Parque Jurásico 80

Vivo en un planeta llamado Cuba, pertenezco a una especie que estuvo casi en extinción allá por los años ochenta. Por ello, a partir de entonces, pasé como muchos otros congéneres a ser un “ejemplar protegido”.

Desde luego en esta Reserva no todos gozamos de los mismos privilegios. Hay especímenes con mucha más flexibilidad en la cervical y rodillas, que son los que en verdad disfrutan de mayor protección.

Muchos como yo sólo somos números en este gran parque, pero esto en vez de perjudicarnos nos da cierta cobertura, permitiéndonos algunas “pequeñas libertades” que nos tomamos a cuenta y riesgo, y que sin embargo los otros ejemplares no se pueden permitir, por ser justamente los más “notorios” y que gozan de mayores ventajas.

Cuando en la década antes mencionada, a raíz de una exposición de artes plásticas que duró sólo veinticuatro horas y terminó como “la fiesta del Guatao”, debido al tremendo impacto ocasionado entre el público y la oficialidad ante las obras expuestas, ésta fue clausurada, detonando la posterior fuga de los artistas participantes, así como la aplicación de medidas disciplinarias a los organizadores, provocando un gran vacío en el sector.

A partir de entonces, algunas personas con cierto poder y una mente más abierta, decidieron “proteger” a los artistas plásticos, para evitar quedarse sin éstos. Fue entonces que pasamos a formar parte de este gran Parque Jurásico, del que afortunadamente soy un miembro más: “Artistas independientes“… hasta que a alguien se le antoje demostrar lo contrario.

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Un ricón cubano en Suiza.

393107_10200192087315466_2069263085_nAnoche, con un grado bajo cero de temperatura, pero con el calor de nuestro entusiasmo, emprendimos Tito y yo la ruta desde Francia hasta Basel, Suiza, en busca de un nuevo rincón cubano.

En la calle Rümenlibachweg # 9  4052, en Basel, se encuentra un acogedor local  que hace esquina y se llama El cubanito, bar-café. Este agradable  lugar  fue inaugurado, después de muchos esfuerzos y sacrificios, el 29 de diciembre del 2012.

Su dueña y anfitriona, una bella y agradable cubana, está orgullosa, y con razón del resultado final de su sacrificio.

Cuando llegamos, ya el local estaba lleno, y los músicos prestos a comenzar la descarga: Dianelis, la cantante, Jorge el Guajiro, en la guitarra y Coco en la percusión, hicieron vibrar  con su música cubana, el nuevo local

.

Ya mas entrada la noche fueron llegando cubanos , jóvenes algunos, otros no tanto que colmaron de  buena onda el local.

Dianelis, con su maravillosa voz fue brindándonos una panorámica de los ritmos cubanos, haciendo una recreación muy especial y suya de Bésame mucho. Pronto se les unió, imitando el sonido de un bajo con su garganta, Alcides Toirac. También se incorporaron a la descarga otros cubanos allí presentes, tocando claves y maraca.

Pasamos una noche increíble y fuimos de los últimos en irnos, cuando ya se cerraba el local.

El sentimiento de la nostalgia y la añoranza de la patria y la familia, además de la alegría era la atmósfera que reinaba en  la  peculiar estancia.

Ironías y coincidencias culturales

El Teatro Nacional de Cuba entreabrió tres de sus numerosas puertas (siempre cerradas), de acceso a su principal y mayor sala, la Avellaneda, para recibir al gran público que, desde horas tempranas, se agolpaba en los portales y zonas aledañas al inmueble, a fin de asistir al concierto el cual, bajo los auspicios de Naciones Unidas, la Federación de Mujeres Cubanas y otras instituciones, se realizaría: NO A LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

El público allí congregado, en su mayoría jóvenes, comenzó a inquietarse y mostrar su descontento, debido al retraso y lentitud, con que casi, “a cuenta gotas”, permitían la entrada a la sala.

La indisciplina social, quedó expresada en empujones, codazos y gritos, por parte de los jóvenes, estudiantes, suramericanos en su mayoría, que junto a los nativos, se abrían paso sin miramientos de ningún tipo, tratando de superar la estrecha brecha dejada por las puertas entreabiertas, contradecía ya a priori el espíritu mismo del concierto.

