Policía, policía. ¿tu eres mi amigo?

La otra tarde en casa, conversando con una amiga, me contaba muerta de risa, que cuando iba para el Parque Central, casi al lado de ella, venía un hombre joven, bien vestido, con un niño pequeño cogido de la mano. Con nosotros, me dice, se cruza un policía de a pie, y el niño en cuanto lo ve, le dice: ¿policía tú eres mi amigo? El padre reacciona airado, y le dice al niño, en voz alta, ya te he dicho mil veces que los policías no son tus amigos que son unos. Dice mi amiga que ella lo escuchó claramente, que por tanto el policía también, pero éste siguió su camino sin darse por enterado. Entonces el joven padre, dirigiéndose a ella le dijo: Disculpe señora, pero es que en el Círculo Infantil y en la televisión le enseñan esas cosas, y yo estoy cansado de explicarle. Imagínese, yo administro una panadería y, de vez en cuando, me tengo que hacer el chivo con tontera con mis empleados, pues un panadero lo que gana no llega a doscientos pesos mensuales. Yo les he dicho, que ellos lo que tienen que hacer es cumplir con el trabajo, producir la cantidad de panes que exige el plan, y que lo que sobre es cuestión nuestra. El otro día, uno de mis empleados salió con una bolsita con más o menos cinco libras de harina para resolver, un policía lo vio, se lo llevó para la estación, a pesar que yo salí a defenderlo. Pues bien, para allá fui a tratar de sacarlo. No me hacían caso, pero al rato de estar insistiendo, el carpetero me llamó aparte, y me dijo al oído. Si me das cinco cuquitos (CUC) te lo puedes llevar ahora mismo. Así fue como logré sacarlo.

Mi amiga le dijo: No se preocupe, que yo se lo que es eso, mi marido tiene un carro de los años cincuenta y sacó licencia para taxiar. Yo quisiera que usted viera como los policías lo paran por cualquier cosa, y finalmente lo que hacen es tumbarle dinero o una merienda. Ya mi esposo lo sabe y siempre va preparado. Dice que el otro día vio como uno de ellos, se daba un trago de ron que le ofreció otro taxista ¡y eso que el policía estaba de servicio y en moto!

Asechando el asecho.

Desde los arrestos surgidos a raíz del triste acontecimiento, que fueran las muertes prematuras de Oswaldo Payá y Harold Cepero, se ha incrementado, sobretodo el asecho a las cercanías a la casa de Rodiles, sede de Estado de Sats. Incluso, esta última vez no sólo se conformaron con impedir el acceso a dicha residencia, sino que además arrestaron a aquellos que insistieron en continuar su camino hacia la misma, alegando sus derechos ciudadanos. Dos jóvenes, más impetuosos, al serles prohibido por las autoridades continuar camino, decidieron hacerlo por la costa. La casa de Rodiles está pegada al mar, sólo una gran cerca de malla metálica, oxidada por el tiempo, la separa de éste.

De pronto, los que estaban dentro de la casa, bien porque llegaron temprano antes de organizarse el operativo, o porque pasaron inadvertidos y lograron romper el cerco, quedaron sorprendidos, ante la imagen de aquellos dos hombres completamente vestidos y empapados, que trepaban la cerca tratando de entrar al recinto. Primero todos pensaron que el operativo también era por mar. De inmediato reconocieron a los dos jóvenes y los ayudaron a entrar. El anfitrión les prestó algunas de sus ropas, para que pudieran secarse, cambiarse e incorporarse a la reunión.

Sabiendo todo esto y estando aún tan reciente en la mente de todos nosotros, temíamos podernos enfrentar a algo parecido este viernes 7 de septiembre en casa de Yoani Sánchez, donde fuimos convocados para el lanzamiento del número 16 de la revista digital Voces, dedicado completamente a la memoria de Paya y a  quien junto a él perdió la vida en tan controvertido accidente de tránsito.

