¿Duelo o toque de queda?

El sábado 26 de noviembre del presente año sonó mi teléfono casi a las dos de la madrugada, lo tomé asustada, pues por lo regular a esas horas se esperan malas noticias, en realidad no fue así, era una amiga para informarme de la muerte de Fidel. Eso me tranquilizó, pues teniendo a mi familia fuera de Cuba, pensé lo peor.

La noticia no me produjo ningún tipo de sentimiento: ni lástima ni alegría. Era algo que ya se estaba esperando y que muchos deseábamos acabara de ocurrir.

Me sorprendió, eso sí, que Raúl diera tan rápido conocimiento público del suceso. Siempre pensamos que era algo que se nos ocultaría por un tiempo, y que nos enteraríamos por los parientes y amigos que están fuera del país. Pero las redes sociales y el impacto inmediato que estas ocasionan, pienso, fue lo que hizo reaccionar así al actual presidente.

Han decretado un duelo nacional de nueve días, algo a mi entender bastante exagerado. Dicen que para que todos puedan despedirse y rendir tributo ante sus cenizas. Estoy convencida que la mayoría de los que acudirán a hacerlo, no irán espontáneamente, sino que serán llevados al lugar por la UJC, la Universidad, la CTC, la FMC, los CDR y todas las demás organizaciones de masas gubernamentales, con que cuenta el país y están bajo la dirección del gobierno, aunque éste declare públicamente que no lo son, lo cual es totalmente falso.

La televisión tiene todos los canales en cadena, con programas que transmiten solo imágenes del desaparecido, enalteciendo la personalidad de un líder que falleció en pleno declive. Únicamente se muestran sus episodios “exitosos”. No existe un solo programa infantil dedicado a nuestros niños, por lo que están obligados también a guardar un luto impuesto.

Han prohibido todos los espectáculos públicos y culturales. Se suspendió el tan anunciado y único concierto del tenor español Plácido Domingo, el cual viajó a nuestro país trayendo consigo a más de 500 invitados, lo cual se debe haber convertido para él en un “desconcierto”. También se ha prohibido la venta de bebidas alcohólicas en los restaurantes gubernamentales y privados, así como en todas las tiendas del país.

Tengo conocimiento de que están visitando los locales de alquiler de habitaciones privados, para averiguar si, entre los huéspedes, hay algún inquilino periodista.

La ciudad está prácticamente desierta en las noches. Esto, en realidad, ¿es un duelo, o un toque de queda? Saque usted sus propias conclusiones.

Don’t worry about Trump

Las preocupaciones en “mi planeta” por las elecciones en EEUU están fuera de control.

Muchas personas se acercan a mí, pues saben que asisto a “la buena Internet” dos veces por semana, algo extraordinario aquí, para preguntarme, con mucha preocupación, cómo están las estadísticas presidenciales entre la Clinton y Trump, pues nadie con dos dedos de frente hace mucho caso a los Medios cubanos ni tampoco a la TV venezolana Telesur, ya que ambos son más de lo mismo.

Mi respuesta puede estar equivocada, pero siempre digo lo mismo: Ni Trump ni la Clinton van a cambiar nada en Cuba. Tampoco se deben preocupar por lo que haga Donald si sale presidente, pues en EEUU, el que ocupa ese cargo, no puede hacer y deshacer a su libre capricho, como se hace aquí, donde funciona el “ordeno y mando” y el poder legislativo es un simple coro para aprobar todo lo que plantean las autoridades. Allá se respeta a la Cámara y al Congreso, que son precisamente los que controlan las acciones de los gobernantes.

Los cambios en Cuba dependen fundamentalmente del gobierno y de los ciudadanos. Mientras aquí las autoridades se nieguen a aceptar la democracia como opción y se sigan escudando tras mentiras tales como el bloqueo, la indemnización y la devolución de la Base de Guantánamo, componentes éstos que conforman “la hoja de parra” que utilizan para ocultar sus fracasos, nada va a cambiar. Mientras los ciudadanos no participen activamente en la exigencia de cambios, nada va a suceder.

En vez de especular tanto sobre las elecciones estadounidenses, asunto éste que concierne a los ciudadanos norteamericanos, deberíamos ocuparnos de divulgar entre nuestras amistades y vecinos, las verdades sacadas de Internet, para irles retirando la venda que tienen cubriéndoles ojos y oídos desde hace 58 años. Mi abuela María solía decir: la caridad empieza por casa.

