Una anécdota chileno-cubana.

Trabajo en parche de Rebeca

Corrían los años noventa, y me contactó una chilena conocida de mi sobrina, que había venido a La Habana invitada por la FMC (Federación de Mujeres Cubanas), para participar en un Congreso.

Al término del mismo, esta joven también nombrada Camila, pero a diferencia de la Vallejo, mostró su interés por conocer la verdadera Cuba. Agregó, que una de las cosas que más le había llamado la atención en su reciente experiencia aquí, era la unanimidad en todos los asuntos sometidos a votación durante el evento. Eso es imposible -me confesó-, en mi país, y en ningún otro que se respete, existe un criterio unánime. Le propuse, si quieres conocer no al país entero, ¡eso es imposible!, al menos te puedo mostrar la verdadera Habana. Mañana sal de la casa de protocolo, deja el auto chapa oficial y ponte unas zapatillas bien cómodas, que voy a pasar por ti temprano.

Camila estaba realmente motivada en ver la ciudad, sobretodo conocer aquellos sitios frecuentados por Hemingway. Pasé por ella y salimos caminando por todo el Vedado, bordeando el Malecón, hasta llegar a Prado, Ahí subimos en busca del restaurante El Floridita. El trago tienes que pagarlo tu -le dije-, pues es en dólares y yo como cubana no tengo derecho a poseer ni uno solo, a riesgo de caer presa. Sabes que está penalizado. Si lo se, -me contestó-, tu sobrina me puso al tanto.

Después fuimos hasta La Bodeguita del Medio, bastante decadente, y repetimos la escena. Nos queda La Terraza de Cojimar, -le dije-, pero está un poco lejos. Tendremos que tomar un turistaxi. Tú pagas el transporte y yo la merienda, es un acuerdo. Eso si, cuando estemos en el lugar y consumamos, no hagas ademán de coger el bolso, déjame eso a mi.

Llegamos y había dos colas (filas): una para pagar en pesos cubanos, con una escuálida oferta, y otra un poco mejor, pero en dólares. Nos pusimos en esta última. Entramos enseguida, pues apenas había tres o cuatro turistas. Nos sentamos en una mesa coja. Se lo hice notar de inmediato a la dependienta, quien no hizo nada por remediarlo. Cuando finalmente pedí la cuenta, ésta vino con la consabida bandejita y el monto del consumo, tapado por una roja servilleta. La levanté, revisé los precios y el total sumaba US10.00, por lo que dejé un lindo y recién estrenado billete de 50.00 pesos de los ordinarios. Cuando la camarera en cuestión, vio lo que yo había depositado, me dijo: Yo no puedo cobrarle en esa moneda ¿Qué tiene de malo -le pregunte? Es que ese dinero no vale aquí. Dile al administrador que quiero verlo, -le pedí. Acto seguido vino el mismo, acompañado por un seguroso (un compañero de la Seguridad). El primero, dirigiéndose a mí dijo: Sra., es que esa moneda no vale en este establecimiento. ¿Me está usted diciendo que el dinero con que me pagan en mi centro de trabajo no sirve? -le contesté. No, no, señora no es eso, es que aquí no tiene valor. Después de discutir varios minutos, llamando la atención de los allí presentes, mostrándole el billete en cuestión al administrador, le sugerí:

Lea usted aquí, en la parte baja del mismo lo que está impreso. Cuando empezó a leer Este billete es válido para pagar cualquier deuda contraída en todo el territo comenzó a tragar en seco y, dirigiéndose a la empleada, a viva voz, le dijo: Mira, cóbrale a la Sra. ¿En que moneda? -preguntó ella. ¡En pesos cubanos! -respondió malhumorado.

A los pocos segundos de esta escena, reaparece la camarera, portando nuevamente la susodicha bandejita con los 40.00 pesos del vuelto. En ese mismo instante, levanté y extendí la palma de mi mano hacia ella, en un gesto característico, y le dije: ¡Deja,quédate con el cambio, total este dinero no vale nada!

Ante la mirada atónita de todos, salimos Camila y yo con las frentes bien en alto. Cuando llegamos a la parada del ómnibus ella respiro profundo, y me dijo: Yo no sabia lo patúa que tú eras. Lo asumí como un piropo (lisonja). Me costó un poco caro demostrárselo, eso si, y continuamos nuestro periplo como un par de ciudadanas de a pie, conversando e intercambiando con distintas personas, con las que nos cruzábamos en nuestro recorrido.

Cuando nos despedimos, Camila me dijo: ¡Gracias amiga, por mostrarme la verdadera ciudad!

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5 pensamientos en “Una anécdota chileno-cubana.

  1. Esa es la Cuba que todos conocemos Rebeca..? Y los líderes políticos que viajan y han viajado a tu país.., también..? Cristina Kirchner.., Dilma Rousseff.., Lula.., Chvez… Todos líderes democráticos¿? y nunca han ducho nada de esto…

    Saludos Rebeca. Y ojalá pronto solo sea un mal recuerdo esa Cuba de la tu hablas.

    laorejaenelruido.blogspot.com

  2. Rebeca,,,como me gusta tu manera de escribir chica,,,siempre te busco de primera cuan do entro a esta pagina,,,gracias ,,,todo lo q escribes me gusta

  3. Lo que está sucediendo en la sociedad cubana, es muy difícil de explicar, ya que responde a toda una sumatoria de sucesos que se han ido acumulando durante años, tu anécdota es algo que no debe pasar en ningún País.
    Pero el Gobierno ha tratado de encerrar a Cuba en una caja de hierro, y evita que muchos cubanos aprendan y comparen como se vive en otras partes del mundo. Se puede decir que el cubano promedio puede afirmar: “Esto que vivo, no es vida”.
    Pero en todos lados pasa. Yo vivo en San Luis Potosí, México y en algunos lugares solo aceptan dólares y si quieres pagar en peso mexicanos, es a 10 por 1 o sea que pagas 10 pesos por cada dólar, como es posible que los negocios no comprendan que de nosotros viven y si no consumiéramos no tendrían ganancias.

    Se pueden sacar numerosas conclusiones de lo que podría pasar en el futuro inmediato. En todos los lugares donde hay discriminación, pero en Cuba la posibilidad de un éxodo masivo, que representaría una salida del problema al gobierno, ya que sabe perfectamente que los Estados Unidos no permitirá esto.

  4. Era muy inteligente esta muchacha para notar rapidamente ese detalle de una “unanimidad”, pues fijate que han transcurrido 53 annos y todavia dentro de la propia isla hay quienes no comprenden eso… Y que decir de los extranjeros??? menos. Ese simple detalle debia ser suficiente para probar que en Cuba existe una dictatura. Pues mucha razon lleva ella: ESO ES IMPOSIBLE. Ni en un hogar donde viven apenas 4 personas se logra que siempre esten 100% de acuerdo con algo…ahora imagina en un congreso con cientos de personas; en un pais con millones…. solo los tontos inutiles se lo pueden creer; pero…como dijo alguien por ahi: la opinion de los tontos hay que tomarla en cuenta porque son mayoria. Y como eso lo saben los (malos) gobernantes se aprovechan…y los usan.

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