Coca Cola aquí

Hace un par de años, paseando con una amiga en su auto, de pronto vi por la ventanilla, en medio de un basurero, algo rojo que llamó mi atención. ¡Para, para! -le dije. Ella, haciendo caso a mi “casi orden”, se arrimó a la acera y aparcó.

Presta me bajé del auto y fui hasta aquel lugar, en que los vecinos habían indebidamente acumulado en pleno parterre de la acera un montón de desechos. Vi destacarse de entre los escombros un antiguo letrero de metal, impreso al fuego de Coca Cola. Lo saqué del basurero y lo pusimos en el maletero del auto.

Cuando llegamos a casa, lo lavé y observé que en una esquina decía “Impreso en Canadá 1950”. Dicho anuncio se mostraba por ambas caras, lo que me imaginé había pertenecido a algún bodegón de los miles que había por toda la ciudad, que hacían esquina, para que fuera visto por las dos aceras. Ni corta ni perezosa, lo coloqué en mi terraza que da a la calle, en igual forma, para que fuera visto desde dentro y fuera. Así ha permanecido desde entonces.

Hace unos días, estando abierta la entrada al edificio, unos niños subieron y tocaron a mi puerta: “Señora, queremos comprar refresco. Usted tiene un letrero que dice Coca Cola aquí a 5 centavos”.

Miren, les dije, primero no vendo refrescos, pero además, si yo vendiera Coca Cola y a 5 centavos, ustedes lo que tendían que pedirme sería un certificado médico, porque de seguro estaría loca.

Los quince de Yurisdislaidis

Isabel, una joven y delgada morena, de unos treinta años de edad, después de su primer fracaso matrimonial, que no dejó “frutos”, conoce a un joven trabajador, del cual se enamora perdidamente. Ambos, en apenas un primer encuentro, deciden formar pareja. Producto de esta “fulminante unión” les nace una niña, a la cual ponen por nombre Yurisdislaidis, pues en ese momento estaban muy de moda los nombres combinados y con “Y”.

Como toda su vida Isabel había soñado con tener una niña, para “vestirla lindo” y darle mucho amor. Decidió firmemente, a partir de su alumbramiento, guardar en una tinaja de barro que había pertenecido a su abuela, parte del dinerito que ella ganaba como manicure a domicilio, dejándola bajo la férrea custodia de su madre, ya que no confiaba en los bancos. Todas las semanas Isabel engordaba la tinaja, depositando en la misma parte de sus ganancias.

Mientras, su abnegado marido, alquilaba “por la izquierda” el viejo Oldsmobile que había heredado de su padre, “jugándosela al pelao”, pues nunca pudo obtener una licencia. Este redoblaba sus esfuerzos en hacer más carreras que las que su mal alimentado cuerpo aguantaba, con la ilusión de llevar dinero extra a casa, para que su mujer no tuviera que desgastarse tanto y, mucho menos, “tocar sus ahorritos”.

De más está decir que estos sacrificios y otros muchos, que quizá no valga la pena mencionar ahora, incluyendo hasta la dejación del pan diario de ochenta gramos que correspondía a cada miembro del núcleo familiar por la libreta de abastecimientos, con tal de dáselos a la muchachita: uno para el desayuno, otro para la merienda de la escuela, relleno ó untado con cualquier cosa de la que se dispusiera en ese momento, y el otro para acompañar el café con leche de la noche antes de irse dormir. Así fue creciendo Yurisdislaidis y convirtiéndose en una agraciada señorita.

Faltaba aún casi un año para los quince, y ya la familia tenía atesorado todo un ajuar de ropas para la tan soñada celebración. Todavía debían resolver un par de zapatos apropiados para esa ocasión, el maquillista y el fotógrafo.

Fue entonces que Demesio, el padre de Yuris, como cariñosamente le llamaban a la niña, quizá porque hasta a ellos mismos les costaba llamarla por su nombre correctamente, redoblando sus esfuerzos en sus ratos libres, se ponía a “mecaniquear” el auto roto de cualquier vecino, oficio éste que había aprendido en el duro bregar, a través de sus muchos años de experiencia remendando el suyo propio, para hacerlo rodar por nuestras calles y avenidas habaneras llenas de baches. Todo esto conllevó a que su salud se fuera deteriorando, aparentando tener más edad de la real.

A Isabel aún se le humedecen los ojos cuando me relata el día inolvidable, en que su querido esposo llegó a la casa muy cansado, pero lleno de júbilo, “con una sonrisa de oreja a oreja”, con el rostro iluminado por la emoción, sosteniendo en sus brazos un paquete que depositó ante sus pies, cual ofrenda a una diosa: era un flamante par de zapatos blancos, de tacón alto, escotados, con una fina hebilla de brillanticos como único adorno. Un cliente habitual, al cual él contaba sus cuitas, se lo había obsequiado para su hija.Ahora solo faltaba buscar un fotógrafo moderno con buen gusto, ya que el maquillista lo tenía resuelto y gratis, con un encantador gay, hermano de una de sus clientas. ¡Todo “estaba cuadrado!”

Finalmente llegó el ansiado acontecimiento. El CDR y todos los vecinos de la cuadra estaban alborotados, observando el ir y venir de personas extrañas, entrando y saliendo de casa de Isabel. Era todo un suceso. Desde horas tempranas, con el equipo de música al máximo de volumen, alternándose con los gritos de los allí presentes para hacerse escuchar, estaban los amigos que habían acudido para limpiar y su decorar la casa. Todavía ocupaba un lugar de honor en la sala el retrato, siempre con flores, de su antigua dueña, quien tuvo la previsión de testar a favor de Isabel su antigua empleada, para dejársela legalmente como agradecimiento por haberla acompañado y atendido, cuando su familia toda decidió irse del país y ella quedarse, porque quería morir en Cuba.

Ese día el primero en llegar fue Francisco, el maquillista, seguido de la señora a la que le alquilaron los distintos trajes para la escenografía y, cuando ya la quinceañera estaba lista, llegó el joven fotógrafo. Un flamante auto descapotable de los años cincuenta, perteneciente a uno de los amigos de su padre, la esperaba aparcado frente a la casa, para conducir a Yurisdislaidis a la Plaza de San Francisco, frente a la Lonja del Comercio, vestida con un llamativo traje al estilo de “las huérfanas de la Obrapía”, con sombrilla y todo a la usanza del Siglo XIX, para retratarse con las palomas y en los edificios patrimoniales recién restaurados. Detrás de Yuris, había todo un séquito, recorriendo las distintas locaciones escogidas por el artista del lente: el maquillista, la señora de los trajes, el fotógrafo con su trípode al hombro y la madre cargando jabas llenas de flores artificiales, zapatos prestados, alguna que otra peluca y adornos para el cabello de su querida hija.

Después, de regreso al hogar, se haría algunas fotos “más artísticas”: asomada tras la cortina de la bañadera, enseñando un muslo y una pierna al desnudo, simulando caer cabeza abajo, con las piernas bien colocaditas en alto, en la escalera de la casa, con sombrero y maleta como si se fuera de viaje y así sucesivamente, para completar un álbum, que después mostraría orgullosa a parientes, amigos y profesores de su escuela.

Según me pude enterar posteriormente por algunos vecinos, aquellos quince terminaron “por todo lo alto”. Corrieron abundantes la cerveza y el ron, acompañados de croquetas de pescado y bocaditos con pasta, ensalada fría de coditos y tartaletas de guayaba, como contribución de algunos amigos. Desde luego no faltó el gran cake rosado adornado con flores y con quince velitas de esas que se soplan y no apagan, que alguien que “había venido de fuera” recientemente les facilitó. El fiestón terminó entrada la madrugada, cuando ya no quedaba nada por beber o comer. Aún hoy en el barrio se habla de ello.

Hace sólo un par de años me volví a encontrar casualmente con Isabel, notándola muy envejecida y más delgada de lo que habitualmente era. Al preguntarle por Yuris, me dijo, haciendo un esfuerzo por sonreír, “ella está bien, pero quiso dejar los estudios, dice que por falta de motivación. A mí, ya me ves sigo en la luchita y engordando de nuevo la botija de barro… ¡porque ahora a mi hija se le ha metido en la cabeza que se tiene que hacer el santo!”

La convivencia es un arte

Desde el año 1971 me mudé para el Nuevo Vedado, producto de una oportuna permuta. Mi nuevo apartamento está en el último piso, de lo que fue un moderno inmueble de tres plantas terminado de construir en el año 1958, por una familia para vivirlo. Son solamente tres espaciosos apartamentos: uno en cada piso.

Sus dueños originales, ante los bruscos cambios ocurridos en el país y las inequívocas señales para algunos, de “lo que venía”, decidieron en fecha tan temprana como 1960, dejarlo todo e irse a vivir a Estados Unidos. El inmueble al estar “abandonado” fue sellado, quedando por su ubicación en lo que se dio a llamar “zona congelada”, como otras tantas de la ciudad. Estos apartamentos fueron entregados a personas que, por una u otra razón estaban vinculadas al régimen.

En el primer piso vino a vivir un sastre y su esposa, que cosían para “las altas esferas del gobierno”. En el segundo piso un historiador del Comité Central del Partido y su familia y en el tercer piso (donde vivo actualmente) dos miembros del Ministerio del Interior y sus dos malcriados hijos, gracias a los cuales se produjo la permuta que, por “carambola”, me benefició. Yo entregué a cambio una linda casita con patio y jardín, precisamente lo que ellos estaban buscando para soltar a sus hijos. Ocupándose el matrimonio de todo el papeleo, para que esta se realizara a la mayor brevedad posible.

Con el devenir del tiempo, los ocupantes posteriores al 59 fueron falleciendo, quedando su descendencia en posesión de los mismos. En general son personas jóvenes, un tanto despreocupadas a las que al parecer, no interesa mucho la apariencia y limpieza del edificio, solamente la de puertas adentro. A causa de esto, hemos tenido que lidiar con muchos inconvenientes para mantener el arreglo del jardín y pasillos, así como la limpieza de las escaleras.

Nuestro vecino del primer piso, desde hace más de un año rompió, debido a un salidero en su apartamento, la pared que da justo de frente cuando se entra al inmueble, dejando durante muchas semanas, un gran hueco sin repellar. Mi esposo, después de hablar en varias ocasiones con él sobre este asunto, y viendo que no acababa de arreglarlo, decidió taparlo preparando un cartón con un bastidor para sostenerlo, donde a toda prisa y con los restos de pintura que encontró en el garaje, simuló una pintura abstracta, de un tamaño suficiente para tapar el antiestético hueco. Esto evitaría dar una mala impresión al entrar al edificio.

Pues bien, hoy un señor que pasaba en su auto, en el momento en que Fernando salía, vio a través de la puerta entreabierta parte del cuadro. Aparcando en la acera y dirigiéndose a él identificándose como comprador de pinturas y libros antiguos le dijo: “Estoy interesado en comprar esa pintura “irregular”, antigua, de los años cincuenta, que adorna la entrada”. Fernando aguantando la risa le respondió. “Efectivamente la pintura es irregular, pero no antigua y mucho menos de los años 50. La acabo de hacer yo para tapar un desperfecto en la pared”. El señor de marras se fue un poco avergonzado y mi esposo subió “muerto de risa” a contarme lo sucedido.

Segundo domingo de mayo

Trabajo en patchwork de Rebeca

Festejar el Día de las Madres, una costumbre que durante varias generaciones se practicó en nuestro país, y aún con diferencias y limitaciones se sigue realizando, a pesar de la disgregación familiar hoy existente. El objetivo principal de esta celebración consistía en acudir a la casa materna, para compartir con la familia. Nunca importó cuán lejos vivieran unos de otros.

Recuerdo que, muy temprano en la mañana, comenzaban los trajines en toda la casa. Hasta los más jóvenes teníamos asignadas tareas. Las muchachas solteras, que aún convivíamos bajo el mismo techo, estábamos designadas para la limpieza. Los varones se encargaban de recoger las hojas secas del jardín y depositarlas dentro de un tanque de metal en el patio, para que se convirtieran en humus, que sería utilizado después como abono, o quemarlas para deshacerse más fácilmente de ellas. La mujeres establecían su puesto de mando en la cocina; ese era el día libre de la empleada, el que la tuviera, pues ésta también tendría en su casa su propia celebración familiar.

Mi mamá, experta culinaria, era la que se encargaba los domingos, y en especial este día, de confeccionar el menú con la ayuda de mi abuela. Al tío Pedro había que mantenerlo alejado de la cocina, porque le encantaba “meter la cuchareta”, por tanto se le asignaba la tarea de armar la gran mesa, con la ayuda de su hijo. Para este y otros fines, se guardaban en el “cuartico de atrás” un par de “burros” de madera y un inmenso tablón.

Cerca de las doce del mediodía comenzaban a llegar los miembros del “familión”. Los primeros eran unos tíos, cuya casa estaba en la acera de enfrente, y después hacían acto de presencia los que vivían más alejados. Todos, mayores y niños, lucían en sus pechos una flor roja o blanca. La primera significaba que la madre estaba viva, la otra que ya había muerto. Esta era una costumbre muy arraigada que servía para no “meter la pata”, felicitando a alguien cuya madre había fallecido. En nuestro caso, en esa época, afortunadamente casi todos llevábamos una flor roja. Después, en la tarde, se incorporaban otros familiares, que por vivir un poco más alejados no participaban del almuerzo, pero pasaban no obstante a saludar a las madres, que ese día eran las reinas de la fiesta. Llegada la tarde, entre familiares y amigos allegados, ¡éramos un montón!

El almuerzo, exquisito, casi siempre tenía como protagonista el pollo, quien entonces constituía el manjar de los domingos, ya que durante toda la semana se consumía carne de res, en cualesquiera de sus más variadas presentaciones, porque sencillamente era el plato más común, por lo económica y buena que resultaba, excepto los viernes, en que generalmente se preparaba pescado. El cerdo, el guineo y el pavo se dejaban preferentemente para la Nochebuena, Navidad y fin de año.

Una de las tantas especialidades culinarias de mi mamá era el arroz con pollo, que le quedaba exquisito y que este día servía en grandes fuentes, decorándolas con pimientos morrones, puntas de espárragos, petit pois y huevos duros, según una famosa receta. Las ensaladas se confeccionaban con los vegetales de estación, y por supuesto, no podía faltar un buen cake de nata y, además, el famoso cake helado revestido con chocolate, que venía en una caja con trozos de hielo seco, para su conservación hasta el momento de ser consumido. Como colofón de este almuerzo, el invariable y delicioso café, que según solía decir mi abuela era “el broche de oro” de cualquier comida.

Luego, en la tarde (para no cocinar), cuando ya se habían marchado casi todos, el tío Pedro preparaba exquisitos sandwichs con pan de flauta, untando una tapa de éste con mantequilla y la otra con mostaza, y agregándole lascas de jamón, pierna, chorizo, queso y rodajas de pepinos encurtidos. También preparaba, en dos batidoras que había en la cocina, similares a las de las cafeterías (éramos muchos), deliciosos batidos de mamey o mango, según la temporada. Estas frutas se recogían de los árboles que teníamos sembrados en el patio trasero de la casa.

Hoy, a tantos años de esa magnífica etapa de nuestras vidas, me invade la nostalgia recordando esos Días de las Madres con sus almuerzos dominicales, que después del año cincuenta y nueve se fueron extinguiendo poco a poco, al irse fragmentando nuestra familia, como la de casi todos los cubanos, cuando la mayoría partieron al exilio. También muchos de los productos para confeccionar esos manjares fueron desapareciendo, a consecuencia de la intervención estatal de los negocios privados, y los salarios devengados dejaron ya de ser suficientes para solventar estos gastos. Asimismo la cada vez más creciente falta de transporte, hizo que los que vivían en otras provincias no pudieran acudir a esta cita. La tristeza fue cubriendo, como un manto gris, aquellos días familiares de mi infancia y adolescencia. Las casas se fueron quedando prácticamente vacías. Tampoco ya se llevaba con alegría o tristeza una flor en el pecho.

