Las mujeres de mi familia

Esta vez voy a contarles un poco de de mi. Nací y crecí en el seno de una familia donde las mujeres eran las que llevaban la voz cantante. Mi abuela, una mujer maravillosa, buena moza, sumamente austera y tolerante, nos enseñó desde muy pequeñas a besar por donde la tía Concepción pisaba.

Esta tía era la matriarca del familión. Tenía un solo hijo, y su esposo era viajante de ferretería, gordo y bonachón. Ella asumió a mi abuela y sus cuatro hijas en su gran casa, ya que mi abuelo, un ser encantador, culto y de buenos sentimientos, era muy bohemio y trabajaba por cuenta propia. Yo creo que fue él quien inventó el free lance, tan de moda hoy, cosa esta que no le permitía asumir la responsabilidad de tan numeroso compromiso, con la estabilidad que requería. Mi tía se preocupó de que todas las mujeres de la familia estudiaran y se hicieran maestras como ella.

Mi mamá también maestra, al quedar viuda fue a vivir con la tía, llevándonos a mi hermana y a mi, claro está. Por supuesto también estudiamos magisterio. Yo particularmente quise ser otras cosas: periodista, arquitecta,pero la tía Concepción se negó esgrimiendo el argumento de que eran carreras de hombres y que la mujer que las estudiara tenía que estar todo el tiempo en desventaja. Nada, cosas de la época Mi hermana pudo estudiar en San Alejandro, la escuela de pintura, un poco en contra de la voluntad de la familia. Le pusieron como condición que primero debería graduarse de maestra. Yo también quise estudiar pintura, como mi hermana, pero como era tres años más chica y, en San Alejandro se pintaba con modelos que posaban desnudos. No me lo permitieron.

Entré a estudiar magisterio con una dispensa especial pues no tenía la edad mínima requerida , pero pasé muy bien los exámenes de oposición, así pues me gradué siendo muy, pero muy joven, la más joven en no se cuántas graduaciones de maestros. Quise y de hecho lo hice empezar a trabajar de inmediato. Esto no le gustó a la familia, pero me impuse diciéndoles que el título era para ejercerlo y no para colgarlo en la pared. A diferencia de una tía abuela mía que después de estudiar obligada no quiso ejercer nunca y una vez en su casa, haciendo limpieza general, cogió el título y lo echó a la basura. En aquella época, no se ahora, la basura se clasificaba en Cayo Cruz (lugar de destino final de la misma), un obrero tropezó con el pergamino y se dio cuenta de lo que era, enviándolo por correo al Ministerio de Educación y allí buscaron en los expedientes y se lo regresaron a mi tía Delfa, quien al recibirlo de manos del cartero, dicen que pegó un grito de ñoooooooooo!!! Que se oyó en todo el Nuevo Vedado , en el Vedado y algunos otros barrios.

Pasado el tiempo, llegó el año cincuenta y nueve y, todas las cosas cambiaron de modo drástico. Debido a una descabellada ley, casi todos los maestros emigraron o se retiraron muy jóvenes aún .Yo pasé a trabajar a un ministerio y poco a poco fui asumiendo otros trabajos que no tenían nada que ver con lo que había estudiado, como hicieron cientos de personas. Años después comencé a estudiar periodismo, pero faltándome muy poco para graduarme lo tuve que interrumpir pues viajé a París a trabajar como diplomática. Hice un poco de periodismo radial y ahora, como podrán darse cuenta, estoy muy entusiasmada escribiendo en mi blog.

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