De tríos y de dúos

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Foto de archivo

Eran tradición muy arraigada en nuestro país, las agrupaciones compuestas por tres miembros, llamadas Tríos o Tercetos, que proliferaron en las décadas de los cuarenta y los cincuenta.

El desarrollo del país, trajo consigo la creación y expansión de múltiples espacios recrativos: cabarets, restaurantes, aires libres, el cine y posteriormente la televisión. Un país de grandes músicos y diversas oportunidades para desarrollarse y expresarse. Esto hizo que cada vez más surgieran nuevas agrupaciones musicales, sobretodo las de este pequeño formato, que sirvieron para alegrar y hacer más acogedoras aún las largas noches cubanas. Así surgieron: El Trío Matamoros, Trío La Rosa, Trío Taicuba, Las Hermanas Lago, Los Cancilleres, Los Embajadores, Voces de América, Los Indómitos, por solo mencionar algunos de la interminable lista.

Posterior al año cincuenta y nueve, se fueron cerrando los espacios antes mencionados y, a mediados de los años sesenta sobrevino una especie de ley seca que los cerró definitivamente, hasta quedar solo la televisión como única opción para estos músicos. Así fueron poco a poco abandonando el país la mayoría y los que se quedaban se dedicaron para sobrevivir a disímiles oficios, perdiéndose a muchos y buenos exponentes de nuestra música popular.

No obstante, la picaresca criolla ha aportado una nueva acepción que no aparece en los diccionarios de la lengua española: un trío es una orquesta sinfónica cubana que sale de gira al exterior y regresa.

Sin embargo, subsiste en nuestro planeta otro pequeño formato: un dúo que, como única opción, hace más de cincuenta años, nos está haciendo bailar al mismo y cansado ritmo.

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Baire, lo más cercano

Este 24 de febrero se conmemora a puertas cerradas, un aniversario más de aquel grito de independencia que se diera en Baire, un día como hoy allá por el año 1895. Esta fecha marcó el inicio de la Guerra de Independencia, siendo sus artífices más notables Martí, Maceo y Máximo Gómez.

Después del año mil novecientos cincuenta y nueve, esto cambió. Ahora solamente ondeaban banderas en las nuevas fechas patrias: Aniversarios del 26 de julio, de los Comités de Defensa de la Revolución y hasta por el cumpleaños del Comandante. Nunca más ondearon por el Grito de Baire, el de Yara, el 20 de Mayo, fechas estas en que las ciudades se engalanaban con profusión de banderas que ondeaban orgullosas en lugares gubernamentales y en las fachadas de las viviendas de las familias cubanas.

Para los jóvenes de hoy, esos gritos de libertad quedaron ya muy lejos. Ahora, lamentablemente los más cercanos que escuchan en sus hogares son los de sus madres y abuelas, cuando en el día a día deben enfrentarse a las batallas culinarias.

Pobre país

La riqueza de un país se mide por diferentes parámetros: alimentación, educación, calidad de vida, cultura, en fin, hay muchos otros. Pero la pobreza, la verdadera se mide por la falta de libertades.

Pobre de un país cuyos hijos más jóvenes, el futuro de la patria, tengan que acudir a extremos como las huelgas de hambre, para tratar de descongestionar los oídos sordos de sus gobernantes.

En estos momentos en Venezuela más de ochenta y tres estudiantes se ha declarado en huelga. Solamente se mantienen a base de agua y suero, algunos hace más de quince días, otros empezaron hace una semana y cinco más esperan unírseles. ¿Qué es lo que les ha motivado llegar a extremos, donde ponen en juego sus propias vidas?

Lo peor de todo esto es que el gobierno hace oídos sordos ante estas demandas: la liberación de los prisioneros políticos, es una de ellas. La negación del permiso de entrada al país del Secretario General de la OEA es otra. Señores si no la deben, entonces a qué le temen. Y yo que pensé que con tanto petróleo, este era un país rico.

Tristes consecuencias

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Foto Rebeca

El tema de los despidos ha retomado fuerza, pues ya tienen rostros los rumores que venían preocupándonos desde finales del pasado año.

Conversando con una amiga que trabaja en una firma de turismo, me comentaba las tristes escenas de las que había sido testigo. Pero, sí me impactó mucho cuando me comentó que la semana pasada, cruzando por el cementerio para acortar camino hacia el Vedado, llamó grandemente su atención la inmensa cantidad de personas que estaban esperando para un entierro. Ella pensó que se trataba de algún personaje del gobierno o alguien de la farándula. Al indagar se enteró de la triste noticia:

Dos dirigentes administrativos del complejo nocturno antiguo Johnnys, Dream Club, hoy con el nombre de Club Río, habían sido ultimados por un empleado que, al comunicársele que quedaba despedido, buscó un cuchillo y regresó agrediendo a ambos, hasta ocasionarles la muerte. Todos los empleados del local estaban asombrados de lo acontecido, pues concordaban en que el agresor es un joven de apariencia muy tranquila del que jamás hubieran imaginado semejante acción.

Ya habíamos estado comentando la posibilidad de que hechos dolorosos relacionados a los despidos ocurrieran, pues aunque en el mundo entero existen situaciones de esta índole, en el caso nuestro no hay indemnizaciones ni posibilidades de reclamación, pues el sindicato, junto con la administración y el partido conforman la comisión de expertos que son los que toman estas decisiones.

Síndrome de guerra.

Foto de archivo

La tarde del martes pasado fuimos al cumpleaños de Ronaldo, que vive en un piso muy alto, de uno de los edificios de micro del Nuevo Vedado.

