Sospechosos habituales.

Y te lo preguntasEn el Nuevo Vedado, uno de los mejores barrios habaneros según opinión popular, desde hace años están ocurriendo cosas que en otra época fueron inimaginables: asaltos con armas de fuego, armas blancas o a puros golpes. Da lo mismo quien seas, si el día que eres seleccionado por el delincuente llevas un solo CUC encima como todo capital. Así le sucedió a una amiga, que cometió la imprudencia de contestar a una llamada de su celular en plena noche. Fue asaltada, pinchada con un punzón en uno de sus glúteos y despojada de todas sus pertenencias, por unos jovencitos que no sobrepasaban los 16 años.
Hace solo dos semanas, en una casa de La Herradura, una zona del barrio un poco apartada, robaron todos los muebles del portal: sus dueños, un anciano de más de 80 años y su hija, quien trabaja en una oficina, hicieron la denuncia en la estación de policía correspondiente.
Como el anciano permanece durante todo el día solo, cosa esta que conocen todos sus vecinos y amigos, así como los ladrones, recibió una mañana, días después de efectuada la denuncia, la visita de un policía uniformado. Una vez dentro de la casa, el policía le comunicó a la víctima que habían capturado a los ladrones, pero no se pudieron recuperar los objetos hurtados y le presentó un papel para que lo firmara, donde decía hacerle entrega de 3,000 CUP como indemnización. El señor en cuestión, sin más lo firmó y recibió de manos del policía un rollo de billetes, quien de inmediato abandonó el lugar. Cuando el octogenario quedó solo, se dispuso a contar con calma el dinero, comprobando con asombro que solo había 2,000 CUP.
¿Cómo es posible, que sin haberse realizado juicio y no existir sentencia de Juez dictaminando el monto y la forma de pago de la indemnización, se aparezca un agente del orden por su cuenta, a saldar la deuda del ladrón?
¿Será que, ante el temor de ser descubierto él o en su afán de encubrir a algún familiar muy cercano, este uniformado se aventurara a aparecerse por su cuenta y, además, estafara al afectado?
Esta incógnita aún no se ha despejado.

A la Rigola yo no vuelvo más

Hace dos años, después de muchos trámites burocráticos, colas (filas) y esperas inútiles en Inmigración, la Embajada española y el Comité Militar de Plaza, logre´ que liberaran del servicio militar, por reunificación familiar, al hijo de una amiga que vive en el exterior, para lo cual me había dejado un poder legal.

Ahora, hace unos días ella, el esposo y su hijo, decidieron venir de vacaciones para visitar a la familia. Todo parecía transcurrir muy bien, pues la alegría del reencuentro con familiares y amigos paleaba las penurias económicas y el deterioro del país, muy notable para el que regresa después de un tiempo en el exterior.

Llegó finalmente la noche que marcaba el regreso a la “madre patria”, y entonces comenzó una nueva odisea.

Ya con el equipaje despachado y habiendo pagado el impuesto de salida del aeropuerto, 25.00 CUC por persona, el funcionario de Inmigración les comunicó que ellos dos (los padres) podían viajar, pero que el muchacho debía quedarse porque en la computadora aparecía como pendiente del servicio militar. Por supuesto, decidieron quedarse con el hijo, perdiendo los pasajes y el impuesto del aeropuerto, además del tiempo que debieron esperar a que les regresaran sus equipajes. Todo esto, más los nervios y disgustos ocasionados, por la incompetencia del sistema.

Muy temprano, a la mañana siguiente, los tres se encaminaron hacia el Comité Militar para aclarar tamaño error. Allí les dijeron como excusa, que el fallo lo había cometido un “vanguardia nacional” que, afortunadamente, ya no trabajaba con ellos. De ahí fueron para Inmigración para resolver la situación del muchacho.

Finalmente, después de más de cuatro horas de espera, porque el sistema de computación estaba fallido, salieron del lugar con el problema resuelto. Les ofrecieron disculpas, pero sin ningún tipo de indemnización.

