Increíble, pero cierto

Anoche, viendo en la televisión de mi planeta un noticiero de Telesur, que se ha puesto de moda, no por su contenido (muy parecido al nuestro), sino más bien por la cantidad de imágenes (a las que no estamos acostumbrados), pude ver casi con estupor lo acontecido en muchos de los locales habilitados como colegios electorales en Haití.

Urnas violadas y tiradas por el suelo, con profusión de boletas, algunas ya utilizadas por los electores, regadas por doquier. El desorden y la confusión reinaban en medio de unas elecciones, que no me explico cómo fue posible celebrarlas, en el trágico escenario de una epidemia de cólera y aún con las secuelas del terremoto, del que increíblemente no acaban de restablecerse, a pesar de la inmensa ayuda recibida de innumerables países.

Más aún me impactó oír temprano en las noticias, por la onda corta, que los organismos internacionales se daban por satisfechos respecto al resultado de los comicios.

Una pregunta me hice de inmediato. Cómo es posible que este caos llamado elecciones haya merecido la aprobación de la OEA y no así las organizadas y efectuadas libres, democráticas y transparentes en Honduras, con la altísima participación del pueblo, quien expresó cívicamente su voluntad.

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11 pensamientos en “Increíble, pero cierto

  1. Rebeca tu eres una persona muy inteligente. No te dejes marear por la manipulación castrista. Es cierto todo ese desastre, pero ellos -los castristas- muy sutilmente quieren hacerte decir que las elecciones democráticas son un desastre. Yo entiendo tus interrogantes, eso de Haití es una excepción por la crisis en que están viviendo. A continuación te haré llegar un artículo de Maria Anastacia O’grady. Ojalá te llegue

    Aunque fueran parecidas, yo quisiera unas elecciones democráticas para mi país así, por su puesto, la primera, después lo haremos mejor.

  2. A quié le importa Haiti?

    Mary Anastasia O’Grady

    Julia Chery ayuda a su abuela, Tavilia Oriental, en una clínica de cólera de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Puerto Príncipe.

    Diez meses después de que un terremoto de 8.0 de magnitud cobrara la vida de 200.000 haitianos y destruyera una infraestructura ya decrépita, unos 1,3 millones de almas empobrecidas aún tratan de sobrevivir en ciudades de carpas en todo el país. Las condiciones de vida son deplorables y después de casi un año, el optimismo sobre encontrar una salida a lo que en su momento fueron llamados campamentos “temporales” se ha reducido.

    Ahora más de 1.100 personas han muerto debido a una epidemia de cólera, y disturbios que comenzaron en la ciudad norteña de Cabo Haitiano se extendieron la semana pasada a la capital, Puerto Príncipe. Los manifestantes sostienen que la misión de paz de las Naciones Unidas llevó la enfermedad a Haití. Aún se desconoce la causa del cólera, pero la agitación ha causado aún más estragos.

    Y así sigue. Cuándo uno piensa que las cosas no pueden empeorar, más pobreza, violencia y tristeza conspiran para aumentar la sensación de impotencia en lo que es el país en peor estado económico del hemisferio occidental. Millones de personas en todo el mundo observan desde lejos y se preguntan por qué no se puede hacer algo.

    Esta es una pregunta de US$64 millones: ¿la miseria aparentemente obstinada de Haití es el resultado de una sociedad y cultura incapaces de organizarse para crear orden civil y una economía viable? ¿O es la consecuencia de personas en el poder que buscan estatus y rédito personal —ayudados o por lo menos tolerados por extranjeros influyentes— que tratan cada transacción económica en el país como una oportunidad para enriquecerse de forma personal?

    Abunda la evidencia de que se trata de lo segundo. ¿Entonces por qué EE.UU. y la ONU se han negado a tomar incluso pequeños pasos para terminar con un negocio corrupto que empuja a millones de personas impotentes a vidas de desesperación? En cambio pusieron a Bill Clinton —cuya familia política hizo negocios de forma famosa con el notoriamente corrupto ex presidente Jean-Bertrand Aristide— a cargo de reconstruir el país con millones en ayuda extranjera.

    El desarrollo lleva generaciones, que extranjeros construyan un país es un juego de tontos. Pero a menudo hay un cambio simple que puede arrojar rendimientos rápidos. Un objetivo obvio en Haití es el puerto de Puerto Príncipe, por donde el grueso de las importaciones debe ingresar al país, pero donde la legendaria mafia haitiana sólo deja pasar contenedores luego de que se reciben importantes sobornos.

    Un informe de este año de Rand Corporation describe la importancia del puerto de esta forma: “Los costos de los envíos a través de los puertos de Haití han puesto una pesada carga sobre los consumidores y las empresas haitianas. Debido a que las importaciones juegan un rol tan importante en el consumo, la inversión y las operaciones empresariales, el costo de las importaciones es un determinante clave de los estándares de vida y el crecimiento económico.” Y sin embargo, afirma Rand, “importar un contenedor de mercancía es 35% más caro en Haití que en el promedio de países desarrollados de la OCDE”.

    Los funcionarios haitianos dicen que la razón de la ineficiencia en el puerto de la capital a una falta de infraestructura moderna. Pero los haitianos saben que eso es sólo una parte de la historia. Al escribir en octubre para la revista en línea The Root, el consultor de negocios nacido en Haití Yves Savain explicó que sacar un contenedor del puerto en la capital “implica llevar los documentos a pie de una oficina a otra para asegurar una cantidad no especificada de firmas”. El costo total, que según dijo incluye “tarifas legítimas e ilícitas”, constituye “un drenaje sustancial y arbitrario para todos los sectores de la economía nacional”.