Como ocurre siempre que se reúnen unos cuantos amigos, surgió el monotema. Todos estábamos muy acalorados dando opiniones sobre lo mala que está la cosa. Alguien dijo,-vamos a la mesa para apagar las velitas y cantar cumpleaños feliz-De pronto, se empezaron a escuchar unas detonaciones muy fuertes y continuas. Dejamos al homenajeado con el happy birthday en la garganta, y corrimos todos al balcón para ver de dónde venía el ruido ensordecedor. Allí nos dimos cuenta que era una profusión de fuegos artificiales, pero ¿con motivo de qué? Algunos presentes pensaron, porque lo confesaron después, que se trataba de un ataque. Hubo hasta quien musitó, -llegaron los yanquis-

Muertos de risa, pero intrigados por estas demostraciones, pues ni tan siquiera el treinta y uno de diciembre las hubo, nos fuimos relajando y continuamos el festejo.

Al día siguiente me di a la tarea de averiguar el cómo y el por qué de lo acontecido. Conversando con algunos jóvenes, me pude enterar de que se trataba de un grupo musical que estaba dando un concierto en el stadium universitario y habían traído, de un viaje por los países para esos fines los famosos fuegos.

Una amiga me contó que su prima, una señora muy nerviosa y que ve mucha televisión, creyendo que se trataba de un ataque a nuestra soberanía, se metió todo el dinero que pudo en sus sostenes, cerró la casa a cal y canto y salió para la calle en busca de su hija, para pasar junto a ella el fin del mundo.

Las banderas raídas

La salud, es una de las dos banderas del socialismo más enarboladas en mi planeta, durante todos estos años, La otra es la educación. Ambas están desteñidas y raídas. Lo primero que perdieron fue el color, después la credibilidad.

Son muchas las historias que cuenta el ciudadano de a pie sobre el tema de la salud. Cada una, más escalofriante que la anterior. ¡Ojo!, no se trata de los médicos. Ellos también lo sufren. Me refiero a los servicios, a las instalaciones, a los medicamentos.

Hace apenas unos días, mi sobrina ingresó en la antigua clínica El Sagrado Corazón, hoy, hospital González Coro. Tuvieron que hacerle una cesárea, después de todo un día de trabajo de inducción al parto. Esa misma noche fui a visitarla. Como la única ruta de ómnibus que me dejaba cerca nunca pasa, y cuando pasa no para, decidí ir caminando. Lamentablemente a esa hora el cementerio, lugar por donde se acorta el camino hacia el Vedado, tenía cerradas sus puertas. Tuve que atravesar el barrio La Timba, pues con la claridad de la tarde aún no se hacía tan peligroso. El regreso sería por la calle 23.

Al llegar al hospital, cansada por la caminata, vi que un solo elevador estaba funcionando y había muchas personas esperándolo, por lo que respiré hondo y tome las escaleras, hasta el 5to piso. Estaban parcialmente iluminadas. Había solamente un bombillo cada dos pisos.

Buscando la habitación de mi sobrina, metí la cabeza en todos los cuartos hasta que encontré el suyo, número 15, escrito a mano en papel y pegado con cola, al casi desprendido marco de la puerta. Abracé a mi sobrina, todavía adoloriday observé que a su lado, en un cunero estaba Laurita: linda, sanita, coloradita Extendí mi mano para encender la luz y me percaté, que el interruptor eléctrico se balanceaba en un hueco casi sin repellar. Entonces, la imagen de aquella preciosa clínica de los años cincuenta, vino a mi mente. Solamente el suelo de granito verde estaba intacto. Había aguantado los embates del maltrato, aunque ya no brillaba.

Mi sobrina, muy contenta, al despedirnos me dijo en tono conspirativo: -Viste qué adelanto tía, ahora a los niños cuando nacen no hay que darles la nalgada para estimular el llanto, solamente les dicen naciste en Cuba y, ahí mismo arrancan a llorar-.

Clamores de libertad

Anoche en una reunión en casa de amigos, se estuvo hablando y especulando mucho sobre los clamores de libertad que nos llegaban del Oriente Medio.

Esto nos hizo cuestionarnos a todos los allí presentes, las diferentes implicaciones del por qué en mi planeta aparentemente no sucedía nada y nadie se decidía a tomar las calles.

Se especulaba sobre si teníamos o no esta tradición de lucha. Analizando los distintos hechos acontecidos, a lo largo de nuestra historia, nos fuimos dando cuenta de que los derrocamientos de dictadores no fueron precedidos por estas manifestaciones callejeras. Las huelgas vinieron después, a modo de celebración.

Durante más de medio siglo, hemos sido testigos de varios éxodos masivos: Camarioca, Mariel, el Maleconazo, por un único objetivo: abandonar el país. Nunca se ha dado una protesta masiva exigiendo libertad. Cuando más cerca estuvimos, fue durante la gran concentración efectuada en la Plaza, con motivo de la misa que ofreciera el Papa, durante su breve visita. Más de un millón de gargantas gritaron ¡libertad!, ¡libertad!, pero no trascendió. El miedo inducido ha sido la constante en nuestras vidas. Eso, sin contar que la tarea principal de todos nosotros durante estas décadas, ha sido conseguir alimento para llevar a nuestros hogares. Aquí si se ha manifestado combativo el pueblo. Muchas de estas manifestaciones ,para conseguir patatas, arroz, azúcar, etcétera, han terminado en peleas, atropellos y hasta brazos fracturados.

Todos nos emocionamos cuando llegan a nuestros oídos los lejanos clamores de libertad, y desearíamos contagiarnos, pero tenemos que ser honestos y reconocer que, como pueblo, estamos paralizados por el miedo, el cansancio y la desesperanza.