Esta es otra de las lindas tradiciones cubanas, que se fueron perdiendo junto con nuestra juventud e ilusiones. Afortunadamente éstas marcharon al exilio con nuestros compatriotas, donde las han seguido practicando, por lo que tengo la esperanza y la certeza que algún día retornarán, quizá un poco modificadas, pero enriquecidas, a engrosar nuestro imaginario cultural y magro recetario culinario actual.

Venuto al mondo

Foto A.Betancourt

Venuto al Mondo, un film de Sergio Castellitto, con las magníficas actuaciones de Penélope Cruz y Emile Hirsch, basado en la novela de la escritora Margaret Mazzantini, donde la guerra fratricida desatada en Sarajevo, sirve como telón de fondo para un drama personal, cuyo tema central es una maternidad frustrada.

Una joven italiana visitando a unos amigos en la antigua Yugoslavia conoce a un fotógrafo norteamericano, y entre ambos surge una fuerte pasión. Ellos se reencuentran en Italia, cuando él va en su búsqueda incitado por el padre de ésta, uniéndose ambos formalmente como pareja. El deseo de tener un hijo se convierte en una especie de obsesión, hasta que después de varios intentos, los médicos detectan la infertilidad de la mujer. Entonces deciden adoptar un niño.

De nuevo la frustración se apodera de la pareja, ante la negativa de adopción por parte de las autoridades italianas, debido a los antecedentes delictivos del joven fotógrafo, por lo que deciden regresar a Sarajevo, para someterse a una inseminación artificial, que también se ve interrumpida por el ataque con armas al hospital donde estaban a punto de realizarla, decidiendo quedarse en ese país a pesar de la guerra, en busca de un vientre de alquiler.

Lo interesante de la película, además de sus diálogos y actuaciones, es que en la misma se demuestra cómo la manipulación ideológica de un “líder carismático” enfermo de poder, es capaz de sacar lo peor del ser humano a la superficie y llevarlo a una guerra entre familias y vecinos, sólo por divergencias ideológicas, étnicas ó religiosas.

Todo esto me hizo pensar en aquellos primeros años de revolución, cuando se crearon los comités de defensa en los barrios, estando entre sus principales objetivos la vigilancia, asedio y enfrentamiento entre vecinos y familias, y luego posteriormente, cuando estos barrios fueron cambiando su fisonomía, debido a que sus vecinos originales partieron al exilio, siendo sustituidos por otros recién llegados, que nada tenían que ver con el nuevo entorno, teniendo repercusiones en algunos casos muy lamentables, donde la envidia y las bajas pasiones afloraron.

Después, en los años ochenta, cuando la crisis del Mariel esos sentimientos se reavivaron y cobraron fuerza, impulsados por la imprudencia de quienes los incitaron. Esto tuvo consecuencias extremas donde abusos, golpizas, y humillaciones de todo tipo fueron perpetradas por unas masas manipuladas, a las que tuvieron la osadía de llamar “pueblo enardecido”. Esto, no devino en una mayor desgracia, porque afortunadamente nuestra idiosincrasia occidental nada tiene que ver con países como los que sirvieron de locación al film en cuestión. Pero ha sido y es una mácula que figurará por siempre en nuestra historia más reciente.

Almuerzo para una amiga

Nada más agradable, que poder compartir con una amiga u amigo y congratularle con una sencilla y sana comida.

Finalmente pude conseguir pechugas de pollo, que hacía tiempo no llegaban a las tiendas recaudadoras de divisas de mi barrio. Entonces se me ocurrió el siguiente menú.

Pechugas de pollo al romero:

Descongele con tiempo las pechugas. Córtelas en lascas y salpimiéntelas. Déjelas reposar aproximadamente una hora.

Dórelas a fuego vivo, por ambos lados. Añádale abundantes ruedas de cebolla y déjelas a fuego bajito, para que se cocinen bien. Agrégueles unas ramitas de romero fresco (tengo sembrado en mi jardín), y dos cucharadas de vino seco. Tape el sartén y déjelas cocinar aproximadamente unos 45 minutos.

Papas (patatas ) en su jugo:

Pele las patatas y córtelas en rodajas finas, pero no tanto como para freír. Añádales sal y un poco de mostaza. Colóquelas en una sartén teflón, tápelas y baje bien el fuego, para que ellas se cocinen en sus propios jugos, hasta que se doren un poquito.

Una vez que estén listas las pechugas, las sirve en un mismo plato, colocándole las papas como guarnición. También puede servirlas con un poco de arroz moldeado. Adorne el plato de con una ramita de romero.

Añada a este agradable almuerzo, una fresca y bien decorada ensalada de estación, un postre y por supuesto como broche de oro un buen café, si es de los que traen algunas personas de Miami, mejor, porque los de aquí no están muy buenos que digamos, ni tan siquiera los comprados en CUC.

Bon apetit!

El valor de un NO

La noche del jueves estuve viendo un programa de cine latino que tiene la televisión en mi planeta. Nunca lo pongo, por la mala calidad de casi todas las películas y temas escogidos, pero este me interesó. Me asombré de que exhibieran, por un medio masivo tan importante como este , la película chilena NO. Dicho filme fue visto en la pantalla grande, en uno de los recientes festivales, pero sin darle apenas difusión.En él se manifiesta de manera, pragmática como un dictador del calibre de Pinochet, aceptó someterse a un plebiscito para continuar o no en el poder, y más asombroso aún que acatara sin objetar la decisión del voto popular.

Muy interesante fue poder observar cómo se llevó a cabo la campaña publicitaria del NO a pesar de los ataques de la derecha. La inteligencia mostrada al confeccionar los “spots” publicitarios que abogaban por un Chile de futuro y optimista, sin regodearse en los tristes hechos que sucedieron al golpe militar, aún en contra de criterios de algunos de los participantes de esta campaña. Con inteligencia y frescura se presentó el No, que finalmente logró convencer a la mayoría.

Otro detalle que llamó mi atención fue poder enterarme a través de la filmación, que a ambas propuestas, al SI y al NO, les concedieron la misma cantidad de minutos en espacio televisivo. Hecho este que resalta, cuando acabamos de observar la manipulación y centralización mediática del chavismo en Venezuela, en las recientes campañas electorales y posterior votación. Más aún con la negativa a la solicitud hecha por la oposición del reconteo del 100% de los votos.

Creo que a pesar de tener en cuenta, y no olvidar nunca quien fue Pinochet y los daños ocasionados a sus opositores, es de reconocer que al final, el dictador acató la voluntad expresada en el NO del pueblo chileno. Me parece que este es un hecho para tener en cuenta.

A veces en la televisión de nuestro país, que se caracteriza por la monopolización ideológica de la misma, o “se le van detalles”, o sencillamente alguien desea que se escapen éstos. Mucho me gustaría que siguieran exhibiendo filmes como el de marras, donde se manifiesten las dos caras de una misma moneda. A mi modesto juicio se necesita la misma valentía para decir un No como para acatarlo.

Lejos de mi planeta.

Aunque lejos de mi querido planeta, me mantengo al tanto de lo que alli sucede, gracias a la Internet, que aqui, en este rincon de Francia , como en casi todos los paises, esta disponible para todos, lo cual no no resulta asi alla, donde solo unos pocos privilegiados tienen libre acceso a ella.

Esta pequeña ciudad de 20 000 habitantes, posee todo lo que cualquier ser humano necesita para vivir: casas con calefacción, calles bien pavimentadas y excelentemente señalizadas, limpieza urbana, clasificación de la basura generada en la vida cotidiana, escuelas, iglesias, tiendas, restaurantes, parques, supermercados,museos y  sobretodo una magnifica atención por parte del Estado y la ciudadanía  a zonas ecológicas protegidas, conservación y cuidado de la fauna, reglas urbanas, en fin todo lo que un ser humano requiere para la buena  y saludable convivencia.

Lo irónico resulta que, estando con esta parte tan importante de mi familia, no se me quita de la mente el acontecer en mi pequeña isla, castigada ahora, como si fuera poco el desgaste y sufrimiento acumulado y padecido durante más de medio siglo, por una epidemia de una enfermedad que estaba erradicada desde el Siglo XIX.

Observe hoy con detenimiento, la conducta ciudadana, de los vecinos, llevando los desechos propios, para ser recuperados como materia prima, a lugares cercanos a sus viviendas, donde en distintos contenedores clasificados se recupera todo ese material, que después sera reciclado. Hasta los niños conocen y participan de esto, pues en sus casas y en las  escuelas se les informa y educa sobre la importancia de esta actividad cívica, así como el respeto hacia la propiedad ajena, el cumplimiento de las leyes y regulaciones. Todo esto me hace sentir pena por mi país, que hasta  1959, estuvo a la cabeza, en América Latina respecto a higiene y salud pública, así como en otros muchos renglones, donde ocupábamos  los primeros lugares en la Región, como también  respecto a  algunos países de Europa.

Ya comenzó a nevar, y el pintoresco paisaje de construcciones alsacianas, muy antiguas  que se mezclan con las modernas, construidas de acuerdo a las regulaciones y respetando una arquitectura que no rompe con la armonía del entorno,  el paisaje cobró un nuevo encanto al vestirse de blanco.

De regreso de nuestro paseo, tomamos el camino Allée des Platanes,  entre los poblados de Blotzheim y Altkirsch ,sembrado de estos árboles a ambos lados de la carretera, durante  el reinado de Napoleón III. No pude evitar pensar en mis vecinos, de La Habana, Carmelo y Felipe, que no han dejado un solo árbol con vida en nuestra calle. He ahí una de las diferencias entre cultura e instrucción.

Del horror y los tiempos del cólera.

Cuando niña, oía a mi abuela hablar de los duros tiempos del cólera, y de cómo su familia había librado de tan terrible enfermedad. Eso era todo lo que conocíamos de esa plaga: pura historia.

Resulta que ahora, en pleno Siglo XXI, en ”mi querido planeta”, esa terrible palabra vuelve a mencionarse.  Después de aquellas historias contadas por la abuela María, volví a saber de esa pandemia, cuando disfrutaba leyendo la famosa novela de García Márquez: El amor en los tiempos del cólera,    apasionándome con su inolvidable personaje Florentino Ariza.

Sorprendida estaba, eso sí, de que hubiéramos  sorteado durante tantos años el peligro de semejante plaga, pues nuestra querida isla cada vez se iba sumergiendo más, en  precarias condiciones higiénicas, debido a la desidia y el abandono en todos los sectores, y esferas sociales. Gracias a nuestro implacable sol, hemos  sobrevivido a  algunas enfermedades.

Mucho he escrito en mi blog, sobre la falta de higiene y limpieza en los lugares públicos, incluyendo en ellos, lamentablemente, los policlínicos y hospitales, además de las cafeterías y puestos de ventas estatales y privados (algunos) de alimentos ligeros y no tan ligeros, para el consumo de la población, sobretodo para los que no disponen de moneda dura y se ven obligados a acudir a éstos.

Evito por todos los medios,y así le hago saber a todo el que puedo y está a mi alcance, no consumir esas bebidas preparadas con polvitos saborizados, pues la falta de agua potable es muy frecuente, sobretodo en aquellos lugares, como La Habana Vieja, donde se concentra el mayor número de turistas y visitantes nacionales.

Otra de las razones que esgrimo, cuando impertinentemente las brigadas de fumigación, intentan irrumpir en mi casa, a la hora que ellos desean, para llenarla de humo de petróleo quemado,  es que el tiempo ha demostrado  que la misma es totalmente ineficaz para liquidar al famoso mosquito, mientras la higiene del entorno y de la ciudad sean tan precarias.

Ahora, lo más preocupante, y en lo que las autoridades y la población en general, tienen que hacer énfasis, es en mantener la máxima higiene posible en nuestras casas y nuestro entorno, a fin de que este brote de cólera, no se haga endémico como su otro pariente el dengue.

cubanos por el mundo

Al llegar a este rincón de Francia para reencontrarme con mi familia, a quien no veía desde hacía siete años, tuve la gran alegría de recibir la visita del hijo que vi nacer, de una muy querida amiga. Enseguida, como es de suponer, surgió el tema de la patria lejana y de los problemas y frustraciones que significan abandonar, prácticamente contra tu voluntad, la tierra que te vió nacer. Ese es su caso.

Este cubano no se resigna a permanecer en su exilio forzado, que además aquí, por jugarretas de la vida, es aún un indocumentado, al que no pueden repatriar como el quisiera, pues las autoridades cubanas se niegan reiteradamente a recibirlo. La última vez que estuvo en Cuba, permaneció cuatro meses en prisión, por negarse a abandonar el país.

Este hombre, joven aún, que tiene dos nombres y una cabeza, que no deja de pensar en las penurias a las que está sometida su querida patria,  se ha dedicado en su tiempo libre, que lamentablemente es todo lo que le sobra, pues al no poseer documentos, sólo puede realizar trabajos esporádicos, a investigar a profundidad los asuntos cubanos.

Quedé verdaderamente impresionada, cuando me mostró con fotos, informes y lujo de detalles, a los que los cubanos de la isla no tenemos acceso, todo lo relacionado con el extraño accidente donde murieran Oswaldo Payá y Harold Cepero.

Por este motivo estoy subiendo el video que mi amigo me facilitara para consideración de ustedes.

Un viaje con tropiezos.

Hola a todos!
Desde Saint Louis, Francia les comunico que mi llegada fue muy buena, y el reencuentro con mis nietas, insuperable. La mañana siguiente de mi llegada fue magnífica. En la noche, cuando ya todos dormían, excepto mi nieta mayor y yo, traté de enviar unos mensajes por g-mail, que jamás pude. Decepcionada me fui a acostar, era ya media noche, pero como no conocía bien la casa, y no quise despertarlos, no encendí las luces. A tientas, traté de encontrar el pasillo que conducía a las habitaciones, y al confundirme con las escaleras, rodé éstas abajo unos veinte escalones, finalmente choqué con unas piedras chinas que estaban de adorno en el descanso de éstas. El estrépito hizo que todos despertaran. Subí con trabajo y supe de inmediato que algo malo le pasaba a mi mano derecha.
En la caída, tratando de proteger mi cabeza, cubriéndome con el brazo, me fracturé el cubito de dicha mano. En consecuencia, no sólo desperté a todos, si no que tuvieron que llevarme de urgencia al hospital de Mulhouse, donde fui intervenida quirúrgicamente.
La atención en dicho centro hospitalario fue magnífica. El destino quiso que tuviera que hacer uso de una póliza de seguro que nunca me fue agradable pagar, quizá por que en ella veía algo premonitorio. Gracias a mi nieta Isabel, les escribo estas líneas, sirviéndome ella de secretaria, pues me veré imposibilitada por un tiempo de hacer uso de mi mano derecha.

Festival por el día de los derechos humanos.

Hizo un día hermoso, más bien caluroso. El mar en perfecta calma, reflejaba el azul de un cielo despejado.

Llegamos temprano pensando en poder evadir el acostumbrado cerco. No vimos señales de éste. Suponemos que los que nos cuidan, estaban en los alrededores, pero en esta ocasión no se hicieron visibles.

La carpa de Voces Cubanas estaba dedicada a la tecnología.

Lo rudimentario y lo moderno se dieron la mano.

Quedamos satisfechas de la labor realizada.

Hubo performances muy originales

como la del Sexto

En próximo post, ofreceré más detalles y fotos.

Fue una tarde hermosa, tranquila, con buena concurrencia y sobretodo con la presencia de muchos niños. Estado de Sats transcurrió en un ambiente relajado y entusiasta.

Extrañas navidades

Taller de Rebeca

Desde niña, la época más feliz del año para mí, era la Navidad. Quizás porque el ambiente general que rodeaba estas fechas era de alegría y distensión. Todas las personas adultas se volvían más simpáticas, tal vez porque recibían sus “aguinaldos”, que generalmente equivalían a otro salario más en el propio mes, lo que hacía que a su vez fueran más tolerantes con los más pequeños y jóvenes de la familia y del vecindario, quienes por aquellos tiempos eran como una extensión de ésta.

