Repaso y repasadores

Profesores y alumnos Esc. Pública,Sup.Nro.10, años 50

A partir de los años cuarenta todas las personas que se dedicaban a la enseñanza en Cuba, poseían títulos acreditativos para ejercer profesionalmente el magisterio. En la década de los cincuenta eran muchos los profesores ilustres en nuestro país, reconocidos internacionalmente por sus libros publicados, los cuales se utilizaban como material de estudio dentro y fuera de nuestras fronteras: Valmaña, Baldor, Añorga, por sólo mencionar algunos, libros de texto que aún son usados en muchos de los países latinoamericanos por profesores y estudiantes.

Después del año cincuenta y nueve, en que fueron intervenidos los colegios privados, se promulgó una absurda ley que “invitó” a los maestros de primaria y enseñanza superior en funciones, a jubilarse con sólo veinticinco años de servicios y el mayor haber percibido, sin importar la edad. Esto y otras causas, en la que los maestros se vieron además depreciados por haberse formado en el capitalismo, hizo que muchos marcharan al exilio, la mayoría se jubilara y muy pocos fueran los que continuaran ejerciendo contra “viento y marea”. Desde entonces, la enseñanza comenzó a deteriorarse y tuvieron que preparar “a la carrera” y en muy poco tiempo, jóvenes del campo, como maestros para llenar el vacío provocado por el propio gobierno: los llamados “Makarenko, al ser formados según los métodos del pedagogo soviético de igual apellido.

En la década de los sesenta aún quedaban buenos profesores en muchas de las escuelas y éstos, a su vez, ayudaban a los recién capacitados a superarse, pero los bajos salarios, la falta de estímulos y el deterioro cada vez más evidente de las instalaciones docentes, hicieron que, poco a poco, la deserción fuera apoderándose del sector, sobre todo en la primaria y secundaria. Aún, para entonces, la Universidad contaba con figuras brillantes en su claustro.

Otras de las causas que incidió en la baja calidad de la educación fue que los maestros se vieron presionados, para no afectar su propia evaluación, que se basaba en la promoción y no en la calidad, a cometer fraude. Esto hizo que muchos informaran con antelación a sus alumnos las preguntas que saldrían en los exámenes y, en muchas ocasiones, hasta les “soplaran al oído” las respuestas, a fin de obtener ellos una buena evaluación.

Muchos padres, ante el deterioro galopante de la enseñanza y la falta de maestros en determinadas asignaturas, decidieron acudir a profesores jubilados para que les repasaran y, en algunos casos, hasta les impartieran las asignaturas a sus hijos. Otros, en mejor posición económica, lograban los mismos resultados con sus hijos, haciéndoles valiosos regalos a los propios maestros en ejercicio. Cada vez más fue decayendo la calidad de la enseñanza y se les perdió el respeto a los maestros, por parte de alumnos y familiares. Después, como puntillazo y para rematar, aparecieron los llamados “maestros emergentes”, preparados en cursos rápidos de baja calidad y corta duración, y la sustitución de profesores por televisores en las aulas. Esto marcó el golpe final a la calidad en la educación.

Progresivamente, junto a este deterioro, fueron creciendo en número cada vez mayor, las personas que se dedicaban de forma particular y cobrando, claro está, para mejorar un tanto sus propias economías, los repasadores. Esto fue, hasta la aparición de las nuevas licencias no hace mucho, una actividad clandestina. Ahora existen legalmente los repasadores, pero ya el gobierno le está buscando la “contrapelusa” al ejercicio de esta actividad, queriendo crucificar a los profesores que, estando activos, y sin estar autorizados para obtener licencias, se dedican a ella, arremetiendo contra los mismos a través de los Medios, hablando de falta de ética y de civismo, sin tener la valentía de afrontar y divulgar las causas, fundamentalmente económicas, que han provocado esta situación: los salarios de miseria que reciben, que son insuficientes para satisfacer sus necesidades mínimas como ciudadanos, desestimando que, si una vez más, los maestros se sienten acorralados, volverán a desertar, creando un nuevo vacío en la enseñanza, cada vez más difícil de llenar.

Es necesario buscar una salida legal para que se solvente este caos creado, sin perjudicar a profesores ni alumnos y, sobre todo, el futuro de la nación. Los repasadores existen justamente, debido a la cada vez más baja calidad de la enseñanza. Esto es responsabilidad de toda la ciudadanía en general pero, en primera instancia, del Ministerio de Educación y su más alta jerarquía.

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