Todo esto les ha traído como consecuencia perder los pasajes, no poder reincorporarse a sus trabajos en la fecha prevista y, al muchacho, la imposibilidad de realizar unos exámenes pendientes en su escuela para el 1 de septiembre, pues él y la madre solo consiguieron pasajes para el día 8 de ese mismo mes. Ante esta nueva situación, los padres regresaron al Comité Militar para que allí les dieran un documento justificativo de la situación por la que habían tenido que pasar, a fin de presentarlo en la escuela del hijo en España, a lo cual dieron respuesta negativa, aludiendo que ellos no estaban autorizados para emitir ningún tipo de documento como el requerido.

Finalmente, el esposo de mi amiga, que consiguió un pasaje, deberá viajar mañana para presentarse en su trabajo y tratar de explicar lo sucedido en la escuela del hijo, a fin de que le permitan examinarse a su llegada.

Hoy, cuando estuvieron de visita en casa, nos dijeron que esta experiencia les había hecho entender que, desafortunadamente, no tienen intenciones de volver a viajar a Cuba por mucho tiempo, al menos hasta que no se les olvide todo lo que han pasado.

Esto, contado así, a grosso modo, no parece gran cosa, porque para saberlo hay que experimentarlo en carne propia pasando por toda esta pesadilla. Es por ello que muchos cubanos, cuando finalmente vencen todos los obstáculos y absurdos y logran salir del país, se juran a sí mismos no regresar jamás, por temor a repetir las malas experiencias.

Mi amiga hoy, cuando se despedía nos dijo, recordando una vieja canción: “A la Rigola yo no vuelvo más”.

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Ruta 27:¿ reses u ovejas?

El calor estaba de muerte, la parada de la ruta 27 colmada de público, por lo que se podía concluir que hacía mucho no pasaba una sola guagua. Preguntando a uno de los allí presentes, me comentó que llevaba esperando más de una hora.

No habían transcurrido cinco minutos de llegar a la parada, cuando de lejos vi asomar la anhelada “guagua fantasma”. Todos corrimos hacia ella, pues adivinamos las intenciones del chofer de no parar donde debía, cosa ésta ya habitual. Entre empujones, protestas y frases groseras logré subirme en el estribo, justo en ese momento me quedé desconcertada, porque la dificultad para entrar en ella era superior a la que ya conocía. Segura estoy que no he engordado -me dije a mi misma, entonces cogí mi bolso, que llevaba como de costumbre colgado en mi hombro, y lo coloqué delante de mí. En ese instante me percaté, que la estrechez para acceder se debía a que habían colocado a ambos lados de los dos escalones de entrada, que te dan acceso a las “entrañas del monstruo”, unos tubos de hierro, como los que se ponen en los corrales para guiar las reses hacia el matadero.

Dirigiéndome al chofer, que en esos momentos dejó el volante y, parado al lado de la alcancía, intentaba cobrar, protesté en voz alta para que me escuchara, ya que los de atrás me empujaban groseramente, temiendo quedarse: El que diseñó este artefacto -dije, pensó que los pasajeros éramos reses que íbamos al matadero, sin darse cuenta que ya aquí no hay reses, sino solo ovejas. Nadie ripostó, todos siguieron empujando y dando codazos, hasta que finalmente, apretujándose, lograron subir. Entonces el chofer cerró las puertas y partió a toda velocidad, para dar un espantoso frenazo dos cuadras después, ante la luz roja del semáforo de la calle Paseo que nos sacudió a todos, nos revolvió y cuando arrancó de nuevo, nos repartimos dentro del bus como fichas de dominó.

El “cerebro” que diseñó estos horrendos artefactos ortopédicos, que no son más que barreras tecnológicas, no tuvo en cuenta para nada la seguridad de los pasajeros, pues de haber un accidente o un fuego, los mismos tendrían gran dificultad para ser evacuados. Tampoco consideraron la incomodidad de las personas minusválidas que tienen que usar muletas, o las muy gruesas que apenas logran, sin lastimarse, intentar subir al ómnibus, o las que viajan con niños en brazos. Si el objetivo es asegurar que el ciudadano pague el pasaje, la solución debiera ser la venta previa de tickets, lo que además evitaría que el chofer se apropiara del (vuelto) cambio correspondiente. Esta es otra dificultad sin resolverse, pues cuando usted paga con un peso (escasea el menudo), el viaje que cuesta cuarenta centavos, el chofer se queda siempre con el resto.

Cada día que pasa recibimos el peor de los tratos en los servicios públicos, pero como la mayoría lo aceptamos dócil y calladamente, las autoridades se han llegado a creer, que realmente somos animales y como tal nos tratan.

