riqueza alguna y la esperanza puesta en el gobierno de la vecina Venezuela, se desvanece junto con el chavismo: un espejismo en pleno desierto cuando se está a punto de morir de sed. Nuestra única alternativa está en el Norte, y no en el Sur.

¿Estamos preparados para el cambio? A mi modo de ver no. Siempre, como pueblo desinformado y aislado, hemos esperado que las soluciones lleguen ”de afuera”. Esto hace que muchos, quizá la mayoría, le teman a lo desconocido. Por otra parte, la diaria sobrevivencia no deja casi espacio al pensamiento analítico.

Durante cincuenta y cuatro años nos han estado metiendo miedo con “el enemigo de enfrente”, invento éste de que se ha valido el régimen para paralizar la iniciativa privada y convertirnos en seres conformes sin expectativas, persiguiendo todo el tiempo la comida, echándole la culpa de nuestros males al mal llamado bloqueo, que también está en evidente período de extinción.

Ahora, cuando sutilmente se intuye que algo “se está cocinando” con el vecino de enfrente, en vez de alegrarnos, muchos se atemorizan y hasta creen que esto se va a convertir en un “quítate tú para ponerme yo”. Justamente nunca debimos dejarnos manipular al presentárnoslo como tal, cuando en realidad Estados Unidos siempre fue nuestro mercado natural.

Un amigo, al que considero una bella persona, me dijo muy preocupado que teme: “qué va a ser de nosotros, la oposición, cuando esto ocurra”. Seguir escribiendo, le contesté y señalar lo malo, venga de quien venga como hacemos ahora. Además, cualquiera podrá dar rienda suelta a su inventiva y creatividad. Tendremos al menos igualdad de oportunidades, recuperaremos nuestras libertades individuales y con ello nuestro libre albedrío.

Una arquitecta, por la que siento un gran aprecio, me manifestó su preocupación ante los cambios: “Nosotros, que nos quedamos aquí a soportar todo, no vamos a tener ni un peso en el bolsillo y los de allá van a venir con dinero para invertir”. Mira, le contesté, precisamente hemos sido culpables por soportar y aceptarlo todo sin protestar, y en cuanto a que ellos vengan con dinero, a mí no me molesta para nada, todo lo contrario, me alegra. Además, muchos de los que van a venir a poner su capital, son aquellos cubanos, o sus descendientes, a los que el gobierno les despojó de todo y con su sacrificio, inteligencia o buena suerte, volvieron a recuperarse económicamente. Eso va a ser bueno para todos.

Creo que es hora ya de que se limen las asperezas políticas y se sea más pragmático. Habrá que hacer en muchos casos de “tripas corazón” y comenzar de nuevo sin rencores. Perdonar, aunque no olvidar, y que las autoridades competentes juzguen con la dureza necesaria, aquellos casos criminales perpetrados contra la integridad del ser humano, que no deben quedar impunes. Por lo demás, tratar de aportar todos nuestro granito de arena, para rehacer nuestro país y lograr insertarlo en el desarrollo del Siglo XXI.

El paraiso de los gatos

Mitsukusú

No soy adicta a la televisión, ni tan siquiera asidua espectadora de la pantalla chica. Más bien la tengo como una especie de monitor, para poder ver las series, norteamericanas casi todas por supuesto, que alquilo en un banco de películas. El único canal, en el que a veces veo algunos programas interesantes ”enlatados todos” y “por casualidad made in USA”, es en el canal 33 que aún, a Dios gracias, no ha sido ideológicamente contaminado.

Justamente hace un par de días, en la mañana, buscando un programa que me interesa pero que nunca veo debido al horario, ya que a esa hora, acabando de desayunar, me encierro en mi taller a oír música y adelantar trabajo hasta las once de la mañana, hora en que me meto en la cocina a “inventar” el plato nuestro de cada día. Por casualidad puse el canal de marras y quedé prendada con unos hermosos gatos, que en ese momento salían en pantalla. El programa me atrapó y lo vi hasta el final, dejando en mí un inmenso deseo de ir a Key West, Cayo Hueso como le decimos los cubanos.

Wampy

Soy gatera, lo confieso, me encantan todos los animales, excepto las cucarachas y las mariposas negras (tataguas), pero siento una especial debilidad por los felinos domésticos. De hecho tengo dos y alimento a tres. Habitualmente suelo sucumbir ante la tierna mirada de ellos.

El programa en cuestión trataba de la vida de estos animales en ese pequeño paraíso, donde hay una proporción de cuatro gatos por persona y no necesariamente todos viven en las casas: los hay compartiendo con los humanos en hoteles y restaurantes. Todos están bien alimentados y reciben cuidados veterinarios. Algunos están operados para controlar su reproducción. Pero lo que más llamó mi atención, pues soy lectora y admiradora de Hemingway, es el cuidado y la devoción que brindan a los descendientes de sus adorados gatos, en la que fuera una de sus más importantes residencias.

Quedé prendada de aquellos de seis dedos, del esfuerzo y la dedicación para mantener su raza y sobretodo lo saludables que se ven. Creo que si algún día logro visitar ese hermoso cayo, donde además está bellamente marcada la zona más próxima a nuestro país, “las famosas 90 millas”, me costará mucho esfuerzo resistirme a la tentación de traerme uno de esos preciosos animales.

Ojalá algún día la cultura en nuestro país también contemple el cuidado de los animales y las plantas, y no solo sea reconocida por sus conciertos y ballets. Desde luego, para llegar a ello tendrían primero que recuperarse todos los derechos individuales y el libre albedrío de sus ciudadanos, perdidos durante estos más de cincuenta años.

Botando el sofá.

Una vez más el sector de la educación se ve empañado por el escándalo: sustracción y venta de las preguntas para los exámenes de onceno grado. Al parecer se ven involucrados en este delito todos o la mayor parte de los municipios habaneros.

No es la primera vez que esto sucede, tampoco ahora los medios se han hecho eco. Como de costumbre, la noticia nos llega a través de alumnos o padres de éstos, cercanos a nuestro entorno, casi siempre vecinos, que se han visto afectados por estos sucesos.

Se han producido reuniones de maestros con los padres de los alumnos involucrados en las distintas escuelas, y el planteamiento por parte del profesorado, a mi modo de ver, no ha sido el más correcto y mucho menos eficaz: “No darle dinero a sus hijos para que no puedan comprar los exámenes”. Esto me recuerda el famoso cuento del marido engañado que llega a su casa y ve a su esposa acurrucándose en el sofá con el amante, y enfurecido decide botar el mueble.

