Paseando con “el enemigo”

Vista antigua de la ciudad, desde El Morro.

Llevamos más de cincuenta años oyendo hablar de “el enemigo”. Todas las culpas de nuestras deficiencias se las cargan a éste, así como todos los males y desgracias, producto del descuido, la desatención y la desidia, también van a su haber.

Con esa idea han pretendido hipnotizar e “idiotologizar” a la población de “nuestro querido planeta”, y lamentablemente, en muchos casos lo han logrado. Pero a pesar de todo ello, cuando alguien piensa en emigrar, siempre lo hace hacia el país del “enemigo” (EEUU). También en ocasiones hacia otros, que utilizan como puente, para lograr el mismo fin.

Muchos, nos hemos resistido a dejarnos influenciar por semejante falacia, pero aún así, debido a toda la mala fama que precede al asunto, y a los prejuicios sembrados alrededor del mismo, nos cuidamos para no caer en la trampa ideológica, y hacerle el juego a los representantes del poder.

Justo hace unos días recibí un correo de una amiga norteamericana muy querida, donde me anunciaba la visita de un amigo suyo, de la misma nacionalidad, que deseaba me conociera, y a su vez era portador de un presente que ella me enviaba. Quedé muy satisfecha al conocerlo y constatar que el amigo de mi mejor amiga, era un encantador “enemigo”. Pronto surgió empatía entre nosotros y quedamos para encontrarnos una próxima vez.

El viernes pasado en la tarde, éste nos invitó a ir a ver la tradicional ceremonia de “el cañonazo”, una costumbre que existe desde la época de la breve ocupación inglesa, cuando a las nueve en punto de la noche, se cerraban las puertas de las murallas que protegían la ciudad, y que ahora se recrea con una linda representación, en el Complejo Turístico Morro Cabaña. Me sorprendió agradablemente lo bien restaurado y conservado que está el emblemático lugar, gracias a la labor de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la única entidad estatal, que sin temor a equivocarnos, podemos decir que se ha ocupado de rescatar y conservar algunas de nuestras tradiciones.

La pasamos estupendamente en compañía de él y de sus padres. Fue lo que se puede decir una linda noche “paseando con el enemigo”.

Dos entretenidas estadísticas.

Mi esposo, blogger también, gusta mucho de sacar cuentas y hacer estadísticas. Uno de los muchos días en que tuve que ir a Inmigración, con el hijo de mi amiga, que yo representaba, él quiso llevarnos pues había conseguido un poco de gasolina, para su joven Lada de 35 años.

Como quiera que en esa oficina las colas son interminables, y los relojes parecen detenerse, Fernando se entretuvo, mientras nos esperaba en el auto, en hacer dos curiosas e improvisadas estadísticas: Durante las tres horas que estuvo aparcado allí, en ese pedazo de la Calle 17 del Vedado observó que, de cada tres personas que transitaban por la acera izquierda, una era mestiza.

Paralelamente fue haciendo otra estadística: de los siete “buzos” (hombres dedicados a recolectar artículos reciclables en los contenedores de basura) que pasaron, llamó su atención uno, que después de remover todos los desechos con una larga vara preparada para estos fines, salió de allí sin nada y hablando solo. Fernando, que ya empezaba a aburrirse, lo interceptó y le preguntó qué le ocurría que iba protestando. “Es que ya no hay ni basura que recoger, contestó. Claro, si la gente no tiene dinero no compra y si no compra que co… va a botar”. Entonces mi esposo, ni corto ni perezoso, le dijo: “Yo usted, me mudaba para los latones de basura de Siboney, que de seguro ahí sí va a encontrar lo que busca”.

Un Eliancito más, pero a la inversa.

Desde hace aproximadamente seis meses, comencé las gestiones de viaje del hijo menor de una amiga que vive en el extranjero, y que para estos fines, me otorgó un poder ante notario para representar a su primogénito menor de edad. Quiero hacer notar que en “nuestro querido planeta”, para algunas cosas eres menor de edad, por ejemplo, para comprar o vender, para disponer de una herencia… sin embargo, para ser encarcelado o fusilado por cometer un delito contra la seguridad del país, basta tener 16 años.

Los primeros pasos los tuvimos que dar en los registros civiles para obtener los documentos de nacimiento, soltería, antecedentes penales, etcétera. Esto implicó, claro está, interminables colas, gastos en sellos, regalitos y, sobretodo mucha, pero mucha paciencia.