Así pues, los que más debe preocuparnos es exigirles a nuestros gobernantes y no bajar la cabeza y aplaudirles por miedo, pues entonces seguiremos enfrentando y padeciendo nuestros ya acostumbrados males, de los cuales, de una u otra forma, todos los cubanos de aquí y de la Diáspora somos responsables.

Don’t worry about Donal Trump o Donald Duck, da igual!

El avispero está revuelto.

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Aquí en mi planeta, el gobierno ha usado la palabra “avispero” para nombrar a los grupos de estudiantes de todos los niveles, cuyas clases fueron suspendidas, para que se vieran obligados a participar en los actos de protesta organizados contra el mal llamado bloqueo, amenizados con grupos musicales y de teatro, montando todo un circo para estimularlos a asistir y mostrar ante las cámaras rostros con sonrisas y alegría, apoyando al régimen y rechazando a EEUU, país con el que todos sueñan.

Sin embargo, “avispero” también podríamos llamar a las terribles colas que se forman en las paradas de los ómnibus, donde puedes permanecer hasta casi una hora, intentando subirte al mismo, si es que el chofer decide conducirlo hasta la parada y no pasar de largo sin siquiera decir adiós.

Desde luego, no es culpa de los choferes que estos ómnibus tengan que cargar casi con el triple de sobrepeso para los que fueron diseñados, además de enfrentarse a los baches, huecos de alcantarillas y enormes pliegues de asfalto acumulado, que convierten calles y avenidas en pequeñas “montañas rusas”.

También podríamos denominar “avisperos” a esas tremendas colas que se formas en los alrededores de las panaderías estatales, en busca del preciado y único pan de 80 gramos por persona de la decadente libreta de abastecimientos. O de las que se forman en esas casuchas metálicas oxidadas y abandonadas, que una vez fueron reconocidas como puestos de venta de productos del mar, donde lo que más se vende y llega con regularidad, son unas mal llamadas croquetas criollas, popularmente conocidas como de ave… averigua de qué son”, el producto más consumido por el ciudadano de a pie, que no cuenta con más ingresos que el de su miserable salario.

En fin, ese mismo mal llamado “avispero” de estudiantes protestando contra el embargo de EEUU impuesto a nuestro gobierno, terminará siendo un verdadero avispero frente a las puertas de los consulados de las Embajadas de EEUU, Canadá, España, Italia, Ecuador, con el fin de tratar de conseguir visas para “largarse”, aunque les duelan todavía las cuerdas vocales de estar profiriendo gritos en los mítines organizados contra el capitalismo, con el que sueñan ”chocar” lo antes posible.

Arremeten de nuevo contra Paladares.

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Nuevamente se movilizan los Poderes Populares y el Ministerio de Comercio Interior contra los exitosos Paladares, utilizando como excusa la corrupción y venta de drogas.

Para aclarar, diremos que lamentablemente son algunos que otros bares y discotecas, los que han incurrido en estos delitos. Ante todo, porque al no existir licencia para este tipo de negocios, se han acogido a la de Paladares, ofertando como “tapadera” algunas especialidades gastronómicas.

Entre las cosas que realmente más molestan al Estado cubano, es que estos establecimientos particulares, los llamados Paladares, han demostrado ser muy exitosos, dejando al descubierto la ineptitud e incapacidad de la administración del régimen para enfrentar a la competencia. Una de las principales razones para este fracaso estatal son los bajos salarios, así como las altas exigencias políticas que hacen a sus empleados.

Unos de los pretextos que esgrime el régimen para arremeter contra los Paladares, es la prostitución y la droga, pero esto no tiene nada que ver con ellos, sino más bien con los bares y discotecas, que se amparan en su licencia para subsistir. Justamente aquí es donde entran en funciones los inspectores y la policía corrupta, que se benefician de éstos haciéndose “los de la vista gorda”.

Lo que no se dice públicamente, es que muchos de estos lugares problemáticos, pertenecen justamente a hijos de altos dirigentes del país, emprendiéndola lamentablemente contra los más desprotegidos políticamente.

Sin embargo, al régimen le cuesta mucho reconocer oficialmente, que los principales antros de prostitución y droga, han sido y son los estatales, donde se han dado los mayores escándalos de este tipo, como sucedió hace unos años en la Cervecera de La Habana Vieja y en las discotecas del Comodoro y del Copacabana, por solo mencionar algunos ejemplos.