Una vez más quieren reprimir los efectos, sin analizar profundamente sus causas. Esto viene sucediendo en nuestros centros educacionales hace ya muchos años. No es noticia para nadie, pero el Estado sigue pretendiendo que no ocurre, y continúa ofreciendo cifras estadísticas muy favorables a Naciones Unidas, y los funcionarios de ésta divulgándolas sin tomarse el esfuerzo de verificarlas.

Es más o menos la misma política utilizada por los empleados públicos en nuestro país: “El Estado se hace el que me paga y yo me hago el que trabajo”.

Mientras el Ministerio de Educación no se decida a poner fin de una vez por todas a este fraude y depurar responsabilidades a todos los niveles, esta situación seguirá repitiéndose y cada vez más la calidad y el prestigio de la enseñanza en Cuba irá decreciendo.

Según comentarios populares, muy extendidos para no ser ciertos, ni siquiera la Universidad escapa de este escándalo. Se dice que el recinto se ha visto obligado a enviar las pruebas de ingreso custodiadas por la Empresa TrasVal (Traslado de Valores), que hasta hace poco solamente era utilizada, como su nombre lo indica, para custodiar sumas considerables de dinero y otro tipo valores

Si seguimos “botando el sofá” y no denunciamos estas irregularidades y delitos, con nuestro silencio estaríamos contribuyendo aún más a la “caída en picada” hacia el abismo, de algo tan importante y preciado como es la educación y el prestigio de ésta. Recordemos que los errores en este sector se pagan a largo plazo, cuando ya casi no tienen solución.

La marginalización de los barrios

Foto Peter Deel

Mucho se ha escrito sobre el deterioro de la ciudad de La Habana y otras, a todo lo largo y ancho del país, y les puedo asegurar que en nada se ha exagerado. Solo hay que hacer un pequeño recorrido por cualquier barrio habanero, antes ocupados en su mayoría por familias de obreros, clase media, clase media alta, profesionales y figuras de la radio y la televisión como la Víbora, Santo Suárez, Casino Deportivo, Fontanar, Altahabana, Nuevo Vedado, por solo mencionar algunos, para percatarse de su galopante deterioro.

En los portales de todas las viviendas se podían observar, bien temprano en la mañana, los litros de leche, el pan enganchado en la reja o colocado en el alfeizar de una ventana, al igual que el periódico. Esto formaba parte de las imágenes matutinas. A nadie le pasaba por la mente violar la privacidad de estos hogares, para apoderarse de alguno de estos artículos, tan a la mano.

Aquellos propietarios, presionados por los empujes y azotes de los drásticos cambios acontecidos en el año cincuenta y nueve, decidieron marcharse del país, teniendo que abandonar sus casas. Estas fueron “entregadas”, a veces completamente amuebladas, a los “nuevos ocupantes”, que nada tenían que ver con la historia de las mismas, ni con los sacrificios familiares con que fueron construidas.

Así, paulatinamente, fue cambiando el componente social de los barrios y, junto a este, la fisonomía de los mismos. Por eso, no es de extrañar, como sucede ahora en cualquiera de estos, tener que soportar el alto volumen de los equipos de música, las griterías y frases groseras dichas “a todo pulmón”, la invasión a tus jardines, la impunidad con que en plena calle hombres y niños se recuestan a un muro, o entran en el pasillo de cualquier edificio a orinar, incluso a plena luz del día. Los papeles y bolsas de golosinas vacías, latas de refrescos y otros desechos que, al no haber suficientes papeleras situadas en las aceras, son lanzadas sin ningún recato a plena vía pública.

Esto no es lo peor, hay cosas más terribles aún que hieren la sensibilidad de las personas y ofrecen un espectáculo altamente desagradable, para ser observado y escuchado por cualquiera, sobre todo por los niños: el sacrificio de animales en plena vía pública o al alcance de la vista u oídos de cualquier vecino, para “ofrendarle a las deidades”, a fin de que éstas les “ayuden a salir de un problema”, como el recientemente efectuado en el patio de su casa, aquí en pleno Nuevo Vedado, por una vecina que está bajo investigación, acusada por un delito de desvío de recursos. O los tediosos “toques de tambor”, que a veces se extienden hasta la madrugada.

Estoy totalmente de acuerdo, porque es un derecho humano, que cada quien profese la religión o culto que le parezca mejor, pero estoy en desacuerdo, conque la práctica de estos rituales o ceremonias transgreda la tranquilidad y el orden del barrio. Tampoco estoy de acuerdo en absoluto, con la matanza indiscriminada y tortura de animales para estos u otros fines. Hoy por hoy, en el mundo civilizado, en el sacrificio de los mismos para el consumo humano, se buscan y perfeccionan técnicas que reduzcan al mínimo su sufrimiento.

Observo con tristeza cada día, como esta hermosa ciudad va perdiendo todo el encanto que otrora la hiciera famosa, afeada por improvisaciones arquitectónicas descontroladas y prácticas sociales que nada tienen que ver con sus tradiciones, singular arquitectura y las buenas costumbres de antaño, que permitían una armoniosa convivencia.

Altos índices estadísticos

Conversando con unas profesoras colombianas que estaban de turismo en “mi planeta”, éstas me manifestaban los magníficos índices estadísticos que poseíamos en educación y salud. Yo, por supuesto, les aclaré que esas cifras eran dadas por el gobierno, quien no confrontaba ninguna contrapartida dentro del país, lo que le permitía darlas como incuestionables.

Les expliqué, por experiencia propia cuando trabajaba en organismos centrales, cómo estas cifras se manipulaban y adecuaban en consecuencia al momento político y no a la realidad. Que a pesar de tener los datos verídicos emitidos por los distintos ministerios, éstos se ajustaban de acuerdo a las orientaciones emanadas “de arriba”, eufemismo con que se denomina al “alto mando” o sea al máximo líder.

En cuanto a la educación les informé sobre algunos eventos delictivos bastante comunes, perpetrados por alumnos y profesores de diferentes escuelas, tales como fraudes, extorciones, venta de exámenes y hasta posesión y distribución de droga, así como algún que otro hecho de sangre. Les expliqué que, como nada se divulga en los medios, ya que el único dueño de éstos es el Estado, pareciera como si nunca hubiesen ocurrido. Todo se maneja con mucho secretismo, sólo que a pesar de ello, llegan a la población por vía de los propios estudiantes, hijos de vecinos y amigos.

Asimismo pude ofrecerles algunas vivencias cercanas, de situaciones muy estresantes con respecto a los hospitales y policlínicos de salud, como aquella del envenenamiento, por un descuido de una empleada del hospital Fajardo hace unos años, que conllevó la muerte de siete pacientes. O la de nuestro vecino Carlos, que murió en el policlínico “19 de abril” en una camilla, mientras esperaba ser atendido por algún médico o personal de la salud, sólo por mencionar algunos ejemplos. También les expliqué sobre las largas “listas de espera” para ser intervenido quirúrgicamente, a menos que se dispusiera de un médico familiar o muy amigo, que se ocupara de “mover tus papeles”. Todo esto, sin contar con que la mayoría de los medicamentos recetados están en falta o se adquieren solamente en CUC en determinadas farmacias o en el mercado negro.

