Para ilustrar mejor a CNN

A  los directivos de la CNN, he colocado tan solo unas pocas fotos de nuestra ciudad. Son muchas las dificultades que confrontan los vecinos de cualquier barriada, incluyendo Miramar, con la recogida de basura. La empresa Comunales, la encargada de esta tarea alega la carencia de camiones y contenedores.
Barriadas alejadas del centro de la ciudad ni siquiera tienen  contenedores para la basura y esta o se tira al río, a la linea del tren o, en el mejor de los casos, se cuelga con clavos en los arboles.
Seria muy bueno que cuando vayan a emitir una opinion estadistica, lo hagan in situ y no se conformen simplemente con las cifras emitidas por un régimen totalitario.

Tres mentiras en una

Tres en una 2

Tres en una. Hace unos pocos años comenzaron a vender por la libreta de abastecimiento la sal envasada en unas bolsitas plásticas de 1 kilogramo de la cuota, que anteriormente venía a granel, una por núcleo de dos personas, cada 3 meses, lo que provoca que a la mayoría de los consumidores no le alcance . Al principio la sal venía blanca y fina, como si fuera de importación, pero eso, duró poco tiempo, hace ya bastante que está viniendo envasada en las mismas bolsas plásticas, que resaltan tres características del producto: fina, iodada y anti-humectante, pero en realidad es gruesa, sucia y de color gris además de húmeda. Se parece a la que es usada en la industria para curtir cuero.
Ayer justamente escuchaba por la radio, la noticia de que en Cuba se había oficialmente reconocido un laboratorio que actuará como garante de la calidad de los productos de exportación e importación. Esto era dado como un gran logro, ¡un notición! Entonces me acordé que ya en los años cincuenta, todos los productos que se consumían en nuestro país, especialmente aquellos que se importaban ostentaban como garantía dos sellos de calidad reconocidos internacionalmente: El sello de la Good House Kepping y el de la Universidad de Villanueva.
Durante más de tres décadas estuvimos comprando productos desnudos, o sea, sin etiquetas, sobretodo la pasta dental y el papel sanitario que venía sin envolver, por lo que de higiénico tenía muy poco. Espero que de ahora en adelante tomen en serio esta decisión, y optimicen la calidad de los productos garantizados o sencillamente, cambien los envases mentirosos como este de la sal y otros que existen en nuestro mercado y no sigan engañando al consumidor.

Notaria 23 y J, La Habana

Después varios días de gestiones para subsanar omisiones cometidas por distintos funcionarios, a fin de inscribir oficialmente mi apartamento, según exige la nueva ley de la vivienda, he debido peregrinar por innumerables locales y oficinas, no solo a consecuencia de la fragmentación de la oficina central (una enorme y vieja casa subutilizada), sino a demás por la mala información que brindan al público que acude a éstas.

Finalmente hay que pasar por la Notaria a legalizar todos los documentos acreditativos. Acudí a la mejor, la más famosa, cuya ubicación es muy céntrica: La notaría de 23 y J en El Vedado, por donde han pasado casi todos los cubanos, a casarse, divorciarse, testar, hacer poderes, en fin, a todo tipo de trámites legales.

La misma se encuentra ubicada desde hace más de cinco décadas, en un bello edificio de los años cincuenta, cuyas soluciones arquitectónicas aún hoy son referencia de estudio en la carrera de Arquitectura.

He aquí las imágenes más recientes del que otrora fuera un hermoso edificio de oficinas y viviendas:

Cómodos asientos donde deberás esperar horas. Afortunadamente fui atendida por dos magníficas profesionales y una recepcionista agradable y eficiente.

A la Rigola yo no vuelvo más

Hace dos años, después de muchos trámites burocráticos, colas (filas) y esperas inútiles en Inmigración, la Embajada española y el Comité Militar de Plaza, logre´ que liberaran del servicio militar, por reunificación familiar, al hijo de una amiga que vive en el exterior, para lo cual me había dejado un poder legal.

Ahora, hace unos días ella, el esposo y su hijo, decidieron venir de vacaciones para visitar a la familia. Todo parecía transcurrir muy bien, pues la alegría del reencuentro con familiares y amigos paleaba las penurias económicas y el deterioro del país, muy notable para el que regresa después de un tiempo en el exterior.

