Le llegó su turno al Hospital Joaquín Albarrán.

Busto de Albarr{an

Hace aproximadamente un mes, con motivo de un cambio de dirección en el Hospital Clínico Quirúrgico Joaquín Albarrán, sito en Ave. 26 y Avenida de la Independencia (Boyeros), una Comisión del Ministerio de Salud Pública, compuesta por 35 especialistas de diferentes esferas del mismo, realizaron una inspección a fondo en dicha institución.
Los resultados, por supuesto, eran los ya esperados durante años por los pacientes que acuden a este centro hospitalario: salas con techo y carpintería en total estado de deterioro, suciedad en pisos, paredes y sanitarios, salideros en los baños y ausencia de algunos herrajes, cubos y recipientes con agua almacenada y otras desgracias.
De los seis elevadores con que cuenta dicho hospital, normalmente solo uno está en funcionamiento, y por éste suben a enfermos y operados, bajan muertos y tanques de basura y se trasladan comidas, pacientes y visitantes.
Las barandas o pasamanos de metal de las escaleras, se pueden raspar con una cuchilla y sacarle fácilmente un centímetro de mugre, incrustada por el tiempo y la falta de higiene. Otra de las pruebas que más llamó la atención fue la que le hicieran directamente a médicos y personal auxiliar de medicina, al pedirles que se lavaran las manos como lo hacían habitualmente, aplicándoles posteriormente un spray, que detectó la permanencia de infinidad de bacterias en las mismas.
Todo esto me lo informa un cirujano que trabaja desde hace años en dicha institución, cuyo nombre me reservo para no buscarle problemas. También me dice que el hospital carece de neumólogos, y que apenas cuenta con anestesiólogos suficientes.
Como resultado de esta exhaustiva inspección, fueron clausuradas las instalaciones dedicadas a nefrología y siquiatría debido a su gran estado de insalubridad y deterioro sostenido.
Una amiga, que recientemente tuvo que acudir a dicho hospital para ser intervenida quirúrgicamente de urgencia, me cuenta que tuvo que subir por las escaleras, haciendo un gran esfuerzo, debido a los fuertes dolores que la aquejaban, pues el único elevador en funcionamiento, ese día estaba parado por roturas. Me agrega que, cuando llegó al salón de operaciones, una doctora que la vio exclamó: ¡Vaya caray, los pacientes nos están llegando por las escaleras!

Realización de un trabajo en la técnica del patch work

Primeros pasos a dar para realizar un trabajo en patch work:

Escoger el trabajo a realizar y pasarlo a un papel al tamaño deseado.

Tener lienzo crudo como fondo para montar las diferentes piezas de tela.

Escoger y tener a mano los distintos tipos de tejido y de hilos, según la obra a ejecutar.

Recortar los distintos pedazos de tela (a modo de puzle) para irlos colocando sobre el lienzo.

Una vez terminado de colocar todas las piezas, hilvanarlas con puntadas cortas para que se mantengan en su lugar.

Cortar bien alineados todos los bordes del trabajo a realizar y candelillarlos para evitar se deshilachen con la manipulación.

Unirlas todos los distintos pedacitos con la puntada escogida.

Una vez terminado adornar con cintas, cuentas o abalorios, acorde al trabajo escogido.

En esta técnica se pueden realizar además de tapices, cintos, collares, cojines, cubrepiés y otros muchos artículos.

Todo trabajo realizado a mano tiene un gran valor en la actualidad.

Si desea hacerme alguna consulta al respecto comuníquese conmigo a través de rebecaparche@gmail.com

Morirse no es nada, lo peor viene después.