Lo triste de todas estas situaciones, que ocurren desde luego en algunos otros países y no sólo en el nuestro, es que aquí no existen seguros de vida que te amparen, no se indemniza a las víctimas de errores médicos, y lo peor de todo es que, al no reflejarlo la prensa ni los informes emitidos por el centro de salud, pareciera que nada de esto ocurre. Por tanto, los altos índices estadísticos nuestros en educación y salud son los mejores de la región.

Coca Cola aquí

Hace un par de años, paseando con una amiga en su auto, de pronto vi por la ventanilla, en medio de un basurero, algo rojo que llamó mi atención. ¡Para, para! -le dije. Ella, haciendo caso a mi “casi orden”, se arrimó a la acera y aparcó.

Presta me bajé del auto y fui hasta aquel lugar, en que los vecinos habían indebidamente acumulado en pleno parterre de la acera un montón de desechos. Vi destacarse de entre los escombros un antiguo letrero de metal, impreso al fuego de Coca Cola. Lo saqué del basurero y lo pusimos en el maletero del auto.

Cuando llegamos a casa, lo lavé y observé que en una esquina decía “Impreso en Canadá 1950”. Dicho anuncio se mostraba por ambas caras, lo que me imaginé había pertenecido a algún bodegón de los miles que había por toda la ciudad, que hacían esquina, para que fuera visto por las dos aceras. Ni corta ni perezosa, lo coloqué en mi terraza que da a la calle, en igual forma, para que fuera visto desde dentro y fuera. Así ha permanecido desde entonces.

Hace unos días, estando abierta la entrada al edificio, unos niños subieron y tocaron a mi puerta: “Señora, queremos comprar refresco. Usted tiene un letrero que dice Coca Cola aquí a 5 centavos”.

Miren, les dije, primero no vendo refrescos, pero además, si yo vendiera Coca Cola y a 5 centavos, ustedes lo que tendían que pedirme sería un certificado médico, porque de seguro estaría loca.

Los quince de Yurisdislaidis

Isabel, una joven y delgada morena, de unos treinta años de edad, después de su primer fracaso matrimonial, que no dejó “frutos”, conoce a un joven trabajador, del cual se enamora perdidamente. Ambos, en apenas un primer encuentro, deciden formar pareja. Producto de esta “fulminante unión” les nace una niña, a la cual ponen por nombre Yurisdislaidis, pues en ese momento estaban muy de moda los nombres combinados y con “Y”.

Como toda su vida Isabel había soñado con tener una niña, para “vestirla lindo” y darle mucho amor. Decidió firmemente, a partir de su alumbramiento, guardar en una tinaja de barro que había pertenecido a su abuela, parte del dinerito que ella ganaba como manicure a domicilio, dejándola bajo la férrea custodia de su madre, ya que no confiaba en los bancos. Todas las semanas Isabel engordaba la tinaja, depositando en la misma parte de sus ganancias.

Mientras, su abnegado marido, alquilaba “por la izquierda” el viejo Oldsmobile que había heredado de su padre, “jugándosela al pelao”, pues nunca pudo obtener una licencia. Este redoblaba sus esfuerzos en hacer más carreras que las que su mal alimentado cuerpo aguantaba, con la ilusión de llevar dinero extra a casa, para que su mujer no tuviera que desgastarse tanto y, mucho menos, “tocar sus ahorritos”.

De más está decir que estos sacrificios y otros muchos, que quizá no valga la pena mencionar ahora, incluyendo hasta la dejación del pan diario de ochenta gramos que correspondía a cada miembro del núcleo familiar por la libreta de abastecimientos, con tal de dáselos a la muchachita: uno para el desayuno, otro para la merienda de la escuela, relleno ó untado con cualquier cosa de la que se dispusiera en ese momento, y el otro para acompañar el café con leche de la noche antes de irse dormir. Así fue creciendo Yurisdislaidis y convirtiéndose en una agraciada señorita.

Faltaba aún casi un año para los quince, y ya la familia tenía atesorado todo un ajuar de ropas para la tan soñada celebración. Todavía debían resolver un par de zapatos apropiados para esa ocasión, el maquillista y el fotógrafo.

Fue entonces que Demesio, el padre de Yuris, como cariñosamente le llamaban a la niña, quizá porque hasta a ellos mismos les costaba llamarla por su nombre correctamente, redoblando sus esfuerzos en sus ratos libres, se ponía a “mecaniquear” el auto roto de cualquier vecino, oficio éste que había aprendido en el duro bregar, a través de sus muchos años de experiencia remendando el suyo propio, para hacerlo rodar por nuestras calles y avenidas habaneras llenas de baches. Todo esto conllevó a que su salud se fuera deteriorando, aparentando tener más edad de la real.

A Isabel aún se le humedecen los ojos cuando me relata el día inolvidable, en que su querido esposo llegó a la casa muy cansado, pero lleno de júbilo, “con una sonrisa de oreja a oreja”, con el rostro iluminado por la emoción, sosteniendo en sus brazos un paquete que depositó ante sus pies, cual ofrenda a una diosa: era un flamante par de zapatos blancos, de tacón alto, escotados, con una fina hebilla de brillanticos como único adorno. Un cliente habitual, al cual él contaba sus cuitas, se lo había obsequiado para su hija.Ahora solo faltaba buscar un fotógrafo moderno con buen gusto, ya que el maquillista lo tenía resuelto y gratis, con un encantador gay, hermano de una de sus clientas. ¡Todo “estaba cuadrado!”

Finalmente llegó el ansiado acontecimiento. El CDR y todos los vecinos de la cuadra estaban alborotados, observando el ir y venir de personas extrañas, entrando y saliendo de casa de Isabel. Era todo un suceso. Desde horas tempranas, con el equipo de música al máximo de volumen, alternándose con los gritos de los allí presentes para hacerse escuchar, estaban los amigos que habían acudido para limpiar y su decorar la casa. Todavía ocupaba un lugar de honor en la sala el retrato, siempre con flores, de su antigua dueña, quien tuvo la previsión de testar a favor de Isabel su antigua empleada, para dejársela legalmente como agradecimiento por haberla acompañado y atendido, cuando su familia toda decidió irse del país y ella quedarse, porque quería morir en Cuba.

