Afortunados accidentes.

Afort.accident.culinariosAlgunas de las más espectaculares recetas de la gastronomía, han surgido producto de accidentes ocurridos durante su preparación.
Recuerdo que en la segunda mitad de los años sesenta, estando yo en funciones diplomáticas en París, visitaba con frecuencia la embajada cubana, allí conocí y establecimos una bonita amistad el Chef Gilberto Smith, su esposa e hijos. Con frecuencia Smith, conociendo mi afición por la culinaria, me invitaba a participar junto a él, en los adornos y presentaciones de sus famosos platos.
En uno de esos intercambios me confesó, cómo surgió su exquisita y famosa receta de Langosta al Café: -“Se me estaban pegando (casi quemando) las langostas y lo único que tenía a mano era un gran jarro de café recién colado, para las visitas, vertí su contenido sobre éstas a modo de bombero y a partir de ahí surgió la famosa receta que después perfeccioné”.
Hace unos días, tuve muy presente esta anécdota, pues yo estaba desde muy temprano metida en la cocina preparando el postre, de un almuerzo al que había invitado a un matrimonio amigo. Mi madre siempre me decía que a ella le gustaba empezar por preparar el postre, por si surgía algún inconveniente.
Había dejado al baño de María un pudín muy suave que yo hago y que muchas personas confunden con flan. Me puse a hacer otras tareas y de pronto siento que sale de la cocina un aroma a panetela. Corrí a ver qué pasaba y me percaté que toda el agua se había evaporado. Saqué rápidamente el molde para que el pudín se refrescara y, al voltearlo, parte de la cubierta quedó pegada al caramelo, afeando la apariencia del mismo.
No debía presentarlo así y tampoco podía desecharlo. De inmediato me dispuse a preparar otro postre. Esta vez hice con la poca maicena que tenía, una especie de natilla muy suave tipo Islas Flotantes. En esta oportunidad no surgieron problemas. Fue entonces que me vino la idea de presentar juntas ambas recetas, como una sola.
Busqué unas copas para agua, de cristal, de boca ancha, y un poco profundas. Coloqué en el fondo de cada una un poco de pudín, las rellené con la suave natilla, coronándolas con un merenguito quemado y una hojita de menta, polvoreé sobre cada una un poquito de canela para darles mejor apariencia.
El postre fue un éxito, gustó y lo celebraron mucho, pero cuando me pidieron la receta y me preguntaron cómo se llamaba, no se me ocurrió otra cosa que decirles Copa Rebeca.

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