Objetos enroscados no identificados.

Benéfica nuevaObjetos enroscados no identificados.
En la antigua Clínica La Benéfica ( hoy rebautizada gubernamentalmente como Hospital Miguel Enríquez, en honor a un médico chileno muerto durante la dictadura de Pinochet), apareció un día, en el falso techo de una de las salas de recuperación de cirugía, un ente animal o vegetal amarillento enroscado, que crecía y engordaba visiblemente, ante el asombro y temor de los allí ingresados. Días después apareció otro y otro más, colmando ya la copa de la paciencia de los internos en dicha sala.
Ante las reiteradas quejas de pacientes y sus acompañantes, finalmente acudieron dos trabajadores del centro, armados de escalera, brocha y pintura, arrancaron de un tirón aquellos tres objetos enroscados no identificados y, con rapidez, suministraron un par de brochazos de pintura en el área donde éstos habían aparecido, marchándose del lugar.
Nadie más vino a investigar el origen de éstas apariciones, tampoco fumigaron. Todo quedó tapado por la pintura.
Hace solo unos años estaba cuidando a una amiga recién operada, en una sala de recuperación, del Instituto de Nefrología del Hospital Clínico Quirúrgico, cuando de pronto escucho un tropelaje en el falso techo roto. Ante mi asombro, los pacientes habituales de ese centro me dijeron, con la llamativa calma que da un problema ya asumido: ¡no se asuste señora, esos son los gatos corriendo tras los ratones!
Según Naciones Unidas, nuestro país está entre los diez primeros más saludables del planeta. Esto, más todos los incidentes ocurridos diariamente en cuanto a higiene y falta de mantenimiento que existen en nuestras instalaciones hospitalarias, exceptuando a aquellas que son exclusivamente para altos dirigentes, sus familiares y pacientes extranjeros demuestra que, tanto los visitantes como los funcionarios de esta institución de renombre mundial que vienen invitados o laboran permanentemente en nuestro país, se conforman con lo que el gobierno les muestra y no se molestan en averiguar más allá.
Los pacientes del hospital de marras, aún están esperando se les informe la causa y origen de esos objetos enroscados no identificados.

Soluciones deScomunales.

Comunales es la Empresa del Poder Pode Popular encargada entre otras tareas de la recogida de basura.

Basurero 4 Basurero 3 basurero 1

Detrás del “12 Plantas”, como le llaman al edificio ubicado en el cuadrilátero formado por las calles Tulipán, Loma, Colón y 39, en el Nuevo Vedado, la solución para colectar la basura de este gigantesco inmueble de apartamentos, así como de las casas colindantes, ha sido colocar una enorme cama de rastra, donde arrojar los desperdicios. Este gran contenedor se mantiene al descubierto, a merced de vientos, lluvias, roedores y demás insectos. Todos los alrededores del mismo están llenos de bolsas plásticas vacías, papeles, latas y toda clase de objetos, que los propios vecinos arrojan por fuera, al encontrar éste desbordado. Esto sin contar con el pestilente aderezo de las aguas albañales provenientes de los salideros del propio edificio, lo cual conlleva a la consiguiente contaminación, que hace casi imposible transitar por dicho lugar.

Según me cuentan algunos vecinos, puede pasar una semana o más, sin que la grúa que debe llevárselo pase a recogerlo, amén de que al hacerlo, ésta transita parte de la ciudad hasta su lugar de destino, contaminando todo en su largo recorrido. Tampoco cuentan, al igual que los camiones de recogida de basura, con los implementos necesarios para recoger lo que está fuera de los contenedores, dejando una estela de suciedad que, poco a poco se la lleva el viento o se funde con el pavimento, en el caso de éstos últimos.

Con estos antecedentes, de nada vale que además de quebrantar la privacidad de los vecinos, traten de irrumpir en los domicilios sin previo aviso, las famosas brigadas de salud, que ponen multas al poseedor de una “malanguita” en agua, así como la de los fumigadores, que utilizando el molesto petróleo quemado, te conminan a fumigar, cerrar y abandonar tu casa, so pretexto de erradicar el mosquito causante del dengue, enfermedad ésta que ya se ha hecho endémica, debido a la insalubridad reinante en la ciudad.