Yo siempre observé con curiosidad, pero a la vez con la ingenuidad propia de una niña, que mis tías y mi mamá, días antes de las fechas claves -Navidad y Reyes-, restauraban viejos juguetes y muñecas, limpiándolos y haciéndoles nuevos vestidos, para que todo quedara reluciente. Recuerdo que una de mis tías hacía soldaditos de plomo, que después mi abuelo se encargaba de pintar adecuadamente. Todo este proceso de echar el plomo derretido en los moldes, me fascinaba y lo observaba con deleite. Nunca asocié este afanado taller con otra cosa que no fuera una tarea más, en un hogar donde todos eran muy laboriosos. No fue hasta que mi primo Ignacito, el más travieso de nosotros, se me acercó en secreto y me dijo: “Prima, los Reyes son los padres. Si quieres comprobarlo, la noche antes quédate despierta igual que yo, para que veas a mi papá disfrazado de Rey, colocándonos los juguetes alrededor del árbol de Navidad”.

Después de esta confesión que mi hiciera, fue que me di cuenta que estas muñecas y juguetes restaurados, habían pasado a ser propiedad de otros niños del barrio, de familias con menos recursos que la nuestra.

Yo, que adoraba a mi primo, que era mi héroe y trataba de seguirlo en todas sus travesuras, me uní a él la noche previa al añorado día. Tratando de luchar contra el sueño, finalmente Morfeo me venció antes que pudiera ver rota mi fantasía. Pero ya las cosas no serían igual, ya los años posteriores, no me daban deseos de dejar agua y paja para los camellos. Sin embargo, no sé por qué oculta razón, seguí creyendo y alimentando esa ilusión unos cuantos años más.

Crecí, y con mi adolescencia llegó el año cincuenta y nueve. Lo primero que vi esfumarse fue esa linda familia, que tanto siempre había disfrutado: se fueron mis tías y mis tíos y con ellos mis primos. Eso fue un dolor extraño que nunca antes había sentido, como si se rompiera algo dentro de mí. Después se fueron mis amigas. No más paseos a ver vidrieras, no más olor a pino fresco en los portales de las tiendas, no más guirnaldas ni juguetes. Todo eso desapareció. Nunca más volví a escuchar aquellos villancicos y canciones navideñas, ni en las calles ni en la radio y mucho menos en la televisión: fueron sustituidas por marchas e himnos.

Durante más de cincuenta años añoré volver a escuchar un villancico o una canción navideña. Esto nunca sucedió. Sin embargo, este año, con el nuevo auge de los pequeños negocios por cuenta propia y el ingenio popular, hemos pasado todo el verano, hasta hoy, escuchando a los improvisados carritos de helado casero, anunciándose con música de villancicos, que evidentemente (porque todos tienen el mismo), les han sido incorporados, posiblemente con la música que viene con las guirnaldas, que se venden en las tiendas de recaudación de divisas.

Esto ha pasado a ser algo así como aquello de que, “no querías caldo, pues toma tres tazas”. Nada, que lo que durante más de medio siglo fue una carencia, ahora se ha convertido en una sobredosis. Las únicas señales de que estamos en Navidad son estos carritos y los paladares.

Ironías y coincidencias culturales

El Teatro Nacional de Cuba entreabrió tres de sus numerosas puertas (siempre cerradas), de acceso a su principal y mayor sala, la Avellaneda, para recibir al gran público que, desde horas tempranas, se agolpaba en los portales y zonas aledañas al inmueble, a fin de asistir al concierto el cual, bajo los auspicios de Naciones Unidas, la Federación de Mujeres Cubanas y otras instituciones, se realizaría: NO A LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

El público allí congregado, en su mayoría jóvenes, comenzó a inquietarse y mostrar su descontento, debido al retraso y lentitud, con que casi, “a cuenta gotas”, permitían la entrada a la sala.

La indisciplina social, quedó expresada en empujones, codazos y gritos, por parte de los jóvenes, estudiantes, suramericanos en su mayoría, que junto a los nativos, se abrían paso sin miramientos de ningún tipo, tratando de superar la estrecha brecha dejada por las puertas entreabiertas, contradecía ya a priori el espíritu mismo del concierto.

Evidentemente, la administración del complejo cultural propició, con su errónea política de “puertas cerradas”, esta situación, amén de que el concierto comenzó veinte minutos más tarde de la hora señalada.

Después de la presentación y actuaciones de nuestros cantantes Rochy y Feliú, así como de la brillante actuación de los instrumentistas Calzadilla y García, piano y flauta respectivamente, se hizo un “impás” de treinta minutos para preparar el escenario y los equipos, con vistas a recibir a la principal figura del espectáculo: la estrella mexicana Julieta Venegas, excelente cantante, instrumentista y compositora, muy seguida y admirada por el público internacional y cubano. Nuevamente la desazón comenzó a apoderarse de los espectadores.

Finalmente aparece Julieta en escena, ante los gritos y aplausos delirantes de un público que la admira y al que ella hechizó, con sus más de quince interpretaciones, muchas de ellas cantadas a coro por sus fans. El concierto, debido a las demoras, se prolongó hasta la medianoche. Cerca de las once, muchos jóvenes tuvieron que ir abandonando la sala, muy a su pesar, debido a las dificultades del transporte.

Cuando estaba allí, disfrutando del maravilloso espectáculo, no pude evitar que viniera a mi mente la paradoja de que, el mismo se produjera justamente el día, en que toda la prensa extranjera se hacía eco del brutal ataque que sufriera, y que casi le cuesta la vida, a Berenice Héctor González, de quince años de edad, propinado por otra adolescente de diez y nueve años, ambas cienfuegueras.

Pero lo más irónico de todo esto, es que el Certificado Médico expedido, irresponsable y cobardemente por los galenos del Hospital Gustavo Aldereguía de la ciudad de Cienfuegos, que atendieron a la víctima, decía que ésta casi niña, había sufrido “lesiones leves” en el ataque. Hasta hoy su atacante sigue libre.

Justamente se conoce esta noticia por los medios y por aquellos que, de alguna u otra forma disfrutan de los servicios de Internet, cuando precisamente se está llevando a cabo un concierto “en contra de la violencia hacia las mujeres y las niñas”, bajo la aparente indiferencia de sus auspiciadores.

Comercio a la usanza colonial

Da tristeza ver las calles de la ciudad llenas de desperdicios y tierra colorada. Los portales de muchas de las antiguas casonas y residencias del Vedado, convertidos en improvisados tenderetes, que en medio de la mugre y el deterioro, exhiben todo tipo de mercadería, desde pilas para radios, hasta ropa de pésimo gusto e igual calidad. Paraguas playeros, enclavados en medio de lo que fue una entrada de autos, con una improvisada y coja mesita, indican los lugares donde se ofertan comestibles. Ves pasar a transeúntes que sostienen en sus manos una tarta decorada, sin protección alguna. Otros llevan, como si se tratara de una porta folios, una cabeza de puerco agarrada por una oreja, ó un colchón transportado en una improvisada carretilla a ras de pavimento. Puedes observar las mismas imágenes en un pueblo de campo, en el Vedado o el Nuevo Vedado. La ciudad entera, como diría nuestro escritor Padura, se ha ruralizado.

Pero lo más penoso de todo esto resulta observar la cantidad de jóvenes, en edad aún de cursar estudios o estrenarse como fuerza laboral calificada, empujando loma arriba carretillas cargadas de viandas. Hoy vi con cierta tristeza a un joven, de buen talante, con cara que reflejaba inteligencia y pena, empujando cuesta arriba en la calle 25 afanosamente su carretilla, cargada de frescos, limpios y bien organizados productos, teniendo que detenerse cada tres o cuatro pasos, para recuperar fuerzas y continuar.

Ese joven probablemente no continuó estudiando al percatarse que, de esta otra manera, podría obtener una ganancia que no le hubiera sido posible como un profesional mal pagado. Sentí pena por él y por sus padres. Hecho este muy lamentable, pues la mayoría de las personas que han optado por el trabajo por cuenta propia, son jóvenes cuyos talentos se están perdiendo y el país, en un futuro, no va a poder contar con ellos. De otro modo, si no fueran jóvenes, no tendrían fuerza física para empujar estas pesadas carretillas, que rememoran aquellas de la época colonial, cuando el país aún no se había desarrollado y la nación cubana estaba por nacer.

De qué valieron esas convocatorias masivas al estudio de carreras universitarias, después del cincuenta y nueve, si no estaban creadas ni nunca lo estuvieron, las condiciones para revertir los frutos de esta educación en empresas, fábricas, industrias, etcétera para el desarrollo y beneficio de la nación. Esta lamentable modalidad de comercio a la usanza colonial, es lo que ha proliferado en nuestro maltratado país, haciéndonos retroceder en el desarrollo del mismo.

Paseando con “el enemigo”

Vista antigua de la ciudad, desde El Morro.

Llevamos más de cincuenta años oyendo hablar de “el enemigo”. Todas las culpas de nuestras deficiencias se las cargan a éste, así como todos los males y desgracias, producto del descuido, la desatención y la desidia, también van a su haber.

Con esa idea han pretendido hipnotizar e “idiotologizar” a la población de “nuestro querido planeta”, y lamentablemente, en muchos casos lo han logrado. Pero a pesar de todo ello, cuando alguien piensa en emigrar, siempre lo hace hacia el país del “enemigo” (EEUU). También en ocasiones hacia otros, que utilizan como puente, para lograr el mismo fin.

Muchos, nos hemos resistido a dejarnos influenciar por semejante falacia, pero aún así, debido a toda la mala fama que precede al asunto, y a los prejuicios sembrados alrededor del mismo, nos cuidamos para no caer en la trampa ideológica, y hacerle el juego a los representantes del poder.

Justo hace unos días recibí un correo de una amiga norteamericana muy querida, donde me anunciaba la visita de un amigo suyo, de la misma nacionalidad, que deseaba me conociera, y a su vez era portador de un presente que ella me enviaba. Quedé muy satisfecha al conocerlo y constatar que el amigo de mi mejor amiga, era un encantador “enemigo”. Pronto surgió empatía entre nosotros y quedamos para encontrarnos una próxima vez.

El viernes pasado en la tarde, éste nos invitó a ir a ver la tradicional ceremonia de “el cañonazo”, una costumbre que existe desde la época de la breve ocupación inglesa, cuando a las nueve en punto de la noche, se cerraban las puertas de las murallas que protegían la ciudad, y que ahora se recrea con una linda representación, en el Complejo Turístico Morro Cabaña. Me sorprendió agradablemente lo bien restaurado y conservado que está el emblemático lugar, gracias a la labor de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la única entidad estatal, que sin temor a equivocarnos, podemos decir que se ha ocupado de rescatar y conservar algunas de nuestras tradiciones.

La pasamos estupendamente en compañía de él y de sus padres. Fue lo que se puede decir una linda noche “paseando con el enemigo”.

Dos entretenidas estadísticas.

Mi esposo, blogger también, gusta mucho de sacar cuentas y hacer estadísticas. Uno de los muchos días en que tuve que ir a Inmigración, con el hijo de mi amiga, que yo representaba, él quiso llevarnos pues había conseguido un poco de gasolina, para su joven Lada de 35 años.

Como quiera que en esa oficina las colas son interminables, y los relojes parecen detenerse, Fernando se entretuvo, mientras nos esperaba en el auto, en hacer dos curiosas e improvisadas estadísticas: Durante las tres horas que estuvo aparcado allí, en ese pedazo de la Calle 17 del Vedado observó que, de cada tres personas que transitaban por la acera izquierda, una era mestiza.

Paralelamente fue haciendo otra estadística: de los siete “buzos” (hombres dedicados a recolectar artículos reciclables en los contenedores de basura) que pasaron, llamó su atención uno, que después de remover todos los desechos con una larga vara preparada para estos fines, salió de allí sin nada y hablando solo. Fernando, que ya empezaba a aburrirse, lo interceptó y le preguntó qué le ocurría que iba protestando. “Es que ya no hay ni basura que recoger, contestó. Claro, si la gente no tiene dinero no compra y si no compra que co… va a botar”. Entonces mi esposo, ni corto ni perezoso, le dijo: “Yo usted, me mudaba para los latones de basura de Siboney, que de seguro ahí sí va a encontrar lo que busca”.

Un Eliancito más, pero a la inversa.

Desde hace aproximadamente seis meses, comencé las gestiones de viaje del hijo menor de una amiga que vive en el extranjero, y que para estos fines, me otorgó un poder ante notario para representar a su primogénito menor de edad. Quiero hacer notar que en “nuestro querido planeta”, para algunas cosas eres menor de edad, por ejemplo, para comprar o vender, para disponer de una herencia… sin embargo, para ser encarcelado o fusilado por cometer un delito contra la seguridad del país, basta tener 16 años.

Los primeros pasos los tuvimos que dar en los registros civiles para obtener los documentos de nacimiento, soltería, antecedentes penales, etcétera. Esto implicó, claro está, interminables colas, gastos en sellos, regalitos y, sobretodo mucha, pero mucha paciencia.

Una vez conseguidos los documentos nacionales, hubo que hacer más colas interminables, para legalizarlos (todo en moneda convertible) en el organismo estatal designado para ello. Después presentarlos en la embajada del país que te va a recibir, en este caso España, donde las colas son alucinantes y el trato ofrecido no es el mejor. Ahí tuvimos que ir varias veces, porque la información recibida no era exacta y los documentos solicitados difíciles de obtener.

Una vez concluido el trámite con la embajada del país en cuestión, venía, en el caso de los varones, la peor de las pesadillas: la liberación del servicio militar.

Ya realizadas estas gestiones, solo nos quedaba pasar por la máquina demoledora de Inmigración. Hay que reconocer, que el trato en esta entidad es amable. Lo que si es bueno señalar además, que a pesar de ese buen trato, la eficiencia no es la mejor, porque casi todo el personal es nuevo y carecen de un buen entrenamiento. Deberás armarte de paciencia y optimismo, porque vas a tener que hacer esas infernales colas muchas veces: unas porque te falta un documento del cual ni te hablaron, otra porque cada vez que vas te piden algo nuevo. En fin, que tienes que ir varias veces al lugar donde se suponía fueras un par de veces: una para entregar y otra para recoger respuesta.

Así, dando tumbos y malhumorándote de cola en cola, va pasando el tiempo y te vas desgastando, y gastando un presupuesto del que no disponías. Nadie se excusa por las torpezas de procedimiento cometidas, y todos actúan como si lo que te estuvieran haciendo fuera un favor y no violándote uno de tus derechos más sagrados: entrar y salir libremente de tu país tantas veces sea necesario, sin que esto te sea impedido.

En fin, hoy después de tantos meses, tantas equivocaciones y tanto desgaste físico y mental, le han concedido a mi representado su ansiado permiso de salida, para ir a reunirse con su mamá, que reside en el exterior. Esto ha sido, como el caso de un Eliancito más, pero a la inversa.

¡Silencio en la Sala! (S.O.S Maternidad de Línea)

Amaneciendo, llegué al hospital América Arias, Maternidad de Línea, como más se le conoce. Debía acompañar a una amiga que tenía que hacerse una interrupción de embarazo. Esta había sido citada, como todas las demás, a las siete y treinta de la mañana.

Este hermoso hospital art decó, obra de los arquitectos Govantes y Cabarroca, con algunas influencias de ascendencia románica, aun conserva algunas (muy pocas) luminarias originales que denotan la época de su construcción, 1930. Los hermosos suelos de granito sembrado, haciendo figuras en tonos contrastantes, su fabuloso lucernario de cristales de colores emplomados, en peligro de perderse, aún sigue bañando de suaves iluminaciones pastel, la escultura representativa de la maternidad, ubicada en la planta baja, frente a la entrada principal del inmueble.

En la gran sala de espera, cuya entrada da para la calle H, nos encontrábamos gran número de pacientes y acompañantes, desde horas tempranas. El murmullo de voces fue creciendo, según se llenaba la misma. De pronto, en el salón aledaño se oyó un ruido ensordecedor, como el rugir de motores. Esto hizo, que los allí presentes, subieran el tono de sus voces para ser escuchados, hasta volverse insoportable. Entonces, la escuálida señora en su uniforme de custodio, que cuidaba el supuesto orden del lugar, gritando exclamó: ¡Silencio en la Sala!

