Rampeando por el Design District de Miami.

Haciendo caso omiso a la propaganda anti USA en mi planeta, llegue a Miami con mi mente abierta, gracias a mis esporadicos contactos con las redes sociales y a mi misma. Ayer tuve un maravilloso encuentro con alguien con quien comparti unas pocas veces en nuestra Cuba de adolescentes, y a quien no veia desde 1959, pero con  quien he mantenido comunicacion a traves de mi blog y de FaceBook.Fue como si los sentimientos mutuos hubieran hecho un zurcido invisible sobre aquella rasgadura hecha en nuestro tejido sentimental.

Pasamos toda una jornada maravillosa visitando lugares nuevos para mi y, gracias a la destreza de su esposo como improvisado cicerone al timon,nos permitio a ambas incluso, descubrir juntas ciertos recodos miamenses.

El Design District me impacto, no solo por la belleza de sus graffitis, sino por la genialidad de convertir un sector venido a menos, en maravillosas galerias de arte, tiendas, studios, todos decorados con hermosos exponentes de tan popular arte.

No pude menos que evocar con tristeza comparativa aquellos lugares otrora deslumbrantes por su arquitectura y funciones, convertidos ya en ruinas, “por obra y desgracia” del desgobierno de mi pais.

Aquella verdad sobre el “milagro economico cubano”que nos ocultaron por tantos años, debido a la falta de informacion y a la imposibilidad de viajar fuera de nuestras fronteras, gracias a la Internet, ha ido saliendo de la oscuridad totalitaria para imponerse.

Asi como reencontre a mi amiga, halle finalmente la eñe, en esta tecnologia prestada, pero sigo aun buscando los acentos. Excuse me.

Otro sueño realizado

Salimos muy temprano de Miami, que en lengua Tequesta, la de sus primitivos habitantes significa “Lugar de muchas aguas”,mi amiga, su hija y yo, rumbo a Key West. Todo el trayecto fue sorprendentemente rápido, gracias al magnífico estado de sus carreteras.

Hicimos nuestra primera parada en Isla Morada para almorzar en Wahoo’s, un típico restaurante de madera, anclado en la costa, donde decenas de pelícanos dormían una apacible siesta sobre los yates allí fondeados.

Después de disfrutar de un sabroso y frugal almuerzo marino, a base de ostiones y pescado, continuamos hacia nuestro destino.

El paisaje de aguas azules a ambos lados de los puentes, salpicado de  pequeños islotes verde esmeralda, trajeron a mi memoria aquellos famosos cuadros del pintor cubano Tomás Sánchez, donde el agua juega un papel protagónico.

En el auto, mientras hacíamos coros y palmas a la música de Arrebato y la canción “Puentes” de Ricardo Arjona http://www.youtube.com/watch?v=jMJMxtySmm8 nos sacaba las lágrimas, llegamos al impresionante Puente de las 7 millas a cuyos lados subsisten en milagrosa estática las viejas estructuras de hierro y madera, por donde transitaba antaño el viejo ferrocarril que conectaba el sur  de la Florida con Cayo Hueso.

Así, embriagadas por nuestra propia alegría, llegamos finalmente, cargadas de mucha energía, a Key West.

Después de disfrutar a nuestro aire, de  sus antiguas edificaciones, hoy casi todas museos, sus cuidados parques y bellos y lujosos hoteles, nos encaminamos hacia la calle Duval, arteria principal de la ciudad.

Hicimos un rápido recorrido por los sitios de mayor interés turístico y cultural: el Club San Carlos, en cuyo recinto aún se respira la impronta martiana, la casa de Ernest Hemingway donde todavia habitan los descendientes de sus gatos de seis dedos. En el Margaritaville, lugar donde degustamos su famoso coctel escuchando la música de Jimmy Buffet, galerias de arte, tiendas de souvenirs, hasta que hicimos un alto para tomarnos un exquisito café en  Croissants de France, una pasteleria familiar desde 18…

Después nos tomamos la típica foto en el lugar que marca las 90 millas a Cuba, mientras fantaseábamos con futuros puentes que acorten de una vez por todas esta distancia que cruelmente separa nuestras dos orillas.

Ya de regreso pasamos a buscar nuestro auto, aparcado en frente de la Hermosa y ecléptica masión de la familia López Ramos, la “southernmost house” (la casa más al sur de EEUU), como se la conoce, para decirle un hasta luego a este maravilloso lugar.

Un viaje con tropiezos.