El hospital que nos toca

Raimundo llegó temprano a una consulta externa del hospital docente General Calixto García, que se encuentra ubicada en los sótanos de uno de los viejos pabellones. La sala de espera estaba repleta, el murmullo de las voces no le dejaba concentrarse en la lectura del libro que llevaba, para hacer más soportable su obligada estancia. De pronto, entra en el local una mujer mayor, vendedora de periódicos, pregonando Trabajadores, e invitando a los allí presentes a que le compraran un ejemplar, para entretenerse mientras les llegaba su turno. Ella, entre pregón y pregón, decía que tenía que dedicarse a esto para poder comer, pues fue trabajadora de ese centro durante muchos años y, si no lo hacía, con la jubilación se moría de hambre, aunque cuando trabajaba también, pues siempre ganó una miseria.

Fue entonces cuando un anciano de unos ochenta años, que esperaba ser atendido, tomó la palabra y le dijo: Señora, esto es fascismo y como tal, nos quita todos nuestros derechos. Este hospital es un asco, continuó, pareciera que hace meses no lo limpian, ni tan siquiera han puesto un ventilador para que en este oscuro y húmedo sótano, tengamos un poco de ventilación. Bueno, si los médicos no lo tienen tampoco, que podemos esperar los pacientes.

Oye viejo “apretaste”-expresó otro de los allí presentes. El murmullo de voces fue in crescendo. Todos comentaban sobre la suciedad, las escaseces, la falta de condiciones del hospital, de los trabajos que se pasan para llegar hasta allí en ómnibus, porque no todos tienen 10 pesos para coger un “tarecón” (taxi de los años 50)… De pronto, por la estrecha escalera que baja al sótano, se asoma un enfermero y, dirigiéndose a los pacientes, dice: Por favor, alguien que me dé una mano para bajar a este operado en silla de ruedas. En eso se abre la puerta de la consulta y el médico, echándose fresco con un cartón, a modo de abanico, dice en voz alta: ¡Que pase el siguiente!

El anciano de marras, toma de nuevo la palabra y alzando la voz, para que todos lo oigan, dice: ¡Señores, este es el hospital que nos toca!

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De la ruina material a la ruina moral

Consultorio 20

Lamentablemente el país entero se ha marginalizado, producto, entre otros factores incidentes, de la cantidad de años de régimen de sobrevivencia. El sector de la medicina no ha estado exento de ello, debido fundamentalmente a los bajos salarios devengados por sus profesionales, y a las precarias condiciones en que tienen que ejercer su profesión dentro de los centros de salud, así como al déficit de medicamentos, que les obliga a estarse informando constantemente en las farmacias, a fin de conocer cuáles medicamentos “entraron” y están en venta, para saber qué recetar a sus pacientes.

Todo esto ha conllevado a que enfermos y galenos estén, desde hace más de tres décadas, relacionándose con demasiado desenfado, en ocasiones, o con excesivas muestras de confianza, en la mayoría de los casos, perdiendo ese respeto y esa ética que debería existir entre ambos. Tampoco los pacientes denuncian las faltas o el maltrato cometidos por algunos médicos y trabajadores del sector de la salud, por miedo a represalias posteriores, ya que siempre están obligados a acudir al consultorio que les corresponde por ubicación de domicilio, y no al que desearían elegir.

Hace algunos días, mi amiga Patricia del Nuevo Vedado, acompañó a su hija embarazada al Consultorio 20, para hacerse el chequeo de seguimiento. Llegaron temprano y fueron las primeras. Después, poco a poco, se fue llenando el pequeño saloncito de espera. Pasadas las nueve de la mañana, llegó la doctora y, sin ofrecer disculpas por su retraso, lo único que hizo fue comentar en voz alta para que todos la escucharan, que se había tenido que “disparar” tremenda cola para comprar cigarrillos.

Acto seguido entró en su oficina y, momentos después, asomándose a la puerta y dirigiéndose a una señora que estaba acompañada de su esposo, que por orden de llegada iba detrás de la hija de mi amiga, le dijo, en un tono de voz más bajo pero no lo suficiente como para no ser escuchado por los allí presentes: “Ven, para acabarte de ver tu perica”. Luego, cuando terminó con esta paciente, volvió a salir y dijo: “Voy a fumarme un cigarrillo y descansar un poco”. Con la misma, se sentó en el murito del jardín y comenzó a fumar despreocupada.