    Savain fue diplomático. Durante una visita a las oficinas de The Wall Street Journal la semana pasada, el ex embajador haitiano en EE.UU., Raymond Joseph —quien renunció en agosto— fue más directo. “La situación de corrupción en los puertos fue una de las principales razones por las que decidí que ya no podía defender este gobierno”, sostiene.

    Luego del terremoto, Joseph afirma: “Muchas (organizaciones no gubernamentales) me llamaron y me dijeron: ‘Embajador, ¿podría ayudarme a sacar nuestras cosas del puerto?’ Me decían que (funcionarios del puerto) querían tantos miles de dólares para sacar las cosas”. Joseph afirma que a veces podía sacar la mercancía al llamar al ministro de Finanzas pero que no siempre tenía éxito.

    Otro ejemplo: un informe del programa de televisión estadounidense “60 Minutos” emitido el 14 de noviembre reportó el caso de seis contenedores destinados a un proyecto de vivienda de una ONG que habían permanecido “estancados” en el puerto durante meses. Nadie podía entender por qué no se podía sacar la mercadería, pero la ONG de todas formas fue obligada a pagarle US$6.000 al gobierno haitiano por concepto de una “tarifa impuesta de almacenamiento”.

    Haití celebrará elecciones parlamentarias y presidenciales el 28 de noviembre, y los enemigos del gobierno representativo quieren interferir con ese proceso. Esto explica en parte la violencia reciente. Sin embargo, sería tonto desestimarlo como sólo el trabajo del hampa común.

    Los haitianos están cansados de la miseria que parece prometer tener fin sólo con la muerte. Están enojados no sólo con sus propios políticos deshonestos sino también con la indiferencia de los extranjeros. El hecho de que Washington y la ONU se hayan negado a controlar a la banda de corruptos que dirige el puerto demuestra la falta de decisión política internacional para cambiar el status quo

    Escriba a O’Grady@wsj.com

  3. Pingback: Tweets that mention Increíble, pero cierto « Por el ojo de la aguja -- Topsy.com

  4. Yo he visitado un par de ocasiones por cruceros del caribe , aquello es corrupcion y davastacion , un poco mas y salvajes , y yo no soy racista , pero lo que hay alli es caos total , corrupcion y bandidaje , no hay quien arregle nada , han llegado millones de millones y todo desaparece , en manos de los corruptos y el pueblo que se joda , Caos Total !!!

  5. Rebeca, Guillermo, Lori.
    Me alegra mucho verlos por aqui y los saludo con cariño.

    Haití es un caos creado por decenios de corrupción a todos los niveles.
    Una ayuda internacional puede sacar a un pueblo de una miseria transitoria solo si el pueblo y la autoridades ayudan y trabajan con honradez y tesón.
    La realidad es que los que hemos ayudado a Haití con dinero o bienes nos vemos frustrados porque todo sigue igual y no parece que vaya a cambiar.

    • Hola Armienne:
      En diversas ocasiones he leído tus comentarios sobre los artículos de los bloguer cubanos, pienso que tienes un buen punto de vista en tus opiniones, y escribes de una forma muy correcta, pero chica (si es que lo eres), ¿como se te ocurre ponerte ese nombre?.
      Un saludo desde España.

      • Hola, Hispano-cubano.
        Su pregunta es muy válida y es una larga historia que ocurrió varios años atrás y que trataré de resumir.
        Entonces yo era adicta a un blog político en el cual escribía comentarios muy apreciados, profundos y sensatos según la evaluación de otros comentaristas.
        Un día un anónimo dio una serie de datos verídicos de mi, entre ellos, que yo era una puta.
        La reacción fue inmediata. Valió más para muchas personas la etiqueta de “lacra” que le colocan a las putas que los comentarios y puntos de vista que había dado yo durante el tiempo que había participado en el blog y terminaron bloqueándome.
        Algunos comentaristas brillantes criticaron las manifestaciones inquisitorias que me hicieron y, después de un tiempo, fui “tolerada” en el blog pero ya yo había perdido el interés de participar.
        Desgraciadamente, la sociedad conceptúa a las putas como lo más bajo de la escala humana, las discrimina, las persigue y las excluye cuando entre ellas hay mujeres que saben querer, sienten y saben pensar.
        Yo sí soy una puta de alto nivel, dentro de las tradiciones de las hetairas y de las cortesanas del Renacimiento porque me gusta serlo. He terminado estudios universitarios, post-grados y especializaciones. Estoy muy instruida en modales y urbanidad, política, artes y literatura, ciencias y humanidades y hablo varios idiomas.
        Hay miles y miles de putas que son en mayor o menor grado como yo.
        Después de ese fenómeno “bloguístico”, me dije: “Voy a proclamar que soy una puta”.
        Diciendo que soy puta, me acepta quien me quiere aceptar en su blog o en su vida tal como soy y nunca podrá decir que lo he engañado.
        Diciendo que soy puta, puede que rompa los esquemas que muchos tienen de nosotras y puede que demuestre que somos mujeres con sentimientos, patriotismo, instrucción y educación como el que más.
        Espero que este resumen aclare la incógnita de mi nombre.

  6. Armienne , gracias por tu explicacion , eres sincera ,no escondes tu vida con falsedades , eres expontanea y al grano , te felicito por ser mujer valerosa sin complejos , mis respetos como mujer valiente , y por que no , !!! Cortesana , o Geisha , o Puta , mis Saludos , Guillermo Navarro

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