Una vez conseguidos los documentos nacionales, hubo que hacer más colas interminables, para legalizarlos (todo en moneda convertible) en el organismo estatal designado para ello. Después presentarlos en la embajada del país que te va a recibir, en este caso España, donde las colas son alucinantes y el trato ofrecido no es el mejor. Ahí tuvimos que ir varias veces, porque la información recibida no era exacta y los documentos solicitados difíciles de obtener.

Una vez concluido el trámite con la embajada del país en cuestión, venía, en el caso de los varones, la peor de las pesadillas: la liberación del servicio militar.

Ya realizadas estas gestiones, solo nos quedaba pasar por la máquina demoledora de Inmigración. Hay que reconocer, que el trato en esta entidad es amable. Lo que si es bueno señalar además, que a pesar de ese buen trato, la eficiencia no es la mejor, porque casi todo el personal es nuevo y carecen de un buen entrenamiento. Deberás armarte de paciencia y optimismo, porque vas a tener que hacer esas infernales colas muchas veces: unas porque te falta un documento del cual ni te hablaron, otra porque cada vez que vas te piden algo nuevo. En fin, que tienes que ir varias veces al lugar donde se suponía fueras un par de veces: una para entregar y otra para recoger respuesta.

Así, dando tumbos y malhumorándote de cola en cola, va pasando el tiempo y te vas desgastando, y gastando un presupuesto del que no disponías. Nadie se excusa por las torpezas de procedimiento cometidas, y todos actúan como si lo que te estuvieran haciendo fuera un favor y no violándote uno de tus derechos más sagrados: entrar y salir libremente de tu país tantas veces sea necesario, sin que esto te sea impedido.

En fin, hoy después de tantos meses, tantas equivocaciones y tanto desgaste físico y mental, le han concedido a mi representado su ansiado permiso de salida, para ir a reunirse con su mamá, que reside en el exterior. Esto ha sido, como el caso de un Eliancito más, pero a la inversa.

¡Silencio en la Sala! (S.O.S Maternidad de Línea)

Amaneciendo, llegué al hospital América Arias, Maternidad de Línea, como más se le conoce. Debía acompañar a una amiga que tenía que hacerse una interrupción de embarazo. Esta había sido citada, como todas las demás, a las siete y treinta de la mañana.

Este hermoso hospital art decó, obra de los arquitectos Govantes y Cabarroca, con algunas influencias de ascendencia románica, aun conserva algunas (muy pocas) luminarias originales que denotan la época de su construcción, 1930. Los hermosos suelos de granito sembrado, haciendo figuras en tonos contrastantes, su fabuloso lucernario de cristales de colores emplomados, en peligro de perderse, aún sigue bañando de suaves iluminaciones pastel, la escultura representativa de la maternidad, ubicada en la planta baja, frente a la entrada principal del inmueble.

En la gran sala de espera, cuya entrada da para la calle H, nos encontrábamos gran número de pacientes y acompañantes, desde horas tempranas. El murmullo de voces fue creciendo, según se llenaba la misma. De pronto, en el salón aledaño se oyó un ruido ensordecedor, como el rugir de motores. Esto hizo, que los allí presentes, subieran el tono de sus voces para ser escuchados, hasta volverse insoportable. Entonces, la escuálida señora en su uniforme de custodio, que cuidaba el supuesto orden del lugar, gritando exclamó: ¡Silencio en la Sala!

Yo tuve que contener la risa, y acercándome a ella le dije muy quedo al oído: ¿Cómo es que usted está pidiendo silencio, si en el salón de al lado hay un ruido que parece que está al despegar un avión? Entonces, sonriente, me contestó: -“es que están haciendo unos arreglos y eso que suena es la moto traílla llevándose los escombros”.

Me asomé a la puerta de cristal que nos separaba del otro salón, y vi con estupor como ese artefacto, parecido a un pequeño tractor, se deslizaba trabajosamente sobre aquellos maravillosos suelos y pasaba casi rozando las columnas centrales de la entrada principal.

En ese instante, una joven ataviada con una mínima saya de mezclilla a la cadera, que cubría solo hasta el comienzo de los muslos, y una corta camiseta de tirantes, que dejaba al descubierto su abultadito vientre, así como un extraño tatuaje casi a la altura del coxis, hacía su aparición para pedir a los pacientes de ultrasonido, sus correspondientes papeles de remisión. ¡Menuda facha para trabajar en un hospital!, pensé.