Llegó finalmente la noche que marcaba el regreso a la “madre patria”, y entonces comenzó una nueva odisea.

Ya con el equipaje despachado y habiendo pagado el impuesto de salida del aeropuerto, 25.00 CUC por persona, el funcionario de Inmigración les comunicó que ellos dos (los padres) podían viajar, pero que el muchacho debía quedarse porque en la computadora aparecía como pendiente del servicio militar. Por supuesto, decidieron quedarse con el hijo, perdiendo los pasajes y el impuesto del aeropuerto, además del tiempo que debieron esperar a que les regresaran sus equipajes. Todo esto, más los nervios y disgustos ocasionados, por la incompetencia del sistema.

Muy temprano, a la mañana siguiente, los tres se encaminaron hacia el Comité Militar para aclarar tamaño error. Allí les dijeron como excusa, que el fallo lo había cometido un “vanguardia nacional” que, afortunadamente, ya no trabajaba con ellos. De ahí fueron para Inmigración para resolver la situación del muchacho.

Finalmente, después de más de cuatro horas de espera, porque el sistema de computación estaba fallido, salieron del lugar con el problema resuelto. Les ofrecieron disculpas, pero sin ningún tipo de indemnización.

Todo esto les ha traído como consecuencia perder los pasajes, no poder reincorporarse a sus trabajos en la fecha prevista y, al muchacho, la imposibilidad de realizar unos exámenes pendientes en su escuela para el 1 de septiembre, pues él y la madre solo consiguieron pasajes para el día 8 de ese mismo mes. Ante esta nueva situación, los padres regresaron al Comité Militar para que allí les dieran un documento justificativo de la situación por la que habían tenido que pasar, a fin de presentarlo en la escuela del hijo en España, a lo cual dieron respuesta negativa, aludiendo que ellos no estaban autorizados para emitir ningún tipo de documento como el requerido.

Finalmente, el esposo de mi amiga, que consiguió un pasaje, deberá viajar mañana para presentarse en su trabajo y tratar de explicar lo sucedido en la escuela del hijo, a fin de que le permitan examinarse a su llegada.

Hoy, cuando estuvieron de visita en casa, nos dijeron que esta experiencia les había hecho entender que, desafortunadamente, no tienen intenciones de volver a viajar a Cuba por mucho tiempo, al menos hasta que no se les olvide todo lo que han pasado.

Esto, contado así, a grosso modo, no parece gran cosa, porque para saberlo hay que experimentarlo en carne propia pasando por toda esta pesadilla. Es por ello que muchos cubanos, cuando finalmente vencen todos los obstáculos y absurdos y logran salir del país, se juran a sí mismos no regresar jamás, por temor a repetir las malas experiencias.

Mi amiga hoy, cuando se despedía nos dijo, recordando una vieja canción: “A la Rigola yo no vuelvo más”.

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¡Lo que cuesta comer!

Esta semana invité a un matrimonio amigo a almorzar. Yo tengo una jubilación de las más “respetables” de éste país: 340.00 pesos (CUP), de esos corrientes en que se pagan también los salarios.

Fui temprano en busca de los elementos e ingredientes necesarios para hacerles un menú criollo, pues ellos viven en el exterior y quería agasajarles con una “comidita típica”. Como éramos cuatro compré lo siguiente:

Cuatro plátanos vianda para hacer tostones, pagué 10.00 pesos por los cuatro, una libra de cebollas 30.00, una de pimientos 20.00, una de tomates 20.00, dos cabecitas de ajo 6.00, un aguacate 10.00, dos libras de arroz 10.00, una de frijoles negros 14.00, tres libras de bisté de puerco 120.00, tres libras de mango (uno grandote) 7.50. Después hice mi cola para comprar una libra de pan de flauta, que cuesta 10.00

Como podrán apreciar, un sencillo almuerzo para cuatro personas me costó solamente 257.50 pesos. Los invitados trajeron una botella de vino.

La comida quedó muy buena y pasamos un magnífico rato, pero como podrán apreciar, mis bolsillos se quedaron tambaleándose hasta el próximo cobro. ¡Ya ven lo que cuesta una sencilla comida en mi planeta

Indigna manipulación

Ayer lunes 28 de julio, leyendo en el periódico Trabajadores la intervención que hiciera Wendy Ferrer, pionera de sexto grado, en el acto central por la celebración del aniversario 61 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, celebrado en Artemisa, no pude menos que sentir vergüenza ajena e indignación, por la vil manipulación que evidenciaba el discurso leído por esta menor.