Yo tuve que contener la risa, y acercándome a ella le dije muy quedo al oído: ¿Cómo es que usted está pidiendo silencio, si en el salón de al lado hay un ruido que parece que está al despegar un avión? Entonces, sonriente, me contestó: -“es que están haciendo unos arreglos y eso que suena es la moto traílla llevándose los escombros”.

Me asomé a la puerta de cristal que nos separaba del otro salón, y vi con estupor como ese artefacto, parecido a un pequeño tractor, se deslizaba trabajosamente sobre aquellos maravillosos suelos y pasaba casi rozando las columnas centrales de la entrada principal.

En ese instante, una joven ataviada con una mínima saya de mezclilla a la cadera, que cubría solo hasta el comienzo de los muslos, y una corta camiseta de tirantes, que dejaba al descubierto su abultadito vientre, así como un extraño tatuaje casi a la altura del coxis, hacía su aparición para pedir a los pacientes de ultrasonido, sus correspondientes papeles de remisión. ¡Menuda facha para trabajar en un hospital!, pensé.

Inspirada por la demora y la espera, decidí acudir a la dirección para expresar mi queja por los ruidos y maltrato al inmueble, y hacerles una sugerencia sobre el inadecuado modo de vestir de algunos trabajadores del hospital. Desde luego, mi queja, por lo que reflejaba el rostro de la Secretaria de la Dirección, no fue bien recibida, y a modo de justificación, me dijo que bastante hacían, aún estando en obras de reconstrucción, por mantenerse brindando servicios, no solo a los pacientes de éste, sino también de otros hospitales del área, que confrontan problemas similares. Me dijo que dejara por escrito mi protesta, con nombre, dirección y número de carné de identidad, a lo que le respondí, que podía contar con ello.

Finalmente a las once de la mañana, se asoma una enfermera a la sala de espera, para informar, apenada, que las interrupciones se iban a demorar, porque había un solo anestesista en todo el hospital, y en esos momentos estaba en el salón de operaciones. Pasada una hora, comenzaron a hacer entrar por orden de llegada, a las intranquilas y nerviosas pacientes.

Entonces, la señora uniformada, se parapetó en la puerta, para que los acompañantes no accedieran al área. Ahí comenzó la escaramuza de brindar pequeños obsequios tales como, cajetillas de cigarrillos y “empanaditas de enfrente”, a modo de clave para traspasar la blindada puerta.

Apertrechada de empanadillas y otras golosinas, logré llegar al segundo piso, donde se realizarían las intervenciones, para poder, como otros familiares y amigos que hicieron lo mismo, brindar apoyo moral a nuestra paciente. Allí pude observar que, aproximadamente un tercio de la hermosa instalación, estaba cerrada con letreros de “clausurado por peligro de derrumbe”. También pude observar con dolor, cómo los trabajadores de la obra, maltrataban los suelos, dejando caer con descuido, sus pesados instrumentos.

Nerviosa vi el ir y venir de la única silla de ruedas, que faltándole los apoyos para poner los pies y las gomas a las ruedas, era utilizada para ir sacando a las pacientes, que volvían de la anestesia. Finalmente, al ritmo del chirriar de la susodicha silla, logramos sacar de allí a mi amiga, que felizmente reaccionó bien y se recuperó pronto de aquel doloroso percance. Todo lo contrario del hermoso patrimonio arquitectónico, que dejábamos atrás y de cuyo maltrato fui testigo presencial durante muchas horas.

 

Desidia

Desidia.

Otra vez ayer, a una gran zona del Nuevo Vedado, le cortaron el fluido eléctrico durante casi once horas, para reponer postes en mal estado. Creo que finalmente cambiaron cuatro. Realmente una proeza. En consecuencia, las tiendas recaudadoras de divisas de nuestro barrio, la mayoría, permanecieron cerradas durante el tiempo que duró el camuflado apagón. Por ende, lo que necesitaras adquirir, tenías que ir a buscarlo bastante lejos de tu casa.

Hoy había electricidad, pero la tienda La Mariposa nuevamente permaneció cerrada durante más de dos horas, porque era día de fumigación. Resulta desconcertante ver a todos los empleados de dicho establecimiento sentados en el parque, esperando pacientemente a que desaparezca el humo del petróleo quemado que usan para estos fines, para reabrir la tienda. Esto puede tardar dos horas.

Seguí caminando en busca de uno de los dos hotelitos que hay en el barrio. Estos fueron construidos con el fin de alojar, para su recuperación post operatoria, a los pacientes que venían de los países del Alba para ser atendidos aquí, así como a sus familiares. Al haberse interrumpido este intercambio, han quedado como modestos hoteles, donde generalmente se albergan deportistas. En sus instalaciones existen tiendas pequeñas, pero bastante bien abastecidas.

Llegué a la tienda del Hotel Tulipán, faltando casi un cuarto de hora para las diez, que es el horario de apertura de la misma. Para esperar, decidí ir a la cafetería a tomarme un café. El dependiente, excusándose me dijo que solo le quedaban dos tacitas y estaban ocupadas ya en una mesa, por lo que me lo debía servir en un vasito de cartón, si yo estaba de acuerdo. Le dije que si, y le pregunté qué había pasado con las tazas, siendo este un hotel relativamente nuevo. El problema, me dijo, es que hace ya varios días se ha elevado la solicitud, pero aún la empresa no ha respondido. Esa es la diferencia con los particulares, le contesté, pues ya el dueño hubiera ido a comprar más tazas, antes que se acabaran las existentes.

Finalmente regresé a la tiendecita, ya eran las diez y cuarto y aún no abrían, a pesar de que a través del cristal los dos empleados nos veían esperando. Ya éramos más de cinco personas. Entonces llegó un suministrador y la empleada abrió la puerta de cristal para saludarlo, sin mirarnos ni decirnos nada. Un joven que también esperaba y se notaba tenía prisa, le preguntó por qué no acababan de abrir y ella, sin mirarlo siquiera, le contestó que la calculadora estaba rota.

Seguí mi camino y pasé por un kiosco de ventas también en divisas, y quise comprar una caja grande de jugo para llevarle a una amiga enferma. El empleado, cuando saqué para pagarle con un billete de veinte, me dijo tranquilamente que regresara más tarde, porque no tenía cambio para eso.

Llegué a mi casa perpleja y frustrada, al no haber podido conseguir nada de lo que necesitaba, pensando que este país no requiere de un huracán ni de un bloqueo que lo destruya: la desidia hace rato se está encargan do de ello.

Making off de Sandy.

Este domingo, a una semana del paso del huracán, la televisión de nuestro planeta ocupó el espacio de más de dos horas del programa Arte 7, presentando el making off de Sandy, enfatizando en todos los esfuerzos y ayuda realizados por parte del gobierno, brindados a las provincias orientales damnificadas, sobre todo a la devastada Santiago.

Las imágenes mostradas, posteriores al paso del evento, son una prueba contundente del mal estado en que se encontraban las viviendas e instalaciones más afectadas, así como las infraestructuras eléctricas, telefónicas, almacenes de víveres y otras.

Al parecer el programa quiso “tapar” un tanto los comentarios crecientes, surgidos sobre el abandono gubernamental, haciendo énfasis en la solidaridad revolucionaria, alabando el desvío de alimentos, insumos, brigadas de mantenimiento, médicos, etcétera hacia las provincias afectadas. Muy lógico en situaciones como estas, pero que esta praxis se haya establecido como hábito, no es normal. Desvestir un santo para vestir a otro, es una vieja política practicada durante más de cinco décadas.

Si algo quedó bien claro, es que no estuvieron ni están creadas las condiciones materiales para enfrentar ningún tipo de fenómeno meteorológico, como suelen propagandizar los medios gubernamentales.

Mal de muchos consuelo de tontos

Mi abuela solía recurrir frecuentemente a los refranes para reafirmar un criterio. También tuve un profesor de Filosofía, muy bueno por cierto, que decía que toda la sabiduría estaba recogida en el refranero popular español, por lo cual el comenzaba siempre sus clases,t “tirando al aire” uno de estos refranes que mucho tenía que ver con el tema a desarrollar.

Pero ahora, no se trata de eso, pues ya cada día, son más las personas que no se conforman con todas las calamidades sufridas que les imponen, por lo que de tontas no tienen un pelo.. Esta vez otra amiga, Mariza, vino a verme y a traerme algunas evidencias, a fin de que yo denunciara en mi blog, lo que a ella le había ocurrido.

El fin de semana pasado, ella que había logrado reunir algunos pesitos convertibles, para darse el gusto de hacer unos garbanzos y compartirlos con su familia, fue a la tienda Caracol de la Ave. 26, en Nuevo Vedado, y compró una caja que contenía un par de embutidos, un pedazo de tocino y un paquete de garbanzos, para confeccionar un buen cocido. Según las instrucciones en el envase, dicho producto venía listo para meterlo en la olla, darle candela y consumirlo. Como quiera que el producto es cubano, de la firma Oro Rojo (Unión de la carne, aceite y grasas comestibles), ella desconfió y procedió a escoger los garbanzos que venían aparte, pero dentro del paquete en un sobre plástico transparente.

Cual no sería su sorpresa, cuando empezó a ver chícharos mezclados con los garbanzos, muchos de los cuales venían picados, por lo que también tuvo que desecharlos. Esto sin contar los pequeños pedacitos de palos que integraban el contenido. Toda esta evidencia, me la trajo debidamente recolectada, en el mismo sobre que aparece en la foto.

Asimismo también me entregó la caja, ya abierta y vacía, por supuesto, y el sobre con todos los desperdicios que tuvo que apartar. En una parte de la caja viene impresa la siguiente leyenda: Consumir preferentemente antes de (no dice fecha). Elaborado por la Empresa cárnica Tauro, Calzada de 10 de octubre Nro.852, Ciudad de La Habana. Contiene 10 raciones de 100g.

El contenido solo alcanzó apenas para seis discretas raciones. La caja cuesta casi 8 CUC equivalente un salario mensual. El precio oscila según la tienda donde se adquiera: centavos más, centavos menos.

Ahora dígame usted, si casi no le sale más económico ir a un paladar y comerse una buena garbanzada, sin tantos sufrimientos. Les aseguro que este mal, que ataca a tantas personas, no por su masividad llega a ser un consuelo para alguien, ni tan siquiera para un tonto, que no es el caso de mi amiga, ni de gran número de cubanos que por tanto aguantar, a veces lo parecemos.

“El silencio de los calderos”

Nuevamente se celebra en nuestro planeta, otro ya aburrido aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución. Cada vez son menos las personas que se prestan para esta farsa.

Visitando ayer tarde a una amiga en el Vedado, pude observar en el parterre del edificio, que aún conserva la belleza arquitectónica de la que un día presumió, a cuatro vecinos que alrededor de un mugriento y abollado caldero, atizaban el fuego de los leños que el aire se empeñaba en apagar. Hablaban en voz alta haciendo chistes de mal gusto, ataviados solo con shorts, y exhibiendo los torsos desnudos. Era una imagen que bien se puede encontrar en las láminas de los viejos libros de Historia, donde se muestra a las civilizaciones primitivas. Estos hombres se hacían acompañar por tres graciosos perritos, una de ellos con nombre de mujer. Hice un comentario al respecto con una señora que tomó junto conmigo el ascensor y ésta indignada me dijo, que no se trataba del nombre de la perrita, sino que era una flagrante burla y falta de respeto, con una vecina del edificio que se nombraba así. Esto me dio una muestra más, de la clase de personas que se encontraban en el lugar, haciendo la tradicional caldosa para la celebración. Por cierto, en todo el trayecto de regreso al Nuevo Vedado, fue el único preparativo de este tipo que pude observar. Debió ser porque aún era temprano.

Otra cosa que también llamó mi atención, fue que de aquel caldero no salían olores agradables ni desagradables, a pesar de que evidentemente algo estaban hirviendo en él. Entonces me puse a pensar, que ya nadie del CDR, al menos en el de mi cuadra, va de puerta en puerta, como solían hacer hace algunos años atrás, pidiendo colaboración con algún tipo de vianda, para el plato principal de la celebración. Claro está, las viandas no solo escasean, sino que sus precios son excesivamente elevados, y ya casi nadie está en disposición de regalarlas, amén de que cada vez son menos las personas que acuden a estas celebraciones, pues muchos son los que en sus respectivas casas, se tienen que enfrentar a diario, parafraseando el título de un famoso filme, con el silencio de los calderos

“Smoke gets in your eyes”.

Foto tomada en plena barriada del Vedado

No me refiero a la bella canción de David Kern, que ya es un clásico norteamericano, sino al terrible humo de las fumigaciones que te irrita los ojos y te penetra por las fosas nasales, dificultándote la respiración; convirtiéndose a su vez, en el causante de tantas afecciones de las vías respiratorias, que hoy padecen muchos de nuestros ciudadanos.

Todos los martes en mi barrio hay fumigación. Esto incomoda a la mayoría de los vecinos, pero casi nadie se niega a dejarlos pasar, aún a sabiendas de que esto no resuelve el problema de los mosquitos. Pienso que esta actitud en la mayoría de las personas está inducida por el miedo o la indolencia, porque no tiene sentido prestarse a ello, y protestar después, entre los mismos vecinos, y no ante las autoridades competentes.

Si esta práctica solucionara la epidemia, ya hace mucho tiempo tenía que haber quedado resuelta. Pero no es así, todos los años enfrentamos el mismo problema, solo que este va en aumento. ¡Esto de la fumigación se va convirtiendo ya en el cuento de La Buena Pipa: interminable! Se trata de llenar tu casa de un humo insoportable, producto de la quema de petróleo. Sirve solamente para matar algunas cucarachas y para dejar los pisos impregnados de esa sustancia resbaladiza que ha sido la causante, de no pocas caídas y fracturas en personas mayores.

Hasta tanto no se recoja a diario la basura, se limpien los contenedores de la misma, se corte periódicamente el pasto en parterres y solares yermos, se barran y frieguen las calles, se arreglen los baches donde se suelen acumular las aguas albañales de los innumerables salideros públicos y privados y, sobretodo se eliminen los mayores causantes: agros estatales ubicados en avenidas y calles principales, que provocan que las mismas estén siempre cubiertas de tierra colorada, la agricultura urbana y suburbana, que en si misma atrae a moscas, mosquitos y roedores, además de los desechos abandonados a la intemperie, que generan estas inadecuadas instalaciones. Hasta tanto esto no sea eliminado, no se logrará progreso alguno para combatir el dengue. Esto lo demuestra de sobra, la cantidad de años que llevan fumigando sin resultado positivo alguno.

Sin embargo, los agros particulares están limpios y la mercancía que ofertan también. Esto posiblemente se deba a que precisamente es al sector privado al que se le exigen y aplican todas las normas, castigos y multas, ¿Por qué no al Estatal, que es el que debería dar el ejemplo?

En el caso de la fumigación casera, resulta ya demasiado molesto e impositivo, llegando hasta el tono de amenaza, a los que por razones de salud se niegan a dejar pasar a los fumigadores, que dicho sea de paso, tratan de irrumpir a cualquier hora en las viviendas y, además con fuertes exigencias, no siempre con buenos modales.

Policía, policía. ¿tu eres mi amigo?

La otra tarde en casa, conversando con una amiga, me contaba muerta de risa, que cuando iba para el Parque Central, casi al lado de ella, venía un hombre joven, bien vestido, con un niño pequeño cogido de la mano. Con nosotros, me dice, se cruza un policía de a pie, y el niño en cuanto lo ve, le dice: ¿policía tú eres mi amigo? El padre reacciona airado, y le dice al niño, en voz alta, ya te he dicho mil veces que los policías no son tus amigos que son unos. Dice mi amiga que ella lo escuchó claramente, que por tanto el policía también, pero éste siguió su camino sin darse por enterado. Entonces el joven padre, dirigiéndose a ella le dijo: Disculpe señora, pero es que en el Círculo Infantil y en la televisión le enseñan esas cosas, y yo estoy cansado de explicarle. Imagínese, yo administro una panadería y, de vez en cuando, me tengo que hacer el chivo con tontera con mis empleados, pues un panadero lo que gana no llega a doscientos pesos mensuales. Yo les he dicho, que ellos lo que tienen que hacer es cumplir con el trabajo, producir la cantidad de panes que exige el plan, y que lo que sobre es cuestión nuestra. El otro día, uno de mis empleados salió con una bolsita con más o menos cinco libras de harina para resolver, un policía lo vio, se lo llevó para la estación, a pesar que yo salí a defenderlo. Pues bien, para allá fui a tratar de sacarlo. No me hacían caso, pero al rato de estar insistiendo, el carpetero me llamó aparte, y me dijo al oído. Si me das cinco cuquitos (CUC) te lo puedes llevar ahora mismo. Así fue como logré sacarlo.

