¡Hasta el último pelo!

Si, así mismo es como me tienen y supongo que a muchos más, la campaña contra el dichoso Aedes Aegipti. Cualquier día, a cualquier hora tocan timbre insistentemente para ver si hay alguien en casa. Afortunadamente vivo en altos.

Es prácticamente obligatorio abrir las puertas de tu casa a desconocidos, que la mayoría de las veces no visten con el característico uniforme gris de Salud Pública, y que quizá sea una sola vez la que los veas. Vienen sin previa cita o aviso e irrumpen en las viviendas con sus enormes y anticuados aparatos de quemar petróleo, con orientaciones concretas de cerrar puertas y ventanas, para echar un humo tóxico e insoportable, que por no dejar sola tu casa con un desconocido, debes también respirar, al igual que ellos, que tampoco están protegidos con máscaras. Te dicen que debes abandonar tu casa durante una hora, para que el humo de la fumigación haga efecto.

A todo esto, además de los inconvenientes ya citados, debes agregar que el petróleo utilizado chorrea paredes, muebles y suelos, y muchas personas mayores de edad, se han resbalado y accidentado debido e ello. Hay a quienes les han quemado algún que otro mueble, con la llamarada que echa por detrás el susodicho aparato. Nunca hay a quien reclamar por los daños, así como por algún que otro hurto al descuido, que en ocasiones se ha producido.

Llevamos más de treinta años con la campaña de fumigación. Yo me pregunto: ¿si esto fuera efectivo, no debería ya haberse exterminado al impertinente mosquito? ¡Por menos que esto protestan los ecologistas en cualquier parte del mundo! Aún así, continuamente se siguen reportando casos de dengue en los policlínicos de casi todas las barriadas.

La televisión, en su constante campaña, sigue inculpando a la población de la existencia de diferentes focos de la epidemia. Los anuncios solo muestran la cara doméstica del problema, recomendando: aplastar las cáscaras de huevos, perforar las latas de refrescos y cerveza, tapar los tanques de agua, etcétera. Jamás responsabilizan al Estado por los salideros en las calles, la ineficiente recogida de basura, la acumulación de aguas albañales en los baches y la falta de higiene ambiental generalizada.

Después de todo esto y más, ¿cree usted que es justo que vengan a molestarle en cualquier momento, irrumpiendo en su espacio privado, para llenarle de humo su casa?

Seguimos haciendo lo mismo de siempre, una y otra vez, y encima nos preguntamos por que no mejoran las cosas. Si esto no fuera tan ridículo, hasta resultaría divertido Cita sacada del libro Who moved my cheese? de Spencer Johanson

Anuncios

2 pensamientos en “¡Hasta el último pelo!

  1. En éste año cumplo 28 años de haber salido de Cuba y es increible que sigan con las mismas tácticas y campañas infundadas que la gente ni les hace caso, eso es una manera de invadir la privacidad de las personas y saber cómo vives, qué haces, a quién tienes metido en tu casa, nada, fiscalización y más fiscalización, esas fumigaciones son puro cuento, ya la articulista reseña otras realidades que no fumigan ni reparan.

    • De eso se trata. Ademas, fumigar o no fumigar tu casa deberia ser decision unica del propietario. Mejor que se ocpen de la ciudad que esta asquerosa, gracias por comentar, saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s