A mi entender, esas palabras y frases empleadas no eran características de una alumna de esa edad, y si así lo fueran, era aún más lamentable comprobar la terrible tergiversación brindada a nuestros educandos, donde se manifiesta una manipulación política, primando sobre la verdadera historia de nuestro país y lo que significa educar. Esto es realmente lamentable. Entiendo es un deber ciudadano aclararle a esta muchachita, o más bien a sus educadores, algunos de los aspectos muy sensibles, por cierto, manifestados en su intervención:

Yo estudié toda la primaria desde un maravilloso e inolvidable Kindergarten, como le llamábamos entonces a los actuales círculos infantiles, hasta sexto grado en una escuela pública, la Nro. 31 del Reparto Los Pinos. Nunca, en nuestra humilde escuela, faltó el desayuno escolar, como lo había en todas las escuelas públicas de entonces. Tampoco faltaron las libretas, que no olvido traían impresas en el dorso las tablas de multiplicar, sumar, restar y dividir, ni los lápices que nos eran entregados a todos los alumnos a inicios y mediados del curso. Por entonces se dedicaba a la educación pública el 22,3% del presupuesto de la Nación. Existía también la educación privada, con magníficas escuelas fundadas y dirigidas por grandes pedagogos.

El sistema educacional cubano contaba en la década de los años cincuenta con 20,000 maestros, todos titulados, y 500 000 alumnos. Esto consta en el censo y las estadísticas de la época, avalados internacionalmente. Jamás en la educación pública se discriminó a ningún educando por raza o religión. Si llama la atención hoy día la poca visibilidad de alumnos de la raza negra o mestiza en las escuelas públicas de entonces, se debía única y exclusivamente a que en los años cincuenta, según el censo poblacional realizado en el año 1953 (después estuvimos casi treinta años sin realizar otro), el 72,8 de la población cubana era de la raza blanca, el 12,4 negra y el 14,5 mestiza. Por entonces conformábamos una población de seis millones de habitantes. Las escuelas privadas eran las únicas que tenían el derecho de realizar matrícula selectiva.

Según mi tía, quien fuera una gran y respetada educadora, directora de Escuela Pública, los mejores maestros eran los que impartían clases en estas escuelas, debido a que el Estado pagaba mejores salarios que las particulares. También muchos de estos profesores, sobre todo los de especialidades como música, artes manuales e idiomas, igualmente impartían clases en escuelas privadas. Todo el amor que hoy día siento por la música, además de a mi familia, se lo debo a esos maravillosos profesores, que tuve en esta asignatura durante todos mis estudios primarios.

Obviar todo esto implicaría ofender no sólo a la educación cubana de entonces, que estaba considerada una de las mejor de Iberoamérica junto a las de Argentina, Uruguay y México, sino a todos esos grandes educadores cubanos que dieron lustre y prestigio a nuestro país, entre ellos, por solo mencionar algunos, pues la lista sería interminable, podemos nombrar a:

José de la Luz y Caballero, Rafael María Mendive, Enrique José Varona (maestro de juventudes), Max Figueroa, Camila Enrique Ureña, Mirta Aguirre, Gaspar Jorge García Galló, Raúl Ferrer, Carlos Rafael Rodríguez, Vicentina Antuña Tavío, Aurelio Baldor (cuyos libros aún son utilizados en escuelas de América Latina), Ana María Rodríguez, Añorga, Valmaña y muchísimos más que fueron formadores de nuestros más reconocidos profesionales.

Por esto no puedo dejar pasar por alto el señalar que, después de 1959, se establecieron decretos leyes que presionaron al magisterio cubano de manera tal, que provocaron el cierre de las escuelas privadas y el éxodo masivo de profesores, dañando a tal punto la educación, que se vieron obligados a improvisar maestros para educar a “los nuevos hijos de la patria”, dando como resultado el deterioro y decadencia de la educación en nuestro país, al primar la política sobre ésta. Muchos de nuestros profesionales, hoy en el exilio, no pueden olvidar las discriminaciones sufridas, debido a sus creencias religiosas o apetencias sexuales, en las universidades al triunfo de la revolución.

