Dirigencia y Disidencia.

La dirigencia y la disidencia cada vez se me parecen más. ¿Será coincidencia o falta de experiencia?
En estos mismos instantes, si de pronto se convocara a elecciones libres en mi planeta Cuba, supervisadas por la ONU u otros países, yo no sabría por quién votar.
Últimamente, lo que más veo y oigo entre los disidentes es de viajes al extranjero y compra de pacotilla y de que si Fulano “se quedó”. No oigo hablar mucho de organizarse y reunirse para ir haciendo conciencia entre vecinos y amistades, con el objetivo de ganar adeptos.
La población cubana, en general, no conoce a ninguno de los líderes de los múltiples grupos existentes. Ni siquiera sus vecinos saben en realidad quienes son y a qué se dedican, a menos que la Seguridad del Estado los visite para alertarlos contra ellos y les dé una falsa panorámica sobre los mismos. Desde luego, el gobierno se aprovecha ampliamente de la falta de Internet que, intencionalmente, nos ha impuesto.
Cada vez, lamentablemente, la disidencia se divide más. Todos aspiran a ser “cabeza de ratón”, pues no se resignan a ser “cola de león”. Los jefes de grupo son los que reciben la ayuda económica del exterior y la distribuyen a su manera, así como también los cursos y viajes a diferentes eventos en distintos países, cuyos contenidos no transmiten a nadie. Esto sin contar con aquellos que se han fabricado un expediente de peligrosidad y, después, en la primera oportunidad, se marchan definitivamente del país. Al parecer, sin darse cuenta, le están dando por la vena del gusto al gobierno.
¿Cómo es posible cambiar los destinos de un país, si los grupos opositores de dentro de la isla están distanciados unos de otros y, por ello, les es tan difícil dedicarse con más efectividad a divulgar las ideas democráticas entre la población?
Es hora ya de recapacitar y limar todo tipo de asperezas y tratar de unirse, obviando las diferencias, para denunciar los problemas más acuciantes que sufre la población cubana, tratando de buscar solución a los mismos. Estar divididos es complacer al gobierno, cuya política desde un principio ha sido precisamente: divide y vencerás.