Mi amiga le dijo: No se preocupe, que yo se lo que es eso, mi marido tiene un carro de los años cincuenta y sacó licencia para taxiar. Yo quisiera que usted viera como los policías lo paran por cualquier cosa, y finalmente lo que hacen es tumbarle dinero o una merienda. Ya mi esposo lo sabe y siempre va preparado. Dice que el otro día vio como uno de ellos, se daba un trago de ron que le ofreció otro taxista ¡y eso que el policía estaba de servicio y en moto!

Te matan y no te pagan.

De nuevo el tema de la salud en la ex potencia médica, me ocupa. Desde luego, solo conoces de estos incidentes a través de amistades cercanas, o familiares que han pasado por estos trances.

Hace unos veinte días, mi prima tuvo que acudir de urgencia, al hospital, más cercano, a su vivienda. Ella se accidentó al caerse en el patio de su casa y fracturársele una cadera. Cuando llegó al Hospital Nacional, se encontró para fortuna suya, con un médico muy amigo, casi como de la familia. Ella, mientras esperaba en la camilla, que uno de sus familiares que llegaron con ella en la ambulancia, volviera a la casa para recoger ropa de cama, cubo, frazada de piso, pomos con agua, almohada y ventilador, entre otras cosas de las que hay que llevar obligatoriamente si vas a ingresar, y quieres tener condiciones mínimas de higiene, conversaba para entretenerse con su amigo galeno.

Este le comentó que desde hacía varios días, apenas salía del hospital, pues tenía a una hermana, recién operada y en condición de salud delicada. Le confesó que la primera operación a que fue sometida ésta, hará unos veinte días, fue para extirparle un tumor maligno. Que dos o tres días después de la intervención, seguía con dolores muy fuertes, por lo que fue llevada nuevamente al salón, para practicarle otra cirugía, pues le habían dejado gasa dentro y esto le estaba provocando una infección, por ello que los dolores no cesaban. De nuevo dos días después se volvió a presentar el mismo cuadro doloroso y febril. Una tercera intervención fue necesaria y esta vez, el acompañaba al cirujano, amigo suyo por demás y vio cuando el mismo, extrajo unas pinzas que se le habían quedado dentro. Como colega y amigo, no quiso complicar la cosa y las guardó en su bolsillo, para no crear problemas.

Como este, lamentablemente son muchos los casos de negligencia médica que se suceden, solo que nos enteremos, cuando alguien muy cercano está de una u otra manera involucrado en el mismo. No es de extrañar que también los médicos cometan errores, que tratándose de comprometer la salud o la vida de un ser humano, estos resultan imperdonables. Al parecer la gran mayoría de los cubanos estamos siendo víctimas del síndrome del despiste, debido al cúmulo de problemas personales, que nos agobian y no está en nuestras manos resolver, cuya cotidianeidad nos golpea tremendamente, haciéndonos cometer fallos de todo tipo, en cualquier actividad, sólo que tratándose del sector médico, la mayoría de las veces son irreversibles. Nada, que te matan y no te pagan.

El poder que nada puede.

Ayer tarde, casualmente, me tropecé con una de las activistas del CDR (Comité de Defensa de la Revolución) de mi cuadra. La conozco hace muchos años, desde que en el año mil novecientos setenta y uno, me mudé para este apartamento donde actualmente habito. Aunque entre nosotros nunca ha habido amistad, pues no tenemos puntos en común que nos unan, en una etapa en que sus hijos eran pequeños y ella confrontaba una crisis grande, yo la ayudé en todo lo que pude. Ese fue nuestro único y mayor acercamiento.

Cuento esto, para que quede claro que no existe la confianza ni amistad, para que ella aceptara ser portadora de un agresivo mensaje de una amiga, en común, que a pesar de las diferencias políticas diametrales existentes entre nosotras dos, la quiero y respeto por su buen corazón, a pesar de su lenguaje en extremo desenfadado y hasta soez. Entre nosotras eso lo soslayo, pero lo que no acepto es que me envíe mensajes amenazadores, para que yo asista a la reunión que hoy viernes se va a dar, para elegir a los candidatos a las ya famosas elecciones del Poder Popular, que como todos sabemos no ha resuelto nada.

Cuando me trasladó el recado, le dije a la portadora: -Dile que ya hablaste conmigo y que lo lamento mucho, pero no voy a asistir, que ella sabe bien que hace muchos años no lo hago. Que sólo asistí a las primeras reuniones, pensando que algo se resolvería, pero como no fue así, decidí no perder más tiempo. Que no creo en las elecciones de mi país y, como asistir es voluntario y votar es un derecho, no un deber, me acojo a la voluntariedad y a mi derecho. Que cuando yo vea que haya un delegado con poder suficiente y recursos, para que la basura sea recogida a diario, se mejore el transporte, las calles se barran y se frieguen, los baches y salideros se arreglen, el alumbrado público sea suficiente y el que nos representa defienda nuestros derechos, entonces no va a tener ni que citarme, yo estaré allí, en primera fila. Mientras sigamos con este Poder que nada puede, que no cuente conmigo.

“Jugando” con dinero ajeno.

 

La Sociedad de Autores Musicales Cubanos (ACDAM) está incumpliendo con su primordial razón de ser: pagar debidamente en tiempo y forma a los autores adscriptos a esta entidad.

En lo que va de año, según me informa uno de los afectados, solo les han pagado el primer trimestre. Los pagos se efectúan en la mal llamada moneda nacional: esos pesos conque se saldan los salarios y las pensiones, y con los que bien pocos gastos se pueden cubrir. La otra moneda es la popularmente llamada chavito o CUC. Ambas son nacionales, solo que ésta última es de más difícil adquisición, y por demás la única que sirve para adquirir artículos de primera necesidad en las tiendas recaudadoras de divisas, donde único se encuentran determinados productos de consumo diario, y a precios exageradamente elevados.

La ACDAM, alega como justificación para este incumplimiento que ARTEX (Empresa de Promociones Artísticas y Literarias), no les ha liquidado a ellos. En fin, el famoso peloteo, pero ese dinero ya hace rato está en los bolsillos del Estado cubano, y no de las personas que lo deben recibir por su obra. Es necesaria una rápida solución a este problema, ya que estos dividendos son en muchos casos el único sustento de esas familias cubanas. No es permisible seguir jugando con el dinero ajeno. Por este, y otros problemas relacionados a pagos, al parecer el país está confrontando gran falta de liquidez.

Respirar puede tumbar el sistema.

Llegué toda sofocada, después de estar más de tres cuartos de hora esperando una ruta 27. Ante la ausencia de ésta, decidí optar por un almendrón: esos carros de los años cuarenta o cincuenta, que ahora son prácticamente el único transporte existente, y cuestan diez pesos por persona. Necesitaba sacar unas fotocopias decentes para los trámites de viaje del hijo de una amiga, que al no encontrarse ella viviendo en el país, me dejó un poder legal, para representar a su primogénito en su ausencia.

El salón de Foto-Service, en La Rampa, con aire acondicionado, donde brindan estos servicios estaba algo lleno: había unas seis personas esperando documentos. Como quiera que el salón era lo suficientemente amplio, abrí la puerta y entré. De inmediato, el empleado que estaba a cargo de la fotocopiadora, no en la mejor forma, me mandó a salir: salga, si usted entra puede tumbar el sistema, hay muchas personas respirando. Antes de obedecer su orden, le conteste: ¿Cree usted que yo pueda tumbar el sistema con mi respiración? -Mire el sistema se va a caer solo y no va a ser por mi causa. Entonces el empleado, muy airado me respondió: Aquí no se va a caer nada. ¡Ah no- le dije-, pues La Habana se está cayendo! Dígame usted donde se mandó a hacer sus espejuelos, para encargarme yo unos, porque cuando salgo de mi casa, todo lo que veo es deterioro y derrumbes. Se quedo callado. Salí hacia el otro salón caluroso, y más tarde, cuando me tocó mi turno, entré y el señor de marras me dijo, delante de los presentes: En el mundo hay mucho deterioro señora. Es cierto -le respondí, pero a mi el que más me preocupa es el de mi ciudad, el de mi país. No dijo nada más, me imprimió las copias y nos despedimos, como si nada hubiera pasado. Todos los presentes se quedaron callados, nadie tomó partido. A veces el silencio es más elocuente que las palabras.

Sola, cuando me iba, me quedé pensando: si de verdad dependiera de mi respiración, muy a gusto estaría un minuto sin respirar, y convocaría a varios amigos para que hicieran lo mismo.

¿A la calle, Opera de la Calle?

Una vez más, la oscura nube de la intolerancia se cierne sobre nuestra cultura.

La víctima, en esta ocasión, ha sido Opera de la Calle, un magnífico y novedoso espectáculo musical, dirigido por Ulises Aquino, quien al igual que sus más de sesenta componentes, lo ha entregado todo, para poner muy en alto la cultura de nuestro país.

La primera vez que supe de ellos, fue precisamente por un documental exhibido en la televisión. Desde ese mismo instante quedé atrapada por la originalidad y la altísima calidad del espectáculo.

Como sede para los ensayos y puesta en escena, les entregaron un local casi en ruinas, en el municipio Playa: el antiguo cine Arenal. Con esfuerzos y recursos propios de todos sus integrantes, motivados por el empuje dinámico y el carisma de su director, se dieron a la tarea de ofrecer espectáculos gratis a los transeúntes, mientras acometían las obras de restauración del inmueble. Los peatones, ómnibus y autos que pasaban por la avenida, se detenían para observar aquel espectáculo tan novedoso. Todos en traje de faena, pero cantando, bailando y ejecutando novedosas coreografías, que se confundían con el trabajo. Era algo nunca visto.

Así, poco a poco, fueron llamando la atención de un público cada vez más numeroso, y de la prensa nacional e internacional. Posteriormente, les facilitaron un local abandonado también en ruinas, en el mismo municipio, en la calles 4 casi esquina 7ma. Allí repitieron las labores de restauración como anteriormente hicieran en el antiguo local, pero esta vez introdujeron lo que llamaron El Cabildo, un modesto restaurante cafetería, cuyas ganancias servían para autofinanciarse. Pronto comenzaron a llegar las invitaciones de algunos países europeos, que conocían del espectáculo y estaban cautivados por la calidad y originalidad del mismo. Cada vez más contaban con el éxito y la aprobación del público.

Ya la compañía podía sufragar los gastos del costoso vestuario, luces, escenografía, así como los salarios de sus miembros. Pero esto llamó la atención de la mediocridad burocrática, que se abalanzó sobre ellos, como si de un enemigo se tratara, dañando más a la cultura cubana que a sus propios integrantes y su director, irrumpiendo y allanando la sede, cuando se encontraban en plena función, sin el menor respeto a sus integrantes y al público, que se encontraba disfrutando del magnífico espectáculo.

Es absolutamente inaceptable que estos hechos se repitan, como en los años más grises de la cultura en nuestro país. Es deber de todos exigir al Consejo de las Artes Escénicas la reparación de tan bochornoso hecho.

Urge se esclarezcan ante la opinión pública estos acontecimientos, que hasta hoy solo se conocen sus detalles, como ya es costumbre, por los rumores callejeros. El señor Ulises Aquino, así como todos los integrantes de la compañía Opera de la Calle, son dignos de que lo acontecido sea pública y ampliamente esclarecido, con toda la transparencia que este lamentable hecho requiere.

Otorgar potestad y mando a la mediocridad, para actuar impunemente, y asestar golpes como este, es repetir los tristes acontecimientos ya vividos, que solo sirven para herir de muerte a la cultura y la identidad nacionales.

Racismo a la inversa.

Foto del libro de O. Matussiere.

Me cuenta un amigo que trabaja en un lugar donde está muy bien informado, que tanto él como sus compañeros de trabajo, están desconcertados porque hay oficinas de Inmigración, donde solo trabajan personas de la raza negra y, que al esto llamarles la atención y averiguar al respecto, pudieron enterarse que por resolución, fue dada la orden, debido a que la tasa de afrocubanos en esas oficinas era muy baja. Ya esto sucedió hace algunos años con el partido comunista.

Como bien dijera Máximo Gómez al referirse a nosotros los cubanos, o no llegamos, o nos pasamos. Esto no es más que una nueva modalidad de racismo. Esta vez, afectando a los blancos, a los chinos y a los mulatos, que también son integrantes importantes de nuestra sociedad.

¿Hasta cuando vamos a seguir repitiendo los mismos errores? El ocupar o no un puesto de trabajo, debiera ser únicamente por la capacidad para realizar el contenido que este implique, nunca por el color de la piel del aspirante. Es vergonzoso que, a más de medio siglo de estar proclamando la igualdad, sigamos marcando este tipo de diferencias, que solo sirven para profundizar más la desigualdad.

El guapo del barrio.

El se sabía alto, moreno, buen mozo y alardeaba de eso y del poder, entre comillas, del que disfrutó mucho tiempo, no tanto por méritos propios, como por el de los poderosos padrinos que lo apañaban.

Siempre, vestido de camuflaje y con un rifle al hombro, en pleno período especial, se bajaba de su jeep y descargaba las piezas que había obtenido ese día: un venado, perdices, y algún que otro infeliz animalillo que cayó bajo el fuego autorizado de su arma. Jamás compartió con ningún vecino su botín, pues estaba enemistado con todos. A la más mínima molestia que alguno de estos le ocasionara, salía de su apartamento en la peor de las posturas guapetonas y blandía su puño, sin medir consecuencias sobre el objeto de su incomodidad. Esto le ganó el sobrenombre de Mariscal Timbalof.

Una vez golpeó fuertemente a un joven médico, que con su bebé en brazos trataba de calmar el llanto del mismo, siendo esto el detonante para hacer explosionar el mal humor del vecino guapetón. Fueron llevados a la estación de policía, y el agresor solo permaneció unas pocas horas detenido, pues uno de sus poderosos padrinos, acudió de inmediato a liberarlo. El agredido estuvo ingresado en un hospital, a consecuencia de la paliza, y posteriormente tuvo que permutar de vivienda, ante las constantes amenazas del guapetón y la impunidad con que el mismo actuaba.

Han pasado algunos años de aquel y otros acontecimientos, y el abusador es ya un hombre de cierta edad, su fama ha decaído, pues dos de sus padrinos han muerto, aunque aún le queda uno vivo, pero demasiado viejo ya.

Hace apenas tres días osó irrumpir groseramente en la vivienda de su vecina más cercana, llevando consigo a dos trabajadores de la empresa del gas, so pretexto de que en esa casa había un salidero. El esposo de la propietaria le salió al paso, diciéndole que el no podía entrar sin autorización en su jardín, y mucho menos excavar en el mismo sin el consentimiento de ellos. Lo empujó y conminó a los hombres a comenzar la labor. La esposa del agredido, sacando fuerzas no sabe de dónde (según me cuenta después), lo cogió por la camisa y lo empujó contra el muro, propinándole par de bofetadas. Ella es una mujer más bien pequeña y delgada. En eso llegó la patrulla de la policía, que ya algún vecino había llamado, y se los llevó a todos a la estación más cercana.

Al guapetón le fue impuesta una multa por allanamiento de morada, y una orden de restricción hacia la señora en cuestión.

El barrio entero, al conocer los pormenores de la disputa, miran con respeto y admiración, a esa frágil mujer que fue capaz de propinarle al hermoso varón, la bofetada que ningún hombre hasta entonces se había atrevido a obsequiarle, posiblemente por más miedo a sus padrinos que a él.

Cualquier semejanza con persona viva y conocida, les aseguro que no es pura coincidencia.