Por esta y otras muchas razones, es que sugeriría a esta pionera y a todos los niños de nuestro país, que no teman preguntar a personas capacitadas y aclarar sus dudas, buscando mucha información y siendo un poco más autodidactas. Lamentablemente, hoy día en nuestras escuelas priman la política y las consignas por encima del conocimiento.

Una mañana en el Tribunal

Una mañana en el Tribunal.

Después de haber tenido que averiguar por mi cuenta, gastando mucha suela de zapatos, cuál era y dónde estaba ubicada la oficina de registros correspondiente a mí área, para solicitar una certificación que, entre otros tantos documentos, exigían para inscribir mi casa en el Registro de la Propiedad, llegué finalmente a ella. El local, ubicado en una de las más intricadas y desbaratadas calles de La Habana Vieja, estaba oscuro y sin ventilación, el mobiliario muy precario llamando mucho mi atención, un único teléfono, con un candado de esos que se usan en las maletas, evidentemente para evitar que las empleadas del lugar hicieran llamadas.

Suerte la mía que yo conservaba una vieja copia del documento en cuestión, de lo contrario, dicho por la misma empleada que me atendió muy amablemente, por cierto, me hubiera tenido que dedicar yo misma, bajo la mirada vigilante de ellas, a buscar en aquellos grandes libros desencolados y amarrados con un cordel, cosa ésta que me podía haber llevado todo un día encontrarlo. Libros estos que no eran tan viejos, pero que evidenciaban las huellas del maltrato acumulado.

Una vez, realizada mi solicitud, debía esperar quince días para ir a recoger el documento al Tribunal. Cuando finalmente llegó la fecha señalada, me fui temprano a buscarlo y cuál sería mi sorpresa después de lograr subir a la oficina correspondiente, no sin antes haber pasado el disgusto de tener que dejar en la planta baja del edificio en una casilla, mi bolso con todas mis pertenencias. Lo hice bajo protesta claro está, pues nunca he entendido ni acabo de entender el por qué uno tiene que dejar en manos desconocidas nuestras intimidades. Les manifesté mi descontento y les dije que la misma desconfianza que ellos sentían por nosotros los clientes o usuarios, como quieran llamarnos, al hacernos dejar nuestros bolsos, yo la profesaba por ellos y que lo más justo sería si estamos obligados a hacerlo, confeccionar un inventario de las pertenencias contenidas dentro del mismo y después al recogerlo comprobar que no nos faltaba nada. Evidentemente no les gustó.

Finalmente subí a la oficina que me indicaron y resultó que la persona que debía entregarme el documento no había llegado aún, pues tenía problemas personales, me sugirieron que me diera “una vueltecita” y que regresara más tarde. Dediqué ese tiempo de espera en tomar algunas fotos sobre las destrucciones de los edificios colindantes al Tribunal.

Finalmente regresé y la empleada en cuestión ya había llegado, pero el documento que debía entregarme según indicaba la fecha de recogida, no estaba aún, por lo que tuve que esperar allí en la oficina casi dos horas a que lo confeccionara. Durante ese tiempo fui testigo de situaciones que como persona ajena a la entidad, no debieron ser dilucidadas en mi presencia. Una nota muy simpática fue cuando entró un trabajador de otro departamento citando para trabajo voluntario al día siguiente, y ninguna de las cinco empleadas allí presentes se anotó. Asimismo también presencié la desagradable protesta en voz alta de una señora que reclamaba haber pagado hacía dos días la fianza de su hijo y a éste aún lo mantenían preso. Esa señora lanzó en voz alta amenazas a los funcionarios allí presentes y ausentes, y dijo que si no le resolvían su problema de inmediato, ella se lanzaría desde la ventana de ese quinto piso y que ellos serían los responsables de su muerte.

Una vez que me entregaron mi documento debidamente revisado con sus sellos y cuños correspondientes, bajé para irme lo antes posible, y cuál no sería la sorpresa que me encontré abajo en la Recepción, al ver a la señora del problema con el hijo, tendida en el suelo, con muy mal color y apenas sin respirar, mientras el custodio y otros empleados trataban de revivirla aplicándole los primeros auxilios. Evidentemente a esta señora le había subido la presión.