Hola a todos!
Desde Saint Louis, Francia les comunico que mi llegada fue muy buena, y el reencuentro con mis nietas, insuperable. La mañana siguiente de mi llegada fue magnífica. En la noche, cuando ya todos dormían, excepto mi nieta mayor y yo, traté de enviar unos mensajes por g-mail, que jamás pude. Decepcionada me fui a acostar, era ya media noche, pero como no conocía bien la casa, y no quise despertarlos, no encendí las luces. A tientas, traté de encontrar el pasillo que conducía a las habitaciones, y al confundirme con las escaleras, rodé éstas abajo unos veinte escalones, finalmente choqué con unas piedras chinas que estaban de adorno en el descanso de éstas. El estrépito hizo que todos despertaran. Subí con trabajo y supe de inmediato que algo malo le pasaba a mi mano derecha.
En la caída, tratando de proteger mi cabeza, cubriéndome con el brazo, me fracturé el cubito de dicha mano. En consecuencia, no sólo desperté a todos, si no que tuvieron que llevarme de urgencia al hospital de Mulhouse, donde fui intervenida quirúrgicamente.
La atención en dicho centro hospitalario fue magnífica. El destino quiso que tuviera que hacer uso de una póliza de seguro que nunca me fue agradable pagar, quizá por que en ella veía algo premonitorio. Gracias a mi nieta Isabel, les escribo estas líneas, sirviéndome ella de secretaria, pues me veré imposibilitada por un tiempo de hacer uso de mi mano derecha.

Expectativa de viaje

Si algo motiva a los cubanos y los lleva en ocasiones a tomar decisiones fatales, es tener en mente un viaje, ya sea para “escapar” de la isla o simplemente para conocer otros países sin importar muchas veces, por qué vía y a qué costo.

Soy de las personas que gusta de hacer las cosas en su tiempo y sin precipitar los acontecimientos, sobretodo, cuando se trata de tomar un avión o entrar a un quirófano. En estos dos últimos casos, hago todas las gestiones y diligencias que me corresponden, pero el resultado final siempre lo dejo en manos de Dios.

Llevo siete años sin poder ver a mis hijos y mis nietas. Las dos más pequeñas las conocí cuando tenían, una dos años y la otra dos meses de nacida. Para ellas, soy una extraña. En esa oportunidad los trámites de viaje se complicaron al extremo y tardaron seis meses en darme el permiso de salida. Yo iba a una exposición en el Ayuntamiento de Elda y, cuando llegué ya todos estaban en vacaciones y casi me tengo que “tragar mis trabajos”. Afortunadamente gracias a unos amigos, los pude vender para pagar el boleto.

Finalmente este año, mis hijos, con muchos esfuerzos, hicieron gestiones para que yo viajara. Me organizaron una exposición en la galería de un amigo. Ahí comenzó todo. Como quiera que desde hace años soy artista “independiente” y miembro de la ACAA (Asociación Cubana de Artesanos Artistas), me correspondía el derecho de hacer los trámites a través de esta organización, al igual que en ocasiones anteriores.

Como suele suceder, las gestiones demoraron un poco y hasta tuvieron algunos errores y tropiezos, pero finalmente todo se solucionó. El último trámite a realizar era la solicitud de visa para Francia, país de destino. Esta gestión fue la más expedita. Siempre que concluyen todas estas “escaramuzas”, termino sorprendida, satisfecha, pero mentalmente agotada.

El día que me encaminaba hacia la embajada francesa, a recoger mi visa, vinieron a mi mente algunas imágenes, que traduje en palabras escritas de prisa, en una servilleta de papel que llevaba en mi bolso. Lo hice, sobretodo, teniendo en mente a aquellos que prepararon sus maletas, pensando en un reencuentro familiar y un pronto retorno, el cual nunca llego efectuarse, porque decidieron quedarse. Por eso, a nosotros los cubanos, nos miran como si lleváramos tatuado en la frente posible “inmigrante”.

Pongo a consideración de ustedes, mis lectores, esas líneas “implorando clemencia”, sobretodo, de mi amiga bloguera Ana Luisa Rubio, ¡que si es poetiza, y de las buenas! yo soy simplemente: maestra, artesana, bloguera, tuitera y como ven, un poco atrevida.

“Visa sin divisa”.

La alegría se fue de viaje,

llenó sus valijas

con sus más recientes trajes.

Que no falten…

las sandalias doradas,

ni la rosa, ni el ruiseñor,

ni el zorzal, que cantaba parado

en la antena del televisor.

Que no falte nada,

de lo que tanto me nutre,

pues ya le llegó la visa

a mi vieja soledad.