Desde el piso 19

El pasado lunes logré descender ilesa y con mi esqueleto intacto, de una ruta 27, fuera de la parada, en las calles 17 y D, gracias a la gentileza del chofer, que decidió darme un chance, al abrir allí las puertas del bus.

Tomé la calle F y me encaminé hacia Línea. Con horror pude observar lo destruida que está la misma y la cantidad de viviendas improvisadas, en lo que otrora fueron los garajes y portales de las antiguas residencias familiares, exhibiendo sin el más mínimo pudor celulitis y escoleosis arquitectónicas, enfermedades estas que padecen hoy día casi todas las nuevas edificaciones ó remodelaciones. Lamentablemente, ese día no llevaba la cámara fotográfica, que había dejado en casa cargando. El calor era agotador y el sudor me corría por las pestañas, haciéndome entrever como a través de un velo, todos aquellos horrores arquitectónicos que me salían al paso.

Al llegar finalmente a la calle Línea, que reverberaba como el desierto, debido al intenso sol, pensé estar alucinada, al observar en medio de la acera un enorme Santa Claus en pleno mes de junio. Inmediatamente pensé que se trataba de un performance, pues aún estamos en Bienal, pero no había público. Al acercarme, observé que se trataba de una treta publicitaria, de un infeliz vendedor a puerta calle, para llamar la atención.

Finalmente llegué al gran edificio donde vive la amiga que iba a visitar. Como de costumbre, el elevador principal estaba fuera de servicio y quedaba funcionando el de carga. Ambos, antiguos Otis de los años cincuenta. Sola, cosa esta que no me gusta, entré en el mismo y marqué el piso 19. Todo marchaba bien hasta que éste se detuvo en el piso 10, para que abordaran una joven con una niñita de casi dos años. Ella marcó el 13 y, apenas ascendimos un piso, nos quedamos trabadas entre el 11 y el 12.

Nunca antes me había visto atrapada en un elevador, aunque muchas veces había pensado que me podía suceder. Mantuve la calma, ante el ejemplo de serenidad y paz que nos dio la niña. Yo sabía que la presencia de ese angelito nos traería suerte. Presté mi celular (que por casualidad tenía carga) a la muchacha, para que hiciera una llamada al encargado, pues ella vive en ese edificio y conoce sus intríngulis. Enseguida oímos las voces de los que venían a nuestro rescate. Pusimos la emergencia y nos dimos a la tarea, oyendo las orientaciones que venían de fuera, de buscar la famosa palanca y el botón negro que había que presionar, para que ellos pudieran abrir por fuera. En cuanto lo logramos, abrieron la puerta que da al piso y vimos que nos habíamos quedado efectivamente entre dos. Gracias a que el cristalito de mira de la puerta estaba roto, nos entró un poco de aire

Como es natural, sacaron a la niña primero. La muchacha saltó y casi se fractura el tobillo en la caída. Yo, que padezco de vértigo, miré de soslayo el hueco oscuro de más o menos dos cuartas de ancho que se perdía en el vació y me dije: No mires para abajo, tienes que salir. Como quiera que todos los residentes del edificio se han enrejado para protegerse, agregando un peso no calculado al inmueble, aprovechándome de este error arquitectónico, estirando primero mis brazos y después mis piernas, me agarré de la reja de la puerta del apartamento que me quedaba próxima, como si fuera una araña, para poder salir y dejarme caer en el descanso de la escalera de servicio, ante el aplauso de todos los que estaban observando la maniobra.

Afortunadamente hubo un final feliz. Una vez ya tranquila, desde el piso 19, observando la bella vista, me puse a pensar que con las rejas que todos los vecinos han agregado a la salida de los elevadores, el día que haya un fuego va a ser muy difícil poderlos evacuar.

Peregrinos.

Esta vez no se trata de un asunto religioso. De nuevo, el tema de la comida vuelve a ocupar el primer lugar en la escala de prioridades de los nativos de mi planeta.

A pesar de que la Oncena Bienal es el gran acontecimiento cultural del momento, la desesperación por la falta de abastecimientos está tomando presas del pánico, a las infelices madres y amas de casa, que tienen la ardua misión de llevar, al menos una comida caliente al día, a la mesa familiar.

Ayer una amiga que me visitaba, de pronto dio un giro inesperado a la conversación, para preguntarme: ¿Ustedes que están comiendo? Claro que me tomó por sorpresa, pues justamente conversábamos sobre la Bienal.

Esa pregunta, que a cualquiera le hubiera podido resultar bien indiscreta, para mi tenía sentido: comprendí perfectamente su intención.

Los carretilleros del barrio, que traían casi a las puertas de tu casa una variedad de productos del agro, un poquito más caros que en los desabastecidos agros estatales, pero de excelente calidad y buena presentación, han desaparecido. Me contaba uno que casualmente encontré medio escondido debajo de un árbol, que aún después de haber sido autorizados y pagar sus licencias, les habían prohibido bajar a esta zona ( la parte mas residencial), donde casualmente abundan los alquileres de viviendas y

paladares, y que los habían confinado a ofrecer sus productos, justamente en los alrededores de los mercados estatales. Esto ha hecho aún más difícil la obtención de estos productos, justamente cuando el desabastecimiento de las tiendas en moneda dura está transitando por su peor época. Desde hace algunos meses escasean en las mismos los productos lácteos, el aceite y los cárnicos, por solo mencionar algunos. Por otra parte, la única mantequilla que ofrece es una importada, con un precio exageradamente alto, que casi nadie se anima a comprar. Eso sin mencionar los oscuros y sucios establecimientos, donde ofrecen los casi inexistentes productos de la tristemente famosa libreta.

Todo esto, más la inercia en que está levitando el régimen, ha hecho que la desesperanza se adueñe del espíritu de los ciudadanos. El gobierno sigue hablando de reformas, que se introducirán a largo plazo y poco a poco. Ellos están entreteniéndonos y tratando de ganar tiempo, pero cada vez a nosotros nos queda menos, y seguimos observando con dolor, como nuestros jóvenes solo piensa en buscar la posibilidad de abandonar el país como única solución. Mientras, todo ello nos está convirtiendo en una sociedad de viejos peregrinos.

Vergüenza ajena.

Ayer, viendo en la televisión de mi planeta las imágenes del desfile del primero de mayo, no pude menos que sentir vergüenza ajena.

¿Cómo es posible que un pueblo, cuyos derechos civiles  han sido y están siendo pisoteados, por un régimen que se mantiene en el poder a toda costa, por cincuenta y tres años, se preste para formar parte de semejante farsa. Hubo mucha más concurrencia que a la misa que ofreció Benedicto VXI. Claro está, que ambas concentraciones fueron convocadas por el mismo  gobierno, razón ésta por la cual no me sentí motivada a participar en ninguna de las dos, a pesar de conservar aún mi religiosidad.

Una amiga mía, que es trabajadora civil de un ministerio represivo, vino muy orgullosa a mostrarme un espléndido par de botas, modernas, confortables y de óptima calidad, que les repartieron en su organismo a los que se comprometieron a desfilar. No se otros ministerios o centros de trabajo qué habrán ofrecido, o con qué sutilmente les habrán amenazado. Creo  comprender el temor que les invade, así como sus esfuerzos por  tratar de conservar sus empleos  a toda costa, pero lo que si no cabe en mi cabeza es ver a los  “trabajadores por cuenta propia” enarbolando cartelones en apoyo al régimen. Solo alcancé a ver el de La Pachanga (cafetería restaurante), ya que  mi estómago no me permitió seguir más tiempo delante de la pantalla.

Lo que si me quedó bien claro, es que esas personas no merecen que, ciudadanos cívicos y honestos, se estén exponiendo constantemente por defenderles. He llegado, muy a pesar mío una vez más, a concluir que cada pueblo tiene lo que se merece. Este más de medio siglo de adoctrinamiento político lo está demostrando.

Un curioso primero de mayo.

Este año el desfile tendrá nuevamente por escenario la Plaza de la Revolución, para algunos aún Plaza Cívica. Un nuevo ingrediente lo hará lucir diferente:

Por primera vez en más de cincuenta años, desfilarán trabajadores por cuenta propia y dueños de pequeños negocios, ya sindicalizados.

Ahora bien, ¿es que estos nuevos personajes van a esgrimir demandas laborales, cosa esta que en el socialismo no está permitida, o simplemente irán como todos a apoyar a la revolución y al partido, y a pedirle al imperialismo norteamericano que libere a los cinco espías, perdón, héroes?

De verdad que no lo entiendo. Una de las mayores aspiraciones que dicen tener todos los trabajadores , que de una u otra forma han logrado desvincularse del estado para ganarse la vida, ha sido precisamente el no tener que desfilar, gritar consignas, apoyar o firmar documentos en pro de la defensa del socialismo.

¿Será esto acaso una manifestación de cobardía? Si acudieran a la concentración por convicción, los aplaudiría, pero dejar que el miedo haga aflorar hasta en el sector privado la doble moral, es un signo de que éstos no se consideran para nada hombres y mujeres libres. Respeto la decisión por la que decidan optar, pero a lo que si no pueden aspirar es a ser tratados con respeto, por el propio estado, que no solo los manipula a su antojo, sino que además los agobia con desmesurados impuestos y les vende los insumos a precios minoristas, ya de por si bastante inflados, sin ninguna especial consideración, amén de arrojar sobre ellos a una manada de hambrientos inspectores. Tampoco, por una sociedad que, aunque no los señale públicamente, los considera cobardes. ¿Es así como pretendemos que haya cambios en el país?

Los cambios solamente se podrán lograr, a partir del resurgimiento de una sociedad civil, pero para ello es necesario dejar atrás, como un pesado lastre, el miedo inducido y la doble moral. Si usted no viola las leyes del país, por injustas que las crea ,y mantiene una conducta ciudadana correcta, si usted no difama ni hace daño a otros, entonces ¿a qué le teme?

Creo que es hora ya de pensar antes de actuar y no seguir a la deriva, dejándose arrastrar por la ya débil corriente de un río casi seco, que está a punto de desaparecer.

S.O.S Zoo de 26

Hace ya algunos años, desencantada por el abandono del lugar y el precario estado de salud de los animales, dejé de visitar este otrora maravilloso zoológico que, inaugurado en 1939 y ampliado posteriormente, llegó a figurar  en los años cincuenta, entre los mejores de  América Latina, y constituía una agradable fuente de recreo y cultura para niños, jóvenes y adultos, además de tener un fácil acceso, por encontrarse en el centro de la ciudad.

Su maravilloso conjunto escultórico, realizado por la artista Rita Longa, ubicado a la entrada del parque, anunciaba ya a priori la belleza del lugar que visitarías. Con varias puertas de acceso por las diferentes calles que circundan el mismo (clausuradas  hace muchos años), franqueadas por verjas  carcomidas por el óxido y el abandono, que  yacen aún, sosteniéndose milagrosamente en pie, que facilitaban la entrada y salida al lugar en días de mucha asistencia como sábados y domingos.

Hace más de dos décadas que, conversando con quien era entonces su Directora y mi amiga, ésta me decía el disgusto tan grande que tenía al ver que no contaba con fondos monetarios,  ni plantilla suficiente de personal, para el mantenimiento de los animales y el local, y que veía con estupor, sin poder hacer nada, como cada día desaparecían los huevos de cría y muchos animales estaban increíblemente accidentados, teniéndoseles que dar de baja. Me comentaba, con visible dolor, que esos infelices animales eran maltratados por los propios trabajadores con la esperanza que, al tenerles  fuera de circulación, sirvieran para llevarlos “al caldero”. Asimismo me contaba  que en varias reuniones tuvo que llegar a un acuerdo, casi conspirativo con los empleados, a fin de que recolectaran todos los huevos de las aves y se los entregaran a ella, quien  decidiría cuales eran los que se podían utilizar para el desayuno de los propios trabajadores del parque, y los que se reservaría para reproducción. Ella, como veterinaria  tendría que analizar muy bien el estado de salud de las especies “accidentadas”, para decidir cuando y  a cuales no les quedaba otra opción que el sacrificio. El caso más llamativo era el de los flamencos, que aparecían  frecuentemente con las patas quebradas.

El parque,  en aquellos años,  al igual  que hoy, es malamente atendido por Áreas Verdes, organización esta que no cuenta con recursos ni tan siquiera para el mantenimiento de estas áreas en la ciudad, mucho menos para un zoológico. En la actualidad  ha pasado a ser  una especie de ente aparte  dentro del Poder Popular, quien lamentablemente ni tiene poder ni es tan popular como su nombre indica. Desafortunadamente,  este tampoco cuenta con fondos suficientes para el mantenimiento  y conservación  del lugar.

Hoy, leyendo el artículo publicado en la prensa internacional sobre este tema, criticando justamente el mal estado en que se encuentra el parque, recordé aquellos tristes días en que mi amiga María llevó a su nieta a pasear al zoológico y salió de allí toda traumatizada, al ver como le echaban a los monos pollitos recién nacidos (era la época de los pollitos de incubadora distribuidos por la cartilla de abastecimiento (libreta), como alimento, que uno debía  hacer crecer y engordar  para luego sacrificar y ser consumidos. Ella recogió a uno de estos, que escapó de las fauces del “sorprendido” simio y se lo llevó a su casa, donde terminó de criarlo como mascota para su nieta. Este, al menos, tuvo la suerte de morir viejo y de muerte natural.

Yo que vivo en las inmediaciones del parque, hace muchos años que ya no oigo en las tardes los rugidos de los leones. Tampoco se ven  merodeando por los jardines de las residencias del barrio las ardillas. Tengo un  amigo y vecino Humberto, que adoptó como mascota a una, que escuálida y tristona, se le apareció un día en el árbol del patio de su casa. El fue alimentándola  y tratando de ganarse su confianza poco a poco, hasta que ésta, perdiendo el temor y movida por la necesidad de comer, se le fue acercando y hoy día está casi siempre prendida de su pecho, como una condecoración, y juntos recorren el barrio, ante el asombro y la curiosidad de todos los que se les cruzan en el camino.

Ayer tarde, haciendo acopio de valor decidí volver al parque. La entrada cuesta solo un peso de los ordinarios (algo ridículo en la actualidad). Toda la gran entrada por donde afluía el público está cancelada por rejas improvisadas y solo hay un acceso y salida, por una de las aceras laterales.

Quedé impresionada al constatar que el deterioro y el abandono reinan en el lugar. Las jaulas de los pocos animales que quedan están oxidadas y  muy deterioradas (posiblemente sean las mismas de  hace más de cincuenta  años). La famosa isla de los monos está desierta y las aguas que la rodean pútridas. En una jaula pude ver solamente una pareja de leones, que descansaban indiferentes ante la mirada del poco público que trataba de animarlos con gritos y gestos. Es de notar que la mayoría de las personas que acuden al lugar, no lo hacen por amor a los animales, sino para obtener galletitas, caramelos y golosinas, que se venden en la cafetería  en los mal llamados pesos cubanos.

En mi recorrido conversé con dos jóvenes veterinarios, que prestan sus servicios en el lugar, y éstos me comentaban lo mucho que ellos sufrían, al ver que el propio publico que asistía maltrataba a los animales que tenían a su alcance. Que vieron con tristeza como apareció un pelicano que habían matado tirándole piedras. Dicen que, casi siempre esto ocurre ante la mirada indolente de los adultos que acompañan a los niños. Agregaron, ante otra pregunta, que los pavos reales, que antiguamente permanecían sueltos, paseándose entre el público, han tenido que encerrarlos, pues se los roban o matan.

Al preguntarles por qué la mayoría de las jaulas no tenían letreros indicando el nombre de los animales, me respondieron algo parecido: “es que los arrancan y se los llevan o más adelante los botan.

Esta es la triste situación actual del Parque Zoológico de La Habana. Desearía que esta crónica sirviera como un llamado de atención, tanto a las autoridades como a los ciudadanos,  para  salvar esta importante instalación recreativa, educativa y cultural, que en épocas anteriores nos llenó de orgullo.

¡La defensa del medioambiente, de la flora y de la fauna debe comenzar por casa!

Una anécdota chileno-cubana.