¿Qué extraña más un cubano?

Según el diccionario Larousse, extrañar es: sorprenderse, encontrar algo extraño por ser nuevo, echar de menos, maravillarse…

El cubano de la isla extraña los cines con aire acondicionado y sus estrenos semanales que nos llegaban “bien fresquitos” de todas partes, sobretodo de “allá enfrente”, las cafeterías con su popular y tan habanero café con leche, con tostadas de pan en tiras alargadas con mantequilla, los bares y bodegas, donde por un módico precio adquirías un sandwich bien surtido o una rica galletica preparada, aquellos exquisitos cafés de a 3 centavos, a la venta en casi todas las paradas de ómnibus, la famosa frita cubana, igualmente barata y deliciosa, hecha de carne de res y de cerdo molida, y servida en pan suave, redondo, con anillos de cebolla y abundantes papitas a la juliana, los tamales (pican-no pican) calentitos, acabaditos de hacer, los batidos de frutas naturales en los puestos de chinos, la Navidad, el Malecón, donde acudías a refrescar en las noches de verano, o a ”cazar olas” en cuanto entraban los primeros nortes, ir Rampa arriba-Rampa abajo charlando con los amigos, pero sobre todo añoramos aquel rico arroz con pollo dominical adornado con pimientos morrones y aceitunas, compartido en familia. También el guarapo con hielo picadito, de venta en kioscos diseminados por toda la ciudad, los puestecitos de ostiones con limón, que ingerías al pasar, los buñuelos con “melao de caña” en casa de la abuela, aquellos clubes de barrio con sus fiestas para niños y adultos, los de la playa con sus té bailables todas las tardes a las seis, casi siempre con orquesta o grupo en vivo, en fin, tantas y tantas opciones que fueron quedando atrás a partir de los abruptos cambios políticos del 59.

Ahora bien, ¿qué echa de menos, según he podido indagar, el cubano que se ha visto obligado a emigrar en estas últimas cinco décadas? El Malecón, la Rampa, las comidas familiares, el sabor de la guayaba y el mango (dicen que no es igual al de aquí), el barrio, los chiflidos (silbidos) utilizados para llamar a los amigos, sin necesidad de tocar el timbre en sus puertas y otras más que, aunque reemplazables fuera de Cuba, por buenas que éstas sean, no tienen el mismo “sabor”.

Quiero señalar con esto, que la nostalgia y la añoranza no son patrimonio exclusivo de la diáspora cubana, también es además frustración por los “buenos tiempos” que nos afecta a todos los que, por diversas razones o motivaciones, hemos decidido quedarnos en esta isla cautiva.

El haber dividido en dos el corazón de la nacionalidad cubana, nos mantiene en un constante vagar por aquí y por allá, en busca de una buena “cola loca” que nos permita pegar de una vez por todas, estas piezas de nuestro “corazón partío”, a lo Alejandro Sanz. Hoy nos corresponde a todos unir nuestros esfuerzos y seguir luchando hasta conseguirlo.

El fantasma de una muerte evitable

Da dolor y vergüenza ajena transitar por la Avenida de los Presidentes, más popularmente conocida como Calle G, y al llegar al enorme monumento erigido al presidente José Miguel Gómez, que afortunadamente se mantiene firme y erguido, tornar la mirada hacia la derecha, y observar con estupor, ese enorme esqueleto cual fantasma, que fuera el Hospital Pedro Borrás, el más grande exponente en estilo art decó en América, destinado a la salud, obra de los arquitectos Govantes y Cobarroca, cuyo similar en estilo y uso, no tan grande, se encuentra en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, en perfectas condiciones y brindando servicios médicos, víctima el nuestro del abandono y la desidia gubernamental, quien provocara su penoso estado actual.

Los medios oficialistas achacan su deterioro a deficiencias estructurales que jamás existieron, pero no hablan de las detonaciones hechas en la acera de enfrente, en las faldas del Hospital Calixto García, cuando la fiebre de explosiones para construir túneles, ordenadas por la nomenclatura dirigente, contagió a toda la ciudad, las que muy posiblemente hayan provocado algunas lesiones en su estructura. Tampoco nunca se le dio mantenimiento adecuado ni se resanaron los daños ocasionados al mismo, a pesar que hace más de treinta años un grupo de arquitectos, preocupados por la conservación de este patrimonio, presentaran proyectos ( que yacen engavetados) para la restauración y salvación del mismo.

