La nosocomofobia o miedo a los hospitales

¡Le tengo pavor a los hospitales de mi planeta!, al menos a los que me corresponde ir a mi. Le dije a una amiga médico, que trabaja en un policlínico de mi barriada, recién graduada y que aún está transitando (rotando) por diferentes centros de salud para adquirir práctica.

Ella no solo me dio la razón, sino que me comentó el gran estado de insalubridad, en que se encuentran la mayoría de los centros por los que ha rotado. Los médicos, me dice, denunciamos estas situaciones, pero nuestras quejas caen al vacío. Según me sigue comentando, el hospital materno González Coro, antigua clínica Sagrado Corazón, está en un estado deplorable, en cuanto a higiene respecta. Agrega que suelen acumularse gasas ensangrentadas y desechos de todo tipo, utilizados en las curaciones, al final de un oscuro pasillo, sobrepasando ya los límites, sin que nadie se ocupe de sacarlos e incinerarlos, como es imprescindible hacerse. Eso representa un gran cúmulo de bacterias, estafilococos y todo tipo de gérmenes, que se filtran dentro de las propias habitaciones de los enfermos, tan próximas a este depósito, donde la higiene tampoco es la óptima. Así mismo los huecos donde van los tomacorrientes están carcomidos, dejando espacio para las pequeñas cucarachitas, ya tan típicas de nuestros hospitales. En el mismo mal estado se encuentran los marcos de las puertas, desprendidos en parte de la mampostería que los debían sellar.

Lo mismo ocurre, en el policlínico donde ahora transita, allí tampoco se recogen con suficiente periodicidad los desperdicios de las curas: guantes desechables, jeringas y demás elementos utilizados con los pacientes, y lejos de incinerarse, como está establecido a fin de evitar contaminaciones, se vuelcan, si envolver siquiera, en el container de basura que está situado justo a la entrada del cuerpo de guardia del centro.

Yo le comentaba mi asombro y estupor, cuando llevaba a mi hermana al Instituto de Angiología, que no es más que un antiguo pabellón de la antes famosa clínica La Covadonga como todos le siguen llamando, aunque este no es ya su nombre.

Allí, mientras esperaba que curaran unas úlceras en las piernas de una paciente, observé con horror, como la enfermera le aplicaba el medicamento con su mano derecha, mientras sostenía en la izquierda un pedazo de pizza, que consumía con toda impunidad delante de la misma. Justamente en una de las instalaciones, que como otras muchas de su género, antes fueron el orgullo de nuestro país. De ahí, entenderás, nace mi nosocomofobia.

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6 pensamientos en “La nosocomofobia o miedo a los hospitales

  1. Nosocomofobia? Hum, sospecho que estamos abusando de la palabra y de los hospitales. Los hospitales son inocentes en este caso. Habría que inventar una nueva palabra que definiera “miedo a cualquier cosa que funciona en Cuba” (podría decir “que mal funciona” pero sería una redundancia). Nosocomofobia me suena a miedo irracional y en este caso los terrores están más que justificados. No me asombra el caso de la enfermera comiendo pizza, a mi esposa una vez le empastaron una muela mientras la dentista se comía una empanada.

  2. Ya en el 90 cuando a di a luz a mi hija tuve que llevar un bombillo y un cubo de agua para banarme. Veinte y un ano despues eso debe estar de pelicula de horror

  3. Deberias cambiar el titulo del post. Lo que vos comentas no es miedo a los hospitales. Es un reclamo a ciertos temas administrativos y manejos internos que funcionan mal en los establecimientos.
    Nada tiene que ver el miedo hospitalario con eso.

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