Inspirada por la demora y la espera, decidí acudir a la dirección para expresar mi queja por los ruidos y maltrato al inmueble, y hacerles una sugerencia sobre el inadecuado modo de vestir de algunos trabajadores del hospital. Desde luego, mi queja, por lo que reflejaba el rostro de la Secretaria de la Dirección, no fue bien recibida, y a modo de justificación, me dijo que bastante hacían, aún estando en obras de reconstrucción, por mantenerse brindando servicios, no solo a los pacientes de éste, sino también de otros hospitales del área, que confrontan problemas similares. Me dijo que dejara por escrito mi protesta, con nombre, dirección y número de carné de identidad, a lo que le respondí, que podía contar con ello.

Finalmente a las once de la mañana, se asoma una enfermera a la sala de espera, para informar, apenada, que las interrupciones se iban a demorar, porque había un solo anestesista en todo el hospital, y en esos momentos estaba en el salón de operaciones. Pasada una hora, comenzaron a hacer entrar por orden de llegada, a las intranquilas y nerviosas pacientes.

Entonces, la señora uniformada, se parapetó en la puerta, para que los acompañantes no accedieran al área. Ahí comenzó la escaramuza de brindar pequeños obsequios tales como, cajetillas de cigarrillos y “empanaditas de enfrente”, a modo de clave para traspasar la blindada puerta.

Apertrechada de empanadillas y otras golosinas, logré llegar al segundo piso, donde se realizarían las intervenciones, para poder, como otros familiares y amigos que hicieron lo mismo, brindar apoyo moral a nuestra paciente. Allí pude observar que, aproximadamente un tercio de la hermosa instalación, estaba cerrada con letreros de “clausurado por peligro de derrumbe”. También pude observar con dolor, cómo los trabajadores de la obra, maltrataban los suelos, dejando caer con descuido, sus pesados instrumentos.

Nerviosa vi el ir y venir de la única silla de ruedas, que faltándole los apoyos para poner los pies y las gomas a las ruedas, era utilizada para ir sacando a las pacientes, que volvían de la anestesia. Finalmente, al ritmo del chirriar de la susodicha silla, logramos sacar de allí a mi amiga, que felizmente reaccionó bien y se recuperó pronto de aquel doloroso percance. Todo lo contrario del hermoso patrimonio arquitectónico, que dejábamos atrás y de cuyo maltrato fui testigo presencial durante muchas horas.

 

Cumpleaños feliz

Ayer fue mi onomástico. Desde hace mucho dejaron de emocionarme, pues cada año que ha ido pasando, he tenido que decir adiós a muchas personas importantes en mi vida.

En los años sesenta me tuve que despedir de mis tres queridos primos, mis tías y tíos. Éramos entonces una muy unida y extensa familia, frecuentada también por muchas y buenas amistades. Después se fueron, una a una, mis amigas de la infancia, mi primer noviecito, los compañeros de escuela, las amistades… El barrio cambió de rostro y con ello, se apoderó de mí un sentimiento de vacío. Los cambios que se estaban produciendo en el país, nos mantenían entretenidos y enajenados, pero no lograban suplir falta de ellos. Hay cosas imposibles de sustituir.

Después vinieron nuevas familias y con ellas surgieron nuevas amistades. Otra vez la nuestra creció al casarnos mi hermana y yo. Enseguida nacieron mis hijos, las hijas de ella. Regresó parte de la alegría perdida.

Llegaron los años ochenta, después los noventa y con ellos otros golpes que quebraron nuevamente a la ya diezmada familia cubana. Yo tuve que pasar una vez más, por el dolor de ver partir lo más querido: mis hijos. Fuera del país me han nacido tres bellas nietas, a las que apenas conozco.

También muchas de mis nuevas amigas, se han ido y otras tantas se quieren ir. Aún así, Dios me ha premiado con poner en mi camino personas maravillosas con las que he establecido recientes vínculos de amistad y amor, que espero perduren.

Ayer fue un día muy bonito, a pesar de todo lo que está aconteciendo en el país, que nos preocupa. Estas nuevas personas llegadas a mi vida, acudieron a felicitarme y a compartir conmigo momentos muy agradables. Otras, que no pudieron venir, lo hicieron vía telefónica o a través de mails. Finalmente, y contra todo pronóstico tuve un cumpleaños feliz.