Ese día el primero en llegar fue Francisco, el maquillista, seguido de la señora a la que le alquilaron los distintos trajes para la escenografía y, cuando ya la quinceañera estaba lista, llegó el joven fotógrafo. Un flamante auto descapotable de los años cincuenta, perteneciente a uno de los amigos de su padre, la esperaba aparcado frente a la casa, para conducir a Yurisdislaidis a la Plaza de San Francisco, frente a la Lonja del Comercio, vestida con un llamativo traje al estilo de “las huérfanas de la Obrapía”, con sombrilla y todo a la usanza del Siglo XIX, para retratarse con las palomas y en los edificios patrimoniales recién restaurados. Detrás de Yuris, había todo un séquito, recorriendo las distintas locaciones escogidas por el artista del lente: el maquillista, la señora de los trajes, el fotógrafo con su trípode al hombro y la madre cargando jabas llenas de flores artificiales, zapatos prestados, alguna que otra peluca y adornos para el cabello de su querida hija.

Después, de regreso al hogar, se haría algunas fotos “más artísticas”: asomada tras la cortina de la bañadera, enseñando un muslo y una pierna al desnudo, simulando caer cabeza abajo, con las piernas bien colocaditas en alto, en la escalera de la casa, con sombrero y maleta como si se fuera de viaje y así sucesivamente, para completar un álbum, que después mostraría orgullosa a parientes, amigos y profesores de su escuela.

Según me pude enterar posteriormente por algunos vecinos, aquellos quince terminaron “por todo lo alto”. Corrieron abundantes la cerveza y el ron, acompañados de croquetas de pescado y bocaditos con pasta, ensalada fría de coditos y tartaletas de guayaba, como contribución de algunos amigos. Desde luego no faltó el gran cake rosado adornado con flores y con quince velitas de esas que se soplan y no apagan, que alguien que “había venido de fuera” recientemente les facilitó. El fiestón terminó entrada la madrugada, cuando ya no quedaba nada por beber o comer. Aún hoy en el barrio se habla de ello.

Hace sólo un par de años me volví a encontrar casualmente con Isabel, notándola muy envejecida y más delgada de lo que habitualmente era. Al preguntarle por Yuris, me dijo, haciendo un esfuerzo por sonreír, “ella está bien, pero quiso dejar los estudios, dice que por falta de motivación. A mí, ya me ves sigo en la luchita y engordando de nuevo la botija de barro… ¡porque ahora a mi hija se le ha metido en la cabeza que se tiene que hacer el santo!”

Cosas del socialismo.

Imagen

Esta mañana salí con mi amiga Magy a comprar unos plátanos y algo que nos sirviera para una buena ensalada. Visitamos el agro de la EJT (Ejército Juvenil del Trabajo), pero no encontramos nada que valiera la pena, a no ser  una conversación que escuchamos entre dos personas bastante mayores, conocidos de nuestro barrio.

 Uno le comentaba al otro, que aún lucía pantalones verde olivo y botas, a pesar de llevar varios años jubilado, lo caro y lo malo que estaba el líquido para fregar de producción nacional. El de las botas le respondió, engolando la voz, para que los allí presentes  pudiéramos  escuchar la conversación: “El producto  está bueno, lo acabo de comprar ahí y viene sellado y todo”.   El otro señor le respondió: ”Oye, no te ciegues, está líquido, viene adulterado de fábrica y en vez de tres pesos que era lo que costaba, cuando estaba espeso y bueno, ahora cuesta veinticinco, ¿no te das cuenta que nos están robado?”

“Bueno, dijo el de  las botas, es verdad pero están robando para dártelo a ti” El otro señor ya sin poderse aguantar ante tamaña estupidez le dijo:” Mira compadre, yo no quiero que nadie robe para mi, mucho menos el Estado, porque eso  que dicen que  a cambio te dan gratis la medicina y la educación, es más que una justificación, un cuento chino que ya nadie se lo cree”.

En eso viene mi amiga y me tira del brazo diciéndome, “deja eso, que tengo algo más interesante que mostrarte”. Me lleva a rastras hacia una carretilla particular, donde había unos aguacates muy lindos y unos tremendos racimos de plátanos. Cuando estábamos comprando, vimos venir hacia nosotros a una anciana que traía en una bolsa de nylon transparente, un par de zapatillas rosadas, al parecer  muy buenas, quien tímidamente se nos acercó, ofreciéndonoslo a solo cinco CUC. En eso el muchacho que nos estaba despachando las viandas, soltó la mercancía y dirigiéndose a nosotras  nos dijo:” yo las vi primero y además es el  número de mi novia, así que lo siento hermanas pero las zapatillas son mías”. 

Salimos de allí riéndonos  “a mandíbula batiente”, después que tuvimos que esperar que el vendedor comprara las zapatillas y le diera el dinero a la pobre señora que también quería comprar viandas, para que nos despachara la mercancía. ¡Cosas del socialismo!, le dije a mi amiga.

La convivencia es un arte

Desde el año 1971 me mudé para el Nuevo Vedado, producto de una oportuna permuta. Mi nuevo apartamento está en el último piso, de lo que fue un moderno inmueble de tres plantas terminado de construir en el año 1958, por una familia para vivirlo. Son solamente tres espaciosos apartamentos: uno en cada piso.

Sus dueños originales, ante los bruscos cambios ocurridos en el país y las inequívocas señales para algunos, de “lo que venía”, decidieron en fecha tan temprana como 1960, dejarlo todo e irse a vivir a Estados Unidos. El inmueble al estar “abandonado” fue sellado, quedando por su ubicación en lo que se dio a llamar “zona congelada”, como otras tantas de la ciudad. Estos apartamentos fueron entregados a personas que, por una u otra razón estaban vinculadas al régimen.

En el primer piso vino a vivir un sastre y su esposa, que cosían para “las altas esferas del gobierno”. En el segundo piso un historiador del Comité Central del Partido y su familia y en el tercer piso (donde vivo actualmente) dos miembros del Ministerio del Interior y sus dos malcriados hijos, gracias a los cuales se produjo la permuta que, por “carambola”, me benefició. Yo entregué a cambio una linda casita con patio y jardín, precisamente lo que ellos estaban buscando para soltar a sus hijos. Ocupándose el matrimonio de todo el papeleo, para que esta se realizara a la mayor brevedad posible.

Con el devenir del tiempo, los ocupantes posteriores al 59 fueron falleciendo, quedando su descendencia en posesión de los mismos. En general son personas jóvenes, un tanto despreocupadas a las que al parecer, no interesa mucho la apariencia y limpieza del edificio, solamente la de puertas adentro. A causa de esto, hemos tenido que lidiar con muchos inconvenientes para mantener el arreglo del jardín y pasillos, así como la limpieza de las escaleras.