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A comienzos del año 1959 existían en el territorio del municipio La Habana, donde la población no llegaba al millón de habitantes, alrededor de 11 funerarias. Hoy día, en el mismo territorio, donde la población se ha duplicado, existen solamente 7 funerarias.
En estos momentos, en que contamos con una población envejecida, ocurren diariamente muchas muertes, y las pocas casas fúnebres que están en función, la mayoría en mal estado y sin los adecuados mantenimientos ni equipamientos, colapsan.  Esto se debe, entre otras cosas, a que una de las de más capacidad, La Nacional, ubicada en la Calzada de Infanta, desde hace seis meses está cerrada, la San José, en Infanta y Carlos III, desde hace algunos años fue convertida en galería de arte, la Caballero, en 23 y M, en El Vedado, primero se transformó en una ridícula Casa de Té y, posteriormente, fue entregada al Instituto Cubano de Radio y Televisión y la Alfredo Fernández,  otrora propiedad de la familia Chibás, también en el Vedado, es una ciudadela donde habitan muchas familias en precarias condiciones.
Es lamentable que los familiares, después de tener que lidiar con las penurias que conlleva tener hospitalizado a un ser querido en nuestras instalaciones hospitalarias, muchas de las cuales carecen de higiene y hasta de medicamentos, tengan que enfrentarse a las desagradables e innumerables gestiones que hay que hacer para lograr un velorio, enterramiento o cremación  con un mínimo de respeto al  fallecido.
Últimamente se están dando casos terribles en los que, por falta de capacidad en las funerarias, los velorios se tienen que realizar en las viviendas, costumbre ésta desaparecida hace más de medio siglo en nuestra capital. Además, algunas familias se han visto en la necesidad de mandar a hacer de urgencia a particulares el ataúd, por no haber suficiente producción en los talleres estatales. Otro tanto está sucediendo con la ya tan de moda cremación: los turnos están para dos o tres días después del fallecimiento, a menos que se suelte dinero (por la izquierda) para que la funeraria adelante el mismo. También, debido a la carencia de vehículos para ser trasladados los fallecidos hasta Guanabacoa, donde se encuentra el crematorio más cercano a la ciudad, nunca se sabe con exactitud a qué hora o en qué momento el cadáver será enviado a éste.
Este mal funcionamiento de los servicios fúnebres, que forma parte del mal funcionamiento de todos los servicios en nuestro país, trae consigo dudas entre los familiares de que las cenizas recibidas sean realmente las del difunto, pues éstas son entregadas, a través de la casa fúnebre donde se realizó el velatorio, dos o tres días después, ya que en el crematorio solo se ejecutan tres turnos diarios.
Esta absurda realidad, propia del más crudo humor negro, nos recuerda la gran visión de futuro que tuvo el director Tomás Gutiérrez Alea en sus filmes La muerte de un burócrata (1966) y Guantanamera (1994). Sin lugar a dudas, en Cuba morirse no es el problema, sino lo que viene después.

También problemas post mortem

Como si fueran pocas las dificultades para la sobrevivencia en este país, también después de muerto, sigues confrontando problemas, solo que éstos recaen sobre los familiares y amigos del difunto. Por tanto, esa antigua y conocida frase de “el muerto al hoyo y el vivo al pollo”, se terminó.

Este es un país de población envejecida, por consiguiente, las muertes son frecuentes. En estos días se han sucedido varios fallecimientos en la zona donde vivo, algunos de los cuales puedo comentar por ser testigo. El más doloroso de todos fue el de una gran amiga de mi infancia que dadas sus características personales y aspecto físico su muerte, era impensable.

A esta amiga se le presentó un infarto cerebral por el que hubo que ingresarla de inmediato en el hospital más próximo a su casa, el Fajardo. Fue llevada a terapia intensiva en Urgencias donde permaneció varios días con un respirador artificial. Falleciendo el día 26 de enero, al complicársele el diagnóstico inicial con una infección bacteriana adquirida a posteriori.

El hospital hizo las gestiones pertinentes para el velatorio, pero no había disponibilidad en las funerarias del Municipio Plaza que era el que le correspondía. Algunas cerradas por estar en reparación y otra, como la Nacional por estar en muy mal estado.

Finalmente dando carreras y “soltando plata”, lograron ubicarla en la de Zapata y Paseo, donde la velarían mientras esperaban el turno para ser cremada, cosa esta que le advirtieron a los familiares pudiera demorar de dos a tres días, por lo que éstos, utilizando los mismos “métodos persuasivos”, lograron conseguir que fuera para esa noche. Todo dependía ahora de cuando llegara el único vehículo disponible del local, que trasladaría el féretro hasta Guanabacoa, lugar donde se encuentra el crematorio.

Sus familiares fueron informados que en dos días máximo, le llamarían para que pasaran por la funeraria a recoger las cenizas. Una de sus nietas, desesperada ya, me comentó: “Al juzgar lo mal que funcionan aquí las cosas, quien me asegura que esas que nos entreguen serán de verdad las cenizas de mi abuela”. Que Dios la tenga en la Gloria, le dije, fue el único consuelo que le pude dar.

El Niño y el Viejo

El Niño y el Viejo.

Aquí en mi planeta Cuba, la falta de productos en los mercados agrícolas, el desabastecimiento en las tiendas de la mal llamada moneda nacional, así como en las de recaudación de divisas, el desplome de edificaciones con acumulación de años en mal estado y sin mantenimiento, la tupición de alcantarillas y tragantes, el derrame de basuras no recogidas a tiempo y arrastradas por los aguaceros, con sus consecuentes inundaciones, los salarios y jubilaciones que apenas alcanzan para cubrir las más precarias necesidades del individuo, son desastres imputados al imperialismo y ahora, más recientemente, al fenómeno del Niño.