Este coloso de la salud se mantuvo cerrado y en total abandono, siendo víctima de la desidia burocrática, ocupantes ilegales, depredaciones y robos en sus instalaciones. Ahora levita manteniéndose en pie, en estática milagrosa, presto en cualquier momento a desplomarse y caer finalmente, convirtiéndose en un fantasma cuya muerte pudo evitarse. Un valor patrimonial más perdido, al igual que la del emblemático edificio Alaska, en esta misma barriada, cuya responsabilidad recaerá históricamente sobre las mismas autoridades que nos han estado gobernando durante estos cincuenta y cinco años.

Si no se toman medidas urgentes para la restauración de estos grandes exponentes de nuestra arquitectura, también tendremos con dolor que presenciar la muerte del edificio de apartamentos López Serrano, así como del Hospital de Maternidad América Arias, ambos ejemplos también del más refinado art decó que se encuentran en precarias condiciones.

Mediante este medio estoy haciendo un llamado urgente a la sensibilidad de aquéllos en cuyas manos está poder encaminar y solucionar esta situación, que afecta a todos los cubanos en general y a nuestro patrimonio arquitectónico e histórico en particular.

Rampeando por el Design District de Miami.

Haciendo caso omiso a la propaganda anti USA en mi planeta, llegue a Miami con mi mente abierta, gracias a mis esporadicos contactos con las redes sociales y a mi misma. Ayer tuve un maravilloso encuentro con alguien con quien comparti unas pocas veces en nuestra Cuba de adolescentes, y a quien no veia desde 1959, pero con  quien he mantenido comunicacion a traves de mi blog y de FaceBook.Fue como si los sentimientos mutuos hubieran hecho un zurcido invisible sobre aquella rasgadura hecha en nuestro tejido sentimental.

Pasamos toda una jornada maravillosa visitando lugares nuevos para mi y, gracias a la destreza de su esposo como improvisado cicerone al timon,nos permitio a ambas incluso, descubrir juntas ciertos recodos miamenses.

El Design District me impacto, no solo por la belleza de sus graffitis, sino por la genialidad de convertir un sector venido a menos, en maravillosas galerias de arte, tiendas, studios, todos decorados con hermosos exponentes de tan popular arte.

No pude menos que evocar con tristeza comparativa aquellos lugares otrora deslumbrantes por su arquitectura y funciones, convertidos ya en ruinas, “por obra y desgracia” del desgobierno de mi pais.

Aquella verdad sobre el “milagro economico cubano”que nos ocultaron por tantos años, debido a la falta de informacion y a la imposibilidad de viajar fuera de nuestras fronteras, gracias a la Internet, ha ido saliendo de la oscuridad totalitaria para imponerse.

Asi como reencontre a mi amiga, halle finalmente la eñe, en esta tecnologia prestada, pero sigo aun buscando los acentos. Excuse me.

Desconexión.

Los últimos días últimos del pasado año y primeros del presente, he estado como en un limbo sin noticias del exterior, excepto alguna que otra vez que, pegando bien mi oído a la radio y haciendo abstracción del “taca taca” de la interferencia, he logrado escuchar fragmentos de programas de la emisora Radio Martí, así como algún que otro correo recibido del exterior, como ese que me enviaron con la loca lista de autos y precios, que el gobierno cubano pretender vendernos, a una población que se le dificulta enormemente poder comprar un litro de aceite de oliva por el alto precio del mismo.

¿Por qué no dedicar recursos a resolver el gran problema de la vivienda en vez de traer autos que por sus marcas y precios, hacen sospechar de ciertos turbios negocios ocultos detrás de los mismos , ante la locura que significa pretender venderlos en nuestro país? ¿Dónde están los talleres y las piezas, así como el personal capacitado para darle mantenimiento a éstos, en caso de que algún loco se decidiera a comprar un auto en vez de un apartamento por el mismo precio?

Estoy desesperada porque nuestros amigos que solidariamente nos regalan unas horas de Internet a la semana, terminen sus bien merecidas vacaciones y podamos volver a conectarnos con el mundo real.