Evidentemente, la administración del complejo cultural propició, con su errónea política de “puertas cerradas”, esta situación, amén de que el concierto comenzó veinte minutos más tarde de la hora señalada.

Después de la presentación y actuaciones de nuestros cantantes Rochy y Feliú, así como de la brillante actuación de los instrumentistas Calzadilla y García, piano y flauta respectivamente, se hizo un “impás” de treinta minutos para preparar el escenario y los equipos, con vistas a recibir a la principal figura del espectáculo: la estrella mexicana Julieta Venegas, excelente cantante, instrumentista y compositora, muy seguida y admirada por el público internacional y cubano. Nuevamente la desazón comenzó a apoderarse de los espectadores.

Finalmente aparece Julieta en escena, ante los gritos y aplausos delirantes de un público que la admira y al que ella hechizó, con sus más de quince interpretaciones, muchas de ellas cantadas a coro por sus fans. El concierto, debido a las demoras, se prolongó hasta la medianoche. Cerca de las once, muchos jóvenes tuvieron que ir abandonando la sala, muy a su pesar, debido a las dificultades del transporte.

Cuando estaba allí, disfrutando del maravilloso espectáculo, no pude evitar que viniera a mi mente la paradoja de que, el mismo se produjera justamente el día, en que toda la prensa extranjera se hacía eco del brutal ataque que sufriera, y que casi le cuesta la vida, a Berenice Héctor González, de quince años de edad, propinado por otra adolescente de diez y nueve años, ambas cienfuegueras.

Pero lo más irónico de todo esto, es que el Certificado Médico expedido, irresponsable y cobardemente por los galenos del Hospital Gustavo Aldereguía de la ciudad de Cienfuegos, que atendieron a la víctima, decía que ésta casi niña, había sufrido “lesiones leves” en el ataque. Hasta hoy su atacante sigue libre.

Justamente se conoce esta noticia por los medios y por aquellos que, de alguna u otra forma disfrutan de los servicios de Internet, cuando precisamente se está llevando a cabo un concierto “en contra de la violencia hacia las mujeres y las niñas”, bajo la aparente indiferencia de sus auspiciadores.

¿A la calle, Opera de la Calle?

Una vez más, la oscura nube de la intolerancia se cierne sobre nuestra cultura.

La víctima, en esta ocasión, ha sido Opera de la Calle, un magnífico y novedoso espectáculo musical, dirigido por Ulises Aquino, quien al igual que sus más de sesenta componentes, lo ha entregado todo, para poner muy en alto la cultura de nuestro país.

La primera vez que supe de ellos, fue precisamente por un documental exhibido en la televisión. Desde ese mismo instante quedé atrapada por la originalidad y la altísima calidad del espectáculo.

Como sede para los ensayos y puesta en escena, les entregaron un local casi en ruinas, en el municipio Playa: el antiguo cine Arenal. Con esfuerzos y recursos propios de todos sus integrantes, motivados por el empuje dinámico y el carisma de su director, se dieron a la tarea de ofrecer espectáculos gratis a los transeúntes, mientras acometían las obras de restauración del inmueble. Los peatones, ómnibus y autos que pasaban por la avenida, se detenían para observar aquel espectáculo tan novedoso. Todos en traje de faena, pero cantando, bailando y ejecutando novedosas coreografías, que se confundían con el trabajo. Era algo nunca visto.

Así, poco a poco, fueron llamando la atención de un público cada vez más numeroso, y de la prensa nacional e internacional. Posteriormente, les facilitaron un local abandonado también en ruinas, en el mismo municipio, en la calles 4 casi esquina 7ma. Allí repitieron las labores de restauración como anteriormente hicieran en el antiguo local, pero esta vez introdujeron lo que llamaron El Cabildo, un modesto restaurante cafetería, cuyas ganancias servían para autofinanciarse. Pronto comenzaron a llegar las invitaciones de algunos países europeos, que conocían del espectáculo y estaban cautivados por la calidad y originalidad del mismo. Cada vez más contaban con el éxito y la aprobación del público.

