Cumpleaños feliz

Ayer fue mi onomástico. Desde hace mucho dejaron de emocionarme, pues cada año que ha ido pasando, he tenido que decir adiós a muchas personas importantes en mi vida.

En los años sesenta me tuve que despedir de mis tres queridos primos, mis tías y tíos. Éramos entonces una muy unida y extensa familia, frecuentada también por muchas y buenas amistades. Después se fueron, una a una, mis amigas de la infancia, mi primer noviecito, los compañeros de escuela, las amistades… El barrio cambió de rostro y con ello, se apoderó de mí un sentimiento de vacío. Los cambios que se estaban produciendo en el país, nos mantenían entretenidos y enajenados, pero no lograban suplir falta de ellos. Hay cosas imposibles de sustituir.

Después vinieron nuevas familias y con ellas surgieron nuevas amistades. Otra vez la nuestra creció al casarnos mi hermana y yo. Enseguida nacieron mis hijos, las hijas de ella. Regresó parte de la alegría perdida.

Llegaron los años ochenta, después los noventa y con ellos otros golpes que quebraron nuevamente a la ya diezmada familia cubana. Yo tuve que pasar una vez más, por el dolor de ver partir lo más querido: mis hijos. Fuera del país me han nacido tres bellas nietas, a las que apenas conozco.

También muchas de mis nuevas amigas, se han ido y otras tantas se quieren ir. Aún así, Dios me ha premiado con poner en mi camino personas maravillosas con las que he establecido recientes vínculos de amistad y amor, que espero perduren.

Ayer fue un día muy bonito, a pesar de todo lo que está aconteciendo en el país, que nos preocupa. Estas nuevas personas llegadas a mi vida, acudieron a felicitarme y a compartir conmigo momentos muy agradables. Otras, que no pudieron venir, lo hicieron vía telefónica o a través de mails. Finalmente, y contra todo pronóstico tuve un cumpleaños feliz.