Nuestro vecino del primer piso, desde hace más de un año rompió, debido a un salidero en su apartamento, la pared que da justo de frente cuando se entra al inmueble, dejando durante muchas semanas, un gran hueco sin repellar. Mi esposo, después de hablar en varias ocasiones con él sobre este asunto, y viendo que no acababa de arreglarlo, decidió taparlo preparando un cartón con un bastidor para sostenerlo, donde a toda prisa y con los restos de pintura que encontró en el garaje, simuló una pintura abstracta, de un tamaño suficiente para tapar el antiestético hueco. Esto evitaría dar una mala impresión al entrar al edificio.

Pues bien, hoy un señor que pasaba en su auto, en el momento en que Fernando salía, vio a través de la puerta entreabierta parte del cuadro. Aparcando en la acera y dirigiéndose a él identificándose como comprador de pinturas y libros antiguos le dijo: “Estoy interesado en comprar esa pintura “irregular”, antigua, de los años cincuenta, que adorna la entrada”. Fernando aguantando la risa le respondió. “Efectivamente la pintura es irregular, pero no antigua y mucho menos de los años 50. La acabo de hacer yo para tapar un desperfecto en la pared”. El señor de marras se fue un poco avergonzado y mi esposo subió “muerto de risa” a contarme lo sucedido.

19 de mayo

Hoy se cumplen 118 años de la caída en combate, del más grande y atemporal de todos los cubanos: José Martí, “el Apóstol de la Independencia”

El sistema imperante en nuestro país desde hace 54 años, lo ha rebautizado como el Héroe Nacional, pero a mí como a muchos, nunca nos ha gustado ese calificativo, por considerarlo inadecuado para tan universal figura, por lo que le seguimos llamando como nos enseñaron nuestros padres y maestros, cuando Cuba era una República.

El uso y abuso de los pensamientos y expresiones martianas, sacadas de contexto y aplicadas “convenientemente” para reafirmar conceptos, que nada tienen que ver con el ideario del mismo, lo único que ha provocado es un rechazo casi involuntario por parte de muchos de los ciudadanos en nuestro país, sobre todo en los sectores más jóvenes de la población hacia la figura del Apóstol, llegando incluso en ocasiones, hasta bromear irrespetuosamente con él.

Un hombre de letras, de paz y amor, que se involucró con las armas, posiblemente presionado por sus propios compañeros, cayendo mortalmente herido, en su primer día de salida al campo de batalla, apenas sin llegar a tener la oportunidad de combatir, cuando este hombre que fue capaz de unir a todos los cubanos en un mismo ideario, hacía mucha más falta vivo.

A tantos años de ese triste acontecimiento para la mayoría de los cubanos, su ideario sigue siendo la brújula que rige nuestros anhelos políticos. Manteniendo viva nuestra quimera de lograr más temprano que tarde, ver a nuestra patria libre y soberana “con todos y para el bien de todos”, como la soñó Martí.

El largo camino de la recuperación

 

Armándome de paciencia logré mantenerme un buen rato mirando el Noticiero Nacional de Televisión (NTV). Tuve que hacer acopio de ecuanimidad para no infartarme viendo las imágenes y oyendo las tonterías del libreto, repetidas por nuestros locutores, como si se tratara de un programa diseñado `para subnormales.

Resulta que, como gran acontecimiento, anuncian que se va recuperando “paulatinamente” el alumbrado en las zonas afectadas por el huracán Sandy, que hace casi ocho meses azotó la provincia de Santiago de Cuba, dejándoles en condiciones deplorables. Además, lo que más me insultó es que dijeran que se hacía “en honor” al sesenta aniversario del asalto al cuartel Moncada y no de los cientos de infelices damnificados, que aún hoy no logran recuperarse de las pérdidas ocasionadas por el huracán, debido fundamentalmente a la miseria acumulada durante décadas, que les imposibilitó darle mantenimiento adecuado a sus viviendas.

Es una vergüenza que al cabo de tantos meses digan que, poco a poco, “paulatinamente”, se está dando servicio de iluminación a las calles y avenidas, sabiendo que el delito y el peligro justamente se amparan en la obscuridad. Además, parecen obviar las deficiencias alimentarias que están confrontando las familias santiagueras, cuyos magros salarios no les han permitido alimentarse debidamente, así como poderse recuperar aún de los destrozos ocasionado por el fenómeno atmosférico. Todo esto, sin contar que muchas de las donaciones enviadas por diferentes países no les fueron distribuidas gratuitamente, como era de esperar por quienes las enviaron, sino que les fueron vendidas a altos precios.

Todo esto me insulta más aún, cuando recientemente el representante de la FAO en nuestro país tuvo la osadía y la falta de seriedad de expresar públicamente, que éramos uno de los pueblos mejor alimentados, no sólo de América sino del Mundo. Parece que este señor olvidó que aquí a los niños cuando cumplen tres años le quitan las compotas, y a los siete la leche, sin contar con todos los grandes sacrificios que tienen que hacer sus padres desde que se anuncia su llegada al mundo, precisamente debido a las carencias materiales.

Ahora, por otra parte, una doctora psicóloga, que yo consideraba hasta hoy una persona sensata, se ha prestado a rubricar en el diario Granma un artículo donde hace toda una apología a la miseria en nuestro país, llamándola “Modelo Cubano de Bienestar”. Además, plantea como un gran ejemplo a seguir, que en Cuba todos conocen a la perfección a sus vecinos y lo que hacen, cuando esto en realidad no es más que una intromisión en la vida ajena, y no “socializar”, cosa ésta que de alguna forma todos hemos padecido.

Segundo domingo de mayo

Trabajo en patchwork de Rebeca

Festejar el Día de las Madres, una costumbre que durante varias generaciones se practicó en nuestro país, y aún con diferencias y limitaciones se sigue realizando, a pesar de la disgregación familiar hoy existente. El objetivo principal de esta celebración consistía en acudir a la casa materna, para compartir con la familia. Nunca importó cuán lejos vivieran unos de otros.

Recuerdo que, muy temprano en la mañana, comenzaban los trajines en toda la casa. Hasta los más jóvenes teníamos asignadas tareas. Las muchachas solteras, que aún convivíamos bajo el mismo techo, estábamos designadas para la limpieza. Los varones se encargaban de recoger las hojas secas del jardín y depositarlas dentro de un tanque de metal en el patio, para que se convirtieran en humus, que sería utilizado después como abono, o quemarlas para deshacerse más fácilmente de ellas. La mujeres establecían su puesto de mando en la cocina; ese era el día libre de la empleada, el que la tuviera, pues ésta también tendría en su casa su propia celebración familiar.

