El dengue y el no dengue.

 

 

 

 

 

 

 

 

El dengue ya se ha hecho parte de nuestra vida en nuestro país. Claro está que esto no lo publican los medios oficiales, pero durante todo el año están fumigando las casas y los establecimientos, aunque esta medida, por lo que se ha podido comprobar, no ha resuelto nada: solamente traer trastornos e incomodidad a las personas en sus hogares. Lo único que acabaría con éste, sería una buena higiene en la ciudad, cosa que no existe.

Cualquier día, a cualquier hora, sin previo aviso, irrumpen para llenarte la casa con humo de petróleo quemado, que es lo que ellos llaman fumigar. Llevamos años con más de lo mismo, sin resolver nada. La mayoría de las personas ni protestan, aunque a disgusto lo aceptan, como aceptan ya todo lo que les es impuesto: ¡sin chistar!

Hace cuatro días amanecí con la garganta muy irritada,  una tos impertinente y pasé una noche terrible, tosiendo sin parar. A la mañana siguiente rebusqué en el botiquín, tratando de encontrar algo que me aliviara.  Desde hacía varias semanas estaba deambulando, de farmacia en farmacia, para comprar aspirinas. Ahora las recetas, por suerte, duran un mes y sirven para cualquier farmacia, cosa que no era así hasta hace relativamente poco.

A todas estas, mi esposo salió a comprar aspirinas a una señora que, según datos confidenciales tenía, porque se dedicaba a la venta de medicamentos. Tuvo que pagarlas a peso cada pastilla o sea, cincuenta pastillas cincuenta pesos. Se trataba de lo toma o lo deja. Si lo dejaba, yo no tendría  alivio, así que me trajo el pequeño tesoro, que cabía en el cuenco de su mano. Normalmente el sobre conteniendo cincuenta pastillas, cuando las hay  en las farmacias, cuesta un peso.

Si hubiera estado vinculada laboralmente, como lo estuve años atrás, hubiera tenido que trabajar una semana entera, para pagar un paquete de aspirinas. ¡Qué suerte la mía ser artesana!

Todos estos días me he mantenido en un discreto clandestinaje, pues si un flamante médico de la familia ó un avezado vecino me descubre, me reportan como dengue y me mandan directo, de cabeza, para la antigua Quinta Covandoga, donde han habilitado un pabellón para los enfermos con dengue, que más que una unidad sanitaria, según cuentan algunos de los pacientes diagnosticados que han logrado escaparse, aquello parece un almacén enfermos, con precarias condiciones higiénicas y sin ningún tipo de comodidad. Una de las escapadas me cuenta, que tuvo que mandar a un muchacho a que le trajera un bloque de construcción, para poder poner el ventilador que había llevado. Esa es otra, hay que llevarlo todo, desde sábanas, almohada, ventilador, pomos con agua, toalla, en fin todo, el hospital solo te asegura el mosquitero.

Ya me siento mejor, y mi no dengue lo he pasado en mi casa, con agua hervida, miel de abejas, limón y aspirinas enchapadas en oro.

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4 pensamientos en “El dengue y el no dengue.

  1. Ay amiga, me alegro estes mejor y que no haya sido Dengue. Todo lo que se de nuestro planeta cabe en cualquier novela de horror y misterio…

  2. Este próximo octubre cumplo 28 años de haberme salvado del régimen castro-comunista y a esta fecha no deja de sorprenderme las mismas cosas que siguen sucediendo después de tanto tiempo, no, no es increíble, es cierto.
    La misma cantaleta y en el ‘fumigueo’ la falta de respeto a la libertad personal del individuo y su intimidad, cómo vives y a qué te dedicas, nada así son los régimenes totalitarios. Mientras que siga el “dengue”.

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