Minorías y mayorías

Cerámica de C. Monzó

En mi planeta los medios están constantemente divulgando sobre los grupos independentistas de Puerto Rico, pero jamás mencionan que son solo el 2,6% de la población, por lo que la mayoría de los desinformados habitantes de mi querido planeta, piensan que es el sentir de todo el pueblo puertorriqueño.

A cada rato traen a algún dirigente de ese partido, así como a algún que otro artista (siempre los mismos), y les brindan el espacio y la divulgación en los medios, que le son negados a los del patio. Entiendo perfectamente que las minorías también deban ser escuchadas y tomadas en cuenta, pero los gobernantes tienen que gobernar para todos, y siempre e invariablemente sus representantes son elegidos por la mayoría de los votantes. Esto, desde luego, en aquellos países donde se ejerce la democracia.

Entonces no entiendo por qué aquí defienden a esas minorías foráneas, y no toman en cuenta para nada a las de su propio país, que si se tienen en consideración las cifras de estas últimas elecciones, somos un 20% de los votantes que estamos representados en la misma. Eso, claro está, tomando como fiables las cifras emitidas por el propio régimen. Entre las abstenciones, la boletas anuladas y los que no acudimos a las urnas, representamos a una buena parte de la ciudadanía, que mediante estas opciones, hemos demostrado no estar de acuerdo con el sistema actual. Por lo tanto, si para nuestros gobernantes es tan importante el porciento mínimo de ese país vecino, por qué no tienen la misma consideración con el que representa la oposición en el suyo propio.

Pienso que después de estas recientes elecciones en Puerto Rico, donde quedó demostrado por voluntad de la inmensa mayoría del pueblo, el deseo de ser un estado más de la Unión, aquí no sigan con la cantinela de estar pidiendo la independencia de ese país en Naciones Unidas, así como constituir grupos de apoyo a su soberanía, cosa esta que corresponde solamente a sus ciudadanos, y éstos acaban de manifestar su deseo, a través del voto soberano.

Desidia

Desidia.

Otra vez ayer, a una gran zona del Nuevo Vedado, le cortaron el fluido eléctrico durante casi once horas, para reponer postes en mal estado. Creo que finalmente cambiaron cuatro. Realmente una proeza. En consecuencia, las tiendas recaudadoras de divisas de nuestro barrio, la mayoría, permanecieron cerradas durante el tiempo que duró el camuflado apagón. Por ende, lo que necesitaras adquirir, tenías que ir a buscarlo bastante lejos de tu casa.

Hoy había electricidad, pero la tienda La Mariposa nuevamente permaneció cerrada durante más de dos horas, porque era día de fumigación. Resulta desconcertante ver a todos los empleados de dicho establecimiento sentados en el parque, esperando pacientemente a que desaparezca el humo del petróleo quemado que usan para estos fines, para reabrir la tienda. Esto puede tardar dos horas.

Seguí caminando en busca de uno de los dos hotelitos que hay en el barrio. Estos fueron construidos con el fin de alojar, para su recuperación post operatoria, a los pacientes que venían de los países del Alba para ser atendidos aquí, así como a sus familiares. Al haberse interrumpido este intercambio, han quedado como modestos hoteles, donde generalmente se albergan deportistas. En sus instalaciones existen tiendas pequeñas, pero bastante bien abastecidas.

Llegué a la tienda del Hotel Tulipán, faltando casi un cuarto de hora para las diez, que es el horario de apertura de la misma. Para esperar, decidí ir a la cafetería a tomarme un café. El dependiente, excusándose me dijo que solo le quedaban dos tacitas y estaban ocupadas ya en una mesa, por lo que me lo debía servir en un vasito de cartón, si yo estaba de acuerdo. Le dije que si, y le pregunté qué había pasado con las tazas, siendo este un hotel relativamente nuevo. El problema, me dijo, es que hace ya varios días se ha elevado la solicitud, pero aún la empresa no ha respondido. Esa es la diferencia con los particulares, le contesté, pues ya el dueño hubiera ido a comprar más tazas, antes que se acabaran las existentes.

Finalmente regresé a la tiendecita, ya eran las diez y cuarto y aún no abrían, a pesar de que a través del cristal los dos empleados nos veían esperando. Ya éramos más de cinco personas. Entonces llegó un suministrador y la empleada abrió la puerta de cristal para saludarlo, sin mirarnos ni decirnos nada. Un joven que también esperaba y se notaba tenía prisa, le preguntó por qué no acababan de abrir y ella, sin mirarlo siquiera, le contestó que la calculadora estaba rota.