Mi amiga y su hija abandonaron el lugar indignadas. Días después recibieron la visita del médico de la familia y de la enfermera del Consultorio, para que les explicaran por qué la paciente se había ido sin consultarse, pues esta acción les perjudicaba a ellos ante las autoridades del Policlínico, ya que debían darle seguimiento al embarazo. Mi amiga entonces aprovechó para decirle que las perjudicadas eran ellas, por la falta de respeto de la doctora y que, por supuesto, lo informara a sus superiores, porque ellas lo harían también por otras vías.

Esto, lamentablemente, es solo una pequeña muestra del punto a que han llegado las relaciones médico-paciente, pues ambos están obstinados de sortear a diario tantas dificultades y carencias materiales, que lamentablemente han ido horadando la conducta, la ética y la convivencia social. Nada de esto justifica las acciones aquí descritas, pero lo que se puede deducir de todo ello, es que en la formación de los nuevos galenos, la ética profesional sigue siendo una asignatura pendiente.

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Una gotera mayor de edad

Hace 28 años Patricia estaba embarazada y se atendía en el Hospital González Coro, antigua Clínica El Sagrado Corazón, sita en la Calle 21 entre 4 y 6, en el Vedado. Por esos años, la aspiración de todas las futuras mamás era atenderse ahí, lugar donde se concentraban los especialistas más afamados y porque, al ser de las últimas obras que se construyeron para esta especialidad en la década de los 50, aún no estaba tan deteriorada como sus homólogas.

Ya por aquel entones mi amiga pudo observar que en el falso techo, en la salita de espera de la consulta de Obstetricia y Ginecología, existía una gotera y que, debido a ella, habían colocado una frazada de piso y un cubo para recoger el agua, así como las salpicaduras. Pero eso entonces se podía “sobrellevar”, pues como era lógico pensar tenía carácter transitorio. Eso al menos dedujo ella.

Han pasado 28 años y mi amiga ha vuelto a la misma consulta, acompañando ahora a su hija, que es la que está gestando. Con horror constató que aquella vieja gotera, que la acompañó durante sus nueve meses de embarazo, estaba ahí mismo, sólo que había crecido, y ahora es casi un salto de agua como el de Soroa y que, además, el falso techo tiene una gran área destruida. Actualmente el cubo para recoger el agua es mucho más grande, y la frazada de piso ya no alcanza para contener las salpicaduras que forman un gran charco, por donde tienen que transitar el personal médico y las propias gestantes, con el consabido riesgo de resbalar y caer.

Pienso que, con todo el dinero invertido en cubos y frazadas de piso durante todos estos 28 años hubieran podido, de haber existido el deseo y la voluntad de hacerlo, arreglar como es debido el falso techo y evitar así el riesgo de un accidente, que en el caso de una gestante puede ser fatal. ¿Dónde están las autoridades responsables de corregir esta situación? ¿Es acaso el Director del Hospital? ¿Serán quizá los del Poder Popular? En fin, lo que si tengo bien claro es que no son los médicos ni los pacientes los que tienen que responsabilizarse con el arreglo de esta avería, pero también estoy convencida de que, si no se denuncia, continuará la lamentable situación, hasta que un día clausuren la consulta, después la sala, el piso y finalmente el hospital, como ha venido sucediendo con otros.

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Altos índices estadísticos

Conversando con unas profesoras colombianas que estaban de turismo en “mi planeta”, éstas me manifestaban los magníficos índices estadísticos que poseíamos en educación y salud. Yo, por supuesto, les aclaré que esas cifras eran dadas por el gobierno, quien no confrontaba ninguna contrapartida dentro del país, lo que le permitía darlas como incuestionables.

Les expliqué, por experiencia propia cuando trabajaba en organismos centrales, cómo estas cifras se manipulaban y adecuaban en consecuencia al momento político y no a la realidad. Que a pesar de tener los datos verídicos emitidos por los distintos ministerios, éstos se ajustaban de acuerdo a las orientaciones emanadas “de arriba”, eufemismo con que se denomina al “alto mando” o sea al máximo líder.

