Mujeres liberadas

Mujer joven vendiendo maní.

Circula por los medios en estos días, un informe de Naciones Unidas sobre la mujer latinoamericana. En él se expresan las inquietudes sobre la violencia doméstica, la igualdad en cuanto a oportunidades laborales y la liberación del género.

A mi modo de ver, en mi país, es poco lo que se ha logrado en este sentido, ya que desde los años cuarenta, la mujer cubana tenía participación activa e importante en nuestra sociedad: filósofas, maestras, doctoras en pedagogía, médicos y escritoras marcaban la vanguardia de un género, que cada vez ocupaba un lugar más preponderante en la sociedad de aquellos tiempos. En la vida real, la mujer cubana de hoy, dista mucho de haber sido liberada: todas las intenciones no han pasado de ser, como podríamos decir, letra muerta. Por el contrario, se le han aumentado las obligaciones y las dificultades. Una economía fuerte es uno de los principales pilares en los que descansa la verdadera liberación. Justamente la carencia de empleos bien remunerados, que permitan vivir decorosamente, sin tener que ejercer otras tareas extracurriculares que incrementen un tanto el escuálido salario, la falta de condiciones en el hogar y en el ámbito social, que faciliten las tareas domésticas (que en la actualidad conllevan una gran pérdida de tiempo), más todas las dificultades para trasladarse, adquirir los alimentos y demás artículos de primera necesidad, hacen que la mujer cubana lleve sobre sus hombros, prácticamente todo el peso del hogar: ella es la encargada de confeccionar los alimentos de su familia, la que se ocupa de llevar y recoger a sus hijos en las escuelas ó círculos infantiles, la que controla las tareas escolares de los mismos, el cuidado de los ancianos con los que convive, la atención al esposo , suegros y demás familiares. La misma que no tiene tiempo para ocuparse de ella, de su salud, la que tiene que depender de una libreta para obtener mensualmente aquellos artículos de imperiosa necesidad femenina, la que llegado al climaterio careciendo de vitaminas, cremas y medicamentos, que la ayuden en esta difícil etapa.

Los mejores empleos siguen siendo patrimonio casi exclusivo de los hombres. Esto, sin contar que en nuestro país, debido justamente a lo antes expuesto, hace que la inmensa mayoría de los matrimonios fracasen, por lo que lamentablemente nos sitúa en un lugar cimero en cuanto a estadísticas en divorcios. La mayoría de nuestras mujeres están divorciadas ó separadas, enfrentando solas, todas las tareas del hogar. Estas frustraciones y situaciones estresantes acumuladas, acarrean interiormente una violencia contenida, que cualquier motivo casual, puede servir de detonante para una explosión de violencia doméstica, donde se puede ser víctima o victimario.

No se podrá hablar de liberación de la mujer, hasta que la sociedad esté estructurada y funcione de forma tal, que existan realmente las condiciones para que cuente con las debidas facilidades indispensables para hacer frente a sus obligaciones extra laborales, sin que ello conlleve su deterioro personal ni el de su familia.

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