Trabajo en parche de Rebeca

Corrían los años noventa, y me contactó una chilena conocida de mi sobrina, que había venido a La Habana invitada por la FMC (Federación de Mujeres Cubanas), para participar en un Congreso.

Al término del mismo, esta joven también nombrada Camila, pero a diferencia de la Vallejo, mostró su interés por conocer la verdadera Cuba. Agregó, que una de las cosas que más le había llamado la atención en su reciente experiencia aquí, era la unanimidad en todos los asuntos sometidos a votación durante el evento. Eso es imposible -me confesó-, en mi país, y en ningún otro que se respete, existe un criterio unánime. Le propuse, si quieres conocer no al país entero, ¡eso es imposible!, al menos te puedo mostrar la verdadera Habana. Mañana sal de la casa de protocolo, deja el auto chapa oficial y ponte unas zapatillas bien cómodas, que voy a pasar por ti temprano.

Camila estaba realmente motivada en ver la ciudad, sobretodo conocer aquellos sitios frecuentados por Hemingway. Pasé por ella y salimos caminando por todo el Vedado, bordeando el Malecón, hasta llegar a Prado, Ahí subimos en busca del restaurante El Floridita. El trago tienes que pagarlo tu -le dije-, pues es en dólares y yo como cubana no tengo derecho a poseer ni uno solo, a riesgo de caer presa. Sabes que está penalizado. Si lo se, -me contestó-, tu sobrina me puso al tanto.

Después fuimos hasta La Bodeguita del Medio, bastante decadente, y repetimos la escena. Nos queda La Terraza de Cojimar, -le dije-, pero está un poco lejos. Tendremos que tomar un turistaxi. Tú pagas el transporte y yo la merienda, es un acuerdo. Eso si, cuando estemos en el lugar y consumamos, no hagas ademán de coger el bolso, déjame eso a mi.

Llegamos y había dos colas (filas): una para pagar en pesos cubanos, con una escuálida oferta, y otra un poco mejor, pero en dólares. Nos pusimos en esta última. Entramos enseguida, pues apenas había tres o cuatro turistas. Nos sentamos en una mesa coja. Se lo hice notar de inmediato a la dependienta, quien no hizo nada por remediarlo. Cuando finalmente pedí la cuenta, ésta vino con la consabida bandejita y el monto del consumo, tapado por una roja servilleta. La levanté, revisé los precios y el total sumaba US10.00, por lo que dejé un lindo y recién estrenado billete de 50.00 pesos de los ordinarios. Cuando la camarera en cuestión, vio lo que yo había depositado, me dijo: Yo no puedo cobrarle en esa moneda ¿Qué tiene de malo -le pregunte? Es que ese dinero no vale aquí. Dile al administrador que quiero verlo, -le pedí. Acto seguido vino el mismo, acompañado por un seguroso (un compañero de la Seguridad). El primero, dirigiéndose a mí dijo: Sra., es que esa moneda no vale en este establecimiento. ¿Me está usted diciendo que el dinero con que me pagan en mi centro de trabajo no sirve? -le contesté. No, no, señora no es eso, es que aquí no tiene valor. Después de discutir varios minutos, llamando la atención de los allí presentes, mostrándole el billete en cuestión al administrador, le sugerí:

Lea usted aquí, en la parte baja del mismo lo que está impreso. Cuando empezó a leer Este billete es válido para pagar cualquier deuda contraída en todo el territo comenzó a tragar en seco y, dirigiéndose a la empleada, a viva voz, le dijo: Mira, cóbrale a la Sra. ¿En que moneda? -preguntó ella. ¡En pesos cubanos! -respondió malhumorado.

A los pocos segundos de esta escena, reaparece la camarera, portando nuevamente la susodicha bandejita con los 40.00 pesos del vuelto. En ese mismo instante, levanté y extendí la palma de mi mano hacia ella, en un gesto característico, y le dije: ¡Deja,quédate con el cambio, total este dinero no vale nada!

Ante la mirada atónita de todos, salimos Camila y yo con las frentes bien en alto. Cuando llegamos a la parada del ómnibus ella respiro profundo, y me dijo: Yo no sabia lo patúa que tú eras. Lo asumí como un piropo (lisonja). Me costó un poco caro demostrárselo, eso si, y continuamos nuestro periplo como un par de ciudadanas de a pie, conversando e intercambiando con distintas personas, con las que nos cruzábamos en nuestro recorrido.

Cuando nos despedimos, Camila me dijo: ¡Gracias amiga, por mostrarme la verdadera ciudad!

¿De qué unidad hablan?

En mi planeta, los medios se la pasan hablando de la unidad del pueblo, de un partido único (como el de Martí), el voto unido, etcétera, etcétera.

Ante todo, quiero aclarar que el tan utilizado término de partido único (cuando se refiere al que fundó el Apóstol), es una tremenda falacia. Martí, claro está que creó un partido para unir a los cubanos que deseaban la independencia de la isla, ese fue el objetivo. ¿Por qué habría de crear más de uno? Una vez terminada la guerra, este partido fue disuelto y se crearon otros, según las diferentes tendencias y opiniones, como era de esperar, en un sistema que proclamaba la libertad y la democracia.

En cuanto a la tan cacareada unidad del pueblo, señores, permítanme expresar mi humilde opinión: nunca antes este pueblo estuvo tan dividido, o mejor dicho, se comportó de manera tan individualista. La revolución lo primero que hizo fue justamente dividir: enfrentar a padres e hijos y viceversa; enfrentar y separar a matrimonios de muchos años, por contradicciones políticas nunca antes experimentadas; enfrentar a los vecinos, que aprendieron rápidamente, inducidos por el miedo, a señalarse y vigilarse unos a otros. En dos palabras: se incrementó la envidia y la mezquindad y, por ende, la división. Esta es justamente la Cuba que no muestran a los invitados del gobierno, incluyendo claro está al Papa.

Desde hace ya muchos años pueden observarse en las ciudades, edificios multifamiliares descascarados y despintados por los años y el abandono, donde de pronto, encontramos un balcón, así como el pequeño perímetro que abarca el mismo, de un color diferente, reluciente y fulgurante, que destaca aún más la fealdad y el descascaro del resto del inmueble, mostrando públicamente la poca sensibilidad y solidaridad, amén del mal gusto de los ocupantes del apartamento en cuestión. Esto denota, no solo las diferencias de poder adquisitivo, sino la poca comunicación entre vecinos, que como es de suponer, la mayoría no cuentan con suficientes recursos para asumir ellos el costo de pintar todo el edificio, no pudiendo evidentemente llegar a un acuerdo. El gobierno, durante todo este medio siglo, solo ha mostrado indiferencia ante el deterioro y el daño estructural de los mismos. La mayoría de los ciudadanos no cuentan con recursos ni para mejorar sus propias viviendas. En estos casos, lo más sensato sería dejar el exterior del inmueble sin pintar, o darle una pinturita clara, en tonos neutros, para que no se destaque tanto del resto de la fachada.

Asimismo, caminando por las calles, encontramos columnas redondeadas que separan viviendas adosadas, y las mismas están divididas a la mitad, como señalado por una regla, y cada porción de un color diferente, de acuerdo a quien pertenezca el pedazo. Pero lo más frecuente es ver, en los antiguos edificios o mansiones, devenidas hoy en solares, profusión de motores de agua instalados por los diferentes ocupantes: cada uno el suyo, en lugar de reunir dinero, entre todos para comprar uno solo de más potencia. Esto mismo ocurre con los tanques de agua improvisados en azoteas y dentro de los propios apartamentos, agregando al inmueble, con todo el peligro que esto conlleva, un peso que no fue calculado ni por los arquitectos ni ingenieros que intervinieron en su construcción. Esta es otra de las posibles causas de los desplomes totales o parciales, que ocurren prácticamente a diario en esta ciudad.

Después de observar con detenimiento esta práctica ciudadana de sálvese el que pueda, constatar las delaciones entre vecinos y los robos al descaro para resolver sus problemas cotidianos, ¿puede alguien, con dos dedos de frente, creer en la tan cacareada unidad que tanto exaltan los medios?

La gira de Benedicto XVI

Oyendo en  la onda corta hablar a un periodista, sobre la próxima presencia del Papa en Cuba,  al referirse a ésta utilizó la palabra “gira”. Esto me dio mucho que pensar, pues la iglesia se ha encargado de enfatizar muy bien, que la visita de Benedicto XVI a nuestro país es en calidad de peregrino de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Hasta ahí muy bien, pero lo que ha molestado mucho a la población en general, y a muchos creyentes como yo en particular, es el hecho de que el portavoz de  su Santidad, haya expresado públicamente el deseo de éste de reunirse con Fidel Castro.

Si verdaderamente viene como peregrino de la Virgen, no entiendo por qué tenga que entrevistarse con Fidel Castro, que ya no es el mandatario de este país, y que según tengo entendido, está excomulgado por la propia iglesia católica. Entiendo que el Papa, como jefe del Estado Vaticano, se reúna con Raúl, ya que ambos son jefes de Estado, pero, ¿por qué con Fidel y no con las dignas Damas de Blanco?

Si la iglesia es apolítica, como tanto proclaman, ¿por qué dar misa por la salud y pronta recuperación del hombre que ha sumido a este pueblo en el más cruel oscurantismo, y no convocaron nunca  misas en las iglesias por  Zapata Tamayo, ni Laura Poyán?

Dista mucho de parecerse esta visita a la anterior de Juan Pablo II, en enero de 1998, que creó tantas expectativas de esperanza y movilizó espontáneamente al pueblo cubano, sin convocatorias previas en centros de trabajo y estudio. A tal punto que, cuando el Gobierno se percató de la gran cantidad de pueblo que movía la presencia del Papa entonces, para no quedar atrás, organizó a última hora convocatorias públicas,  para un recibimiento que, de hecho,  ya estaba asegurado espontáneamente por la propia población.

Recuerdo, por aquel entonces, el entusiasmo contagioso que nos movía. Yo particularmente gocé mucho de ello, con la presencia en nuestra casa,  por esos días, del Padre José Conrado, con el que acudimos a pie y llenos de entusiasmo hasta la Plaza, para participar de la misa. En aquella oportunidad coloqué en mi balcón, por primera vez en más de cuarenta años, una bandera: la del Vaticano, para asombro de mis vecinos, que a pesar de sus constantes “invitaciones” nunca volví a poner una bandera cubana, la que tengo y guardo con mucho amor, para colocarla de nuevo ondeante, en mi balcón, cuando mi patria vuelva a ser libre.

Esta vez, lo digo con todo respeto y sinceridad, veré la misa por televisión. No por esto me considero una mala religiosa. Soy católica por vocación, pero no me ciega la fe. No me gusta ser manipulada por nadie ni por nada. Creo en Dios, soy devota de la Caridad del Cobre, pero hace algunos años dejé de ir a la iglesia. Acudo solamente en ocasiones muy puntuales: algún bautizo, alguna boda. No me gustó  nada aquella convocatoria a la que hice referencia al inicio de este escrito y por ello, decidí tomar distancia. No obstante, pienso que esta visita  puede dejar un saldo positivo: todo dependerá ahora de su Santidad Benedicto XVI  y de la actitud ciudadana a posteriori.

Siempre habrá un plan B.

Hace algo más de dos años, cuando decidí escribir y expresar libremente mis opiniones, abrí una bitácora (blog), a sabiendas, como en anteriores ocasiones he expresado, que ello me podría traer muchas dificultades. Entonces como ahora lo sigo asumiendo.

Tenía la alternativa de hacerlo manteniéndome en el anonimato, o abiertamente con mi foto, mi nombre y dos apellidos. Me decidí por esta última opción, pues me pareció la más cívica. Esto no quiere decir que esté criticando en absoluto a los que han dado el paso bajo un seudónimo. De sobra es conocido que en mi país hay un solo empleador, y las personas que han optado por esto último, se ven en la necesidad de hacerlo, pues tienen su trabajo como único sustento. Yo, afortunadamente, me desenvuelvo en el mundo del arte, y desde hace muchos años ese es mi modo de vida.

Todo marchaba con aparente tranquilidad, y hasta ahora nadie había interferido en mi vida. Como es de conocimiento público, los habitantes de mi planeta no poseemos Internet y tenemos que valernos de subterfugios y, sobretodo de muy buenos amigos, para lograr colgar nuestros post en la red.

En el sitio desde donde habitualmente los enviaba todo parecía normal, pero cuando pude revisar mi blog, observé con disgusto que lo que yo creí publicado no estaba. A priori pensé que podía ser una falla técnica de mi parte, ya que no soy experta en estas lides, pero al comenzar a investigar y hacer comprobaciones, me percaté que no había errores, que simplemente a alguien, le habían dado la tarea de interferir en mis publicaciones.

Siento verdadera pena por las personas que se prestan a esto. Les está pasando la Historia por su lado y no se dan por enterados. ¿Qué explicación podrán dar algún día no muy lejano a sus hijos, por haberse prestado a realizar tan mezquina acción? Están desperdiciando la oportunidad de erguirse como ciudadanos y asumir la postura más cívica, que sería exigir, tanto para ellos como para los demás, el derecho ineludible de alzar su voz y expresarse libremente, como corresponde a cualquier ser humano que se estime.

No se preocupen, por mucho que nos hostiguen y traten de callar nuestras voces, siempre habrá un plan B, al que podamos acudir para que las mismas no puedan ser silenciadas.

Mi agradecimiento reiterado a todos aquellos amigos, que desde cualquier parte del mundo no solo nos leen, sino que además nos ayudan a que nuestras opiniones sigan saliendo a la luz pública.

Palabras como puños.

Con gran exaltación y emoción leí en Diario de Cuba, la Carta abierta de Antonio Rodiles publicada en este sitio digital.

Cada palabra expresada, cada frase, golpeó mi corazón como un puño cerrado. En todos estos lamentables años de revolución, nunca antes leí un documento tan cívico, tan viril, tan valiente.

Mis felicitaciones y solidaridad más absoluta con este compañero, que sin perder la cordura, la educación y el civismo que lo caracterizan ha sabido con la mayor transparencia, desenmascarar al régimen que, desde hace ya más de medio siglo mantiene a nuestro pueblo en el más cruel aislamiento y oscurantismo.

Más sobre mujeres liberadas

Maestros y alumnos Esc. Sup. Nro.10

Las mujeres cubanas estuvieron a la vanguardia entre las primeras en liberarse en América Latina.

Nací en el seno de un matriarcado: Todas en mi familia eran maestras y pedagogas ó como mi abuela, oficinista en un juzgado. Mi mamá, siendo muy joven segraduó y comenzó a trabajar de inmediato. Primero en escuelas rurales y después de acumular méritos, en la ciudad. Quedó viuda siendo mi hermana y yo aún niñas. Se volvió a casar años después y se divorció cuando su matrimonio había perdido la razón de ser. Siempre nos sacó adelante con su trabajo y fue una magnífica madre y una mujer muy digna.

Maestros durante un desfile del 28 de enero, Parque Central

En esa Cuba de entonces las mujeres trabajaban, estudiaban, votaban, obtenían títulos universitarios, conducían autos y hasta fumaban. Algunas como una tía mía participó activamente en la política. Nunca esto fue motivo para que abandonaran a sus esposos e hijos. La vida de todos se regía por horarios que eran respetados. Había también muchas facilidades para que las mujeres pudieran incorporarse al trabajo fuera del hogar: las facturas de víveres, al igual que la solicitud de productos farmacéuticos se encargaban vía telefónica y los mismos eran entregados a domicilio, las guaguas (ómnibus) tenían horarios que se cumplían y pasaban con cronometrada frecuencia, existían lavanderías, tintorerías y muchos otros servicios que aliviaban las tareas domésticas. Ese era el curso normal del desarrollo, que fue interrumpido abruptamente, en el año cincuenta y nueve.

Ahora, nosotras las herederas, fuimos liberadas y lo que hemos conseguido es hacer de nuestras vidas una ecuación matemática: Se nos multiplicaron las dificultades y las tareas, se nos restó el rendimiento del salario y hasta se nos dividió la familia.