Es cierto que este fenómeno climático ha traído graves consecuencias en muchos países, donde existen poblaciones pobres con precarias viviendas. Pero no es menos cierto que en ciudades como La Habana, donde su trazado urbanístico y la arquitectura son motivos aún de admiración por muchos países desarrollados, todas estas consecuencias que hoy estamos padeciendo, no se deben solo a las travesuras del Niño, sino a la mala administración e indiferencia del Viejo.

Mientras el decadente y viejo sistema continúe sin tomar medidas esenciales para el buen mantenimiento de calles, alcantarillas y viviendas, exista un Poder Popular que nada puede y el gobierno de la isla continúe atrincherado en sus obsoletas ideas, sin propiciar los cambios políticos, económicos y sociales esenciales, seguirá la población cubana sufriendo los embates y consecuencias de estos dos fenómenos: el climático y el gobernativo.

Mortandad en fiestas de fin de año

Estamos ya finalizando el año 2015 y en la calle se percibe una tristeza impresionante. Las personas en su diario vagar tras la búsqueda de alimentos recorriendo los desabastecidos agro-mercados y tiendas, a l cruzarse en tu camino, ni te devuelven el saludo y cuando éste es con la frase “felíz Navidad”, se quedan aturdidos mirándote como si fueras un extraterrestre.

Muy pocas tiendas en divisas están adornadas con luces y arbolitos. Las otras, las de los mal llamados pesos cubanos, esos que apenas sirven para nada, pero que son con los que te pagan el salario y las jubilaciones, ni tan siquiera tienen luces para el alumbrado normal diario, mostrando desvergonzadamente sus anaqueles vacíos, o llenos con un mismo producto (el único), vidrieras rotas y mugre en pisos y ventanas.

En los Medios, mutismo total relacionado a los festejos tradicionales, solo se comenta constantemente el nuevo aniversario del triunfo de una revolución, que desde sus comienzos ya mostraba signos de lo que finalmente es: un rotundo fracaso.

Al nunca antes estar tan dividida y dispersa la familia cubana como ahora, la Noche Buena, pasó sin penas ni glorias. Ese día las calles se mantuvieron desiertas y oscuras como de costumbre y de ningún fogón de casa de barrio salían aquellos ricos olores de antaño que te anticipaban desde temprano, una agradable cena.

Si este es el socialismo que el gobierno dice querer “perfeccionar”, que Dios nos coja confesados!

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Un año y casi nada

Bahìa de La Habana
Ayer, 17 de diciembre, se cumplió  un año del restablecimiento de relaciones entre Los Estados Unidos de Norteamérica y la República de Cuba.
En  mi anterior post expresé que cuando se produjo este acontecimiento, se desataron muchos sentimientos de alegría y preocupación,  pronto se han hecho muy notorios principalmente dos de ellos en la población cubana: mucha esperanza ante la perspectiva de los grandes cambios anhelados por la inmensa mayoría de los cubanos de dentro y fuera del país, y por otra parte, el temor a que la Ley de Ajuste Cubana fuera derogada, al no tener ya sentido.
Este último ha traído consigo el escape masivo de cubanos hacia cualquier país de América Latina, en busca de un “trampolín” para llegar a EEUU, así como la huida de los más “afortunados” directamente hacia USA, al observar el inmovilismo del gobierno cubano, que lejos de proporcionar los  cambios necesarios y urgentes para un país que está sumido en total crisis económica, política y social, lo que ha hecho es atrincherarse tras exigencias absurdas, que lo único que logran es el estancamiento de las conversaciones, con el fin de  ir ganando tiempo.
Hasta ahora, se ha podido observar que todas las iniciativas de apertura provienen del gobierno de Obama, mientras que Raúl insiste en reclamos que sabe perfectamente que no proceden, y los enarbola como símbolos de una soberanía e independencia nacionales bastante cuestionables, utilizando y haciendo emplear a los Medios un lenguaje acusador, obsoleto y nada diplomático, al referirse al gobierno de Estados Unidos.
Mientras esto no cambie, seguiremos con este estancamiento  económico, político y social que ahora, con la crisis del gobierno de Maduro y, por ende, de la izquierda latinoamericana, se agudizará quien sabe hasta qué extremos.
La única imagen positiva que ha quedado en nuestras mentes y retinas ha sido, sin dudas, el izamiento de la bandera de EEUU en la sede de su actual cancillería, así como la de nuestra bandera en Washington.