Lagarto Verde

Otro cuento para nietas lejanas.

En la pequeña isla Lagarto Verde, se vivía feliz. Había de casi todo, pero sus habitantes querían más. Debido a desearlo tanto y con tantas fuerzas, un buen día apareció un joven apuesto, echando palabras de niebla al viento, que acariciaban los oídos de los isleños: Se llamaba Delfi. Pronto se ganó la confianza y el respeto de los ingenuos lagartoverdianos, que tenían poca y no buenas experiencias en trajines políticos.

El joven Delfi se sentía seguro, admirado y temido. Poco a poco se fue apoderando de todo: primero de las casas, después de los comercios, de los animales, y del dinero de todos y cada uno de los pobladores de la isla, hasta que se apoderó de sus pensamientos. Algunos se dieron cuenta temprano y pudieron huir. Otros prefirieron confiar y se quedaron atrapados en medio de la más profunda inercia, mientras la señora Desidia se tragaba lentamente a Lagarto Verde.

Pasó el tiempo y, ya no había mucho que se pudiera hacer. El encantamiento se resquebrajaba, pero ya todas las salidas estaban cerradas y solamente Delfi era el que daba la orden de abrir las compuertas, que te comunicaban con la gran muralla acuática que te conducía hacia la libertad.

Cuando todo comenzó, abuelita Corazón Gordo era muy joven aún. Ella pensaba que quedándose podría evitar que el mal se extendiera al menos trataría de impedir que llegara hasta su familia. Pero no fue así.

El árbol del tiempo seguía inexorablemente desprendiendo hojas y más hojas. La nueva familia y las nuevas amistades se marcharon también. Nacieron nuevos miembros y otros murieron sin poder ella estar a su lado. Poco a poco se fue quedando nuevamente sola.

Ella en cierta ocasión se encontró con un ángel, y le pidió prestadas sus alas de seda para poder volar, volar, volar e ir a conocer a sus nietas y ver a sus hijos que vivían muy lejos, allá junto a las estrellas. De regreso a Lagarto Verde tuvo que devolverlas y, ahora lleva mucho, mucho tiempo esperando que Delfi, que ya está muy viejo y achacoso, se descuide y deje abiertas las compuertas de la muralla, para subir al bote de cristal con remos de platino, que ella esconde en el zaguán; lanzarse al agua azul, y remar, remar, remar, para ir nuevamente al encuentro de sus seres queridos.

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15 pensamientos en “Lagarto Verde

  1. tengo ganas de llorar. tengo ganas de conocerla y desearle buen viaje en su bote. Sabe ustad algo? yo tome el bote hace quince anhos ya, y me duele tanto su espera que tengo ganas de llorar.

  2. Rebeca: Ojalá y abuelita “Corazon Gorgo” pueda volar y ver a sus nietecitas, yo conocí a una abuelita que para que su hijo del alma no se quedara solo en el Planeta en el que vivia dejó ir a su hija rebelde para que volara con sus propias alas, despues de 12 años esa abuelita conoció por primera vez a sus nietecitos……..pobre abuelita hoy tiene 92 años y todavia tiene las mismas ilusiones que cuando se quedó solita…….Que Dios ayude a abuelita Corazon Gordo es el deseo de una abuelita que adora a sus dos nietecitos!!!

    Saludos y un abrazo de abuela a abuela.

  3. Hola amiga, dejame llamarte asi, leo tus articulos cada dia, este es maravilloso, cuantas abuelitas, nietos e hijos se reflejan en esta linda historia!, pero Dios mediante, llegara el dia en que no tengan que pensar en salir sino en materializar sueños e ilusiones en esa maravillosa isla que tanto amamos. Gracias por demostrarnos tu valor, que pena que no todos te puedan leer dentro de tu planeta, pues hace mucha falta. Cuidate.

    • Ernesto he tenido que esperar hasta hoy lunes para contestarte, solo en este dia tengo internet un par de horas. Gracias por tu comentario. Tratare de contactarte en cuanto llegue a un lugar al que estoy luchando por ir, sigue en mi blog y ya nos comunicaremos desde ese lugar, gracias y un abrazo.

    • Loida querida, si puedes comunicate con Ernesto y preguntale si tiene un mail al que le pueda escribir. Gracias amiga por adelantarme las pequenas alegria. Que pena que no se donde esta la que va despues de la ene en este teclado. Un abrazo, Rebeca

  4. Ay, Rebe. Que triste lo que nos ha tocado vivir. Espero que nos veamos pronto.
    Bendiciones para que esos remos echen a andar…

  5. Muy sentimental, a mi me afecto mucho pues soy un abuelito de corazon gordo que no he podido volver al planeta para ver a mi ser querido. Gracias Rebeca gracias.

  6. rebeca que pesado es el tiempo y el paso de los años, ….hasta cuando es la pregunta , es verdad…ya nos veremos y nos veras a pesar de delFi …UN BESO

  7. Hola Rebeca:
    Tu cuento me trajo a la memoria a un ángel que por desgracia perdió las facultades del recuerdo.
    Si pudiera entenderme se lo contaría.
    Un abrazo muy solidario
    Fernando

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