En cuanto a la educación les informé sobre algunos eventos delictivos bastante comunes, perpetrados por alumnos y profesores de diferentes escuelas, tales como fraudes, extorciones, venta de exámenes y hasta posesión y distribución de droga, así como algún que otro hecho de sangre. Les expliqué que, como nada se divulga en los medios, ya que el único dueño de éstos es el Estado, pareciera como si nunca hubiesen ocurrido. Todo se maneja con mucho secretismo, sólo que a pesar de ello, llegan a la población por vía de los propios estudiantes, hijos de vecinos y amigos.

Asimismo pude ofrecerles algunas vivencias cercanas, de situaciones muy estresantes con respecto a los hospitales y policlínicos de salud, como aquella del envenenamiento, por un descuido de una empleada del hospital Fajardo hace unos años, que conllevó la muerte de siete pacientes. O la de nuestro vecino Carlos, que murió en el policlínico “19 de abril” en una camilla, mientras esperaba ser atendido por algún médico o personal de la salud, sólo por mencionar algunos ejemplos. También les expliqué sobre las largas “listas de espera” para ser intervenido quirúrgicamente, a menos que se dispusiera de un médico familiar o muy amigo, que se ocupara de “mover tus papeles”. Todo esto, sin contar con que la mayoría de los medicamentos recetados están en falta o se adquieren solamente en CUC en determinadas farmacias o en el mercado negro.

Lo triste de todas estas situaciones, que ocurren desde luego en algunos otros países y no sólo en el nuestro, es que aquí no existen seguros de vida que te amparen, no se indemniza a las víctimas de errores médicos, y lo peor de todo es que, al no reflejarlo la prensa ni los informes emitidos por el centro de salud, pareciera que nada de esto ocurre. Por tanto, los altos índices estadísticos nuestros en educación y salud son los mejores de la región.

Del horror y los tiempos del cólera.

Cuando niña, oía a mi abuela hablar de los duros tiempos del cólera, y de cómo su familia había librado de tan terrible enfermedad. Eso era todo lo que conocíamos de esa plaga: pura historia.

Resulta que ahora, en pleno Siglo XXI, en ”mi querido planeta”, esa terrible palabra vuelve a mencionarse.  Después de aquellas historias contadas por la abuela María, volví a saber de esa pandemia, cuando disfrutaba leyendo la famosa novela de García Márquez: El amor en los tiempos del cólera,    apasionándome con su inolvidable personaje Florentino Ariza.

Sorprendida estaba, eso sí, de que hubiéramos  sorteado durante tantos años el peligro de semejante plaga, pues nuestra querida isla cada vez se iba sumergiendo más, en  precarias condiciones higiénicas, debido a la desidia y el abandono en todos los sectores, y esferas sociales. Gracias a nuestro implacable sol, hemos  sobrevivido a  algunas enfermedades.

Mucho he escrito en mi blog, sobre la falta de higiene y limpieza en los lugares públicos, incluyendo en ellos, lamentablemente, los policlínicos y hospitales, además de las cafeterías y puestos de ventas estatales y privados (algunos) de alimentos ligeros y no tan ligeros, para el consumo de la población, sobretodo para los que no disponen de moneda dura y se ven obligados a acudir a éstos.

Evito por todos los medios,y así le hago saber a todo el que puedo y está a mi alcance, no consumir esas bebidas preparadas con polvitos saborizados, pues la falta de agua potable es muy frecuente, sobretodo en aquellos lugares, como La Habana Vieja, donde se concentra el mayor número de turistas y visitantes nacionales.

Otra de las razones que esgrimo, cuando impertinentemente las brigadas de fumigación, intentan irrumpir en mi casa, a la hora que ellos desean, para llenarla de humo de petróleo quemado,  es que el tiempo ha demostrado  que la misma es totalmente ineficaz para liquidar al famoso mosquito, mientras la higiene del entorno y de la ciudad sean tan precarias.

Ahora, lo más preocupante, y en lo que las autoridades y la población en general, tienen que hacer énfasis, es en mantener la máxima higiene posible en nuestras casas y nuestro entorno, a fin de que este brote de cólera, no se haga endémico como su otro pariente el dengue.