Mi mamá, experta culinaria, era la que se encargaba los domingos, y en especial este día, de confeccionar el menú con la ayuda de mi abuela. Al tío Pedro había que mantenerlo alejado de la cocina, porque le encantaba “meter la cuchareta”, por tanto se le asignaba la tarea de armar la gran mesa, con la ayuda de su hijo. Para este y otros fines, se guardaban en el “cuartico de atrás” un par de “burros” de madera y un inmenso tablón.

Cerca de las doce del mediodía comenzaban a llegar los miembros del “familión”. Los primeros eran unos tíos, cuya casa estaba en la acera de enfrente, y después hacían acto de presencia los que vivían más alejados. Todos, mayores y niños, lucían en sus pechos una flor roja o blanca. La primera significaba que la madre estaba viva, la otra que ya había muerto. Esta era una costumbre muy arraigada que servía para no “meter la pata”, felicitando a alguien cuya madre había fallecido. En nuestro caso, en esa época, afortunadamente casi todos llevábamos una flor roja. Después, en la tarde, se incorporaban otros familiares, que por vivir un poco más alejados no participaban del almuerzo, pero pasaban no obstante a saludar a las madres, que ese día eran las reinas de la fiesta. Llegada la tarde, entre familiares y amigos allegados, ¡éramos un montón!

El almuerzo, exquisito, casi siempre tenía como protagonista el pollo, quien entonces constituía el manjar de los domingos, ya que durante toda la semana se consumía carne de res, en cualesquiera de sus más variadas presentaciones, porque sencillamente era el plato más común, por lo económica y buena que resultaba, excepto los viernes, en que generalmente se preparaba pescado. El cerdo, el guineo y el pavo se dejaban preferentemente para la Nochebuena, Navidad y fin de año.

Una de las tantas especialidades culinarias de mi mamá era el arroz con pollo, que le quedaba exquisito y que este día servía en grandes fuentes, decorándolas con pimientos morrones, puntas de espárragos, petit pois y huevos duros, según una famosa receta. Las ensaladas se confeccionaban con los vegetales de estación, y por supuesto, no podía faltar un buen cake de nata y, además, el famoso cake helado revestido con chocolate, que venía en una caja con trozos de hielo seco, para su conservación hasta el momento de ser consumido. Como colofón de este almuerzo, el invariable y delicioso café, que según solía decir mi abuela era “el broche de oro” de cualquier comida.

Luego, en la tarde (para no cocinar), cuando ya se habían marchado casi todos, el tío Pedro preparaba exquisitos sandwichs con pan de flauta, untando una tapa de éste con mantequilla y la otra con mostaza, y agregándole lascas de jamón, pierna, chorizo, queso y rodajas de pepinos encurtidos. También preparaba, en dos batidoras que había en la cocina, similares a las de las cafeterías (éramos muchos), deliciosos batidos de mamey o mango, según la temporada. Estas frutas se recogían de los árboles que teníamos sembrados en el patio trasero de la casa.

Hoy, a tantos años de esa magnífica etapa de nuestras vidas, me invade la nostalgia recordando esos Días de las Madres con sus almuerzos dominicales, que después del año cincuenta y nueve se fueron extinguiendo poco a poco, al irse fragmentando nuestra familia, como la de casi todos los cubanos, cuando la mayoría partieron al exilio. También muchos de los productos para confeccionar esos manjares fueron desapareciendo, a consecuencia de la intervención estatal de los negocios privados, y los salarios devengados dejaron ya de ser suficientes para solventar estos gastos. Asimismo la cada vez más creciente falta de transporte, hizo que los que vivían en otras provincias no pudieran acudir a esta cita. La tristeza fue cubriendo, como un manto gris, aquellos días familiares de mi infancia y adolescencia. Las casas se fueron quedando prácticamente vacías. Tampoco ya se llevaba con alegría o tristeza una flor en el pecho.

Esta es otra de las lindas tradiciones cubanas, que se fueron perdiendo junto con nuestra juventud e ilusiones. Afortunadamente éstas marcharon al exilio con nuestros compatriotas, donde las han seguido practicando, por lo que tengo la esperanza y la certeza que algún día retornarán, quizá un poco modificadas, pero enriquecidas, a engrosar nuestro imaginario cultural y magro recetario culinario actual.

Venuto al mondo

Foto A.Betancourt

Venuto al Mondo, un film de Sergio Castellitto, con las magníficas actuaciones de Penélope Cruz y Emile Hirsch, basado en la novela de la escritora Margaret Mazzantini, donde la guerra fratricida desatada en Sarajevo, sirve como telón de fondo para un drama personal, cuyo tema central es una maternidad frustrada.

Una joven italiana visitando a unos amigos en la antigua Yugoslavia conoce a un fotógrafo norteamericano, y entre ambos surge una fuerte pasión. Ellos se reencuentran en Italia, cuando él va en su búsqueda incitado por el padre de ésta, uniéndose ambos formalmente como pareja. El deseo de tener un hijo se convierte en una especie de obsesión, hasta que después de varios intentos, los médicos detectan la infertilidad de la mujer. Entonces deciden adoptar un niño.

De nuevo la frustración se apodera de la pareja, ante la negativa de adopción por parte de las autoridades italianas, debido a los antecedentes delictivos del joven fotógrafo, por lo que deciden regresar a Sarajevo, para someterse a una inseminación artificial, que también se ve interrumpida por el ataque con armas al hospital donde estaban a punto de realizarla, decidiendo quedarse en ese país a pesar de la guerra, en busca de un vientre de alquiler.

Lo interesante de la película, además de sus diálogos y actuaciones, es que en la misma se demuestra cómo la manipulación ideológica de un “líder carismático” enfermo de poder, es capaz de sacar lo peor del ser humano a la superficie y llevarlo a una guerra entre familias y vecinos, sólo por divergencias ideológicas, étnicas ó religiosas.

Todo esto me hizo pensar en aquellos primeros años de revolución, cuando se crearon los comités de defensa en los barrios, estando entre sus principales objetivos la vigilancia, asedio y enfrentamiento entre vecinos y familias, y luego posteriormente, cuando estos barrios fueron cambiando su fisonomía, debido a que sus vecinos originales partieron al exilio, siendo sustituidos por otros recién llegados, que nada tenían que ver con el nuevo entorno, teniendo repercusiones en algunos casos muy lamentables, donde la envidia y las bajas pasiones afloraron.