Muchos íbamos mentalmente preparados para un asecho policial. Al llegar a las inmediaciones del lugar todo parecía normal, aún aquellos seres oscuros, ya tan habituales para nosotros, parecían no encontrarse en los alrededores. Estoy segura que estaban, pero no se dejaron notar.

Cuando llegamos mi esposo y yo, ya en el apartamento había unas cuantas personas. La sala comedor estaba convertida en una improvisada cinemateca: se iba a proyectar un corto, mostrando el velorio y entierro de Payá, así como las imágenes de las misas dedicadas a su memoria en la iglesia de su barriada, donde era tan entrañable y querido. Antes de la presentación del material fílmico, Reynaldo Escobar dio lectura a una breve pero emotiva nota enviada por la viuda del fallecido, excusándose por no poder asistir. Después, el periodista y blogger Orlando Luís Pardo presentó, como de costumbre, la revista Voces. Finalmente algunos ejemplares impresos, gracias a la colaboración de amigos, fueron repartidos entre la nutrida asistencia. Los niños allí presentes fueron la nota alegre, que disipó un tanto la nostalgia producida por el tema central de esta reunión. Todo transcurrió agradablemente y en ningún momento esta atmósfera tan acogedora, fue interrumpida por sorpresiva y desagradable visita alguna.

Locura en el barrio.

Ayer fue día de cobro de jubilados, y de trabajadores activos que cobran por tarjeta magnética. El deambular de un lado a otro de las personas de distintas edades, en busca de una Cadeca (Caja de Cambio), de un Banco donde no hubiera largas colas (filas) ó de un Cajero Automático que funcionara, suscitó disgustos y algunos comentarios calientes entre los vecinos de nuestra barriada. Es de notar que los pagos de las jubilaciones ya desde hace algún tiempo no se realizan a fin de mes como era costumbre. Un buen día de golpe y porrazo, los cambiaron para los primeros días del siguiente mes, trayendo como consecuencia que la agonía de estar sin un centavo, se extienda por tanto, un par de días más.

Pero este no es el caso de la vecina mía, que aún esta activa, y cobra por tarjeta magnética. Estaba muy necesitada al igual que la inmensa mayoría de las personas en cobrar, más aún porque ella debía hacer un pago cuyo plazo vencía. Salio en busca de un cajero automático y allí comenzó su odisea. El del Ministerio de Transporte estaba roto, el de la Cadeca, estaba sin efectivo, igual pasó con el del banco del Ministerio de la Agricultura, en fin, recorrió todos los cajeros y bancos del barrio, y no pudo cobrar en ninguno, pues el único que estaba funcionando, porque tenía fondos depositados gozaba de una larga fila, que por demás no avanzaba. Ella se sumó a la misma y fue entonces cuando escuchó una conversación entre dos personas. Una, muy mayor le decía a un joven: Yo no sé que está sucediendo, acabo de pasar por el agro de la EJT (Ejército Juvenil del Trabajo) y no hay nada, tampoco en el de Tulipán, sin embargo, los particulares en sus carretillas tienen de todo, ¡cómo es que el Estado no es capaz de abastecer sus agros y los particulares si! El joven, sin alterarse, le contestó: Señora, usted misma acaba de responderse, porque el Estado, como usted bien ha dicho, no es capaz, al menos eso es lo que ha demostrado hasta ahora. La señora, sin replicar, se movió en la cola para alejarse un poco del joven. Mientras el resto continuaba quejándose de lo lenta que avanzaba la misma. Finalmente mi vecina, protestando la abandonó sin poder lograr su objetivo, marchándose a casa frustrada e indignada, por usar la palabra que está tan de moda.

Nota: La foto la tuve que hacer de lejos, porque el custodio de la Cadeca de Panorama y Tulipán no me permitió acercarme cámara en mano, me dijo que no se podía hacer fotos ahí, yo le dije que me mostrara un documeto de la prohibición y me contestó que no existía, pero que estaba prohibido.