Lejos de mi planeta.

Aunque lejos de mi querido planeta, me mantengo al tanto de lo que alli sucede, gracias a la Internet, que aqui, en este rincon de Francia , como en casi todos los paises, esta disponible para todos, lo cual no no resulta asi alla, donde solo unos pocos privilegiados tienen libre acceso a ella.

Esta pequeña ciudad de 20 000 habitantes, posee todo lo que cualquier ser humano necesita para vivir: casas con calefacción, calles bien pavimentadas y excelentemente señalizadas, limpieza urbana, clasificación de la basura generada en la vida cotidiana, escuelas, iglesias, tiendas, restaurantes, parques, supermercados,museos y  sobretodo una magnifica atención por parte del Estado y la ciudadanía  a zonas ecológicas protegidas, conservación y cuidado de la fauna, reglas urbanas, en fin todo lo que un ser humano requiere para la buena  y saludable convivencia.

Lo irónico resulta que, estando con esta parte tan importante de mi familia, no se me quita de la mente el acontecer en mi pequeña isla, castigada ahora, como si fuera poco el desgaste y sufrimiento acumulado y padecido durante más de medio siglo, por una epidemia de una enfermedad que estaba erradicada desde el Siglo XIX.

Observe hoy con detenimiento, la conducta ciudadana, de los vecinos, llevando los desechos propios, para ser recuperados como materia prima, a lugares cercanos a sus viviendas, donde en distintos contenedores clasificados se recupera todo ese material, que después sera reciclado. Hasta los niños conocen y participan de esto, pues en sus casas y en las  escuelas se les informa y educa sobre la importancia de esta actividad cívica, así como el respeto hacia la propiedad ajena, el cumplimiento de las leyes y regulaciones. Todo esto me hace sentir pena por mi país, que hasta  1959, estuvo a la cabeza, en América Latina respecto a higiene y salud pública, así como en otros muchos renglones, donde ocupábamos  los primeros lugares en la Región, como también  respecto a  algunos países de Europa.

Ya comenzó a nevar, y el pintoresco paisaje de construcciones alsacianas, muy antiguas  que se mezclan con las modernas, construidas de acuerdo a las regulaciones y respetando una arquitectura que no rompe con la armonía del entorno,  el paisaje cobró un nuevo encanto al vestirse de blanco.

De regreso de nuestro paseo, tomamos el camino Allée des Platanes,  entre los poblados de Blotzheim y Altkirsch ,sembrado de estos árboles a ambos lados de la carretera, durante  el reinado de Napoleón III. No pude evitar pensar en mis vecinos, de La Habana, Carmelo y Felipe, que no han dejado un solo árbol con vida en nuestra calle. He ahí una de las diferencias entre cultura e instrucción.