Ya la compañía podía sufragar los gastos del costoso vestuario, luces, escenografía, así como los salarios de sus miembros. Pero esto llamó la atención de la mediocridad burocrática, que se abalanzó sobre ellos, como si de un enemigo se tratara, dañando más a la cultura cubana que a sus propios integrantes y su director, irrumpiendo y allanando la sede, cuando se encontraban en plena función, sin el menor respeto a sus integrantes y al público, que se encontraba disfrutando del magnífico espectáculo.

Es absolutamente inaceptable que estos hechos se repitan, como en los años más grises de la cultura en nuestro país. Es deber de todos exigir al Consejo de las Artes Escénicas la reparación de tan bochornoso hecho.

Urge se esclarezcan ante la opinión pública estos acontecimientos, que hasta hoy solo se conocen sus detalles, como ya es costumbre, por los rumores callejeros. El señor Ulises Aquino, así como todos los integrantes de la compañía Opera de la Calle, son dignos de que lo acontecido sea pública y ampliamente esclarecido, con toda la transparencia que este lamentable hecho requiere.

Otorgar potestad y mando a la mediocridad, para actuar impunemente, y asestar golpes como este, es repetir los tristes acontecimientos ya vividos, que solo sirven para herir de muerte a la cultura y la identidad nacionales.

Alas por la vida

La Plaza de las palomas, acrílico sobre tela, Graciela Alvarez

Hace ocho años, el Dr. Alexis Cantero, eminente cirujano, del Hospital Fajardo, viendo la necesidad que tenían las mujeres operadas de cáncer de mamas, de darle un nuevo enfoque a sus vidas, creó un proyecto donde se agruparían éstas de manera totalmente voluntaria, con la finalidad de realizar labores de terapia ocupacional y actividades culturales, haciendo más llevadera su enfermedad. Además de involucrar activamente a sus familiares más cercanos, en las charlas y conferencias impartidas por el y otros especialistas, con el propósito de lograr una mayor comprensión y conocimiento de este padecimiento.

En la tarde del 19 de octubre, día mundial de la lucha contra el cáncer de mamas, quedó inaugurada la exposición Si a la vida, en el local que antiguamente ocupara la funeraria San José, sita en Infanta y Carlos III, el cual permaneció cerrado y abandonado durante muchos años, procediéndose recientemente a su remodelación, para

reabrirlo como galería y salas de exposiciones de arte, como parte del Complejo cultural, Quinta de los Molinos.

El grupo, que empezó con apenas cinco mujeres (según nos narra una de sus fundadoras, la señora Silvia Plá, quien lleva quince años de operada), cuenta hoy con más de doscientas, entre ellas algunas artistas plásticas y artesanas. Se reúnen cada dos meses y organizan conferencias, paseos, fiestas y como ahora exposiciones. Alas por la vida es un proyecto, sin fines de lucro, coordinado por un galeno que ha hecho de su profesión un verdadero sacerdocio, y lucha por divulgar más conocimientos sobre esta enfermedad, así como y brindar cada día más apoyo a quienes la padecen o se restablecen de la misma.

Homenaje a Haiti, acrílico sobre tela, Bertha Lemus Máscara, artesanía de Estela Alfonso

Metamorfosis.

Foto de archivo

Mucho se ha hablado en mi planeta de males o hechos delictivos, donde se ven involucrados niños, ocurridos en el mundo, excluyendo de hecho, con esta frase, cualquier alusión a los nuestros.

Sin embargo, al parecer no han tenido en cuenta lo mucho que se ha insistido, por los organismos internacionales dedicados a velar, por la salud física y mental de los niños, mantener a estos alejados de la política y mucho menos utilizarlos con estos fines.

Parece que el director de La Colmenita ha obviado este precepto, incluyendo en el programa de gira del grupo por Estados Unidos, una obra llamada Abracadabra donde utiliza a estos actores niños, con fines altamente políticos.

De continuar este quehacer artístico por esos rumbos, pronto las inocentes avejitas terminarán convirtiéndose en avispitas. No creo que los niños merezcan pasar por esta desagradable metamorfosis.