Nos casaron con la mentira…

Bahìa de La Habana

Es una falta de civismo y decoro, por parte del régimen cubano, culpar al mal llamado bloqueo de EEUU de las carencias y dificultades, provocadas debido a la incapacidad y mal manejo de la economía, riquezas y bienes de nuestro país, en manos de la dirigencia de la Isla. Es de sobra conocido que todo lo han “tirado por la borda”, dedicando los esfuerzos y el dinero a propaganda y proselitismo hacia el exterior, para dar una imagen nada verídica de la situación interna.

Cuando las “tuberías” soviéticas estaban abiertas hacia Cuba, aquí en los Medios, sobre todo en la televisión, abundaban las caricaturas y spots, donde existía un personaje popular burlándose del bloqueo, tirándole “trompetillas”.

¿Por qué ahora esta campaña agotadora, que sobrepasa los límites de la asimilación y aceptación popular contra el bloqueo? ¿Por qué no tener el civismo y la honestidad de reconocer la incapacidad para dirigir así como la dilapidación de los ingresos, obtenidos a través de las remesas familiares provenientes de los Estados Unidos de Norte América y el gran comercio establecido por el gobierno con médicos y profesionales, que aportan jugosas divisas al régimen y, de las cuales, nuestros galenos y especialistas reciben solo un magro ingreso?

Ante esta mal llamada “solidaridad”, es la población la que sufre las consecuencias por la falta de profesionales calificados y especialistas de la medicina, en escuelas y hospitales: “Candil de la calle, oscuridad de la casa”, como se dice popularmente.

Nos casaron con la mentira… y nos han obligado a vivir con ella durante todos estos años.

El país de María la O

El país de María la O.

En esta ciudad, mal llamada Maravilla, pues es realmente una “Pesadilla”, la vida de cualquier ciudadano normal es como la de María la O: O te vistes, o comes, o vendes tu auto, o arreglas tu casa, o esperas una hora la guagua o caminas…y así sucesivamente con todo.

Conozco algunos amigos que al llegar a cierta edad y verse sin recursos para mejorar su calidad de vida, se han visto obligados a vender el viejo auto familiar, que apenas podían mantener y usaban solo para determinadas urgencias, debido a los altos precios en moneda convertible(CUP) de la gasolina , las piezas de repuesto y las llantas.

Muchos profesionales jubilados que en algún momento ocuparon altos cargos en empresas y organismos y con mucho sacrificio obtuvieron un auto Lada, también se han visto en la necesidad de venderlos, para con este dinerito arreglar una habitación de su casa, alquilarla a extranjeros, y poder vivir de esa modesta entrada, ya que sus miserables jubilaciones en CUP malamente alcanzan para adquirir alimentos. Ahora rinden culto a María la O: O caminan, o no van a ningún lado.

Persiguiendo los efectos y no al causa

El resurgimiento del transporte privado en nuestro país, con un enorme parque de “almendrones” (autos viejos), se ha ido incrementando durante estos últimos 30 años, debido fundamentalmente al deterioro y merma cada vez mayor del transporte estatal.

Durante todos estos años de régimen totalitario el número de ómnibus en todas las provincias del país ha ido disminuyendo, a causa de la falta de mantenimiento y la carencia de piezas de repuesto, así como el mal estado de las carreteras.

Por otra parte, los bajísimos ingresos de los trabajadores y empleados públicos, han hecho que la mayoría de estos arreglaran y pusieran en funcionamiento autos americanos de los años 40- 50 y, posteriormente, los famosos Ladas soviéticos, para convertirlos en un modo de vida para la economía familiar. Incluso muchos profesionales de la medicina, en sus horas libres, se dedican a “botear” en sus viejos autos, ya que los salarios que devengan apenas les alcanzan para cubrir sus necesidades más perentorias.

¿Por qué ahora de nuevo esta persecución contra los taxistas cuentapropistas, si al final ellos son los que están aliviando el problema crucial del transporte, que el Estado no ha podido resolver en 57 años? Ninguno de ellos le pone una pistola al pecho a los clientes, para que le paguen la suma de dinero requerida.

Si el gobierno, en vez de gastar tanto dinero en propaganda política y proselitismo exterior, hubiera invertido esos recursos en mejorar el transporte, bajar los precios del petróleo y la gasolina, así como los exorbitantes precios de las piezas de repuesto, los particulares también hubieran rebajado sus tarifas. Todo esto es un problema de oferta y demanda. Entonces, ¿por qué no dar fin a todo este acoso a los “efectos” y no a “la causa” de todo este descalabro social?