Después, en los años ochenta, cuando la crisis del Mariel esos sentimientos se reavivaron y cobraron fuerza, impulsados por la imprudencia de quienes los incitaron. Esto tuvo consecuencias extremas donde abusos, golpizas, y humillaciones de todo tipo fueron perpetradas por unas masas manipuladas, a las que tuvieron la osadía de llamar “pueblo enardecido”. Esto, no devino en una mayor desgracia, porque afortunadamente nuestra idiosincrasia occidental nada tiene que ver con países como los que sirvieron de locación al film en cuestión. Pero ha sido y es una mácula que figurará por siempre en nuestra historia más reciente.

Almuerzo para una amiga

Nada más agradable, que poder compartir con una amiga u amigo y congratularle con una sencilla y sana comida.

Finalmente pude conseguir pechugas de pollo, que hacía tiempo no llegaban a las tiendas recaudadoras de divisas de mi barrio. Entonces se me ocurrió el siguiente menú.

Pechugas de pollo al romero:

Descongele con tiempo las pechugas. Córtelas en lascas y salpimiéntelas. Déjelas reposar aproximadamente una hora.

Dórelas a fuego vivo, por ambos lados. Añádale abundantes ruedas de cebolla y déjelas a fuego bajito, para que se cocinen bien. Agrégueles unas ramitas de romero fresco (tengo sembrado en mi jardín), y dos cucharadas de vino seco. Tape el sartén y déjelas cocinar aproximadamente unos 45 minutos.

Papas (patatas ) en su jugo:

Pele las patatas y córtelas en rodajas finas, pero no tanto como para freír. Añádales sal y un poco de mostaza. Colóquelas en una sartén teflón, tápelas y baje bien el fuego, para que ellas se cocinen en sus propios jugos, hasta que se doren un poquito.

Una vez que estén listas las pechugas, las sirve en un mismo plato, colocándole las papas como guarnición. También puede servirlas con un poco de arroz moldeado. Adorne el plato de con una ramita de romero.

Añada a este agradable almuerzo, una fresca y bien decorada ensalada de estación, un postre y por supuesto como broche de oro un buen café, si es de los que traen algunas personas de Miami, mejor, porque los de aquí no están muy buenos que digamos, ni tan siquiera los comprados en CUC.

Bon apetit!

El valor de un NO

La noche del jueves estuve viendo un programa de cine latino que tiene la televisión en mi planeta. Nunca lo pongo, por la mala calidad de casi todas las películas y temas escogidos, pero este me interesó. Me asombré de que exhibieran, por un medio masivo tan importante como este , la película chilena NO. Dicho filme fue visto en la pantalla grande, en uno de los recientes festivales, pero sin darle apenas difusión.En él se manifiesta de manera, pragmática como un dictador del calibre de Pinochet, aceptó someterse a un plebiscito para continuar o no en el poder, y más asombroso aún que acatara sin objetar la decisión del voto popular.

Muy interesante fue poder observar cómo se llevó a cabo la campaña publicitaria del NO a pesar de los ataques de la derecha. La inteligencia mostrada al confeccionar los “spots” publicitarios que abogaban por un Chile de futuro y optimista, sin regodearse en los tristes hechos que sucedieron al golpe militar, aún en contra de criterios de algunos de los participantes de esta campaña. Con inteligencia y frescura se presentó el No, que finalmente logró convencer a la mayoría.

Otro detalle que llamó mi atención fue poder enterarme a través de la filmación, que a ambas propuestas, al SI y al NO, les concedieron la misma cantidad de minutos en espacio televisivo. Hecho este que resalta, cuando acabamos de observar la manipulación y centralización mediática del chavismo en Venezuela, en las recientes campañas electorales y posterior votación. Más aún con la negativa a la solicitud hecha por la oposición del reconteo del 100% de los votos.

Creo que a pesar de tener en cuenta, y no olvidar nunca quien fue Pinochet y los daños ocasionados a sus opositores, es de reconocer que al final, el dictador acató la voluntad expresada en el NO del pueblo chileno. Me parece que este es un hecho para tener en cuenta.

A veces en la televisión de nuestro país, que se caracteriza por la monopolización ideológica de la misma, o “se le van detalles”, o sencillamente alguien desea que se escapen éstos. Mucho me gustaría que siguieran exhibiendo filmes como el de marras, donde se manifiesten las dos caras de una misma moneda. A mi modesto juicio se necesita la misma valentía para decir un No como para acatarlo.

“Círculos del amor” ó víctimas de la desidia

Jardín infantil Mariposas de colores.

“Los círculos infantiles celebran hoy su cumpleaños 52. Esas instituciones siguen cumpliendo su misión y se perfeccionan para que su labor educativa sea más profunda y eficiente…

Así se encabeza el artículo publicado por Juventud Rebelde el miércoles 10 de abril del presente. En él se hace una breve historia de cómo surgieron las primeras instituciones de este tipo en nuestro país, a inicios de los años 60. Eso me hizo recordar de la manera en que yo me vinculé a estas tareas, por petición expresa de una amiga.

Durante un año seguido estuve haciendo “trabajo voluntario” sola en un gran salón, donde me habían proporcionado abundantes y variados materiales, confeccionando muñecas de tela así como diversos artículos para el hogar, que después serían subastados en una tómbola que se efectuaría en los predios del Ministerio de Comercio Exterior, a fin de recaudar fondos para hacer un círculo infantil, en el piso 9 por la calle 23, de este gran centro de trabajo donde laboran muchas mujeres.

Finalmente un año después con el resultado de muchas donaciones importantes, recibidas de las firmas que comenzaban a negociar con este ministerio y mi modesta contribución, se pudo llevar a vías de hecho el proyecto. Recuerdo que también participé activamente en la decoración del local infantil destinado a este círculo.

Ahora bien, llama mi atención ver cómo se obvian en dicho artículo, algunas de las verdaderas razones del deterioro y posterior clausura, de muchos de estos locales o centros construidos para este hermoso fin.

Hace un par de años, conversando con la que era directora del jardín Infantil, “Mariposas de colores” que está al lado de mi casa (lugar donde acudieron mis dos hijos), al preguntarle sobre el evidente abandono del mismo, ésta me comentó que se debía a la baja matricula. Al leer este artículo de JR, me doy cuenta que esa era quizás una de las muchas causas. Siendo posiblemente la principal, la falta de recursos asignados a estas instituciones, así como el abandono y falta de mantenimiento a las mismas.

“El país tiene en estos momentos 45000 solicitudes pendientes y 46 instituciones cerradas, 40 de estas en la capital, todas por problemas constructivos”

Así expresa en uno de sus siguientes párrafos el artículo en cuestión. Entonces, a qué gobierno debemos responsabilizar con el estado actual de estos inmuebles, que por demás se edificaron a toda prisa, y en cantidades exageradas, por personas que carecían de experiencia en este oficio: como siempre, para cumplir metas. Además sin tener en cuenta la asignación de un presupuesto estable, para el posterior mantenimiento de las mismas.