Seguí mi camino y pasé por un kiosco de ventas también en divisas, y quise comprar una caja grande de jugo para llevarle a una amiga enferma. El empleado, cuando saqué para pagarle con un billete de veinte, me dijo tranquilamente que regresara más tarde, porque no tenía cambio para eso.

Llegué a mi casa perpleja y frustrada, al no haber podido conseguir nada de lo que necesitaba, pensando que este país no requiere de un huracán ni de un bloqueo que lo destruya: la desidia hace rato se está encargan do de ello.

Making off de Sandy.

Este domingo, a una semana del paso del huracán, la televisión de nuestro planeta ocupó el espacio de más de dos horas del programa Arte 7, presentando el making off de Sandy, enfatizando en todos los esfuerzos y ayuda realizados por parte del gobierno, brindados a las provincias orientales damnificadas, sobre todo a la devastada Santiago.

Las imágenes mostradas, posteriores al paso del evento, son una prueba contundente del mal estado en que se encontraban las viviendas e instalaciones más afectadas, así como las infraestructuras eléctricas, telefónicas, almacenes de víveres y otras.

Al parecer el programa quiso “tapar” un tanto los comentarios crecientes, surgidos sobre el abandono gubernamental, haciendo énfasis en la solidaridad revolucionaria, alabando el desvío de alimentos, insumos, brigadas de mantenimiento, médicos, etcétera hacia las provincias afectadas. Muy lógico en situaciones como estas, pero que esta praxis se haya establecido como hábito, no es normal. Desvestir un santo para vestir a otro, es una vieja política practicada durante más de cinco décadas.

Si algo quedó bien claro, es que no estuvieron ni están creadas las condiciones materiales para enfrentar ningún tipo de fenómeno meteorológico, como suelen propagandizar los medios gubernamentales.

La máquina está “jodida”.

El domingo pasado tuvimos que salir a realizar algunas gestiones, entre ellas, cobrar un dinerito que me habían enviado de un trabajo vendido. Otra de las motivaciones era ir a ver un gran poster anunciando una línea de productos cosméticos, cuya modelo es la hija de una amiga muy querida, que por demás es mi alumna.

Se nos hizo un poco tarde, y decidimos almorzar en un restaurante un tanto famoso, que precisamente está en el centro comercial, en los bajos del edificio Focsa, justamente donde se exhiben los posters que fuimos a ver. El “Café TV” es un amplio y acogedor lugar, cuya decoración tiene que ver con la televisión de mi planeta. Llenan sus paredes fotos de los artistas más famosos de nuestra farándula. Por cierto, llamó mi atención que hay a la entrada, pero dentro, un letrero donde se prohíbe hacer fotos en el local, cosa extraña ésta, ya que generalmente las personas que acuden a estos lugares, sobre todo los turistas, por lo general gustan de tener un recuerdo de su presencia en el mismo.

Acudió a atendernos un jovencito con cara de ángel. Con mucha corrección se dirigió a nosotros a entregarnos la Carta, y segundos después reapareció para saber si ya podía tomarnos la orden. Nuevamente se presentó con suma amabilidad y correctos modales, para traernos las cervezas que habíamos pedido. Observamos que casi todos los camareros eran muy jóvenes, posiblemente recién graduados de esta especialidad.

Así sucesivamente, el jovencito de marras, desaparecía y reaparecía preguntándonos si todo estaba bien, si deseábamos algo más… en fin, lo que se acostumbra en este oficio, siempre con su mano y brazo izquierdo detrás en su espalda (como les enseñan en las escuelas de gastronomía).

La comida estuvo excelente y económica por cierto. Bien confeccionada y bellamente decorada. Recuerden que ahora estos lugares estatales, en moneda convertible, tienen una fuerte competencia en el sector privado.

Finalmente, satisfechos, decidimos coronar tan agradable almuerzo, con el acostumbrado e imprescindible café. Le hicimos una seña al joven con cara de ángel, quien acudió inmediatamente a nuestro llamado. Le expresamos nuestra satisfacción, declinando el consabido postre, aunque si le pedimos nos trajera dos cafés express y la cuenta. Cual no sería nuestra sorpresa, al oír en su educada voz decirnos muy apenado: “Lo sentimos mucho, pero la máquina está jodida”

Salimos de allí aguantando la risa y comentando que, justamente esta es una de las diferencias que existen entre los restaurantes estatales y los particulares. Además, pensamos que en realidad el país está como la máquina del café.