¡Qué frivolidad!

El país cayéndose a pedazos y yo hablando de frituras. ¿Acaso creyeron que no me afectaba? ¡Pues claro que si y mucho. Aunque sobran situaciones sobre las cuales comentar, no me sentía con ánimos para hacerlo. El nuevo año no me ha parecido más que una interminable prolongación del viejo. Como un chiclet muy masticado que se nos vuelve un pedazo de plástico en la boca.

Terminamos el 2011 con la seguidilla en los medios,sobre el cincuenta y tres aniversario, hablando mal de Estados Unidos y pidiendo a gritos el regreso de los cinco héroes. Como si se tratara de un mantra. Ni que uno no tuviera diccionario para saber la diferencia entre héroe y espía. En fin ha comenzado el 2012 y seguimos con la misma cantinela.

Mientras, los precios de los productos siguen subiendo, al igual que las estafas, los robos y los asaltos.

El pomo de cien gramos de Nescafé Dolca que hasta hace apenas quince días costaba 2.15 CUC, ahora, de golpe y porrazo lo han subido a 3.80 CUC. Nadie protesta en público, todo el mundo lo hace muy quedo, como musitando, y cuando un valiente lo expresa a viva voz, los demás se escurren y se hacen los que no han oído nada. Mucho se comenta en la prensa y la televisión, del alza de precios en Europa, de los indignados en los países capitalistas, pero de la indignación nuestra no se dan por enterados. Debe ser porque ya se ha hecho crónica y aparentemente incurable, siendo parte cotidiana de nuestra carga moral y material que llevamos con resignación.

El diario Juventud Rebelde sin embargo, se hizo eco de una estafa a una ciudadana del Reparto Mónaco, que el 20 de diciembre compró un turrón español a 3.30 CUC, aparentemente sellado de origen. Sin embargo, cuando el 24 lo abrió para la cena navideña, cual no sería su sorpresa, al constatar que el contenido era un pedazo de tabla pintada de marrón. No hubo a quien reclamar, ya que habían transcurrido muchos días de la compra en cuestión. Así mismo está sucediendo con los paquetes de café Turquino de 3.45 CUC, cuyos envases en apariencia originales, al abrirlos resultan estar rellenos del café malo de la bodega, al cual muchos ciudadanos llaman cafué.

Comprenderán que con tantas buenas noticias, mi ánimo en estos días, para lo único que estaba presto era para apaciguarlo haciendo frituras de panetela.

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8 pensamientos en “¡Qué frivolidad!

  1. Qué agregar Rebeca? Una pesadilla de la cual casi imposible despertar. Cada vez menos FE en los casi humanos que habitan “la pavorosa” como le llama a Cuba, el sin igual Juan Abreu. Se que los únicos que tienen en sus manos el cambio son los cubanos de adentro. Nosotros, los que hemos podido escapar del “paraíso” pensamos, sufrimos, dispuestos a ayudar en lo posible, pero mientras se mantenga el desentendimiento y la tácita aceptación todo continuará y cada vez será peor.

  2. entiendo tu pesar y todas las penurias que pasan. Que pena que la gente este
    adormecida y no proteste ante tanto atropello. Sin ofender, pero seguirán siendo merecedores de lo que tienen mientras no hagan otra revolución que borre del mapa lo nefasto del comunismo y rescate lo que poco quede de bueno de ese sistema. No desmayes en tu lucha pero creo que debe ser más de campo, de persuacion a la población; porque si solo hacemos revoluciòn desde la comodidad de nuestra computadora no se avanzarà mucho. Tambièn entiendo el problema de los cdr y de los agentes encubiertos en empresas, de los chivatos. suerte

  3. Sobre la prisión de un espía en USA comparada con los presos políticos en Cuba:

    “Mi día en estos lares universales, transcurre entre cartas, lecturas (de libros, informaciones, revistas), respuestas a ellas, tanto en misivas como en e-mail, y en las tardes siempre algún deporte: pesas o constructivos, caminatas, handball”, dijo el agente Ramón Labañino al portal oficialista Cubadebate (www.cubadebate.cu).

    “Trato siempre de romper la monotonía irreflexiva que imponen circunstancias tan particulares, por ello, a cada rato, cambio bruscamente de actividades, de horarios, hábitos. Es como refrescarme interna y externamente, es un mecanismo de pelea diaria contra los años y los desgastes”, añadió este economista de 48 años.

    Labañino, que cumple una sentencia de 30 años en la prisión de Jesup, Georgia (sureste), relató que “en las noches, más bien lo dedico a oír radio, ver noticias, y a reorganizarme para el día siguiente”.

    “Una o dos veces por año, recibo visitas de algún familiar, de amigos buenos”, contó el agente, casado con Elizabeth Palmeiro y padre de tres hijas.

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