Todo ello, más la falta cada vez más evidente de un personal capacitado para trabajar con estos niños, los padres de familia optaron por llevar a sus hijos a casas particulares, que funcionaban, hasta hace muy poco, en una especie de “limbo” clandestino. Cada vez son más las personas que por cuenta propia, se dedican a este tipo de labor, ya que ahora poseen la licencia que les respalda.

Ante la importancia y magnitud del problema, ya que la mayoría de las familias no cuentan con recursos suficientes para dejar a sus hijos en guarderías particulares, debido a sus magros salarios y no poseer ningún otro tipo de entrada económica estable, el gobierno ha implementado un nuevo tipo de plan: “Educa a tu hijo”, que se desarrolla en algunas comunidades, brindando orientaciones a la familia para estimular y atender adecuadamente al pequeño, con vistas a lograr su desarrollo integral y preparación para el inicio de su vida escolar. Esperemos que este plan, como muchos otros anteriores, no s “languidezcan” por el camino. ¡Señores al amor también hay que darle mantenimiento!

Girón o Bahía de Cochinos: un mismo dolor

Hace un par de años escribí sobre este evento al enterarme, por una persona muy allegada y vinculada emocionalmente al mismo, de cómo dos cubanos que habían combatido en lados opuestos, en ese triste enfrentamiento bélico entre hermanos, con el devenir del tiempo, se habían reencontrado fuera de nuestro territorio, uno como miembro de la Brigada 2506 y el otro como ex piloto de Playa Girón, entonces ambos exiliados. Estos dos cubanos se fundieron en un abrazo de perdón, en Miami y uno de ellos, años después murió en brazos del otro. Este es el motivo por lo que me decido a publicar nuevamente fragmentos de esta historia por encontrarla tan conmovedora. Parte de la descendencia de ambos protagonistas conviven ahora en La Florida.

“Una noche, en una de las ya acostumbradas cenas, en las que solían reunirse amigos, estando todos sentados a la mesa y compartiendo una rica comida criolla, al ex piloto de Girón allí invitado, se le presentó un malestar y solicitó ir al baño. Momentos después se escuchó un fuerte estruendo provenir de ese lugar y, el anfitrión corrió hacia donde provenía aquel extraño ruido, observando a su invitado tirado en el suelo, solícitamente lo sostuvo en sus brazos, justo para verlo morir”.

Todos estos acontecimientos, con el paso de los años y las frustraciones sufridas por unos y otros, nos han hecho reflexionar en cuanto, hasta qué punto fuimos manipulados y cuanto se nos tergiversó la historia. Durante décadas, trataron de “sembrar” en nosotros, un falso sentimiento de odio y rencor, que si ciertamente en algún momento existió, éste se fue disipando con el acontecer diario, con el desencanto y sobre todo, con la triste experiencia de haber luchado por un “futuro” que nunca llegó, viéndonos forzados a separarnos de nuestras familias y amigos, cuestión ésta que en definitiva, ha sido el saldo más doloroso de todo este acontecer.

“Tuvieron que pasar muchos años, de enfrentamientos, desencuentros, malos entendidos y campañas difamatorias, para que finalmente dos cubanos a los que nunca nadie debió convertir en enemigos, se unieran para siempre en un abrazo: Dos jirones de una misma bandera”

El Cocinero

Esa gran chimenea de ladrillos rojos siempre llamó mi atención. Cuando niña, la veía inmensa y me imaginaba vivían en ella duendes. Provocaba en mí una fascinación muy especial. Más aún porque era el camino por donde necesariamente teníamos que pasar, antes del llegar al “temido” puente de hierro sobre el río Almendares, que en ocasiones se abría como una gran boca de lobo para dar paso a los yates, cuando nos dirigíamos a visitar a la tía Cuca en Miramar: uno de mis paseos favoritos.

Con el paso del tiempo y los avatares que se apoderaron precipitadamente del país, aquellas fantasías y sueños de la niñez, fueron abruptamente arrancados de raíz, para dar paso a una “nueva realidad”. Aquella torre de mis sueños se mantenía ahí, pero ya no enviaba señales de humo. Poco a poco se fue quedando sin vida. Mis personajes de fantasía desaparecieron junto con aquellas bocanadas grises que nunca más salieron de su garganta. El puente dejó de abrirse: ya no pasaban yates. Poco a poco el óxido fue cubriendo estructura. Tampoco ya podíamos visitar a mi tía, se había ido a vivir muy lejos.

Muchos años han transcurrido antes que yo volviera a sentir motivación, para superar el miedo de cruzar el viejo puente. Mi antigua amiga de ladrillos rojos seguía ahí, muda e inerte, señoreando en un entorno cada vez más, decadente.

Hace unos días, al enterarme que la habían convertido en un bar restaurante, acudí motivada a su reencuentro, acompañada de mi Nikon, para tratar de obtener fotos y una posible historia al respecto, con alguno de los vecinos. Tuve suerte que uno, que se encontraba limpiando la calle, al verme cámara en mano vino hacia mí creyéndome turista. Cuando me identifiqué, me contó la historia del lugar, pues él nacido y criado en el mismo, conocía todos los pormenores.

“Resulta que, cuando la fábrica quedó abandonada a inicios de los años sesenta, un hombre, se metió en la base de la chimenea para vivir. Después se casó y al cabo de unos años, el matrimonio se separó y como no disponían de otras posibilidades, dividieron el espacio, quedándose ella con una parte y el con la otra. Así estuvieron “compartiendo” el lugar muchos años, hasta que hace poco vino un joven y les ofreció dos apartamenticos a cambio de la gran chimenea”.

Indagando con amistades, por las que tuve noticias de esta curiosa inversión, me enteré de que con las nuevas posibilidades de sacar licencia para abrir negocios, tres jóvenes amigos que conocían del lugar y su historia, decidieron unir sus recursos, para “conversar con la ex pareja”, ofreciéndoles a cambio lo que tanto necesitaban.

Lo primero que hicieron fue restaurar la chimenea, devolviéndole todo su antiguo esplendor, conservando el gran letrero original que dio nombre a la “vieja” fábrica de aceite: EL COCINERO. La entrada a la misma muestra un jardín bien cuidado, donde se exhiben antiguas piezas restauradas de la propia industria, a modo de esculturas. Una campana en la puerta para anunciarse, te espera. Dentro, subiendo dos pisos por una escalera de caracol, accedes a la azotea, donde un agradable bar de ambiente bohemio, con gran variedad de tapas y bebidas te asegura una encantadora y “diferente” noche. Todo por supuesto en moneda convertible CUC. El restaurante aún no ha sido inaugurado.