Por ello en este 8 de marzo quiero felicitar a todas las mujeres emancipadas y liberadas y sobretodo a aquellas que a pesar de todo, han podido mantener sus vínculos normales y estrechos con su familia.

Intercambio cultural

El viernes pasado en Estado de Sats, fue tratado el tema del intercambio cultural de la isla con el resto del mundo, y muy específicamente con Estados Unidos.

El panel estaba compuesto por: Miriam Celaya, Julio Ariaga, Charles Barclay, Jefe adjunto de la SINA y como moderador Antonio Rodiles. Alexis Jardines al no poder asistir, envió desde el exterior, un video que se proyectó antes de iniciar el debate.

Como ya es costumbre  en estas convocatorias, la casa  contaba con una concurrida audiencia.

El tema más polémico fue precisamente ¿por qué el intercambio cultural se produce mucho más del lado nuestro hacia allá, que de ellos hacia nosotros? Sobretodo si se tiene en cuenta, que los que vienen a través del mismo son en su inmensa mayoría intelectuales o artistas estadounidenses, no cubanos norteamericanos como  más desearíamos  nosotros, para que éstos  nos expusieran de primera mano sus experiencias en el exilio. ¿Por qué Silvio puede ir a cantar en EEUU y sin embargo Willy Chirino no puede venir a hacerlo aquí en la tierra que le vio nacer? Este tema queda muy bien expuesto  por Alexis Jardines, quien también muy agudamente expresa: “Sin dinero no se puede ser ni revolucionario (oficialista) ni opositor”.

Entre las exposiciones del público presente es de notar la del Dr. Jeovany Jiménez, médico de Artemisa y titular del blog Ciudadano Cero, a quien el gobierno inhabilitó para ejercer, por ser opositor. Justamente en estos momentos  el se encuentra en huelga de hambre en un parque de Guanajay, exigiendo le devuelvan su derecho a ejercer como médico.  También  se hizo  notar nuevamente, la ausencia de las personas  oficialistas, que fueron invitadas.

La fresca mañana transcurrió con total tranquilidad,  a pesar de que el refrigerio que el anfitrión hubiera deseado brindar al público allí presente, fue aparentemente “saboteado”, debido a que las empanadillas que mandaron a hacer para obsequiar con el ya clásico té, fueron adquiridas por “alguien” que se adelantó en ir a buscarlas de parte del cliente, ofreciéndole cien pesos más por encima de su costo total, a la señora que las confecciona.

Una vez terminado el evento, a la salida de la residencia, fueron interceptados  algunos de los asistentes al mismo en plena calle, por agentes de la seguridad, que merodeaban el lugar, sin que se produjeran detenciones.

Los carretilleros: ¿Avance o retroceso?

Apenas hace unos meses, después de las nuevas aperturas, se ha visto la ciudad llenarse de carretillas con variados productos agrícolas. Se distinguen de los agro mercados ya existentes, justamente por la variedad y presentación de los mismos. Esto, que muchas personas han llamado progreso es, a mi modesto juicio, todo lo contrario.

Es cierto que están resolviendo un problema a la población, y ellos están a su vez optando por un oficio que hasta ahora era prácticamente clandestino, que estaba casi perdido: vendedor ambulante, lo cual les permite tener un empleo por cuenta propia y así satisfacer su sustento y el de su familia. Más, aún cuando en la mayoría de los casos, se trata de hombres y hasta mujeres jóvenes que no continuaron los estudios, quizá por falta de estímulo.

Este oficio de ventas ambulantes en carretillas, floreció en los años cuarenta y ya a principios de los cincuenta, debido al progreso social, estaba desapareciendo, para dar paso a establecimientos, donde se ofertaban de forma más estable y agradable todos estos productos agrícolas, así como frutas del país e importadas. No como se hace actualmente, que los locales destinados antiguamente a este tipo de comercio, están cerrados o vacíos y en sus portales, sin higiene ninguna, se amontonan en viejos cajones sucios, los productos, dejando aceras y calle llenos de tierra colorada, una vez terminada la venta, afeando la ciudad aún más de lo que ya está.

Con la aparición y multiplicación de los supermercados, desaparecieron definitivamente de la gran urbe estas carretillas, encontrándose éstas solamente en algunos barrios de la periferia, pero ya en menor número.

Ahora, en pleno Siglo XXI, en el año 2012, resurgen como Ave Fénix. La mayoría de las personas lo consideran un logro, pues han visto reaparecer productos agrícolas y algunas frutas que apenas ya se veían, limpias y bien presentadas, con mejor calidad y precios que en los comercios estatales, donde se venden con tierra, raíces y hojas incluidas, y donde hay que estar muy alerta para que no te engañen en el precio, porque en el peso va incluido todo el desperdicio anteriormente mencionado.

Por una parte, es muy agradable ver reaparecer esta nueva actividad, pero por otra es triste constatar que toda esa fuerza laboral joven, que podía estar trabajando en un amplio y lindo supermercado, con buenas condiciones laborales, como exige el progreso, tenga que empujar esas carretillas de sol a sol por diferentes barrios, y hasta soportar comentarios desagradables de algunas personas retrógradas u oficialistas, que suelen criticarlos, sin darse cuenta que ellos también forman parte de una misma sufrida población, y tratan de defender justamente a un sistema que lo único que ha significado es retroceso para todos nosotros. Se comenta que pronto serán nuevamente prohibidos, palabra demasiado utilizada por las autoridades. ¿El fundamento? Porque se están enriqueciendo y ofertan productos que no existen en los agro mercados estatales. Si no fuera tan trágico, daría risa. La verdadera razón para su posible eliminación es que, cada día, constituyen una demostración pública de la incapacidad gubernamental de resolver los problemas más urgentes.

El Patio de María.

Fotos Alfredo Betancourt

Corrían los difíciles años ochenta, y la quietud de la Casa Comunal de Cultura de Plaza se resquebrajaba ante el embate de la oficialidad, por tratar de abortar un lindo proyecto que, contra viento y marea Mireya Felipe y María Gatorno, Directora y Sub Directora respectivamente de dicha institución, trataban denodadamente de hacer progresar: un espacio para el rock.

Era un hecho que esta manifestación cultural, a pesar del aislamiento y las duras prohibiciones, logró traspasar la muralla de bagazo de caña impuesta por los altos representantes de la cultura en nuestro país.

¡Rock no, es extranjerizante, y heavy metal mucho menos! Esas eran las voces oficialistas, que se dejaban escuchar y contra las que tenían que enfrentarse estas dos valerosas mujeres, buscando un lugar para los jóvenes amantes de esta manifestación cultural, donde la misma pudiera ser practicada.

Pronto Mireya fue trasladada a otra institución y María quedó sola, enfrentándose con toda valentía contra los viejos conceptos e ingeniándosela, con su suave y modulada voz, más propia de una fiel representante de la música clásica que del rock, para hacerle comprender a la nomenclatura oficial de Cultura, los beneficios de agrupar a estos inquietos jóvenes, y crearles allí, en el patio de la Comunal, un espacio para ellos.

Poco a poco se horadó la intolerante muralla, y cada pequeña grieta de la misma fue inteligentemente aprovechada por María, quien paso a paso fue ganando terreno. Así, con valentía, esfuerzo y denodada abnegación, se transformó ese espacio en lo que todos conocimos como El Patio de María. Ella fue sin dudas, el Alma Mater que cobijó en sus brazos a todos esos muchachos marcados y rechazados, por el miedo y la intolerancia oficial.

Hoy, a muchos años de aquellos inicios, cuando ya el Patio despareció como tal y María no está allí, un entonces joven-debutante-del-lente-y-el-obturador, introduciéndose en ese mundo de frikis, rock y policías, se convirtió de hecho en testigo ocular del acontecimiento. Así, Alfredo fue llenando cajones y cajones de rollos y pruebas de contacto, donde se plasmaron los rostros y momentos de aquel hecho ya histórico. Nunca nadie se quiso comprometer a publicar aquí esas fotografías. Ahora, desde Francia, donde vive hace ya algunos años con su esposa e hijas, trabaja en el proyecto de un libro que pronto saldrá a la luz, rindiendo así un merecido homenaje a María, al Patio y a todos aquellos jóvenes dispersos hoy por el mundo, que conforman una parte muy importante de la diáspora cultural cubana.

Una mano lava la otra.

Mi amiga vive en un bello edificio de apartamentos de los años cincuenta, en la calle Línea. Esta mañana, como todas, ella se preparaba para salir hacia su trabajo, cuando de pronto, aquel lavamanos que había resistido heroicamente el embate de cincuenta y más años de supervivencia, había cedido ante el paso implacable de los años, y una fisura lo hizo finalmente resquebrajarse.

Esa misma tarde, cuando llegó de la oficina, se dio a la ardua tarea de conseguir un plomero que, además de conocimientos en su oficio, tuviera palabra y viniera a arreglar la avería. Después de dos días de realizar múltiples llamadas a diferentes teléfonos recomendados por vecinos y amigos, finalmente dio con uno que le prometió ir sin falta esa misma tarde, para ver que se podía hacer al respecto. Efectivamente el hombre cumplió su palabra y acudió a la cita. El dictamen final fue certificado de defunción para el lavamanos. Ahí realmente comenzó la odisea.

Lo primero que hizo fue investigar en las diferentes cadenas de tiendas con departamento de ferretería, para saber a cual dirigirse y no perder tanto tiempo y gasolina regular, que por cierto está a 1.15 CUC el litro, aunque este no es el tema ahora. Después de recorrer infructuosamente las mejores tiendas de la ciudad, finalmente lo localizó en Roseland, a mitad del precio de otro igual que había visto en Palco días antes, y no pudo comprar por estar excesivamente caro.

Feliz del hallazgo llegó a la tienda con las medidas recomendadas por el experimentado plomero. Pero hasta ahí llegó su felicidad. La vendedora que estaba en el departamento en cuestión, le dijo, antes de darle las buenas tardes, y averiguar qué deseaba la clienta, que ella no podía atenderla porque hoy habían faltado muchos trabajadores. Ante los ruegos y las súplicas de la posible compradora, la empleada, con muy mal carácter se decidió a llamar a otro dependiente para que se ocupara del asunto. Lo primero que hizo éste, fue discutir con mi amiga sobre las medidas que ella traía anotadas, diciéndole que no existían, pero ante la insistencia de ésta, visiblemente contrariado, accedió a bajar al almacén, pero en ese momento, se produjo delante de ésta, una tremenda discusión entre los dos empleados, donde el recién llegado le dijo a la malhumorada trabajadora del departamento: te voy a tener que dar una patada por el CE – U- ELE- O. Mi amiga, espantada pero haciéndose la sorda, le dijo al muchacho: Dale anda, que te voy a regalar dos CUC si me ayudas, a lo que éste raudo le contestó: Mira, si quieres que te ayude mejor me das cinco CUC, ya sabes mi tía, una mano lava la otra y las dos lavan la cara

Nota: Los hechos son reales y si alguien de la tienda Roseland, está por casualidad leyendo este post, sabe que lo aquí relatado es absolutamente verídico.

En el aniversario de su natalicio.

Pintura al óleo de Caridad Monzó

El hombre ama la libertad, aunque no sepa que la ama, y anda empujado de ella y huyendo de donde no la hay

Un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo, que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos

A todos nuestros hermanos cubanos donde quiera que se encuentren.

Racismo a la inversa.

Mucho se ha disertado en nuestros medios y se sigue haciendo sobre el racismo. Realmente, en mi querido planeta, yo nunca experimenté casos extremos de este fenómeno social. Desde niña me acostumbré a que mi casa fuera visitada por personas negras, blancas y chinas, todas allegadas a nuestra familia. Tuve amiguitas negras muy queridas y hasta una abuela postiza de este color. Era una mujer grande, ancha y con sonrisa de luna llena, a la que llamábamos abuela Mercedes. Nos enseñaron desde muy pequeñas a quererla y respetarla. Cuando ella llegaba, mi hermana y yo nos colgábamos de su cuello, disputándonos sus primeros besos. Mis amiguitas, al verme tan blanca y rubia, se intrigaban mucho, pues no alcanzaban a descifrar el misterio de este adelanto genético. Ella fue hasta su muerte, la mejor amiga de nuestra familia.

Había discriminación, es cierto, pero en general no por parte de las personas, más bien era una cuestión oficial, pero no arraigada en el sentimiento humano. Incluso, también por parte de los negros se producía esta misma contradicción pero a la inversa, pues en sus clubes y sociedades no eran admitidos los blancos. Tengo una amiga que sufrió en carne propia estas divisiones. Su padre, un elegante chofer negro de un conocido magnate, se casó con una española. Entonces mi amiga no podía frecuentar los clubes para los de su raza, ya que en éstos no admitían que su madre entrara a los mismos por ser blanca, en una época en que las muchachas de bien, eran acompañadas por sus progenitoras siempre. Tampoco ella podía ir a lugares exclusivos para blancos. En fin, esto parecía cosa de un pasado bastante lejano.

Llega el año mil novecientos cincuenta y nueve y, por decreto, se echan abajo estas restricciones, pero solo por decreto. Ahora, por citar tres ejemplos, existen más, les muestro la otra cara de la moneda:

En el año mil novecientos sesenta y tres, en que salí electa Lucero del Carnaval de La Habana, entre las finalistas no había ni una sola negra, ni tan siquiera una mulata. El jurado revolucionario se percató de este fallo y sacaron a una linda muchacha blanca y en su lugar subieron al podio a una hermosa mulata, pero con un fuerte acné juvenil que le afeaba el rostro, precisamente por lo cual ya había sido descartada.

Por otra parte, es de algunos conocido, que cuando nuestro país preparaba a los posibles cosmonautas, para volar en las naves soviéticas, seleccionaron dos candidatos uno negro y uno blanco. Para ser honestos, según nos cuentan personas que estuvieron involucradas en su momento, a esta misión, el segundo era el mejor preparado y el que más condiciones reunía, pero la elección oficial se inclinó por el primero. Todos conocen el final de esta historia.

Ahora bien, han pasado ya muchos años, estamos en pleno Siglo XXI, y la semana pasada el hijo de una amiga mía acaba de ser discriminado por la profesora de su escuela, debido a su piel nacarada. Era una competencia a nivel municipal y la maestra, ante la incertidumbre de que alguno de sus propuestos candidatos fallara, nombró a un tercero, el niño de marras, una lumbrera, uno de esos que se salen de la norma. Pues bien, llegado el día, los tres se presentaron, acompañados de sus respectivas madres ante la maestra que los esperaba en el antiguo Instituto de la Habana, lugar del encuentro. Como ningún alumno falló a la cita, ella prefirió elegir al negrito para no ser cuestionada, dejando al otro niño confundido y frustrado. De más está comentarles lo que mi amiga, con toda razón, le dijo a la maestra. Díganme si estoy equivocada y esto no es más que racismo a la inversa.

La hormiga y el elefante.

Una hormiga, tiritando y llorosa, pregunta a su amigo el elefante: ¿Has leído el Granma de hoy? -No, le responde este, ¿qué dice? -Que van a sacrificar, a partir de este mes, a todos los animales grandes para poder alimentar a la población- contesta la hormiga. ¿Y eso que tiene que ver contigo? El que debería estar asustado soy yo. ¡Si, responde la hormiga, pero es que como siempre se están equivocando!

Hay que acabar con la vieja mentalidad dogmática, no podemos seguir equivocándonos -dijo Raúl en la recién clausurada Asamblea Nacional del Poder Popular.

De ahí la preocupación de la hormiga.

Pero yo me pregunto: ¿A que vieja mentalidad dogmática se refiere Raúl, si desde hace cincuenta y dos años todos ellos formaron y forman parte aún del mismo gobierno?

Los cambios migratorios se harán paulatinamente, poco a poco, pensándolos mucho -dijo más adelante.

Ahora en este caso parece hacer alusión al elefante.

Por otra parte, Ricardo Alarcón, Presidente de la Asamblea, pidiendo un voto unánime, se pronunció acerca de exigir la libertad de los cinco. Y yo vuelvo a cuestionarme:

¿Es acaso este el único problema existente en mi querido planeta? ¿Y el resto de los once millones que vivimos en cautiverio qué?