De cómo una rosa devino Catedral.

Siempre he sabido que un nombre es importante. Yo no sería la misma si no me llamara Rebeca. Al menos eso pienso yo. Tengo dos nombres, como casi todas las personas de mi generación, pero si ahora mismo alguien me llamara por el segundo, yo ni voltearía el rostro, porque estaría segura que no se trata de mí. Así pasa con casi todo, muy especialmente con las calles y los comercios.

Cuando inauguraron el restaurante La Rosa Negra, primeramente me sonó extraño, y algunas personas hasta lo cuestionaron: ¿por qué negra y no de otro color? En fin, estuve indagando al respecto, y me explicaron que ese era un local arrendado y que, cuando comenzaron los trabajos de adaptación, el dueño del mismo había pedido especialmente, que le pusieran ese nombre, por un libro que él había leído y disfrutado mucho. Lo complacieron, pues en definitiva eso era sólo un detalle.

Pronto abrió sus puertas el nuevo local y la calidad de sus comidas, el buen servicio y el magnífico grupo que constituyen sus empleados, hizo que una clientela cada vez más numerosa y constante, se acostumbrara al raro nombre. Ellos, los dueños y trabajadores, fueron los que con su buena mesa y su amabilidad, hicieron que la rosa “prendiera” y se hiciera famosa dentro y fuera del país.

Pero todo el camino no estaba cubierto de pétalos aromáticos y pronto salieron a relucir las espinas El dueño del local, viendo el tremendo éxito que habían logrado, les rescindió el contrato, para tomar él las riendas del ya floreciente y consolidado negocio. Eso no fue lo peor, quiso quedarse con el nombre, pues había sido idea de él. Cosa mala ésta para cualquier nueva empresa.

Sus actuales empresarios, ante la imposibilidad de convencer al propietario del inmueble, que les dejara el nombre, ya que fueron ellos los que le dieron el prestigio del que hoy goza, optaron por comprar una antigua casa en el Vedado, y convertirla en otro hermoso restaurante: La Catedral. No se llevan el logotipo, pero se van todos los que le hicieron famoso. Estoy absolutamente segura que tras ellos iremos todos a La Catedral, pues en estos dos años, clientes, dueños y personal, nos hemos identificado y convertido en una familia.

A los que viven aquí y a esos que piensen visitar La Habana, a partir de mediados de noviembre del presente año, les recomiendo anotar bien esta nueva dirección: Calle 8 /entre Calzada y 5ta, Vedado. De seguro me agradecerán la sugerencia.

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