No es lo que parece.

En mi planeta lo más anormal, es normal. Por eso, cuando salimos de compras ya bien sea en las tiendas esas que están oscuras, poco ventiladas y con apenas unos productos en oferta en pesos cubanos CUP (los otros también lo son), o en esas otras recaudadoras de divisas CUC, iluminadas, con aire acondicionado y un poco más de productos, nos encontramos a cada rato con algunas sorpresas.

Hace unas semanas, un amigo que nos visitó nos trajo de regalo unos exquisitos palitroques, que comprados en una de las tiendas Silvain. Éstos venían envasados en un enorme sobre plástico que sobrepasaba con creces el tamaño del producto. Cuando me detengo a observar el sobre donde venían, era de Caribean Queen, donde normalmente son envasados mariscos.

La semana pasada tocó a mi puerta un conocido vendedor de “bolsa prieta”, para ofrecerme colas de langosta. Éstas venían dentro de un sobre plástico idéntico al de los palitroques.

Nada de esto es de extrañar, pues son “detalles” que nos vienen sucediendo desde hace un montón de años, a los que al parecer estamos habituados y asumimos como algo normal.

En los años ochenta algunas recetas médicas venían escritas en el reverso de una etiqueta de leche condensada soviética. También por esos años era muy normal que el shampoo Fiesta (el único que había), viniera en los mismos pomos color ámbar donde se envasaba el salfumán. También por entonces existían los llamados productos convoyados (esos que no tenían fácil salida), es decir, si necesitabas un desodorante éste venía acompañado de un machete y una latica de betún de zapatos, tenías que comprar los tres pues estaban “convoyados”. Esta etapa afortunadamente se superó a mediados de los años noventa cuando se despenalizó el dólar y se abrieron las tiendas recaudadoras de divisas.

Pero aún seguimos padeciendo de los envases inapropiados para algunos productos que están a la venta en ambas monedas. ¡Qué le vamos a hacer, ya sabemos que el socialismo no es perfecto! En lo que sí estamos claros, aunque el compañero Murillo insista en decir lo contrario, es que en manera alguna, ésta opción no es la que nos guste a los cubanos y si lo duda, entonces, cuando pase en su flamante auto por delante de las embajadas de los distintos países, que disminuya la velocidad y baje los cristales oscuros de las ventanillas para que observe las grandes colas de ciudadanos que se agolpan frente a los consulados, pidiendo visa para “escapar”, muchos de los cuales acuden también a llenar las plazas al “llamado de la revolución”. Como podrán concluir: No todo es lo que parece.

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