Un robo frustrado

Una señora mayor, cuyo hijo le abrió una cuenta en el banco y una tarjeta magnética para facilitarle la vida, acudió a la tienda “Agua y Jabón”, situada en La Rampa, del Vedado capitalino, para realizar la compra de algunos artículos de limpieza. Al entregar la tarjeta para pagar, la cajera le comunicó que, al pasarla por la “maquinita”, esta no la aceptada y que, por lo tanto, debía pagar en efectivo. La señora lo hizo, pero al retirarse de la tienda, decidió comprobar el estado de su saldo en un Cajero Automático cercano, donde verificó, para su sorpresa, que le había sido descontado el monto de la compra.

Regresó a la tienda, fue a la cajera y le planteó lo sucedido. Esta le respondió que lo sentía, pero que no podía devolverle lo pagado en efectivo, que debía ir a Fincimex S.A. en Miramar y plantear su problema. Acudió al lugar y, el empleado que la atendió, le informó que ellos no atendían esos problemas y que debía dirigirse a la Corporación CIMEX S.A. La señora acudió a ella y allí le informaron que debía hacer una carta planteando el problema y presentarla en la administración de “Agua y Jabón”. Así lo hizo la señora y, después de su Vía Crucis, al fin le devolvieron el dinero pagado de más.

Resuelto el problema, decidió acudir al Cajero Automático cercano, para sacar algún dinero en efectivo y realizar otras compras sin tener que utilizar la tarjeta, pero en el momento en que debía recibir el dinero, se produjo un corte eléctrico (apagón), devolviéndole el Cajero solo la tarjeta, pero no entregándole el dinero. Para resolver este nuevo contratiempo, tuvo que acudir al Banco que atiende ese Cajero y hacer allí las gestiones pertinentes. ¡Así de fácil son las cosas en mi planeta!

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En la cima de la salud

¿Cómo es posible que los organismos internacionales tengan a nuestro planeta Cuba en la cima de los servicios de salud pública?

Aquí solamente existen muy pocos hospitales que el gobierno muestra al mundo como ejemplos de nuestra salud: Clínica Camilo Cienfuegos, en El Vedado, Clínica Cira García (antigua clínica Miramar) Hospital Cimeq para dirigentes, familiares y amigos, La Pradera para casos muy especiales y la famosa Clínica del Reparto Kohly, solo para altísimos dirigentes y familiares muy cercanos. La mayoría de los hospitales, además construidos en la época de la República, son los que corresponden a nosotros, los “ciudadanos de a pie”.

El estado general de estos hospitales, a pesar de sus sólidas construcciones, se encuentran en deterioro, debido a la desatención. La limpieza e higiene, el mantenimiento en ellos es muy deficiente.

Hace muy poco tuve a un familiar muy cercano ingresado en el Calixto García. Entre las advertencias médicas para el ingreso, se recomienda a los pacientes y su acompañante, tener todos los objetos personales guardados en bolsas de plástico cerradas, para evitar la incursión en ellas de las pequeñas cucarachas, que habitualmente se encuentran en las mesitas de noche correspondientes a cada cama de enfermo ingresado.

Otro de los grandes problemas son los salideros en los baños y la ausencia de llaves en los lavamanos y duchas, de los que constantemente brota agua, debido a la falta de piezas indispensables de plomería. Los enfermos, en su mayoría de la tercera edad, se ven en el peligro constante de tener que transitar por pasillos, donde habitualmente hay charcos de agua, exponiéndose a caídas.

Un detalle que llamó altamente mi atención y que me pareció inconcebible, fue el día que el enfermero de turno pasó cama por cama preguntando a los pacientes y acompañantes si habían visto salir a alguien corriendo con una ventana, pues le acababan de robar la del “pantry”, del pabellón recién restaurado.

Este tipo de incidente insólito, es ya casi normal en la mayoría de los hospitales. El robo de instalaciones de plomería, lamentablemente, es ya algo habitual.

Otro caso vivido recientemente, que llamó mi atención, fue el día que me accidenté y me hice una herida en la frente, algo profunda, casi hasta el hueso. Al llevarme mi vecino en su moto al policlínico que me corresponde, llegué al cuerpo de guardia y lo encontré cerrado, estuve varios minutos caminando por todo el local solicitando que un médico me atendiera. Al rato apareció una doctora, que después de revisar el golpe, me dijo que allí no me podían atender la herida, que fuera al Hospital Ortopédico, para que me hicieran una placa antes de darme puntos en la misma. No me dio remisión para ello, así que cuando llegué a dicho hospital, me dirigí a un doctor que estaba a la entrada del Cuerpo de Guardia, al explicarle lo sucedido, me dijo que lo sentía pero que no me podían atender, que fuera al Calixto García o al Fajardo, finalmente decidimos ir a este último por encontrarse más cerca.

Allí fui atendida de inmediato en el cuerpo de Guardia por un joven estudiante de medicina que me limpió y cosió la herida con “manos de seda”, advirtiéndome que pasara al saloncito donde estaba la camilla, con mucho cuidado porque había mucha agua en el suelo. Las únicas tres preguntas que me hicieron los médicos allí presentes fueron las siguientes: Nombre, dirección y edad. No me tomaron la presión ni me hicieron radiografía, ni me preguntaron siquiera si estaba mareada o había ingerido algún alimento momentos antes del incidente.

Haga usted sus propias conclusiones, con respecto a los servicios médicos de atención primaria brindados en mi planeta, donde la higiene, factor fundamental de la salud es bien precaria.